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Literatura

Otorgan $60 millones a bibliotecas populares para compra de libros

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Las bibliotecas populares de todo el país podrán comprar el material bibliográfico que necesiten sus comunidades al 50% de su valor de mercado desde el 20 de septiembre al 1° de octubre, en el marco de la 16° edición del Programa Libro%, impulsado por la Comisión Nacional Protectora de Bibliotecas Populares (Conabip), por el cual se destinarán 60.243.000 pesos que serán otorgados a 934 espacios bibliotecológicos para la adquisición de ejemplares.

“Más allá del hecho comercial, que tanto ayuda al mercado editorial en un momento complejo, buscamos preservar la lectura como un hecho cultural. Para muchos argentinos, las bibliotecas siguen siendo el lugar para iniciarse en la lectura y eso hay que protegerlo y potenciarlo”, explicó en diálogo con la agencia de noticias Télam la presidenta de la Conabip, María del Carmen Bianchi.

Según se anunció en el acto del lanzamiento del programa desde el Centro Cultural Kirchner, la Conabip, organismo dependiente del Ministerio de Cultura de la Nación, invertirá $60.243.000 para la adquisición de ejemplares este año y participarán 934 bibliotecas populares, a las que se subsidiará con $64.500 para cada una para que puedan participar.

Entre el 20 de septiembre y el 1° de octubre, las bibliotecas populares de distintos puntos del país podrán adquirir material bibliográfico a distancia para garantizar la provisión de nuevos materiales para los lectores de todo el país.

“Creemos en el milagro de la lectura. Hoy estamos viendo que vamos a salir de la pandemia, sabemos que la vacunación funciona, y mantener la llama de la cultura encendida es lo que nos va a ayudar a apuntalar la producción y el trabajo”, resaltó el ministro de Cultura, Tristán Bauer, durante la presentación de la nueva edición del programa, que será, por segundo año, a distancia por la pandemia.

A partir de la implementación exitosa de Libro% en 2020, Bauer también llamó a usar la experiencia adquirida durante la pandemia para mejorar, en el futuro, todas las políticas públicas: “Charlemos mucho sobre cómo transformamos la desgracia de la pandemia en una oportunidad para seguir creciendo”.

Según estima el Ministerio, se comprarán 100.000 libros con el 50% de descuento, lo que favorecerá a los lectores, a las bibliotecas, a los autores y a las editoriales.

El ministro de Cultura, Tristán Bauer, junto a la presidenta de la Comisión Nacional Protectora de Bibliotecas Populares (Conabip), María del Carmen Bianchi.

El Programa Libro% es parte del Plan Nacional de Lectura en Bibliotecas Populares: apunta a promover y garantizar el derecho a las lecturas a través de la red de bibliotecas y procura colaborar en sostener a autores y editoriales, golpeados en el contexto de la pandemia.

La Conabip y el Ministerio de Cultura también firmaron un acta con la Fundación El Libro, la Cámara Argentina del Libro y la Cámara Argentina de Publicaciones para dejar asentadas las condiciones del Programa y evitar distorsiones de precio o stock que atenten contra la posibilidad de que las bibliotecas logren adquirir los libros que buscan.

“Libro% cumple dieciséis años, está en la adolescencia y ha sido, de alguna forma, un hito y prácticamente una política de Estado. Es cierto que se le ha adjudicado un menor presupuesto, que se ha mirado con recelo a las bibliotecas, pero continuó. Y eso, justamente, creo que se lo debemos al empeño de los bibliotecarios y a los lectores”, analiza Bianchi y adelanta que este año, por la pandemia, se replicará el modelo de compra de 2020 y los libros podrán ser adquiridos a través de un micrositio.

La presidenta de la Conabip advirtió que, si bien la pandemia no impactó en el programa porque se invirtió incluso más dinero, hay algo del encuentro cultural que sí se extraña. “A la primera edición de Libro% vinieron dos mil representantes de bibliotecas por primera vez. Esa vez, Néstor Kirchner también leyó el poema ‘Quisiera que me recuerden’ de Joaquín Areta. Me dediqué a recorrer las colas en los puestos de las editoriales y me quedó muy grabado lo que me dijo un bibliotecario: ¡Otra que el deme dos! ¡Este es el deme dos de los amantes de los libros!”, recuerda Bianchi sobre el clima y la impronta del programa. “Esto es parte de lo que se llevó la pandemia, pero el encuentro y la comunidad se trasladaron a otras expresiones y el año pasado se compraron 134 mil libros”, asegura.

