Literatura
El Filba 2022 tendrá sede en Mar del Plata y participarán 50 escritores
La figura de Victoria Ocampo sobrevolará este año el Festival Nacional de Literatura (Filba), que en su undécima edición tendrá sede en Mar del Plata, del 26 al 28 de mayo, y un formato mixto del que participarán cerca de 50 artistas y escritores del país, entre los que estarán presentes Osvaldo Baigorria, Guillermo Martínez, Mercedes Halfon, Tamara Tenembaum y Gloria Peirano, para formar parte de 40 actividades en torno a los procesos creativos y celebrar el encuentro luego de dos años de pandemia durante los cuales el festival tuvo que mudarse a la virtualidad.
Con esta propuesta, Mar del Plata se resignificará no solo como ciudad balnearia sino también literaria, en la que “Victoria Ocampo será una madrina que va a sobrevolar el festival, una figura con peso específico en el campo literario argentino, por eso Villa Victoria va a abrir sus puertas como sede principal del festival, pero también el muelle de pescadores, esa postal tan típica y tan hermosa va a ser el lugar donde empezará el festival, sobre el espigón del muelle de pescadores”, dijo Amalia Sanz, presidenta de la Fundación Filba, durante en encuentro en el que se presentó la próxima edición.
“Volver a Mar del Plata, donde ya estuvimos en 2015, responde al objetivo de federalizar, descentralizar y hacer que la literatura, los libros y escritores circulen, porque es muy desigual la forma en que se reparte el acceso a la literatura y la lectura en el país”, indicó Sanz sobre el festival que “intenta ser un gesto para visibilizar las producciones locales de cada lugar, para salir del porteñocentrismo y del ombligo de lo que se produce en Buenos Aires”.
Al destacar las particularidades literarias de cada ciudad, la presidenta de Filba señaló en conferencia de prensa que “en cada lugar al que fuimos descubrimos una riqueza cultural y poética, y por otro lado buscamos formar una red para que los actores que participan de la industria del libro se pongan en movimiento autores, editores, libreros y lectores”.
En esta oportunidad, van a participar cerca de 50 escritores, la mitad marplatenses, nueve presenciales: Osvaldo Baigorria, Matías Capelli, Guillermo Martínez, Mariano Blatt, Mercedes Halfon, Tamara Tenembaum, Paula Trama, Gloria Peirano e Inés Copertino– y otros a través de la pantalla, en forma virtual.
La amistad y la literatura formarán parte del denominado “lado A del festival” desde la figura convocante de Victoria Ocampo, sostuvo Victoria Rodríguez Lacroust, programadora del Filba, quien destacó que la escritora “hizo de Villa Victoria un espacio por donde pasaron mil escritores, y su amistad se cultivó haciendo literatura, es decir, a través de la escritura de cartas”.
Además de un lado A, el festival tendrá un lado B, contrapuesto a la característica de ciudad balnearia de Mar del Plata: “Hacerlo en otoño, en el frío, en una ciudad balnearia nos lleva a mirar otras cosas, y eso también es interesante”, sostuvo Rodríguez Lacrouts, al señalar que el festival será inaugurado por Osvaldo Baigorria, “con un discurso inaugural relacionado con la amistad y la literatura, en un recorrido absolutamente personal, que va a incluir correspondencia con algunos autores como Néstor Perlongher. En este contrapunto, nos parecían muy interesantes las figuras de Victoria Ocampo y Baigorria, que van a lugares totalmente distintos haciendo lo mismo que es escribiendo”.
En base a las ideas de las cristalizaciones, como el tópico de “feliz” que tiene esa ciudad, las organizadoras también intentarán “preguntar desde la literatura por qué la felicidad no se puede escribir, por qué la felicidad anula todo tipo de relato” y en ese sentido, convocando la idea de ciudad nostálgica, “se harán recorridos literarios relacionados con la nostalgia, con la infancia en Villa Victoria, donde muchos escritores van a escribir textos ad hoc para estos recorridos”, señaló.
