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Literatura

Un libro recoge la historia de Mama Antula, la primera santa argentina

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Por Claudia Lorenzón (*)

“Mama Antula. La primera santa de Argentina”, un libro de la periodista italiana Nunzia Locatelli y su colega argentina Cintia Suárez aborda la vida de María Antonia de Paz y Figueroa, quien en pleno siglo XVIII desafió las decisiones del poder monárquico y continuó con el legado de los jesuitas expulsados por la corona española, y en el convencimiento de su fe, siendo laica, obró milagros que la condujeron a su canonización, concretada el domingo último.

La santificación llegó, como sucede históricamente, en un momento de crisis para la Argentina, coincidieron las autoras, que van por el cuarto libro escrito sobre Mama Antula, nombre quichua destinado a las Antonias.

Había nacido en 1730 en Santiago del Estero, en tiempos del virreinato, donde la esclavitud de africanos era moneda corriente y los indígenas eran considerados súbditos de la Corona. Cuando vivió en Buenos Aires, Mama Antula tuvo esclavos, pero les brindaba un trato humanitario y en su testamento les otorgó la libertad, razón por la cual es considerada pionera en la defensa de los derechos humanos en Argentina, destacan las autoras en el libro.

Asimismo, junto a otras mujeres, su primer destino fue el templo de la Compañía de Jesús, hoy conocido como el Convento de Santo Domingo, en Santiago del Estero, más precisamente el beaterio, adonde llevaban mujeres consideradas licenciosas, prostitutas detenidas por la ley y otras cuyos maridos querían anular el matrimonio, o mujeres de familias importantes que habían quedado embarazadas sin estar casadas o involucradas en relaciones prohibidas.

Uno de los milagros que llevó a Mama Antula a la beatificación fue la sanación de la religiosa de Rosa Vanina, del instituto de las Hijas del Divino Salvador, quien se recuperó de una sepsis general en el año 1900. Y el segundo milagro que se le atribuye es la curación en 2017 de Claudio Perusini, internado en un hospital de Santa Fe, quien sufría un ictus isquémico con infarto hemorrágico. Sus familiares rezaron a Mama Antula y el paciente se sanó, en un hecho inexplicable para la ciencia.

Todo esto se testimonia en el libro, que les demandó un arduo trabajo de investigación que se extendió por 13 años. Así accedieron a los documentos de la causa de beatificación y canonización, a material de biógrafos que escribieron sobre Mama Antula y además recopilaron testimonios de habitantes de Santiago del Estero, devotos de la santa. El trabajo incluyó también un viaje a Italia, donde consultaron el Archivo di stato di Roma, que les permitió acceder a las cartas manuscritas de Mama Antula con el jesuita santiagueño exiliado Gaspar Juárez, y con el político cordobés Ambrosio Funes, entre otros. A través de esas misivas pudieron reconstruir parte de la historia colonial del siglo XVIII, el contexto colonial donde surge la Santa.

Las autoras, que el domingo estuvieron presentes en el Vaticano en la ceremonia de beatificación de la que participaron el papa Francisco y el presidente argentino, Javier Milei, se habían conocido muchos años antes en la Basílica de la Piedad de la ciudad de Buenos Aires, en una misa. Ese encuentro les abrió la posibilidad de investigar y escribir juntas obras basadas en la vida de la santa. Así llegaron “Descalza”, “La mujer más rebelde de su tiempo” y “Mama Antula, la fe de una mujer indómita”. Sobre el nuevo libro, editado por Catarsis, dialogaron con la agencia de noticias Télam las autoras.

—¿Cómo evalúan el momento en que llega la beatificación teniendo en cuenta la situación social y política de Argentina?

