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Textos para escuchar

Una larga noche negra – María Verónica Puyó por Mariano Rodríguez

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Mariano Rodríguez lee el cuento Una larga noche negra de María Verónica Puyó


Era de día y, sin embargo, la noche se irguió de repente. No lo notamos al principio, pero el manto negro se extendió tan veloz como una gran mancha de aceite. Hasta entonces éramos felices.
Lo éramos. Pero un péndulo de acero glacial nos rozaba las cabezas y nos soplaba su aliento de verdugo. Y nosotros, inmutables, permanecíamos latiendo, viviendo a nuestro antojo sin medir ni calcular finales.
Un buen día me dijiste algo del miedo. Ciertamente no presté mucha atención, te escuché sin oír lo que decías. Simplemente recuerdo que hablaste de algo así como de un monstruo voraz y sanguinario. Siempre tenías esos temas, no me pareció extraño, pero ahora que trato de visualizar tus ojos, me doy cuenta que tenían un fulgor distinto, más brillante. Después dijiste que no había que dejarse morder por el miedo, que nunca lo harías. Sinceramente, no sabía de qué hablabas.
Poco después de aquella tarde vinieron a buscarte. Estaba oscuro y el toque de queda había barrido las calles como una feroz tormenta de otoño. A esa hora tomábamos un té en la cocina, era como una ceremonia, y el mundo podía caérsenos encima mientras tanto sin que nosotros soltáramos las tazas. Entonces oímos patear la puerta, y unas sombras desnudas se arrinconaron tras el cristal. Me levanté asustada y fui a ver qué querían. Creo que te paraste y permaneciste como congelado al lado de la silla. Cuando abrí se lanzaron como buitres, te vieron, te ataron las manos en la espalda y, sin oír mis preguntas aterradas, te apoyaron un revólver en la sien. Enmudecí y los ojos se me nublaron. Me parece verte pálido todavía, diciéndome algo del miedo, y yo no te escuchaba.
Te sacaron sin decirme una palabra, me cerraron la puerta y alcancé a verte tras el vidrio empañado, subiendo a un auto verde con los ojos perdidos. Grité y no me escuchaste, y entonces, solo entonces, comprendí lo del miedo.
Esa noche no dormí y por la mañana corrí temprano a preguntar dónde estabas. Me atendió un hombre alto, de anteojos, que, pasando varias veces el dedo de arriba a abajo en el papel lánguido me dijo que no estabas en la lista de los detenidos, como otros cientos. No se cómo volví a casa, ni cómo esa noche, recostada en el sillón, te soñé caminando mientras un niño pequeño te arrastraba de la mano hasta un precipicio. En el borde, a punto de caer, me gritabas algo, y yo no te oía. Te alcancé una mano y la tuya se escurrió como agua entre mis dedos. Resbalaste al vacío y, desesperada, quería caerme contigo pero no podía.
He escuchado muchos toques de queda desde entonces y creo que, desde algún lugar, desde alguna celda fría o pozo oculto continúas llamándome. Muchas veces me pregunté qué habías hecho, y otras muchas me respondí que no habías temido, que no habías aportado tu cuota al régimen del temor soberano. Hoy, tras años de preguntas sin respuestas, de calabozos sin registros, de silencio y noche negra; hoy, recién, aclara el día. Y sin embargo para mí la noche no se ha ido.

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Literatura

Poema de Natalia Camodeca

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Lectura de poema por la escritora Natalia Camodeca.


La polilla se detiene bajo el rayo de sol;
hay belleza en la sutileza de sus alas.
Permanece quieta.
Son las motas de polvo y las hojas del naranjo
las que se mueven a su alrededor.
La polilla, al alcance de mi mano,
no se va a mover.
Por una vez tengo la clave del universo.
La polilla no se va a mover
hasta que el rayo no lo haga.
Está en ese lugar,
suspendida
por el mecanismo del sol
y no le importa que esos minutos,
ese cuarto de vida,
se le vaya sin aletear.


Sobre Natalia Camodeca

Nació en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (1987) y es la menor de seis hermanos. Pasó mucho tiempo en el campo porque su padre es productor agropecuario.
Es Licenciada en Letras por la Universidad del Salvador y correctora de textos. En los últimos años trabaja como traductora de textos médicos.
Desde 2019 vive en las afueras de Barcelona con su perra.
Lleva toda la vida escribiendo prosa. Tiene cuentos publicados en “Gramma”, revista literaria en la que participó durante unos años, y en “Valinor”, revista de cuentos fantásticos.
En 2021 comenzó su recorrido en el mundo de la poesía y en 2022 publicó “Entre humana y animal”, con la editorial Cuadranta.
Promueve sus textos y actividades desde su IG: @natuki87.

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Literatura

Detrás de la ambigüedad – Pablo Capria

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El escritor Pablo Capria lee su poema Detrás de la ambigüedad.


Detrás de la ambigüedad

Deformé las formas
certificando la madurez de una poesía
que flota aún dentro de un azar
tan certero que despierta
de la larga siesta al fauno.

Pertenecientes
a láminas de palabras en silencio
te escucho
a través de mis manos,
te siento
como una polilla de verano
entre las orquídeas blancas
y te respiro
como una revolución.

Ya entregué mis armas de tinta
al sueño placebo
de sucumbir a mis pies
y no hay lógica fluctuante
en los momentos álgidos
donde olvidé existir.


Sobre Pablo Capria

Nació en Buenos Aires, Argentina. Estudió Licenciatura en Letras e Imágen y Sonido. Es admirador de las obras de Alejandra Pizarnik y Ernesto Sabato.
Integrante del espacio cultural Culturama, su poesía es una búsqueda constante por encontrar su propia voz y a la vez la de no perder su libertad creativa entre vuelos introspectivos, imágenes y surrealismo.
(IG @bonzo2078)

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Literatura

“Dar paso al infinito” – Pablo Barroso

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El escritor Pablo Barroso lee su poema Dar paso al infinito.


Dar paso al infinito

No es el desafío lo que define quiénes somos,
ni qué somos capaces de ser,
sino cómo afrontamos ese desafío.

En la infinidad de los ciclos que nuestra vida tenga,
estará nuestra experiencia, nuestra manera.
Daremos forma a la derrota y festejaremos al éxito.
Porque en ese atravesar creceremos.

Esa crisis o compromiso,
ese hasta luego, el ser bienvenido;
los besos no dados o los nuevos ángeles.
Son nuestro infinito, la infinidad de lo que somos.

Para iniciar el fuego,
se necesita solo una chispa…
Podemos hacer arder las ruinas
o construir un camino entre ellas
para dar paso al infinito.
Para ser recordados.
Para ser libres.


Banda de sonido de fondo: Lone Harvest de Kevin MacLeod está sujeta a una licencia de Atribución 4.0 de Creative Commons. https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/
Fuente: http://incompetech.com/music/royalty-free/index.html?isrc=USUAN1100409
Artista: http://incompetech.com/
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Propietaria/Directora: Andrea Viveca Sanz
Domicilio Legal: 135 nº 1472 Dto 2, La Plata, Provincia de Buenos Aires
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