Literatura
Arranca el festival de literatura Filba en Santiago del Estero
El festival de literatura Filba Nacional se instalará desde este jueves y hasta el sábado en la ciudad de Santiago del Estero con un cronograma de actividades que propone fomentar una conversación en torno a cómo se forman los caminos de lectura, qué se pone en juego en cada encuentro con un texto y cómo se conforma el mapa de autoras y autores que marcan nuestro camino lector.
Organizado entre la Fundación Filba y la Secretaría de Cultura y Turismo del municipio santiagueño, en esta edición confluyen artistas locales y de distintos puntos del país con el objetivo de atender la diversidad de lectores y abordar a los distintos actores que intervienen en la cadena del libro: especialistas, mediadores, escritores, ilustradores y editores.
La conferencia inaugural estará a cargo del editor y escritor Hernán Casciari que, en el edificio municipal de avenida Libertad 481, dará una charla titulada “Puro cuento”. También viajarán hasta la ciudad de Santiago del Estero autores como Martín Kohan, Ángela Pradelli y Eugenia Almeida.
Kohan ofrecerá una clase abierta centrada en el ejercicio de jerarquizar la lectura por sobre la escritura, poniendo en cuestión dos inflexiones principales del culto al autor; Almeida dará un taller de narrativa pensado como un espacio de intercambio, discusión y producción de proyectos que enlacen relatos provenientes de la tradición oral con nuevos abordajes narrativos; y Pradelli estará a cargo de un taller sobre el sentido de la lectura que se propondrá poner de manifiesto cómo las posibilidades de lectura generan una perspectiva propia acerca de la composición del mundo.
Después del Filba Nacional Mar del Plata, en el que las actividades presenciales se combinaron con las virtuales, esta cita repite el formato, pero si en la edición anterior fue el mar el eje de la agenda, acá serán los nuevos lectores: ¿Cómo se construyen? ¿Hay instancias reconocibles en el inicio de nuestro recorrido lector? ¿De alguna manera no somos todos nuevos lectores en ese ejercicio de lectura que, en cada encuentro con un texto, resignifica nuestro vínculo con el mundo?
Raquel Guzmán, docente y escritora local que formará parte de esta edición, dice que “el mundo de la lectura es dinámico, tanto por lo que se escribe como por el modo como circulan los textos. No sólo se incorporan nuevos lectores sino que se transforman los modos de leer y en eso estamos todos implicados”.
La autora de los libros “Quiero volver a casa” y “Verde Billar” asevera que este festival “ofrece múltiples vías para hacer fluir la lectura acercando autores y lectores. El lector se va haciendo en ese movimiento que involucra a toda la sociedad y cada nueva lectura reacomoda el universo de significaciones”.
Para otro de los autores locales, Guillermo Siles, nacido en Tucumán pero residente de Santiago del Estero, considera que “la lectura es una actividad que requiere de ciertos aprendizajes” y destaca que la lectura nos ayuda “a poner en duda, reflexionar y observar desde diferentes perspectivas lo regimentado y naturalizado en la vida cotidiana”.
El autor de “El sabor de la fruta” y “El cauce y la costumbre” resalta en ese punto el rol “preponderante” de la escuela, “que debe construir nuevos lectores posibilitando su acceso a los bienes culturales primero, y después seleccionando buenos libros, estimulando el libre ejercicio de la crítica, proponen desafíos, interpelando, haciendo sentir que la escritura literaria, más allá de los géneros, es el arte del desacomodo, de lo inhabitual”.
Como parte de los representantes locales también está Beto Elías, autor de los poemarios “¡Muérete! Accidentes Lingüísticos” y “Yo soy 3”, quien coincide con la idea de que “si bien todos somos nuevos lectores en el encuentro con un texto que resignifica nuestro vínculo con el mundo, no todo el mundo lee” y en ese sentido, subraya: “Los escritores tenemos un desafío, una posibilidad y por qué no una misión, que es la de atraer nuevos lectores a la experiencia vital e íntima de la lectura”.
Elías pondera “la incorporación en los espacios de difusión literaria, como ser el Filba, de voces disidentes, jóvenes escritores y personas que escriben desde los márgenes o que representan a una minoría. Eso puede pensarse como un camino para construir nuevos lectores -dice-. Cuanto más diversa y amplia sea la propuesta de estos espacios, más oportunidades de crear nuevos lectores tiene”.
“Hay un autor para cada persona, si una persona no siente interés por la literatura, es porque todavía no encontró esa voz que la represente o los relatos con los cuales identificarse. Celebro los espacios que facilitan ese encuentro”, agrega.
