
Literatura
La FED cerró su 15º edición, a la que asistieron 40.000 visitantes
Con 40.000 lectoras y lectores en cuatro días, la Feria de Editores (FED) celebró su 15º edición. Durante los cuatro días que duró el evento, el público se distribuyó de la siguiente manera:
- Jueves: 3.150 visitantes
- Viernes: 9.500 visitantes
- Sábado: 15.200 visitantes
- Domingo: más de 12.000 visitantes
La FED 2026 se realizó en el C Art Media, de Avenida Corrientes 6271, CABA, con entrada gratuita.
Víctor Malumián, uno de los organizadores de la feria, aseguró: “Estamos muy felices de ver cómo se renueva el apoyo a las pequeñas y medianas editoriales, más de 40.000 personas nos acompañaron. Sin lectoras y lectores todo esto sería imposible. Nos alegra ver cómo se consolidan las distintas iniciativas que hace la feria como el Premio a la labor librera, el programa de intercambio con editores internacionales que nos visitan para comprar derechos argentinos, el Premio al afiche, el Premio rumbo a Guadalajara que envía a una editorial argentina por primera vez a esa feria internacional y Carthago como reunión entre productoras audiovisuales y editoriales. Se trabaja con mucha pasión para llevar adelante un espacio que posibilite estos encuentros”.
Respecto de los libros más vendidos en esta edición, distintas editoriales comunicaron cuáles fueron los elegidos de sus catálogos:
- Crear, de Mauricio Kartun (Godot)
- Las palabras y los mitos, Asimov (Fiordo)
- Cómo pronunciar cuchillo, Souvankham Thammavongsa (Eterna Cadencia)
- Un fantasma recorre el mundo, de Pablo Stefanoni (Siglo XXI)
- La segunda venida de Hilda Bustamante, de Salomé Esper (Sigilo)
- Dorayaki, de Durian Sukegawa (Chai)
- Norteña, de Julieta Venegas (Blatt & Ríos)
- Narraciones de cine, de Andrei Tarkovski (Mar dulce)
- Influencio versus Fomo, de Melina Knoll y MEY (Pequeño Editor)
- Caminar, de Pablo Picyk (Calibroscopio)

Librerías
Jueves y viernes 485 librerías de todo el país participaron del Programa Librerías Aliadas. Tuvieron un horario exclusivo para recorrer la feria y compraron en los stands adheridos con el 50% de descuento.
Visitas internacionales
En esta edición participaron en distintas charlas la escritora y editora mexicana Socorro Venegas; la cantante y compositora mexicana Julieta Venegas; la escritora francesa Violaine Bérot, y las autoras uruguayas Tamara Silva Bernaschimna y Erika Paula Curbelo. También, el escritor, ensayista y profesor brasileño Felipe Charbel, y el editor y traductor mexicano Jacobo Zanella.
Autoras y autores nacionales
El cierre estuvo a cargo de Camila Perochena; el dramaturgo Mauricio Kartún dio una entrevista pública, y participaron en distintas charlas Clara Obligado, Hernán Vanoli, Valeria Tentoni, Martín Kohan, Pablo Stefanoni, Juan Mattio, Ricardo Romero, Florencia Garramuño, Cecilia Simeoni, Dani Zelko, Santiago Loza, Marie Gouiric, Valentín Díaz, Jorge Monteleone, Bárbara Pistoia, Cecilia Garraffo, Mario Cámara, Sofía Balbuena, Laura C. Vela, María del Carmen Rodríguez, Natalia Rodríguez Simón, Milagros Porta y Camila Perochena. Y las y los periodistas Noelia Dans, Federico Vázquez y Leticia Martínez.
Premio a la labor librera
Respecto del Premio a la Labor Librera, la ganadora fue Volcán azul libros (Córdoba), una librería independiente en la capital provincial. El catálogo se focaliza principalmente en literatura contemporánea, editoriales independientes y mucha poesía. Además de libros, el espacio también ofrece talleres culturales para aprender y disfrutar de un buen momento.
Rumbo a Guadalajara
El premio fue para la editorial Gourmet Musical Ediciones, un sello argentino fundado en 2005, dedicado exclusivamente a la cultura musical y musicología especializada en temas argentinos y latinoamericanos.
(Fuente: Mariana Hunt – Prensa / Fotos: Matías Moyano)