En cuanto a las actividades virtuales, en Instagram, va a participar Virginia Higa, desde Suecia, autora de “Los sorrentinos”. Se comunicará desde una trattoria donde la escritora va a leer parte de la novela. También a partir de lo digital habrá capsulitas para redes de las que van a participar María Gainza, Santiago García Navarro -quien escribió un libro sobre la relación totalmente imaginaria entre Río de Janeiro y Mar del Plata-, y también va a participar Luciana Caamaño. Dos actrices leerán cartas de Victoria Ocampo con Virginia Woolf, compiladas hace poco tiempo.
Entre otra de las actividades propias del Filba, no faltará “Voy con audio”, con textos de escritores marplatenses para que los lectores puedan recibirlos todas las noches por whatsapp.
El festival será también un espacio de intercambio con talleres presenciales y on line de narrativa, poesía y escritura, y Mercedes Halfon cruzará escritura y fotografía, mientras que los talleristas locales, Emilio Teno y Mariano Taborda, van a dar en un taller masivo un seminario sobre la ficción de Rodolfo Walsh y un ejercicio de escritura, a partir del el último cuento del escritor, dijo Catalina Labarca, otra de las programadoras del festival.
Mercedes Araujo dará un taller on line de poesía para de esta manera lograr “un panorama muy amplio de distintos formatos de encuentros con la escritura, y una de las actividades más importantes en este sentido será el sábado 28, donde en una charla magistral Guillermo Martínez disertará acerca de cómo piensa la escritura.
Inspiradas en la zona portuaria marplatense -poco visitada pero motor de impulso económico de la ciudad y la provincia- se hará un contrapunto con la literatura para pensar qué sucede en los márgenes de la ciudad y la literatura, en una charla de la que participarán Ana Porrúa, Osvaldo Baigorria y Mariano Blatt.
Como ciudad que mira al mar, en lecturas y paneles se va a reflexionar sobre el vínculo personal de los escritores con el mar y también el vínculo que tiene la literatura con esa masa de agua salada, para pensar algunas cuestiones como costa, mar, océano infinito.
Otro de los clásicos serán las noches del Filba: el 27 en el club Tri, del grupo Trimarchi, Paula Trama cantará y recitará sus poemas, y en Chauvin, un centro de creación recién inaugurado, en la actividad de cierre, el 28 de mayo, habrá noche de poesía con Baigorria, Blatt, Halfon, Larisa Cumin, Fernanda Mugica y Camila Pastorini Vaisman, con curaduría del poeta local Matías Moscardi.
El director general de Cultura de Mar del Plata, Julio Nevelef, presente en la conferencia, dijo estar “muy orgullosos de tener la posibilidad de darle contenido a lo simplemente paisajístico ya que Mar del Plata no es solo una postal para ser visitada en verano, sino que tiene un circuito cultural impresionante”.
Otro de los festivales literarios que tendrá lugar este año se realizará, como en 2019, en Santiago del Estero del 30 de junio al 2 de julio, con la presencia de Martín Kohan, Ángela Pradelli, Luciano Saracino, Hernán Casciari, Eugenia Almeida, Raquel Guzmán, Guillermo Siles y Santiago Avendaño, entre otros.
La programación, en este caso, estará marcada por la poesía, dijo María Luján Picabea, “atendiendo a los nuevos lectores, para acercar a los jóvenes lectores y a los creadores” por eso se trabajará con escuelas, mediadores, bibliotecarios.
La música también estará muy presente en este festival, con invitados de Catamarca, Salta, Tucumán y Córdoba, en un encuentro que tendrá charlas, talleres, recitales poéticos y lecturas nocturnas que tendrán como foco el acceso a la lectura integrada a la identidad cultural.