No es la primera vez que el Filba se realiza en Santiago del Estero, esta experiencia retoma lo trabajado en la edición 2019 que también tuvo a esta ciudad como sede. Ahora, post encierro a causa de la pandemia, en el encuentro vuelve a predominar la presencialidad y si de lectura hablamos, ¿cómo impactó ese tiempo de corte con la vida social tal y como la conocíamos en el hábito de la lectura?
Para Guzmán, “el aislamiento y el encierro produjeron una situación de desconcierto donde la lectura y la escritura ofrecieron un espacio de reflexión muy potente”. Cuenta que en Salta, donde vive, “se puede apreciar en un muy importante movimiento de lecturas públicas, talleres, publicaciones y presentaciones multiartísticas que abren nuevos cauces para las prácticas lectoras y las alientan en diversos ámbitos”.
Siles elije destacar que “con la pandemia se ha intensificado la permanencia frente al ordenador o el móvil, para desplegar actividades como la docencia universitaria” y Elías dice no estar seguro si los hábitos de lectura se modificaron en ese tiempo: “Personalmente pude leer más durante ese stand by de la vida que impuso la cuarentena. Aunque creo que durante la pandemia atravesamos un proceso de digitalización de todos los aspectos de nuestra vida y que si bien los dispositivos digitales pueden usarse para leer, las plataformas no alimentan el hábito de la lectura. Hay una pugna o una tensión entre el ejercicio de la lectura, con sus requerimientos propios, y la atención que demanda la vida en estado digital”.
Entre las actividades que comienzan este jueves habrá una cata de lecturas virtual, “De huellas y poesía”, a cargo de Laura Forchetti, y se reeditará la iniciativa “Voy con audio”, donde una escritora o un escritor comparten, en su propia voz y como si fuera un secreto, un cuento a través por Whatsapp, para escuchar en cualquier momento.
Las sedes del Filba Nacional Santiago del Estero serán, además del edificio municipal, la Casa de la Cultura Argañaraz, en avenida Libertad 175; el Centro de convenciones Forum, de Perú 510; el espacio cultural Sixto de avenida Belgrano Sur 2005; y Utopía libros y café, en Independencia 221.
Las actividades que se harán por Zoom tienen cupo limitado ya completo, mientras que el Encuentro para docentes, bibliotecarios y mediadores de lectura “Palabra en movimiento” -una instancia de intercambio, circulación de ideas, libros y lecturas del que participarán Almeida, Pradelli, Luciano Saracino, Aníbal Costilla, Néstor Mendoza, Elisa Piccoli y Ramón Chaparro-, se compone de un taller de narrativa que revisita la tradición oral; una clase abierta sobre el sentido de la lectura y un conversatorio.
Historias Reflejadas
“Deseos”

Deseos
Miro por la ventana y espero. El tiempo se alarga detrás de los vidrios y crece en líneas rectas. Las hojas cambian de forma y bailan en círculos. Afuera, todo gira. Un manto rayado cubre las palabras, igual que adentro. Las paredes grises se prolongan sobre mi piel, también gris, como si los colores no fueran posibles, como un mandato. Me siento encerrado en un reflejo de rayas sin respuestas.
Bostezo. Un deseo de color se escapa de mi boca y se pega en la punta de mis dedos. Lo miro. Me mira. Lo suelto. Y vuela para atravesar la dureza de los vidrios. Vuela para que las rayas desaparezcan. Algo cambia adentro y afuera. Mi piel cambia sobre las paredes grises y deja huellas.
Espero, como un deseo, que la vida se tiña de colores y vuelva a entrar por mi ventana, sin rayas.
Andrea Viveca Sanz
Se reflejan en esta historia los siguientes libros: “Espero”, de Perla Suez con ilustraciones de Natalia Colombo; “Gris”, de Silvi Hei; “El pueblo que no quería ser gris”, de Beatriz Doumerc con ilustraciones de Ayax Barnes; y “Dentro de una cebra”, de Micaela Chirif con ilustraciones de Renato Moriconi.
Textos para escuchar
Amigos por el viento – Liliana Bodoc
Julieta Díaz lee el cuento Amigos por el viento, de Liliana Bodoc.
A veces, la vida se comporta como un viento: desordena y arrasa. Algo susurra pero no se le entiende. A su paso todo peligra; hasta lo que tiene raíces. Los edificios, por ejemplo. O las costumbres cotidianas.
Cuando la vida se comporta de ese modo, se nos ensucian los ojo con los que vemos. Es decir, los verdaderos ojos. A nuestro lado, pasan papeles escritos con una letra que creemos reconocer. El cielo se mueve mas rápido que las horas. Y lo peor es que nadie sabe si, alguna vez, regresara la calma.Así ocurrió el día que papá se fue de casa. La vida se nos transformó en viento casi sin dar aviso. Yo recuerdo la puerta que se cerró detrás de su sombra y sus valijas. También puedo recordar la ropa reseca sacudiéndose al sol mientras mamá cerraba las ventanas para que, adentro y adentro, algo quedara en su sitio.