Literatura
“El canto invisible”, los silencios y las fracturas de la Argentina en la pluma de Claudia Piñeiro

La escritora Claudia Piñeiro regresa a la ficción con “El canto invisible”, su nueva novela, una historia atravesada por la amistad, el duelo y los secretos, en la que el canto de las aves funciona como punto de partida para indagar en la dificultad de escuchar al otro en una sociedad marcada por tensiones políticas y generacionales.
Publicada por Alfaguara, la novela tiene como protagonista a Julia Muntaner, una editora de 64 años que acaba de perder a Marina Martinelli, su amiga desde los tiempos universitarios en La Plata. Bióloga especializada en aves, Marina muere atropellada después de una discusión ocurrida durante una protesta contra los recortes presupuestarios en el Hospital Garrahan.
Tras su muerte, Julia se instala en la casaquinta que su amiga le dejó como herencia y comienza a trabajar en el manuscrito que Marina no llegó a terminar, dedicado al canto de los pájaros y sus vínculos con el arte, la literatura, la música y el cine. Esa tarea también abre un recorrido por una amistad de décadas y conduce a Julia hacia una verdad que Marina mantuvo oculta durante toda su vida.
Piñeiro construye el relato a través de distintos registros: el monólogo de Julia dirigido a su amiga muerta, una voz omnisciente que sigue a los demás personajes y fragmentos del libro inconcluso de Marina. En ese cruce aparece una de las ideas centrales de la obra: oír constituye un acto fisiológico, mientras que escuchar requiere atención, voluntad y disposición para recibir aquello que otro intenta comunicar.
La novela traslada esa pregunta a las relaciones familiares, las diferencias entre generaciones y las discusiones políticas. La Argentina contemporánea aparece a través de los reclamos por la salud pública, el crecimiento de las nuevas derechas entre sectores jóvenes y una grieta ideológica que también atraviesa los vínculos personales.
El canto invisible aborda además la experiencia de la vejez y la sensación de invisibilidad que enfrenta Julia a los 64 años, cuando se reconoce vital y llena de proyectos mientras adquiere una conciencia cada vez más concreta sobre la finitud.
Autora de “Las viudas de los jueves”, “Elena sabe”, “Catedrales” y “El tiempo de las moscas”, entre otros títulos, Piñeiro vuelve así sobre uno de los territorios recurrentes de su literatura: el modo en que los secretos privados, los mandatos familiares y los conflictos íntimos terminan por revelar las tensiones de una época.
(Fuente: Agencia Noticias Argentinas)
Historias Reflejadas
“Un colorado Había una vez”


Un Colorado “Había una vez”
Detrás del Colorín Colorado, en el espacio que sigue al punto final, siempre era posible encontrar una nueva historia.
En cambio, en el instante que seguía al “Había una vez”, justo allí sobre esa burbuja de palabras, existía algo que alguien alguna vez contó.
A veces, se trataba de un viaje interplanetario, hacia planetas lejanos en los que era necesario recuperar los recuerdos. La magia de las palabras creaba el ambiente adecuado. Como si fueran ladrillos unidos para edificar, ellas se encargaban de traer a la memoria aquello que había sucedido o quizás lo que jamás sucedió, pero era necesario inventar: un cuento…Y Colorín Colorado…
De pronto, varios animales caminaban por las páginas de un libro para hacerse escuchar. Algunos levantaron vuelo para tejer una historia de historias que era necesario revelar. Había una vez…
Dicen que para atrapar un sueño es necesario viajar hasta el arcoíris, abrazar sus colores y dejarse pintar por sus rayas. Colorín amarillo. Hubo un color que se perdió y la historia quedó descalza.
No era sencillo viajar en un zapato, eso lo sabía aquel pie que se desprendió de uno de ellos, que hasta entonces había sido su compañero inseparable. Había una vez un zapato, sin pie, que se animó a caminar para contar su propio cuento, sin Colorín ni Colorado.
A menudo había que tener varios ojos para no perderse los detalles. Era posible que detrás del Colorín Colorado naciera un cuento de cuentos en el que el Colorado perdido ya formara parte del siguiente “Había una vez”…
Andrea Viveca Sanz
Se reflejan en esta historia: “Los planetas Elfos”, del libro Familias raras de este planeta y otros de Graciela Repún, ilustrado por Sara Sedrán; “Cuando un águila piensa”, del libro Cuentos del bosque de Cristina Ramos, ilustrado por Marcela Calderón; “Prohibido el elefante”, del libro Prohibido el elefante de Gustavo Roldán, con ilustraciones de Luis Pereyra; y los cuentos “Pedro, el zapato” y “Siete colores”, del libro Cuentos para siete colores de Susana Gesúmaría y Aarón Cupit, ilustrado por Héctor Martínez.
Textos para escuchar
Pasar por el espejo – Luis Carranza Torres