Historias Reflejadas
“Deseos”

Deseos
Miro por la ventana y espero. El tiempo se alarga detrás de los vidrios y crece en líneas rectas. Las hojas cambian de forma y bailan en círculos. Afuera, todo gira. Un manto rayado cubre las palabras, igual que adentro. Las paredes grises se prolongan sobre mi piel, también gris, como si los colores no fueran posibles, como un mandato. Me siento encerrado en un reflejo de rayas sin respuestas.
Bostezo. Un deseo de color se escapa de mi boca y se pega en la punta de mis dedos. Lo miro. Me mira. Lo suelto. Y vuela para atravesar la dureza de los vidrios. Vuela para que las rayas desaparezcan. Algo cambia adentro y afuera. Mi piel cambia sobre las paredes grises y deja huellas.
Espero, como un deseo, que la vida se tiña de colores y vuelva a entrar por mi ventana, sin rayas.
Andrea Viveca Sanz
Se reflejan en esta historia los siguientes libros: “Espero”, de Perla Suez con ilustraciones de Natalia Colombo; “Gris”, de Silvi Hei; “El pueblo que no quería ser gris”, de Beatriz Doumerc con ilustraciones de Ayax Barnes; y “Dentro de una cebra”, de Micaela Chirif con ilustraciones de Renato Moriconi.
Textos para escuchar
Amigos por el viento – Liliana Bodoc
Julieta Díaz lee el cuento Amigos por el viento, de Liliana Bodoc.
A veces, la vida se comporta como un viento: desordena y arrasa. Algo susurra pero no se le entiende. A su paso todo peligra; hasta lo que tiene raíces. Los edificios, por ejemplo. O las costumbres cotidianas.
Cuando la vida se comporta de ese modo, se nos ensucian los ojo con los que vemos. Es decir, los verdaderos ojos. A nuestro lado, pasan papeles escritos con una letra que creemos reconocer. El cielo se mueve mas rápido que las horas. Y lo peor es que nadie sabe si, alguna vez, regresara la calma.Así ocurrió el día que papá se fue de casa. La vida se nos transformó en viento casi sin dar aviso. Yo recuerdo la puerta que se cerró detrás de su sombra y sus valijas. También puedo recordar la ropa reseca sacudiéndose al sol mientras mamá cerraba las ventanas para que, adentro y adentro, algo quedara en su sitio.
– Le dije a Ricardo que viniera con su hijo. ¿Qué te parece?
– Me parece bien – mentí.Mamá dejó de pulir la bandeja, y me miró:
– No me lo estás deciendo muy convencida…
– Yo no tengo que estar convencida.
– ¿Y eso que significa? – preguntó la mujer que más preguntas me hizo en mi vida.Me vi obligada a levantar los ojos del libro:
– Significa que es tu cumpleaños, y no el mío – respondí.
La gata salió de su canasto, y fue a enredarse entre las piernas de mamá.
Que mamá tuviera novio era casi insoportable. Pero que ese novio tuviera un hijo era una verdadera amenaza. Otra vez, un peligro rondaba mi vida. Otra vez había viento en el horizonte.– Se van a entender bien – dijo mamá -. Juanjo tiene tu edad.
La gata, único ser que entendía mi desolación, saltó sobre mis rodillas. Gracias, gatita buena.
Habían pasado varios años desde aquel viento que se llevó a papá. En casa ya estaban reparados los daños. Los huecos de la biblioteca fueron ocupados con nuevos libros. Y hacía mucho que yo no encontraba gotas de llanto escondidas en los jarrones, disimuladas como estalactitas en el congelador, disfrazadas de pedacitos de cristal. “Se me acaba de romper una copa”, inventaba mamá, que, con tal de ocultarme su tristeza, era capaz de esas y otras asombrozas hechicerías.Ya no había huellas de viento ni de llantos. Y justo cuando empezábamos a reírnos con ganas y a pasear juntas en bicicleta, aparecía un tal Ricardo y todo volvía a peligrar.
