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Literatura

Llega en agosto la edición ampliada de la Feria de Editores

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Con más de 300 sellos de América Latina y España, la Feria de Editores (FED) 2023 se realizará durante cuatro días, del 3 al 6 de agosto, y con ampliación horaria, en el Complejo Art Media, de la Ciudad de Buenos Aires, debido al incremento de los visitantes al evento que en esta edición tendrá como figuras convocantes al autor estadounidense Peter Rock, a la feminista brasileña Djamila Ribeiro, junto a los argentinos Martín Kohan y Beatriz Sarlo.

La actividad, que surgió en 2013, se realizará de manera gratuita, de 14 a 22, y contará con 14 charlas de las que participarán autores nacionales e internacionales, quienes abordarán temas como la potencia de la literatura para desafiar los binomios animal/humano, cotidiano/onírico, poesía/narrativa; la relación de los escritores con sus propias bibliotecas; los feminismos y la lucha antirracista; los cambios ocurridos en el mundo de los libros y sus agentes desde la masificación del libro hasta la explosión de Internet; la imaginación científica y literatura en la región; las dictaduras y las escrituras en el Cono Sur; y qué implica habitar una lengua viajera.

Un total de 320 sellos presentarán narrativa contemporánea y clásica, ensayo, poesía, música y cine, ciencias sociales y humanidades, periodismo, libros ilustrados y libros-álbum, obras para las infancias, diseño y fotografía, novela gráfica, entre otros.

En esta oportunidad participarán editoriales de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, México, Perú, Uruguay y España. Del exterior estarán presentes editoriales como Fósforo (Brasil), Cuneta (Chile), La Pollera (Chile), Barrett (España), Criatura (Uruguay), Colmena (Perú), Antílope (México) y Gris Tormenta (México).

Entre los autores invitados, visitarán la FED el estadounidense Peter Rock, autor de “Mi abandono”, “Klickitat”, “Los nadadores nocturnos” y “El ciclo del refugio” y la autora feminista brasileña Djamila Ribeiro, referente de las luchas antirracistas en Brasil y América Latina, mientras que Beatriz Sarlo mantendrá un diálogo con Hinde Pomeraniec, y Liniers firmará ejemplares de sus libros.

Asimismo, participarán escritores y escritoras de la región como la editora, poeta y traductora mexicana Isabel Zapata, el chileno Matías Celedón, la mexicana Jazmina Barrera, el cubano Marcial Gala y el venezolano Gabriel Payares. Lo harán también las autoras argentinas Ariana Harwicz, Romina Paula, Alejandra Kamiya y Paula Puebla, y la docente, periodista, y practicante de ceremonia del té, Malena Higashi. Los autores que participarán son Martín Kohan, Iosi Havilio, Edgardo Scott, Guido Herzovich, Roque Larraquy y Osvaldo Baigorria.

En los últimos años, la FED experimentó un importante crecimiento de visitantes, lo que llevó a los organizadores a incrementar este año la cantidad de días y ampliar el horario. “La feria empezó abriendo solo los domingos pero con el tiempo se fueron agregando días, y este año sumamos el jueves y se amplió el horario para desagotar sábado y domingo”, dijo Víctor Malumian, cofundador de ediciones Godot, uno de los sellos organizadores de la feria.

Para amenizar la espera en el ingreso, este año, los asistentes contarán con un espectáculo de magia, y recibirán de regalo un libro “La traición” con textos de Nicolás Artusi, Luis Chitarroni, María Sonia Cristoff, Camila Fabbri, Betina González, Violeta Gorodischer, Luis Gusmán, Carla Maliandi, Edgardo Scott, Javier Sinay, Damián Tabarovsky y Soledad Urquia, agregó Malumian en un meet con la prensa.

Es “un libro de 13 por 20, de 128 páginas, con textos en género libre: ensayo, estilo epistolar o ficción, con un mapeo interesante a nivel intergeneracional”, dijo Malumian y agregó que se editarán 9000 ejemplares. Uno de los textos pertenece a Luis Chitarroni, y muchos le han dedicado su texto a este autor, fallecido en mayo pasado.