El escritor cordobés Luis Carranza Torres lee su cuento Pasar por el espejo
Mi reflejo en el espejo no era yo sino aquella que había sido antes. De alguna forma, sabía eso. Parada frente al espejo, fogonazos de esa vida que no alcanzaba a comprender, me azotaban la mente y me sacudían en lo profundo del espíritu. Otra yo en otra vida, espejo de por medio. Mi imagen se reflejaba distinta sobre el vidrio pulido, provocándome una gran confusión. No entendía muchas cosas pero sabía que esa, al otro lado del espejo, era yo. Aun cuando tuviera un palmo más de altura, o el color de su cabello no fuera castaño sino negrísimo. Lo confirmaba al verla a los ojos, a pesar del distinto color alrededor de las pupilas. A mi tono ámbar el espejo lo devolvía como un gris apagado. Pero podía ver la misma mirada de estupor que estaba sintiendo. Una mezcla de temor y ansiedad, pero también de creciente excitación.
Observaba, maravillada, como no se parecía en nada a mi actual aspecto. Claro que, también pensé, tampoco yo lucía del mismo modo que al nacer, o cuando niña.
No me cabía duda alguna, me reconocía por lo que mostraban esas facciones: angustia, orfandad. Siempre me había visto así, más acá o más allá del espejo. Castaña o morocha, más alta o más baja.
—No luches—me dijo la figura al otro lado del espejo. Movía sus labios aunque yo tuviera paralizado los míos—. Es inútil. No depende de ti ni de mí. Sólo tiene que suceder. Volver a ser una. La felicidad pasa por estar completas.
El espejo, o ella en el espejo, me atrajo hacia el otro lado. Se trataba de una sensación extraña, que principió con un cosquilleo y luego prosiguió en tremendos espasmos. Una corriente inmaterial que me arrastraba hacia lo que tenía en frente, espejo de por medio. La imagen de la que era en otra parte o había sido en otro tiempo. Un otro yo que me buscaba, para unirse a mí. Nuestras palmas de las manos se tocaron a uno y otro lado. Experimenté entonces una especie de una corriente eléctrica, intensa. Una sacudida dolorosa pero liberadora que, por alguna razón, contenía una promesa de paz. Asustada, estremecida, no pude dejar de mirarla, ni de ir hacia ella. Me resultaba imposible dejar de observarla o resistirme a ser arrastrada. Ella me atraía, como un imán espiritual poderoso, a lo profundo del espejo, a fundirme con esa que era yo. Tras todas dudas y algo de pelea, me dejé ir. Mi rostro se agrandó hasta ser tragado por el espejo en un estallido de estrépito.
Todo se volvió blanco. De un blanco brillante que deslumbraba. Dolor. Me sentí flotar. El resplandor se transformó en luz. Parpadeé para acostumbrarme, desde la oscuridad dolorosa en la que había caída, a la nueva claridad donde me hallaba.
Un hombre de blanco y lentes me observó. Muy serio.
—¿Que me pasó?—pregunté.
El hombre de blanco me respondió con voz cansada:
—Otra vez olvidaste tomar tus pastillas.







Debe estar conectado para enviar un comentario.