Mamá sacó las cocadas del horno. Antes del viento, ella las hacía cada domingo. Después pareció tomarle rencor a la receta, porque se molestaba con la sola mención del asunto. Ahora, el tal Ricardo y su Juanjo habían conseguido que volviera a hacerlas. Algo que yo no pude conseguir.– Me voy a arreglar un poco – dijo mamá mirándose las manos. – Lo único que falta es que lleguen y me encuentren hecha un desastre.
– ¿Qué te vas a poner? – le pregunté en un supremo esfuerzo de amor.
– El vestido azul.Mamá salió de la cocina, la gata regresó a su canasto. Y yo me quedé sola para imaginar lo que me esperaba.
Seguramente, ese horrible Juanjo iba a devorar las cocadas. Y los pedacitos de merengue quedarían pegados en los costados de su boca. También era seguro que iba a dejar sucio el jabón cuando se lavara las manos. Iba a hablar de su perro con tal de desmerecer a mi gata.
Pude verlo por mi casa transitando con los cordones de las zapatillas desatados, tratando de anticipar la manera de quedarse con mi dormitorio. Pero, aún más que ninguna otra cosa, me aterró la certeza de que sería uno de esos chicos que en vez de hablar, hacen ruidos: frenadas de autos, golpes en el estómago, sirenas de bomberos, ametralladoras y explosiones.– ¡Mamá! – grité pegada a la puerta del baño.
– ¿Qué pasa? – me respondió desde la ducha.
– ¿Cómo se llaman esas palabras que parecen ruidos?El agua caía apenas tibia, mamá intentaba comprender mi pregunta, la gata dormía y yo esperaba.
– ¿Palabras que parecen ruidos? – repitió.
– Sí. – Y aclaré -: Plum, Plaf, Ugg…¡Ring!
– Por favor – dijo mamá -, están llamando.
No tuve más remedio que abrir la puerta.
– ¡Hola! – dijeron las rosas que traía Ricardo.
– ¡Hola! – dijo Ricardo asomado detrás de las rosas.Yo mira a su hijo sin piedad. Como lo había imaginado, traía puesta una remera ridícula y un pantalón que le quedaba corto.
Enseguida, apareció mamá. Estaba tan linda como si no se hubiese arreglado. Así le pasaba a ella. Y el azul les quedaba muy bien a sus cejas espesas.– Podrían ir a escuchar música a tu habitación – sugirió la mujer que cumplía años, desesperada por la falta de aire. Y es que yo me lo había tragado todo para matar por asfixia a los invitados.
Cumplí sin quejarme. El horrible chico me siguió en silencio. Me senté en una cama. Él se sentó en la otra. Sin dudas, ya estaría decidiendo que el dormitorio pronto sería de su propiedad. Y yo dormiría en el canasto, junto a la gata.
No puse música porque no tenía nada que festejar. Aquel era un día triste para mí. No me pareció justo, y decidí que también él debía sufrir. Entonces, busqué una espina y la puse entre signos de preguntas:– ¿Cuánto hace que se murió tu mamá?
Juanjo abrió grandes los ojos para disimular algo.
– Cuatro años – contestó.
Pero mi rabia no se conformó con eso:
– ¿Y cómo fue? – volví a preguntar.
Esta vez, entrecerró los ojos.
Yo esperaba oír cualquier respuesta, menos la que llegó desde su voz cortada.– Fue… fue como un viento – dijo.
Agaché la cabeza, y dejé salir el aire que tenía guardado. Juanjo estaba hablando del viento, ¿sería el mismo que pasó por mi vida?
– ¿Es un viento que llega de repente y se mete en todos lados? – pregunté.
– Sí, es ese.
– ¿Y también susurra…?
– Mi viento susurraba – dijo Juanjo -. Pero no entendí lo que decía.
– Yo tampoco entendí. – Los dos vientos se mezclaron en mi cabeza.Pasó un silencio.
