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Literatura

60 años de la presentación en sociedad de “Tía Vicenta”

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El 13 de agosto de 1957 salía a la calle por primera vez la revista Tía Vicenta, una genialidad editorial del humorista y dibujante Juan Carlos Colombres, conocido popularmente como Landrú, medio que 60 años atrás trató con humor absurdo y mucho de ironía los acontecimientos políticos y sociales de la Argentina de aquellos años.

“En varias oportunidades había comentado con un primo mío, Ernesto Colombres, que me gustaría editar una revista de humor, ya que los dibujos que publicaba semanalmente en Vea y Lea, Mundo Argentino, Rico Tipo, Pobre Diablo, Avivato, etc., consideraba que tenían bastante éxito”, explicaba el propio Landrú, a la vez que detallaba que “la revista que tenía en mente era totalmente distinta a las publicaciones humorísticas que circulaban en esa época. Ya como a partir del año 1955 el país se había politizado al máximo, sobre todo en el año 1957, en que se realizaron las elecciones para convencionales y estábamos en vísperas de elecciones presidenciales, consideré que era el momento de sacar una revista de humor político y de actualidad, ya que el país carecía de un medio similar”.

La creación de Landrú se caracterizó por tener un novedoso diseño, por sus secciones disparatadas, la presencia de la parodia en los textos y la calidad de sus colaboradores, entre los que se destacaron artistas de los quilates de Quino, Caloi, Sábat, Faruk, Basurto, Aldo Camarota, Jordán de la Cazuela, César Bruto, Conrado Nalé Roxlo, María Elena Walsh y Dalmiro Sáenz, entre otros.

Tía Vicenta, que recibió ese nombre en homenaje a una tía materna de Landrú, llegó a vender 500.000 ejemplares en su momento de mayor esplendor, y fue víctima de la dictadura del general Juan Carlos Onganía, quien enojado por ser caricaturizado como una morza la clausuró en julio de 1966.

Posteriormente, a los pocos días de su clausura, reapareció bajo el nombre “María Belén” y fue en 1968 cuando tomó la posta “Tío Landrú”. Recién en 1977 volvió con su título original, pero sólo salió por dos años más.

Este año nos dejó Landrú

Juan Carlos Colombres falleció el 6 de julio pasado a los 94 años, dejando como legado una cuantiosa obra que se caracteriza por su desenfado y habilidad para satirizar las costumbres y usos idiomáticos de la sociedad.

“Hoy no tenemos buenas noticias para contarles. A sus 94 años, Landrú falleció el 6 de julio en la ciudad de Buenos Aires”, explicitó un comunicado difundido por la Fundación Landrú, una iniciativa creada por los familiares del ilustrador que desde hace tres años se dedica a recopilar y poner en valor sus más de 60 años de trayectoria.

El creador de “Tía Vicenta” pasó sus últimos años en su casa de Recoleta, rodeado por su familia y siempre al tanto de los logros y proyectos de la fundación. En los últimos meses salía poco, pero recibía visitas de familiares y amigos, aunque seguí de cerca las noticias nacionales e internacionales, como siempre hizo a lo largo de su carrera. Sus restos serán velados este mediodía en el Cementerio de la Recoleta.

El seudónimo que lo acompañó durante toda su carrera surgió de un consejo del humorista Jorge Palacio (Faruk) por su parecido físico con el célebre asesino francés, Henri Désiré Landru, un criminal que fue ejecutado el mismo día que él nació: el 19 de enero de 1923. Empezó a usarlo como firma de su obra en 1947.

El humorista había nacido ese día en la ciudad de Buenos Aires y en 1945 publicó su primer dibujo en la revista Don Fulgencio de Lino Palacio y un año más tarde empezó a colaborar como dibujante humorístico en distintas revistas.

Su obra de humor político y social estuvo en las páginas de Rico Tipo, Vea y Lea, El Hogar, Loco Lindo, Medio Litro, Leoplán, Dinamita, Mundo Argentino, Popurrí y Patoruzú, entre otras.

Además fue el primer libretista de Tato Bores, conformó un grupo musical llamado Jacinto W y los Tururú Serenaders junto a Santos Lipesker, trabajó en Clarín desde 1972 hasta 2007 y antes pasó por La Nación donde publicó durante 1971 “Los grandes reportajes de Landrú” en la revista de los domingos de ese diario.

