Historias Reflejadas
“Un colorado Había una vez”
Un Colorado “Había una vez”
Detrás del Colorín Colorado, en el espacio que sigue al punto final, siempre era posible encontrar una nueva historia.
En cambio, en el instante que seguía al “Había una vez”, justo allí sobre esa burbuja de palabras, existía algo que alguien alguna vez contó.
A veces, se trataba de un viaje interplanetario, hacia planetas lejanos en los que era necesario recuperar los recuerdos. La magia de las palabras creaba el ambiente adecuado. Como si fueran ladrillos unidos para edificar, ellas se encargaban de traer a la memoria aquello que había sucedido o quizás lo que jamás sucedió, pero era necesario inventar: un cuento…Y Colorín Colorado…
De pronto, varios animales caminaban por las páginas de un libro para hacerse escuchar. Algunos levantaron vuelo para tejer una historia de historias que era necesario revelar. Había una vez…
Dicen que para atrapar un sueño es necesario viajar hasta el arcoíris, abrazar sus colores y dejarse pintar por sus rayas. Colorín amarillo. Hubo un color que se perdió y la historia quedó descalza.
No era sencillo viajar en un zapato, eso lo sabía aquel pie que se desprendió de uno de ellos, que hasta entonces había sido su compañero inseparable. Había una vez un zapato, sin pie, que se animó a caminar para contar su propio cuento, sin Colorín ni Colorado.
A menudo había que tener varios ojos para no perderse los detalles. Era posible que detrás del Colorín Colorado naciera un cuento de cuentos en el que el Colorado perdido ya formara parte del siguiente “Había una vez”…
Andrea Viveca Sanz
Se reflejan en esta historia: “Los planetas Elfos”, del libro Familias raras de este planeta y otros de Graciela Repún, ilustrado por Sara Sedrán; “Cuando un águila piensa”, del libro Cuentos del bosque de Cristina Ramos, ilustrado por Marcela Calderón; “Prohibido el elefante”, del libro Prohibido el elefante de Gustavo Roldán, con ilustraciones de Luis Pereyra; y los cuentos “Pedro, el zapato” y “Siete colores”, del libro Cuentos para siete colores de Susana Gesúmaría y Aarón Cupit, ilustrado por Héctor Martínez.
Historias Reflejadas
“Unidad”

Unidad
Más allá del sol, una botella y un mensaje. Adentro viaja un grito. Y otro grito. Y otro más. Dan vueltas los deseos. Gira el planeta en anhelos compartidos. Todo el mundo es el Mundo. Las partes se separan, se buscan, se encuentran. En las diferencias se tocan. Las palabras saltan páginas imaginarias, recorren paisajes, construyen casas y más casas, como mundos propios apilados en la alfombra de los sueños, donde lo imposible se vuelve posible.
Más allá del sol nacen deseos de gigantes, laten dentro de una botella y recorren un planeta interminable, como si fuera una casa donde nadie se aburre.
Andrea Viveca Sanz
(@andreaviveca)
Se reflejan en esta historia los siguientes libros: “Más allá del sol”, de María Inés Balbín con ilustraciones de Bruno Fernández; “Una familia gigante”, de Daniela Feoli con ilustraciones de Paula Schenone; “La casa interminable”, de Martín Blasco y Mima Castro; y “La increíble familia de Camilo, el niño que se aburría”, de Felicitas Arrieta y Juan Chavetta.
Historias Reflejadas
“Monstruos, los miedos”

Monstruos, los miedos
Dan miedo los miedos,
se juntan en el cuerpo,
crecen.
Y tejen,
no salen las palabras,
son monstruos escondidos.
Van y vienen.
Tejen luces y sombras,
llueven ojos,
más ojos,
más ojos, un mar.
Miran donde no se ve
un salto inconcluso,
(¿La pulga?)
Sí.
Una boca que no muerde
(¿El lobo?)
También.
¿Por qué?
Cada uno es como es,
sin monstruos a la vista,
libres, se destejen.Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca)
Se reflejan en esta historia los siguientes textos: “El agua y el monstruo”, de María Rosa Pfeiffer con ilustraciones de Myriam Bahntje; “Érase una vez un lobo llamado Cereal”, de Alessandra Pontes Roscoe y Juan Chavetta; “El monstruo tejedor”, de Andrea Bravwrman con ilustraciones de Rodrigo Folgueira; y “La pulga despistada”, de Liliana Cinetto con ilustraciones de Damián Zain.
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“Dudas”

Dudas
Hace silencio el silencio. Es un vacío, un hueco sin palabras. No entran más. Se rompen las fotos en la foto, la culpa resbala, se quiebra el miedo; después, como si su naturaleza mutara, de cuerpo en cuerpo, capas arriba de capas, mentiras estratificadas, en otras playas, arena sobre la arena, un tiempo inacabado, reflejos proyectados en el orden de las cosas. Un desorden en foco. Experimenta el abandono. Mudo. Experimenta. Se cubre de pieles ajenas. La verdad anida en la mirada. No se ven, los rostros no se reconocen en los huecos. Son sensaciones dentro del espacio vacío, debajo del agua, donde crecen las voces y se hunden. Precipitan en las profundidades de la duda.
Andrea Viveca Sanz
Se reflejan en esta historia los siguientes textos: “Los abandonados”, de Luis Mey; “Olimpia”, de Betina González; “La otra playa”, de Gustavo Nielsen; y “Que nadie te salve la vida”, de Flavia Company.
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