También destaca que más allá del hecho comercial que ayuda a las bibliotecas y a las editoriales, el programa es un hecho cultural: “La autoría y la lectura son lo más importante y es lo que hay que preservar. Para muchos argentinos, niños y adultos, las bibliotecas siguen siendo un lugar de posibilidades, por eso es importante cuidarlas y apostar a que sigan creciendo”, analiza.

“Las palabras, las ideas, la reflexión y la imaginación nos unen. Internet no es la biblioteca del Siglo XXI porque no inicia en la lectura ni en el recorrido. Para leer y para escribir sigue haciendo falta un ritual de iniciación y allí están las bibliotecas”, advirtió Bianchi. Además, destacó el rol comunitario que las bibliotecas jugaron durante la pandemia: “Dieron apoyo escolar, ayudaron con las tareas por Whatsapp, colaboraron para sacar turnos de vacunación y sirvieron para apuntalar a las familias”.

Por su parte, el presidente de la Cámara Argentina del Libro, Martín Gremmelspacher, también destacó que la “experiencia pandémica” de Libro% haya sido buena: “A pesar del contexto dificilísimo, se amplió el presupuesto de 2020 con respecto a los años anteriores. Se organizó muy rápido y en mayo estábamos abasteciendo a las bibliotecas”. Las expectativas para esta nueva edición están en esa misma línea: “Esperamos ansiosos al programa porque ayuda mucho a las editoriales en en un momento muy complejo y le imprime al sector un impulso de tipo círculo virtuoso, que termina siendo de gran ayuda para toda la cadena del libro”.

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Historias Reflejadas

“Deseos”

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Deseos

Miro por la ventana y espero. El tiempo se alarga detrás de los vidrios y crece en líneas rectas. Las hojas cambian de forma y bailan en círculos. Afuera, todo gira. Un manto rayado cubre las palabras, igual que adentro. Las paredes grises se prolongan sobre mi piel, también gris, como si los colores no fueran posibles, como un mandato. Me siento encerrado en un reflejo de rayas sin respuestas.

Bostezo. Un deseo de color se escapa de mi boca y se pega en la punta de mis dedos. Lo miro. Me mira. Lo suelto. Y vuela para atravesar la dureza de los vidrios. Vuela para que las rayas desaparezcan. Algo cambia adentro y afuera. Mi piel cambia sobre las paredes grises y deja huellas.

Espero, como un deseo, que la vida se tiña de colores y vuelva a entrar por mi ventana, sin rayas.

Andrea Viveca Sanz

Se reflejan en esta historia los siguientes libros: “Espero”, de Perla Suez con ilustraciones de Natalia Colombo; “Gris”, de Silvi Hei; “El pueblo que no quería ser gris”, de Beatriz Doumerc con ilustraciones de Ayax Barnes; y “Dentro de una cebra”, de Micaela Chirif con ilustraciones de Renato Moriconi.

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Textos para escuchar

Amigos por el viento – Liliana Bodoc

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Julieta Díaz
lee el cuento Amigos por el viento, de Liliana Bodoc.

A veces, la vida se comporta como un viento: desordena y arrasa. Algo susurra pero no se le entiende. A su paso todo peligra; hasta lo que tiene raíces. Los edificios, por ejemplo. O las costumbres cotidianas.
Cuando la vida se comporta de ese modo, se nos ensucian los ojo con los que vemos. Es decir, los verdaderos ojos. A nuestro lado, pasan papeles escritos con una letra que creemos reconocer. El cielo se mueve mas rápido que las horas. Y lo peor es que nadie sabe si, alguna vez, regresara la calma.

Así ocurrió el día que papá se fue de casa. La vida se nos transformó en viento casi sin dar aviso. Yo recuerdo la puerta que se cerró detrás de su sombra y sus valijas. También puedo recordar la ropa reseca sacudiéndose al sol mientras mamá cerraba las ventanas para que, adentro y adentro, algo quedara en su sitio.

– Le dije a Ricardo que viniera con su hijo. ¿Qué te parece?
– Me parece bien – mentí.

Mamá dejó de pulir la bandeja, y me miró:

– No me lo estás deciendo muy convencida…
– Yo no tengo que estar convencida.
– ¿Y eso que significa? – preguntó la mujer que más preguntas me hizo en mi vida.

Me vi obligada a levantar los ojos del libro:

– Significa que es tu cumpleaños, y no el mío – respondí.