 

(Más información sobre Landrú y su obra en www.tiavicenta.com)

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Literatura

Entre la pluma, la historia y el mar

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Por Luis Carranza Torres (*)

Abordar la figura de Miguel Ángel De Marco es reseñar sobre uno de los pilares de la historiografía argentina contemporánea. No fue solo un investigador; se trató de un arquitecto de la memoria institucional y biográfica que supo unir la academia con la divulgación de alta calidad.

Hablamos de alguien que pudo encarnar la tradición de la historia erudita, pero con una sensibilidad narrativa que permite que sus obras trasciendan los círculos especializados.

Nacido en Rosario el 1° de diciembre de 1939, De Marco se consolidó como un referente ineludible de la historiografía argentina, especialmente en el estudio del siglo XIX y en el ámbito militar y naval. Doctor en Historia, alcanzó la máxima distinción académica como Profesor Emérito de la Universidad del Salvador, donde dictó clases en el doctorado, además de ser invitado por diversas casas de altos estudios tanto en Argentina como en el exterior.

Murió en la ciudad de Buenos Aires, el 6 de abril de 2026, en el Hospital Alemán.

Fue Miembro de Número y ejerció la Presidencia de la Academia Nacional de la Historia, lo mismo que en el Instituto Nacional Browniano y su respectiva Academia; integró la Academia Sanmartiniana y del Mar.

En el Exterior formó parte de la Real Academia de la Historia de España y de la Academia Portuguesa da Historia.

Especialista en historia política, militar y naval, De Marco dejó un legado documental monumental compuesto por 48 libros, cerca de 100 artículos académicos y más de mil escritos periodísticos. Sus investigaciones se centraron en procesos fundacionales y figuras clave como San Martín, Belgrano, Güemes, Brown, Quiroga, Sarmiento, Roca, Mitre, Pellegrini, Alem o Manuelita Rosas.

Su libro “La Guerra del Paraguay” sobre tal conflicto, “La guerra de la frontera”, referido a las luchas entre indígenas y colonos desde 1536 hasta 1917, o “Corsarios argentinos”, sobre las acciones de corso en la independencia, son obras clásicas de tales tópicos.

Paralelamente a su labor historiográfica, desarrolló una influyente carrera en los medios de prensa siendo durante dos décadas fue Jefe de Editoriales del diario La Capital de Rosario, así como colaborador y editorialista de La Nación de Buenos Aires, manteniendo una presencia activa en el debate intelectual hasta sus últimos años.

Su excelencia fue distinguida tanto en Argentina como en Europa, destacándose el Premio Konex en Historia (2014), la Mención de Honor General José de San Martín otorgada por el Senado de la Nación (2018), así como reconocimientos en España y Portugal por sus aportes a la historia naval del Río de la Plata y el mundo iberoamericano.

En la Armada Argentina recibió el grado de Comodoro de Marina de la reserva naval. El 4 de diciembre de 2019 la Escuela Superior de Guerra “Luis María Campos” lo distinguió como Oficial de Estado Mayor honoris causa del Ejército Argentino por su labor como historiador militar. En 2021 fue designado oficial de Estado Mayor honoris causa de la Armada Argentina.

En 2025 el Rey Felipe VI de España le confirió la Gran Cruz del Mérito Naval de España, una de las máximas distinciones que puede recibir una persona por sus servicios a la Armada Española. En su ceremonia de imposición en Madrid, jefe de Estado Mayor de la Armada del Reino de España, Almirante General Antonio Piñeiro Sánchez, expresó que dicha condecoración reconocía el decidido compromiso del Comodoro de Marco por impulsar dicha relación entre ambas Marinas.

Destacó que resultaba un honor imponer la Gran Cruz del Mérito Naval “a una figura cuya trayectoria encarna con singular dignidad el cruce fecundo entre las armas y las letras, entre el rigor de la investigación histórica y el servicio comprometido a la Nación”.

Asimismo, expresó que su vida había sido “una travesía intelectual, profesional y patriótica, que honra tanto a la República Argentina como a la comunidad internacional de historiadores”.

En una opinión personal, sin mella de su academicismo, fue desde la desaparición de Félix Luna el mayor divulgador a nivel masivo de la historia argentina.

Jovial y caballeroso, admirador y difusor de los valores de nuestra historia, el estudio del pasado argentino pierde uno de sus representantes más conspicuos.