Por tercer año consecutivo, se entregará el Premio a la labor librera. En esta oportunidad, las ocho librerías preseleccionadas son Notanpuan (San Isidro), Portaculturas (Córdoba), Ludditas (Mendoza), Delibooks (Lomas de Zamora), Mal de archivo (Rosario), y Céspedes Libros, así como Vuelvo al sur y Mandolina Libros de la Ciudad de Buenos Aires.

Por su capacidad para generar actividades y su función como espacio de encuentro en la comunidad a través de los libros, la ganadora obtendrá 700.000 pesos para comprar libros y un 50% de descuento en los stands adheridos que participen en la FED, recordó Hernán López Winne. El premio se entregará el jueves 3, a las 14, a la librería ganadora.

Otra actividad que se repetirá por tercera vez es el Fellowship, por el que “nos visitan editores y editoras de otras partes del mundo, que vienen a recorrer la ciudad de Buenos Aires, tienen una charla de capacitación sobre el mercado editorial, y recorren librerías de la ciudad de Buenos Aires, lo que permitió vender derechos a otros idiomas”, dijo Malumian.

Por otra parte, se repetirá el programa Más 300 kilómetros, que se hace junto al Ministerio de Cultura de la Nación, y tiene como finalidad “pagarle los pasajes, la estadía y el stand a editoriales que están a más de 300 km de la ciudad de Buenos Aires. Este año lo ganó Baltazara de Rosario y el colectivo La Fiera que tiene editoriales de Santiago del Estero, Tucumán, Catamarca Jujuy y Córdoba, y es muy importante para federalizar este rubro”, agregó el editor, quien destacó que este tipo de programas permite el encuentro entre editores del exterior, de la ciudad de Buenos Aires y el interior del país.

También se llevará adelante el Programa librerías aliadas que permite a las librerías de todo el país comprar con un 50% de descuento y recibir los libros a través del servicio de Andreani.

La FED digital, como otros años, permitirá a través de la librería Céspedes que cualquier persona desde el interior del país o que no pueda llegar a la feria, pueda acceder a todos los catálogos y materiales disponibles, y con una compra por un monto a partir de 10 mil pesos, tendrá el envío sin cargo y el obsequio del libro La traición.

Además, la FED junto a La Fuerza Vermú seleccionó el afiche oficial de la feria, de la pintora e ilustradora Teresita Olhaberry. El premio es de 200.000 pesos y se entregará el jueves 3 de agosto.

Como otros años, el jueves y viernes estará la posta para la donación de sangre del Hemocentro de Buenos Aires, organizada por Céspedes libros y un grupo de librerías. Para participar es necesario inscribirse: https://feriadeeditores.com.ar/colecta-de-sangre/. Esta iniciativa responde a que “en Argentina el porcentaje de donación es muy bajo: dona 1,5% de las personas que pueden hacerlo. Si lo hiciera apenas el 8%, no serían necesarias las campañas urgentes de reposición que es lo que seguramente todos habrán experimentado con familiares y amigxs”, señaló la entidad organizadora.

Quienes quieran donar deben ser mayores de 18 años, llevar el DNI, no haberse tatuado en los últimos seis meses y pesar más de 50 kilos. No es necesario ir en ayunas.

Forman parte de la FED sellos nacionales como Ediciones Godot, Sigilo, Ampersand, Caja negra, Entropía, Gourmet Musical, Eterna Cadencia, Mardulce, Pequeño Editor, Libros del Zorro Rojo, Calibroscopio, Blatt & Ríos, Chai, Conejos, El cuenco de plata, Alto Pogo, Corregidor, Marea, Años Luz, Gog & Magog, Siglo XXI, entre otras.

El C Complejo Art Media está ubicado en Avenida Corrientes 6271, de la ciudad de Buenos Aires.