La gata salió de su canasto, y fue a enredarse entre las piernas de mamá.
Que mamá tuviera novio era casi insoportable. Pero que ese novio tuviera un hijo era una verdadera amenaza. Otra vez, un peligro rondaba mi vida. Otra vez había viento en el horizonte.

– Se van a entender bien – dijo mamá -. Juanjo tiene tu edad.

La gata, único ser que entendía mi desolación, saltó sobre mis rodillas. Gracias, gatita buena.
Habían pasado varios años desde aquel viento que se llevó a papá. En casa ya estaban reparados los daños. Los huecos de la biblioteca fueron ocupados con nuevos libros. Y hacía mucho que yo no encontraba gotas de llanto escondidas en los jarrones, disimuladas como estalactitas en el congelador, disfrazadas de pedacitos de cristal. “Se me acaba de romper una copa”, inventaba mamá, que, con tal de ocultarme su tristeza, era capaz de esas y otras asombrozas hechicerías.

Ya no había huellas de viento ni de llantos. Y justo cuando empezábamos a reírnos con ganas y a pasear juntas en bicicleta, aparecía un tal Ricardo y todo volvía a peligrar.
Mamá sacó las cocadas del horno. Antes del viento, ella las hacía cada domingo. Después pareció tomarle rencor a la receta, porque se molestaba con la sola mención del asunto. Ahora, el tal Ricardo y su Juanjo habían conseguido que volviera a hacerlas. Algo que yo no pude conseguir.

– Me voy a arreglar un poco – dijo mamá mirándose las manos. – Lo único que falta es que lleguen y me encuentren hecha un desastre.
– ¿Qué te vas a poner? – le pregunté en un supremo esfuerzo de amor.
– El vestido azul.

Mamá salió de la cocina, la gata regresó a su canasto. Y yo me quedé sola para imaginar lo que me esperaba.
Seguramente, ese horrible Juanjo iba a devorar las cocadas. Y los pedacitos de merengue quedarían pegados en los costados de su boca. También era seguro que iba a dejar sucio el jabón cuando se lavara las manos. Iba a hablar de su perro con tal de desmerecer a mi gata.
Pude verlo por mi casa transitando con los cordones de las zapatillas desatados, tratando de anticipar la manera de quedarse con mi dormitorio. Pero, aún más que ninguna otra cosa, me aterró la certeza de que sería uno de esos chicos que en vez de hablar, hacen ruidos: frenadas de autos, golpes en el estómago, sirenas de bomberos, ametralladoras y explosiones.

– ¡Mamá! – grité pegada a la puerta del baño.
– ¿Qué pasa? – me respondió desde la ducha.
– ¿Cómo se llaman esas palabras que parecen ruidos?

El agua caía apenas tibia, mamá intentaba comprender mi pregunta, la gata dormía y yo esperaba.

– ¿Palabras que parecen ruidos? – repitió.
– Sí. – Y aclaré -: Plum, Plaf, Ugg…

¡Ring!

– Por favor – dijo mamá -, están llamando.

No tuve más remedio que abrir la puerta.

– ¡Hola! – dijeron las rosas que traía Ricardo.
– ¡Hola! – dijo Ricardo asomado detrás de las rosas.

Yo mira a su hijo sin piedad. Como lo había imaginado, traía puesta una remera ridícula y un pantalón que le quedaba corto.
Enseguida, apareció mamá. Estaba tan linda como si no se hubiese arreglado. Así le pasaba a ella. Y el azul les quedaba muy bien a sus cejas espesas.

– Podrían ir a escuchar música a tu habitación – sugirió la mujer que cumplía años, desesperada por la falta de aire. Y es que yo me lo había tragado todo para matar por asfixia a los invitados.

Cumplí sin quejarme. El horrible chico me siguió en silencio. Me senté en una cama. Él se sentó en la otra. Sin dudas, ya estaría decidiendo que el dormitorio pronto sería de su propiedad. Y yo dormiría en el canasto, junto a la gata.
No puse música porque no tenía nada que festejar. Aquel era un día triste para mí. No me pareció justo, y decidí que también él debía sufrir. Entonces, busqué una espina y la puse entre signos de preguntas:

– ¿Cuánto hace que se murió tu mamá?

Juanjo abrió grandes los ojos para disimular algo.

– Cuatro años – contestó.

Pero mi rabia no se conformó con eso:

– ¿Y cómo fue? – volví a preguntar.

Esta vez, entrecerró los ojos.
Yo esperaba oír cualquier respuesta, menos la que llegó desde su voz cortada.