– Le dije a Ricardo que viniera con su hijo. ¿Qué te parece?
– Me parece bien – mentí.Mamá dejó de pulir la bandeja, y me miró:
– No me lo estás deciendo muy convencida…
– Yo no tengo que estar convencida.
– ¿Y eso que significa? – preguntó la mujer que más preguntas me hizo en mi vida.Me vi obligada a levantar los ojos del libro:
– Significa que es tu cumpleaños, y no el mío – respondí.
La gata salió de su canasto, y fue a enredarse entre las piernas de mamá.
Que mamá tuviera novio era casi insoportable. Pero que ese novio tuviera un hijo era una verdadera amenaza. Otra vez, un peligro rondaba mi vida. Otra vez había viento en el horizonte.– Se van a entender bien – dijo mamá -. Juanjo tiene tu edad.
La gata, único ser que entendía mi desolación, saltó sobre mis rodillas. Gracias, gatita buena.
Habían pasado varios años desde aquel viento que se llevó a papá. En casa ya estaban reparados los daños. Los huecos de la biblioteca fueron ocupados con nuevos libros. Y hacía mucho que yo no encontraba gotas de llanto escondidas en los jarrones, disimuladas como estalactitas en el congelador, disfrazadas de pedacitos de cristal. “Se me acaba de romper una copa”, inventaba mamá, que, con tal de ocultarme su tristeza, era capaz de esas y otras asombrozas hechicerías.Ya no había huellas de viento ni de llantos. Y justo cuando empezábamos a reírnos con ganas y a pasear juntas en bicicleta, aparecía un tal Ricardo y todo volvía a peligrar.
Mamá sacó las cocadas del horno. Antes del viento, ella las hacía cada domingo. Después pareció tomarle rencor a la receta, porque se molestaba con la sola mención del asunto. Ahora, el tal Ricardo y su Juanjo habían conseguido que volviera a hacerlas. Algo que yo no pude conseguir.– Me voy a arreglar un poco – dijo mamá mirándose las manos. – Lo único que falta es que lleguen y me encuentren hecha un desastre.
– ¿Qué te vas a poner? – le pregunté en un supremo esfuerzo de amor.
– El vestido azul.Mamá salió de la cocina, la gata regresó a su canasto. Y yo me quedé sola para imaginar lo que me esperaba.
Seguramente, ese horrible Juanjo iba a devorar las cocadas. Y los pedacitos de merengue quedarían pegados en los costados de su boca. También era seguro que iba a dejar sucio el jabón cuando se lavara las manos. Iba a hablar de su perro con tal de desmerecer a mi gata.
Pude verlo por mi casa transitando con los cordones de las zapatillas desatados, tratando de anticipar la manera de quedarse con mi dormitorio. Pero, aún más que ninguna otra cosa, me aterró la certeza de que sería uno de esos chicos que en vez de hablar, hacen ruidos: frenadas de autos, golpes en el estómago, sirenas de bomberos, ametralladoras y explosiones.– ¡Mamá! – grité pegada a la puerta del baño.
– ¿Qué pasa? – me respondió desde la ducha.
– ¿Cómo se llaman esas palabras que parecen ruidos?El agua caía apenas tibia, mamá intentaba comprender mi pregunta, la gata dormía y yo esperaba.
– ¿Palabras que parecen ruidos? – repitió.
– Sí. – Y aclaré -: Plum, Plaf, Ugg…¡Ring!
– Por favor – dijo mamá -, están llamando.
No tuve más remedio que abrir la puerta.
– ¡Hola! – dijeron las rosas que traía Ricardo.
– ¡Hola! – dijo Ricardo asomado detrás de las rosas.Yo mira a su hijo sin piedad. Como lo había imaginado, traía puesta una remera ridícula y un pantalón que le quedaba corto.
Enseguida, apareció mamá. Estaba tan linda como si no se hubiese arreglado. Así le pasaba a ella. Y el azul les quedaba muy bien a sus cejas espesas.– Podrían ir a escuchar música a tu habitación – sugirió la mujer que cumplía años, desesperada por la falta de aire. Y es que yo me lo había tragado todo para matar por asfixia a los invitados.
Cumplí sin quejarme. El horrible chico me siguió en silencio. Me senté en una cama. Él se sentó en la otra. Sin dudas, ya estaría decidiendo que el dormitorio pronto sería de su propiedad. Y yo dormiría en el canasto, junto a la gata.
No puse música porque no tenía nada que festejar. Aquel era un día triste para mí. No me pareció justo, y decidí que también él debía sufrir. Entonces, busqué una espina y la puse entre signos de preguntas:– ¿Cuánto hace que se murió tu mamá?