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Historias Reflejadas

“Deseos”

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Deseos

Miro por la ventana y espero. El tiempo se alarga detrás de los vidrios y crece en líneas rectas. Las hojas cambian de forma y bailan en círculos. Afuera, todo gira. Un manto rayado cubre las palabras, igual que adentro. Las paredes grises se prolongan sobre mi piel, también gris, como si los colores no fueran posibles, como un mandato. Me siento encerrado en un reflejo de rayas sin respuestas.

Bostezo. Un deseo de color se escapa de mi boca y se pega en la punta de mis dedos. Lo miro. Me mira. Lo suelto. Y vuela para atravesar la dureza de los vidrios. Vuela para que las rayas desaparezcan. Algo cambia adentro y afuera. Mi piel cambia sobre las paredes grises y deja huellas.

Espero, como un deseo, que la vida se tiña de colores y vuelva a entrar por mi ventana, sin rayas.

Andrea Viveca Sanz

Se reflejan en esta historia los siguientes libros: “Espero”, de Perla Suez con ilustraciones de Natalia Colombo; “Gris”, de Silvi Hei; “El pueblo que no quería ser gris”, de Beatriz Doumerc con ilustraciones de Ayax Barnes; y “Dentro de una cebra”, de Micaela Chirif con ilustraciones de Renato Moriconi.

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Textos para escuchar

Amigos por el viento – Liliana Bodoc

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Julieta Díaz
lee el cuento Amigos por el viento, de Liliana Bodoc.

A veces, la vida se comporta como un viento: desordena y arrasa. Algo susurra pero no se le entiende. A su paso todo peligra; hasta lo que tiene raíces. Los edificios, por ejemplo. O las costumbres cotidianas.
Cuando la vida se comporta de ese modo, se nos ensucian los ojo con los que vemos. Es decir, los verdaderos ojos. A nuestro lado, pasan papeles escritos con una letra que creemos reconocer. El cielo se mueve mas rápido que las horas. Y lo peor es que nadie sabe si, alguna vez, regresara la calma.

Así ocurrió el día que papá se fue de casa. La vida se nos transformó en viento casi sin dar aviso. Yo recuerdo la puerta que se cerró detrás de su sombra y sus valijas. También puedo recordar la ropa reseca sacudiéndose al sol mientras mamá cerraba las ventanas para que, adentro y adentro, algo quedara en su sitio.

– Le dije a Ricardo que viniera con su hijo. ¿Qué te parece?
– Me parece bien – mentí.

Mamá dejó de pulir la bandeja, y me miró:

– No me lo estás deciendo muy convencida…
– Yo no tengo que estar convencida.
– ¿Y eso que significa? – preguntó la mujer que más preguntas me hizo en mi vida.

Me vi obligada a levantar los ojos del libro:

– Significa que es tu cumpleaños, y no el mío – respondí.

La gata salió de su canasto, y fue a enredarse entre las piernas de mamá.
Que mamá tuviera novio era casi insoportable. Pero que ese novio tuviera un hijo era una verdadera amenaza. Otra vez, un peligro rondaba mi vida. Otra vez había viento en el horizonte.

– Se van a entender bien – dijo mamá -. Juanjo tiene tu edad.

La gata, único ser que entendía mi desolación, saltó sobre mis rodillas. Gracias, gatita buena.
Habían pasado varios años desde aquel viento que se llevó a papá. En casa ya estaban reparados los daños. Los huecos de la biblioteca fueron ocupados con nuevos libros. Y hacía mucho que yo no encontraba gotas de llanto escondidas en los jarrones, disimuladas como estalactitas en el congelador, disfrazadas de pedacitos de cristal. “Se me acaba de romper una copa”, inventaba mamá, que, con tal de ocultarme su tristeza, era capaz de esas y otras asombrozas hechicerías.