Miguel Ángel De Marco representa el equilibrio entre la rigurosidad académica en la investigación histórica con el extender la misma con la mayor amplitud posible a la sociedad, a fin de hacer frente a las demandas de una sociedad que busca entender su identidad.

En un país a menudo dividido por interpretaciones históricas antagónicas, De Marco no recuerda que la historia es, ante todo, una disciplina científica y un ejercicio de comprensión humana que debe tornarse accesible a todos.

Probó con sus obras que se puede hacer comprensible para el gran público la historia sin dejar de ser profundo. Y su talento narrativo hizo asimismo por demás ameno para todos el relato de grandes y muchas veces complejos hechos de nuestro pasado.

(*) Abogado y escritor cordobés – Especial para Contarte Cultura

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Literatura

Córdoba vive una nueva edición de la feria Tilde

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En un contexto adverso para el sector editorial, marcado por la caída en la venta de libros y el impacto sobre proyectos independientes, la feria Tilde vuelve a realizarse en Córdoba y consolida su lugar como espacio de encuentro para editores, autores y lectores.

La edición 2026 se llevará a cabo el sábado 11 y domingo 12 de abril, de 16 a 21.30, en el Centro Cultural Córdoba. Participarán 120 editoriales de todo el país, lo que representa un crecimiento del 30% respecto del año anterior.

Organizada por Caballo Negro Editora, dirigida por Alejo Carbonell, y Los Ríos Editorial, a cargo de Matías Lapezzata y Tamara Pachado, la feria se sostiene a partir de una lógica colectiva y autogestiva. “Las ferias son espacios de venta, pero no da lo mismo en qué condiciones se venden los libros”, señaló Carbonell, quien destacó el cuidado en la programación y la identidad del evento.

Con un equipo reducido y escaso apoyo externo, la organización se basa en vínculos directos y resolución “a pulmón” de cada instancia, desde la difusión hasta la logística. “Se construye así, de manera humana y analógica”, resumió el editor.

La programación de este año prioriza actividades de mayor escala, con entre tres y cuatro propuestas diarias en un auditorio ampliado. Entre los ejes destacados se encuentran una lectura colectiva de la obra de Oscar del Barco y un recorrido por el catálogo del editor Alberto Burnichon.

También participarán escritoras como Alejandra Kamiya, María Gainza, Esther Cross y la chilena Elvira Hernández, junto a Camila Vázquez, Sofía de la Vega y Paulina Cruzeño.

Además de charlas y lecturas, habrá actividades para las infancias y una propuesta musical de cierre. La provincia invitada será Entre Ríos, con un stand especial.

En un escenario complejo, la continuidad y expansión de Tilde se presenta como un logro en sí mismo. “Continuarse es un montón”, afirmó Carbonell. Más que una feria, el evento reafirma una forma de producción cultural basada en la colaboración y la comunidad.

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Literatura

“Una historia de mí”, de Axel Hofele – Editorial Caburé

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En tiempos donde un simple saludo puede incendiar chats privados y convertirse en escándalo nacional, Axel Hofele presenta “Una historia de mí”, una autoficción cruda y despiadada que expone lo íntimo como espectáculo.

Con un antihéroe que despierta rodeado de mensajes desesperados y una infidelidad televisada, la novela retrata la fragilidad de los vínculos y la condena pública que hoy se dicta desde la pantalla del celular.

En “Una historia de mí”, Hofele nos sumerge en una autoficción descarnada y sin anestesia: un personaje que despierta en una casa ajena, con cientos de mensajes desesperados en su celular y una infidelidad que se vuelve espectáculo. Lo que sigue es un derrumbe narrado con ritmo vertiginoso, donde el protagonista carga con la condena y se enfrenta a la distopía de las citas por apps, intentando recomponer los pedazos de un espejo roto.

Hofele construye un retrato honesto y despiadado, que expone la fragilidad de los vínculos y la crudeza de la intimidad cuando se convierte en materia pública.

La novela dialoga con la tensión entre lo íntimo y lo público, entre lo que debería quedar en secreto y lo que termina siendo televisado, viralizado y juzgado.

“Una historia de mí” es, en definitiva, la radiografía de un antihéroe contemporáneo: alguien que, como tantos, se descubre culpable en un mundo donde la infidelidad, los vínculos y hasta los mensajes de WhatsApp pueden transformarse en espectáculo.

(Fuente: Ave Fénix Prensa)

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