– Fue… fue como un viento – dijo.

Agaché la cabeza, y dejé salir el aire que tenía guardado. Juanjo estaba hablando del viento, ¿sería el mismo que pasó por mi vida?

– ¿Es un viento que llega de repente y se mete en todos lados? – pregunté.
– Sí, es ese.
– ¿Y también susurra…?
– Mi viento susurraba – dijo Juanjo -. Pero no entendí lo que decía.
– Yo tampoco entendí. – Los dos vientos se mezclaron en mi cabeza.

Pasó un silencio.

– Un viento tan fuerte que movió los edificios – dijo él -. Y éso que los edificios tienen raíces…

Pasó una respiración.

– A mí se me ensuciaron los ojos – dije.

Pasaron dos.

– A mí también.
– ¿Tu papá cerró las ventanas? – pregunté.
– Sí.
– Mi mamá también.
– ¿Por qué lo habrán hecho? – Juanjo parecía asustado.
– Debe de haber sido para que algo quedara en su sitio.

A veces, la vida se comporta como el viento: desordena y arrasa. Algo susurra, pero no se le entiende. A su paso todo peligra; hasta aquello que tiene raíces. Los edificios, por ejemplo. O las costumbres cotidianas.

– Si querés vamos a comer cocadas – le dije.

Porque Juanjo y yo teníamos un viento en común. Y quizá ya era tiempo de abrir las ventanas.

(Audio extraído del programa Calibroscopio del Canal Pakapaka)

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Literatura

“Ya toqué todas mis melodías”: el británico Julian Barnes anunció su último libro

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PH: WEB - BBC/Roxanne Panthaki

El escritor británico Julian Barnes, una de las figuras centrales de la literatura contemporánea en lengua inglesa, confirmó que “Departure(s)”, su próxima novela, será el último libro de su carrera. A punto de cumplir 80 años, el autor sostuvo que siente haber agotado su repertorio creativo: “Tengo la sensación de que ya toqué todas mis melodías”, afirmó en una entrevista con The Telegraph.

Barnes explicó que el criterio para dejar de escribir no debería ser la posibilidad de seguir publicando, sino la convicción íntima de haber dicho todo lo que se tenía para decir. “No debería escribir un libro solo porque vaya a ser publicado. Hay que continuar hasta haberlo expresado todo, y yo llegué a ese punto”, señaló. Sin embargo, aclaró que no abandonará por completo la escritura: continuará con el periodismo cultural, reseñas y colaboraciones, una actividad que antecede a su trayectoria como novelista.

“Departure(s)” se presenta como una obra híbrida, a medio camino entre el ensayo, el memoir y la ficción. El libro gira en torno al papel del propio Barnes como intermediario entre dos amigos, Stephen y Jean —cuyas identidades permanecen anonimizadas—, que fueron amantes y luego se separaron. La historia retoma muchos de los temas que atraviesan su obra: la memoria y sus fisuras, el amor y la amistad, el paso del tiempo, el envejecimiento y la muerte.

El anuncio llega en un contexto vital particular. Barnes convive desde hace seis años con un tipo raro de cáncer de sangre, controlado mediante quimioterapia oral diaria. “Por ahora, es un empate”, dijo sobre su enfermedad, que —según explicó— contribuye a un debilitamiento progresivo del cuerpo, aunque ya forma parte de su rutina.

Viudo desde 2008, cuando murió su esposa y agente literaria Pat Kavanagh a causa de un tumor cerebral, el autor reveló recientemente que se volvió a casar en secreto en agosto pasado con Rachel Cugnoni, editora y compañera desde hace ocho años, a quien conoce desde hace casi tres décadas.

Con una carrera de 45 años, Barnes publicó 15 novelas y 10 libros de no ficción. Debutó en 1980 con “Metroland”, pero alcanzó el reconocimiento internacional con “Flaubert’s Parrot” (1984). Tras varias nominaciones, obtuvo el Booker Prize en 2011 por “The Sense of an Ending”. También escribe novela policial bajo el seudónimo Dan Kavanagh.

Lejos del dramatismo, Barnes evaluó su trayectoria con gratitud: “He tenido una vida afortunada. Si a los 30 me hubieran dicho que escribiría tantos libros que a tanta gente le gustaría leer, me habría parecido increíble”. Sobre la muerte, concluyó con sobriedad: ya no la teme como antes, aunque reconoce que el final siempre es una incógnita.

(Fuente: Agencia Noticias Argentinas)

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