Liliana Cinetto: “La literatura de tradición oral es un puerto al que hay que arribar para zarpar hacia otras historias”

(Foto: Agencia de noticias Telam)
Por Andrea Viveca Sanz
(Edición: Walter Omar Buffarini)

En un rincón de su infancia permanecen los recuerdos que huelen a tinta y a papel, atrapados en palabras inquietas, capaces de levantar vuelo e invitar a un viaje imaginario.

Sumergida en ese espacio de su memoria, Liliana Cinetto se atreve a avanzar por el camino de las letras para dar vida a personajes entrañables, que se mueven con soltura por las páginas de sus libros, para abrir puertas y ventanas a otros mundos, para invitar a atravesarlas y descubrir que más allá, del otro lado, la magia de las palabras siempre es posible.

En diálogo con Contarte Cultura, la escritora hojea su camino y comparte sus vivencias en la creación de sus obras.

—Supongamos que en este momento un gran libro se abre delante tuyo y te invita a sumergirte entre sus páginas para atrapar una historia, ¿con qué palabras comenzaría el relato con el que te gustaría regresar de ese viaje en el que las calles son de papel y las personas están hechas de palabras?
—Las palabras con las que comenzaría el relato serían “Había una vez…”. Porque creo que los cuentos tradicionales que comenzaban con esa fórmula son como la primera fuente fundamental, en la que yo me sumergí cuando era chica y en la que se tienen que sumergir los chicos. De ahí uno trae personajes como brujas, ogros, monstruos, fantasmas, vampiros, y con ellos puede hacer muchas otras cosas. Creo que la literatura de tradición oral, que para mí es tan valiosa y tan importante, es como un punto de partida esencial. Un puerto necesario al que hay que arribar para poder zarpar hacia otras historias.


El protagonista de “Un cuento desesperado” de mi libro “Veinte poesías de amor y un cuento desesperado”, es un personaje hecho de palabras que busca alguien que lo escriba.


—¿Recordás en qué rincón de tu infancia comenzaste a degustar el sabor de las palabras y cómo fueron esos primeros pasos como lectora?
—Ese rincón fue la biblioteca de mi casa, donde nací, en el barrio de Boedo. Allí, en la parte de arriba, subiendo una escalerita, estaba la biblioteca, que no era un mueble, sino toda una habitación llena de estantes con libros, de mi madre, de mi padre, de la familia toda, que era gran lectora. Yo había elegido la biblioteca como mi lugar preferido de la casa, y ahí jugaba y leía, leía y jugaba, y jugaba a lo que había leído. Por eso los muñecos se convertían en personajes de mis historias, y lo pasaba tan bien que decidí, en ese mismo momento siendo muy chica, que iba a ser escritora.


Le dije a mi mamá: ‘Cuando sea grande voy a ser escritora y voy a escribir libros para que la gente se divierta como me divierto yo”.


También leía los libros que me compraban mi mamá y mi papá, que, aunque no tenían demasiado dinero, todos los meses, cuando cobraban el sueldo, nos traían un libro nuevo a mí y a mi hermana. Pero cuando se acababa ese texto, porque yo era una lectora voraz, revolvía la biblioteca y buscaba otros. Entre todos esos libros fui dando mis primeros pasos como lectora, sumados a los cuentos que me contaba mi abuela, que traía todo un caudal de historias de aparecidos y de luces malas, y de cosas que ella decía que eran absolutamente reales pero que después una se los encontró en cuentos de tradición oral.


La maestra me decía: ‘¿Cómo que leyó Neruda alumna? eso no es para chicos”, y yo no encontraba nada que impidiera que una nena como yo pudiera leer esos poemas maravillosos.


—¿De qué manera nace un texto en tu interior? ¿Creés que las aguas de la imaginación deben agitarse primero para fluir a través de las palabras y aquietarse en la obra terminada?

—La verdad es que el texto a veces nace en mi interior. A veces surge una idea y se va desarrollando casi como un embrión dentro de mí, y va creciendo hasta que llega el momento en que sí, las aguas de la imaginación se agitan hasta que llega el momento en que tiene que fluir ese caudal transformándose en palabras y aquietarse en la obra terminada. Pero no siempre ocurre así, porque a veces tengo que buscar y rebuscar un texto, y no es mi interior, sino justamente en las palabras. Es como el proceso inverso, empiezo a escribir, aunque lo que escriba no me guste, aunque borre tache y tire a la papelera mucho de lo que escribo. Pero de pronto, entre las palabras encuentro la idea, la punta del ovillo de la que empiezo a tirar para construir el texto. A veces construyo el esqueleto de la historia. Lo armo sabiendo lo que va a pasar en cada uno de los capítulos, y a partir de ahí empiezo a buscar las palabras con las que voy a vestir esa estructura. Son distintas maneras de trabajar, creo que es porque los textos también son diferentes y porque eso es un poco mi característica, el no quedarme quieta, el no repetir moldes, que mis textos no se parezcan uno a otro, ni siquiera desde la creación.