Juanjo abrió grandes los ojos para disimular algo.
– Cuatro años – contestó.
Pero mi rabia no se conformó con eso:
– ¿Y cómo fue? – volví a preguntar.
Esta vez, entrecerró los ojos.
Yo esperaba oír cualquier respuesta, menos la que llegó desde su voz cortada.– Fue… fue como un viento – dijo.
Agaché la cabeza, y dejé salir el aire que tenía guardado. Juanjo estaba hablando del viento, ¿sería el mismo que pasó por mi vida?
– ¿Es un viento que llega de repente y se mete en todos lados? – pregunté.
– Sí, es ese.
– ¿Y también susurra…?
– Mi viento susurraba – dijo Juanjo -. Pero no entendí lo que decía.
– Yo tampoco entendí. – Los dos vientos se mezclaron en mi cabeza.Pasó un silencio.
– Un viento tan fuerte que movió los edificios – dijo él -. Y éso que los edificios tienen raíces…
Pasó una respiración.
– A mí se me ensuciaron los ojos – dije.
Pasaron dos.
– A mí también.
– ¿Tu papá cerró las ventanas? – pregunté.
– Sí.
– Mi mamá también.
– ¿Por qué lo habrán hecho? – Juanjo parecía asustado.
– Debe de haber sido para que algo quedara en su sitio.A veces, la vida se comporta como el viento: desordena y arrasa. Algo susurra, pero no se le entiende. A su paso todo peligra; hasta aquello que tiene raíces. Los edificios, por ejemplo. O las costumbres cotidianas.
– Si querés vamos a comer cocadas – le dije.
Porque Juanjo y yo teníamos un viento en común. Y quizá ya era tiempo de abrir las ventanas.
(Audio extraído del programa Calibroscopio del Canal Pakapaka)
Literatura
“Ya toqué todas mis melodías”: el británico Julian Barnes anunció su último libro
El escritor británico Julian Barnes, una de las figuras centrales de la literatura contemporánea en lengua inglesa, confirmó que “Departure(s)”, su próxima novela, será el último libro de su carrera. A punto de cumplir 80 años, el autor sostuvo que siente haber agotado su repertorio creativo: “Tengo la sensación de que ya toqué todas mis melodías”, afirmó en una entrevista con The Telegraph.
Barnes explicó que el criterio para dejar de escribir no debería ser la posibilidad de seguir publicando, sino la convicción íntima de haber dicho todo lo que se tenía para decir. “No debería escribir un libro solo porque vaya a ser publicado. Hay que continuar hasta haberlo expresado todo, y yo llegué a ese punto”, señaló. Sin embargo, aclaró que no abandonará por completo la escritura: continuará con el periodismo cultural, reseñas y colaboraciones, una actividad que antecede a su trayectoria como novelista.
“Departure(s)” se presenta como una obra híbrida, a medio camino entre el ensayo, el memoir y la ficción. El libro gira en torno al papel del propio Barnes como intermediario entre dos amigos, Stephen y Jean —cuyas identidades permanecen anonimizadas—, que fueron amantes y luego se separaron. La historia retoma muchos de los temas que atraviesan su obra: la memoria y sus fisuras, el amor y la amistad, el paso del tiempo, el envejecimiento y la muerte.
El anuncio llega en un contexto vital particular. Barnes convive desde hace seis años con un tipo raro de cáncer de sangre, controlado mediante quimioterapia oral diaria. “Por ahora, es un empate”, dijo sobre su enfermedad, que —según explicó— contribuye a un debilitamiento progresivo del cuerpo, aunque ya forma parte de su rutina.
Viudo desde 2008, cuando murió su esposa y agente literaria Pat Kavanagh a causa de un tumor cerebral, el autor reveló recientemente que se volvió a casar en secreto en agosto pasado con Rachel Cugnoni, editora y compañera desde hace ocho años, a quien conoce desde hace casi tres décadas.
Con una carrera de 45 años, Barnes publicó 15 novelas y 10 libros de no ficción. Debutó en 1980 con “Metroland”, pero alcanzó el reconocimiento internacional con “Flaubert’s Parrot” (1984). Tras varias nominaciones, obtuvo el Booker Prize en 2011 por “The Sense of an Ending”. También escribe novela policial bajo el seudónimo Dan Kavanagh.
Lejos del dramatismo, Barnes evaluó su trayectoria con gratitud: “He tenido una vida afortunada. Si a los 30 me hubieran dicho que escribiría tantos libros que a tanta gente le gustaría leer, me habría parecido increíble”. Sobre la muerte, concluyó con sobriedad: ya no la teme como antes, aunque reconoce que el final siempre es una incógnita.
(Fuente: Agencia Noticias Argentinas)
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