Ya no había huellas de viento ni de llantos. Y justo cuando empezábamos a reírnos con ganas y a pasear juntas en bicicleta, aparecía un tal Ricardo y todo volvía a peligrar.
Mamá sacó las cocadas del horno. Antes del viento, ella las hacía cada domingo. Después pareció tomarle rencor a la receta, porque se molestaba con la sola mención del asunto. Ahora, el tal Ricardo y su Juanjo habían conseguido que volviera a hacerlas. Algo que yo no pude conseguir.

– Me voy a arreglar un poco – dijo mamá mirándose las manos. – Lo único que falta es que lleguen y me encuentren hecha un desastre.
– ¿Qué te vas a poner? – le pregunté en un supremo esfuerzo de amor.
– El vestido azul.

Mamá salió de la cocina, la gata regresó a su canasto. Y yo me quedé sola para imaginar lo que me esperaba.
Seguramente, ese horrible Juanjo iba a devorar las cocadas. Y los pedacitos de merengue quedarían pegados en los costados de su boca. También era seguro que iba a dejar sucio el jabón cuando se lavara las manos. Iba a hablar de su perro con tal de desmerecer a mi gata.
Pude verlo por mi casa transitando con los cordones de las zapatillas desatados, tratando de anticipar la manera de quedarse con mi dormitorio. Pero, aún más que ninguna otra cosa, me aterró la certeza de que sería uno de esos chicos que en vez de hablar, hacen ruidos: frenadas de autos, golpes en el estómago, sirenas de bomberos, ametralladoras y explosiones.

– ¡Mamá! – grité pegada a la puerta del baño.
– ¿Qué pasa? – me respondió desde la ducha.
– ¿Cómo se llaman esas palabras que parecen ruidos?

El agua caía apenas tibia, mamá intentaba comprender mi pregunta, la gata dormía y yo esperaba.

– ¿Palabras que parecen ruidos? – repitió.
– Sí. – Y aclaré -: Plum, Plaf, Ugg…

¡Ring!

– Por favor – dijo mamá -, están llamando.

No tuve más remedio que abrir la puerta.

– ¡Hola! – dijeron las rosas que traía Ricardo.
– ¡Hola! – dijo Ricardo asomado detrás de las rosas.

Yo mira a su hijo sin piedad. Como lo había imaginado, traía puesta una remera ridícula y un pantalón que le quedaba corto.
Enseguida, apareció mamá. Estaba tan linda como si no se hubiese arreglado. Así le pasaba a ella. Y el azul les quedaba muy bien a sus cejas espesas.

– Podrían ir a escuchar música a tu habitación – sugirió la mujer que cumplía años, desesperada por la falta de aire. Y es que yo me lo había tragado todo para matar por asfixia a los invitados.

Cumplí sin quejarme. El horrible chico me siguió en silencio. Me senté en una cama. Él se sentó en la otra. Sin dudas, ya estaría decidiendo que el dormitorio pronto sería de su propiedad. Y yo dormiría en el canasto, junto a la gata.
No puse música porque no tenía nada que festejar. Aquel era un día triste para mí. No me pareció justo, y decidí que también él debía sufrir. Entonces, busqué una espina y la puse entre signos de preguntas:

– ¿Cuánto hace que se murió tu mamá?

Juanjo abrió grandes los ojos para disimular algo.

– Cuatro años – contestó.

Pero mi rabia no se conformó con eso:

– ¿Y cómo fue? – volví a preguntar.

Esta vez, entrecerró los ojos.
Yo esperaba oír cualquier respuesta, menos la que llegó desde su voz cortada.

– Fue… fue como un viento – dijo.

Agaché la cabeza, y dejé salir el aire que tenía guardado. Juanjo estaba hablando del viento, ¿sería el mismo que pasó por mi vida?

– ¿Es un viento que llega de repente y se mete en todos lados? – pregunté.
– Sí, es ese.
– ¿Y también susurra…?
– Mi viento susurraba – dijo Juanjo -. Pero no entendí lo que decía.
– Yo tampoco entendí. – Los dos vientos se mezclaron en mi cabeza.