—Si tuvieras que usar imágenes para definir lo que provocan en vos la poesía, el cuento y la novela, ¿cuáles elegirías para representar a cada uno de ellos y por qué?
—Para la poesía, que es lo que más me gusta escribir, elegiría sentimientos, sensaciones, recuerdos, cosas que tienen mucho que ver con mi infancia y mi adolescencia. El cuento, que es lo que menos me gusta, porque tal como dice Horacio Quiroga en el Decálogo del perfecto cuentista tiene que ser justo, se caracteriza por la economía de recursos, no debe sobrar nada, ni una palabra, ni un personaje, es tan medido que tiene que ser perfecto y debe tener la extensión de su lectura, me provoca más una imagen de desafío, como una pelea entre la historia y yo, un reto. Y en la novela me siento a gusto, como cuando estoy sentada en una reposera frente a la playa, mirando el mar, que es mi lugar en el mundo. Sentada frente al mar con un libro en la mano, que siempre es una novela. Esa es mi imagen del descanso, del placer, del disfrute, y creo que representa a ese género.

—¿Cuáles crees que son las puertas que abre la literatura en la infancia?
—Son muchas, pero lo primero y fundamental es la familia la que debe abrir la puerta de las canciones de tradición oral, empezando por las viejas canciones de cuna que nos cantaban, para luego pasar a las canciones de cuna de autor, y luego a la poesía de tradición oral, que viene casi de la mano de la poesía de autor, porque la poesía de tradición oral es poesía en estado puro y es pura poesía. Creo que precisamente la poesía es la puerta de entrada a la literatura.


Los cuentos de tradición oral son textos en los que desde hace siglos la humanidad muestra valores claros a través de símbolos encriptados. En esos cuentos el bueno es bueno, el malo es malo y el que las hace las paga.


Cuando atraemos la atención de los pequeños, incluso los bebés, o antes cuando aún están en la panza, les podemos contar y cantar poemas. Como las etapas de evolución de un niño remeda las etapas de evolución de los seres humanos, la puerta de entrada a la literatura es también la poesía de la mano de la música. Las viejas canciones deben volver a cantarse como un juego compartido, porque en ese momento el niño entabla con la literatura un vínculo afectivo muy importante.

—¿Cómo fue tu experiencia de escribir novelas históricas para chicos?
—Me encantó escribir novelas históricas para chicos. Me fascinó y me fascina la etapa previa, la de investigación, en la que tengo que leer libros de historia, biografías, genealogías, un montón de documentos, cartas, para seleccionar aquellos que van a ser el marco de mi novela, el marco real. Así, como cuando se arma un rompecabezas de muchas piezas uno primero empieza por los bordes, toda esa investigación me permite armar el borde, la frontera que yo no tengo que traspasar, que son los hechos reales. Y dentro de esa frontera puedo jugar con lo que quiero.


Me encanta investigar y encontrar entre los datos históricos una historia que pueda desarrollar y, sobre todo, poder mezclar la realidad con la ficción.


—¿Cuál fue la primera experiencia en ese género?
—La primera novela histórica que escribí fue Un misterio en Tucumán y mientras investigaba encontré al personaje protagonista, que es José Ignacio, que era uno de los hijos del gobernador Bernabé Aráoz, mandatario de Tucumán en la época en que se declaró la Independencia. Yo supe que ese era mi protagonista y lo que le hice hacer, decir, y el amigo que le inventé, fue parte de los permisos que me puedo tomar como autora al escribir una novela histórica, pero respetando el marco que José Ignacio era el hijo del Gobernador. Me divertí tanto escribiéndola que cuando me propusieron escribir la segunda, que fue El sueño de Doroteo, para narrar la epopeya del cruce de Los Andes, también me entusiasmé muchísimo. Y tanto fue así que, aunque no me la habían pedido, propuse escribir la tercera novela que fue Secretos en la recova, porque realmente descubrí que el género de novela histórica me encanta.

—¿Cuál es la función que desempeña el humor en la creación de una historia?
—Para mí el humor es fundamental, es parte de mi estilo. Yo tengo que reírme cuando estoy creando una historia, de manera que, si yo no me divierto, si no la paso bien, si no me da risa lo que escribo, sé que no voy a lograr ese efecto en mis lectores. Para mí, si es un texto de humor, éste tiene que estar presente desde la propia creación. El humor, es sus distintas facetas, es el punto de partida. Desde el humor desopilante, el sutil o el disparate, la elección será mía, pero siempre tiene que provocar en mí un efecto a la hora de escribir. Si yo lo paso bien, los lectores la van a pasar bien.