– Un viento tan fuerte que movió los edificios – dijo él -. Y éso que los edificios tienen raíces…
Pasó una respiración.
– A mí se me ensuciaron los ojos – dije.
Pasaron dos.
– A mí también.
– ¿Tu papá cerró las ventanas? – pregunté.
– Sí.
– Mi mamá también.
– ¿Por qué lo habrán hecho? – Juanjo parecía asustado.
– Debe de haber sido para que algo quedara en su sitio.A veces, la vida se comporta como el viento: desordena y arrasa. Algo susurra, pero no se le entiende. A su paso todo peligra; hasta aquello que tiene raíces. Los edificios, por ejemplo. O las costumbres cotidianas.
– Si querés vamos a comer cocadas – le dije.
Porque Juanjo y yo teníamos un viento en común. Y quizá ya era tiempo de abrir las ventanas.
(Audio extraído del programa Calibroscopio del Canal Pakapaka)
Literatura
“Ya toqué todas mis melodías”: el británico Julian Barnes anunció su último libro
El escritor británico Julian Barnes, una de las figuras centrales de la literatura contemporánea en lengua inglesa, confirmó que “Departure(s)”, su próxima novela, será el último libro de su carrera. A punto de cumplir 80 años, el autor sostuvo que siente haber agotado su repertorio creativo: “Tengo la sensación de que ya toqué todas mis melodías”, afirmó en una entrevista con The Telegraph.
Barnes explicó que el criterio para dejar de escribir no debería ser la posibilidad de seguir publicando, sino la convicción íntima de haber dicho todo lo que se tenía para decir. “No debería escribir un libro solo porque vaya a ser publicado. Hay que continuar hasta haberlo expresado todo, y yo llegué a ese punto”, señaló. Sin embargo, aclaró que no abandonará por completo la escritura: continuará con el periodismo cultural, reseñas y colaboraciones, una actividad que antecede a su trayectoria como novelista.
“Departure(s)” se presenta como una obra híbrida, a medio camino entre el ensayo, el memoir y la ficción. El libro gira en torno al papel del propio Barnes como intermediario entre dos amigos, Stephen y Jean —cuyas identidades permanecen anonimizadas—, que fueron amantes y luego se separaron. La historia retoma muchos de los temas que atraviesan su obra: la memoria y sus fisuras, el amor y la amistad, el paso del tiempo, el envejecimiento y la muerte.
El anuncio llega en un contexto vital particular. Barnes convive desde hace seis años con un tipo raro de cáncer de sangre, controlado mediante quimioterapia oral diaria. “Por ahora, es un empate”, dijo sobre su enfermedad, que —según explicó— contribuye a un debilitamiento progresivo del cuerpo, aunque ya forma parte de su rutina.
Viudo desde 2008, cuando murió su esposa y agente literaria Pat Kavanagh a causa de un tumor cerebral, el autor reveló recientemente que se volvió a casar en secreto en agosto pasado con Rachel Cugnoni, editora y compañera desde hace ocho años, a quien conoce desde hace casi tres décadas.
Con una carrera de 45 años, Barnes publicó 15 novelas y 10 libros de no ficción. Debutó en 1980 con “Metroland”, pero alcanzó el reconocimiento internacional con “Flaubert’s Parrot” (1984). Tras varias nominaciones, obtuvo el Booker Prize en 2011 por “The Sense of an Ending”. También escribe novela policial bajo el seudónimo Dan Kavanagh.
Lejos del dramatismo, Barnes evaluó su trayectoria con gratitud: “He tenido una vida afortunada. Si a los 30 me hubieran dicho que escribiría tantos libros que a tanta gente le gustaría leer, me habría parecido increíble”. Sobre la muerte, concluyó con sobriedad: ya no la teme como antes, aunque reconoce que el final siempre es una incógnita.
(Fuente: Agencia Noticias Argentinas)
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