Pasó un silencio.

– Un viento tan fuerte que movió los edificios – dijo él -. Y éso que los edificios tienen raíces…

Pasó una respiración.

– A mí se me ensuciaron los ojos – dije.

Pasaron dos.

– A mí también.
– ¿Tu papá cerró las ventanas? – pregunté.
– Sí.
– Mi mamá también.
– ¿Por qué lo habrán hecho? – Juanjo parecía asustado.
– Debe de haber sido para que algo quedara en su sitio.

A veces, la vida se comporta como el viento: desordena y arrasa. Algo susurra, pero no se le entiende. A su paso todo peligra; hasta aquello que tiene raíces. Los edificios, por ejemplo. O las costumbres cotidianas.

– Si querés vamos a comer cocadas – le dije.

Porque Juanjo y yo teníamos un viento en común. Y quizá ya era tiempo de abrir las ventanas.

(Audio extraído del programa Calibroscopio del Canal Pakapaka)

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Literatura

“Ya toqué todas mis melodías”: el británico Julian Barnes anunció su último libro

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PH: WEB - BBC/Roxanne Panthaki

El escritor británico Julian Barnes, una de las figuras centrales de la literatura contemporánea en lengua inglesa, confirmó que “Departure(s)”, su próxima novela, será el último libro de su carrera. A punto de cumplir 80 años, el autor sostuvo que siente haber agotado su repertorio creativo: “Tengo la sensación de que ya toqué todas mis melodías”, afirmó en una entrevista con The Telegraph.

Barnes explicó que el criterio para dejar de escribir no debería ser la posibilidad de seguir publicando, sino la convicción íntima de haber dicho todo lo que se tenía para decir. “No debería escribir un libro solo porque vaya a ser publicado. Hay que continuar hasta haberlo expresado todo, y yo llegué a ese punto”, señaló. Sin embargo, aclaró que no abandonará por completo la escritura: continuará con el periodismo cultural, reseñas y colaboraciones, una actividad que antecede a su trayectoria como novelista.

“Departure(s)” se presenta como una obra híbrida, a medio camino entre el ensayo, el memoir y la ficción. El libro gira en torno al papel del propio Barnes como intermediario entre dos amigos, Stephen y Jean —cuyas identidades permanecen anonimizadas—, que fueron amantes y luego se separaron. La historia retoma muchos de los temas que atraviesan su obra: la memoria y sus fisuras, el amor y la amistad, el paso del tiempo, el envejecimiento y la muerte.

El anuncio llega en un contexto vital particular. Barnes convive desde hace seis años con un tipo raro de cáncer de sangre, controlado mediante quimioterapia oral diaria. “Por ahora, es un empate”, dijo sobre su enfermedad, que —según explicó— contribuye a un debilitamiento progresivo del cuerpo, aunque ya forma parte de su rutina.

Viudo desde 2008, cuando murió su esposa y agente literaria Pat Kavanagh a causa de un tumor cerebral, el autor reveló recientemente que se volvió a casar en secreto en agosto pasado con Rachel Cugnoni, editora y compañera desde hace ocho años, a quien conoce desde hace casi tres décadas.

Con una carrera de 45 años, Barnes publicó 15 novelas y 10 libros de no ficción. Debutó en 1980 con “Metroland”, pero alcanzó el reconocimiento internacional con “Flaubert’s Parrot” (1984). Tras varias nominaciones, obtuvo el Booker Prize en 2011 por “The Sense of an Ending”. También escribe novela policial bajo el seudónimo Dan Kavanagh.

Lejos del dramatismo, Barnes evaluó su trayectoria con gratitud: “He tenido una vida afortunada. Si a los 30 me hubieran dicho que escribiría tantos libros que a tanta gente le gustaría leer, me habría parecido increíble”. Sobre la muerte, concluyó con sobriedad: ya no la teme como antes, aunque reconoce que el final siempre es una incógnita.

(Fuente: Agencia Noticias Argentinas)

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