La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es Mientras-no-muera-tu-nombre.jpg

—Se acaba de publicar tu novela “Mientras no muera tu nombre”, ¿qué nos podés contar acerca de las vivencias que te llevaron a escribirla y de lo que sentís ahora que ya levantó vuelo propio?
—”Mientras no muera tu nombre” es una historia que está inspirada en lo que le pasó a mi hermana, que murió hace 20 años, en la relación que tuvo con una persona que ejercía sobre ella violencia psicológica. En esa época el tema de la violencia hacia la mujer, o en sí hacia otra persona, el bullying, o la violencia física, eran temas que por supuesto existían, pero no se hablaba de ellos, no se los visualizaba. Así, en el momento que ella murió hubo muchas cosas que no cerraban, que ni yo ni mi familia entendíamos, como piezas de un rompecabezas que nos faltaban. Durante estos 20 años yo fui buscando esas piezas porque necesitaba terminar de armar esa historia y saber por qué mi hermana había fallecido. Entonces fui preguntando, armando ese rompecabezas que me permitió reconstruir todo lo que pasó. Creía importante no sólo que nosotros como familia recordáramos a Patricia, sino que también se conociera su historia. Hoy, con la novela publicada, se cerró una etapa de mi vida y de la vida de mis padres. Creo que al fin ella descansa en paz y que al haber escrito su historia voy a salvar a otras personas, aunque no haya podido salvarla a ella. Estoy feliz ahora que la novela tomó vuelo propio, porque veo que provocó un efecto de mucha sensibilidad en los que la leen.

—¿De qué manera lograste integrar la escritura con la narración en tu vida?

La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es Cinetto2-e1560986328965.jpg

—Se integraron casi naturalmente. Descubrí la narración cuando estudiaba para ser maestra y me encantó. Dejándome llevar por la intuición y por los conocimientos que venían de otros aprendizajes como la música, la danza, el teatro, que estuvieron siempre muy presentes en mi vida, fui un poco tanteando a través de las respuestas de mis audiencias, que fueron primero mis alumnos y mis hijos, hasta que un día descubrí que había narración profesional y decidí insertarme en ese mundo. Al principio yo narraba textos de otros autores o de tradición oral, hasta que un día mi querida Graciela Cabal, que fue una gran amiga y que me estimuló y aconsejó mucho, me dijo “vos tenés que narrar tus propias historias”, y empecé a hacerlo y empecé a sentir que ya no encontraba otras historias que me convencieran o que me gustaran más que las mías. Los caminos como escritora y como narradora fueron paralelos, hasta que decidí “jubilarme” de esta última actividad. De igual modo, esto no quiere decir que no siga narrando, siempre lo sigo haciendo. Uso la narración para presentar mis libros, para dar charlas, para capacitar a docentes, para entusiasmar a los padres o a los chicos para que lean los libros.

—¿En qué lugar te gustaría soltar tu próxima historia para que, más tarde, el viento la tome entre sus manos invisibles, la acune y comience a contarla?
—Todas mis historias las suelto exactamente en el mismo lugar, que es el estudio en donde escribo en mi casa, en el barrio de Floresta, que está llena de rincones caprichosos y lugares secretos, igual que mi hogar de la infancia.


Me encanta conocer culturas y lugares diferentes del mundo, caminar las ciudades, de las que me traigo cosas. Soy viajera pero no soy nómade, sino que siempre vuelvo a mi casa, a mi corazón, a mi familia.


Lo mismo me gustaría hacer con mi próxima historia, soltarla en mi casa y que el viento la lleve con sus manos invisibles, la acune y empiece a contarla por todos lados, que llegue a lugares insólitos y la cuente en cualquier parte del mundo, aunque mi corazón siempre esté en mi casa.


Conocé más de Liliana Cinetto

1 comentario

  1. Amo a Lili Cinetto,tuvimos el orgullo de tenerla en nuestra Escuela un 20 de Septiembre de 2012 y en junio de 2016 fue la invitada especial a la Primera Feria del Libro de General Paz,en el año del Bicentenario de la Declaracion de la Independencia,Feria de la cual hace unos dias vivimos la cuarta edicion.Tuve el placer de recibir su ultima novela,super emocionante y recomendable.Los mayores exitos para esta bella autora,narradora y persona
    Y por un pronto regreso a General Paz.Felicitaciones por tan gran entrevista!!!

Responder a Cristina Cancelar la respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*