Cintia Suárez: En la iglesia católica las canonizaciones surgen en los momentos de crisis. Creo que es una buena opción iniciar este año, que es complejo, con una santa laica argentina que luchaba contra la adversidad, con escasez de recursos. Daba de comer a partir de las limosnas y no era fácil, porque junto a otras personas que la acompañaban tenían que salir a las calles a buscarlas. Por eso creo que el mensaje de no detenerse que ella trae junto a su figura es importante. “La paciencia es buena pero mejor es la perseverancia” era su frase de cabecera, y me parece que hay que entenderla en este contexto. Como dijo el papa Francisco, la canonización a Mama Antula hará muy bien al pueblo argentino, y ya hemos visto que está siendo así.

Nunzia Locatelli: La antropología siempre enseña que cuando hay crisis hay santos; cuando más crisis hay más salen al frente los santos, y por lo tanto hay mas canonizaciones. Para mi que la santificación suceda en un momento difícil es un mensaje para todos los argentinos y para otros países en crisis. Hay que ver lo que nos enseña Mama Antula respecto de ayudar al otro, salir a caminar en la búsqueda de los más necesitados. Pueden ser vecinos, un familiar, hacia quienes hay que tener el corazón abierto, ir al encuentro, ese me parece que es el mensaje: ayudarnos todos. Como dijo en la encíclica Francisco, fratelli tutti, todos somos hermanos, y no ser indiferentes al dolor.

Mama Antula tuvo una personalidad que se puede comparar a mujeres actuales y otras que durante la historia entregaron su vida por un ideal, inclusive mujeres que hoy participan del movimiento feminista. ¿Qué evaluación hacen de su figura en ese sentido?

C.S: Encarna valores que tienen que ver con ser emprendedora, con no detenerse ante la adversidad, y que también se hace cargo de las situaciones, de las personas que sufrían, de las excluidas y toma acciones concretas; los busca, organiza los ejercicios espirituales y les da de comer. Era una mujer de acción, usaba su astucia femenina para conseguir lo que necesitaba. Tenía virtudes que la hicieron referente en su época y ahora también.

N.L: En algunos medios se reporta que Mama Antula es feminista, pero estoy en desacuerdo, porque el concepto de feminismo es del siglo XX y todavía no estaba trabajado. Mama Antula se ocupó de las mujeres, se ocupó de las niñas y niños huérfanos y lo hizo como madre y por eso los más humildes vieron en ella una mamá, por eso la llamaron Mama Antula, como se llamaba a las Antonias en quichua. Rescataría eso de la figura femenina, que salió al frente con mucho coraje. Como dijo el arzobispo de Buenos Aires, era muy corajuda, y como dijo el papa Francisco: organizó actividades clandestinas, que son los ejercicios espirituales, prohibidos por el rey Carlos III porque era una actividad de los jesuitas. Por eso era una mujer con coraje, indómita, sin miedo que hizo cosas, no para sí misma, sino para la salvación de las almas.

Más allá de los milagros por los cuales llegó a la canonización, ustedes describen en el libro situaciones donde Mama Antula produjo otros milagros no menos importantes. ¿por qué creen que su santificación llegó recién ahora y no antes?

C.S: Además de los dos milagros, las demás acciones son gracias y virtudes que tiene la santa en vida: en su presencia se multiplicaba la comida, podía aparecer en dos lugares al mismo tiempo, tenía visiones, lo que la hacían una persona excepcional. Los tiempos de Dios son precisos, pero el hecho de tener un Papa jesuita, como ella, que continuó con el legado jesuita, hace que resurja en ese contexto. Creo, además, que poner en el centro de la iglesia a una mujer laica y reivindicar su figura, es central.

N.L: Cuando hay un proceso canónico, se eligen milagros muy sólidos, comprobables y ese es un proceso largo. En el caso de Mama Antula no hay solo dos, hay muchos más que todavía no pasaron el filtro del Vaticano. Son los milagros cotidianos, de dar una solución a temas económicos, o de ayuda a las familia, y se ven en las cartas donde se agradecía la intervención de Mama Antula. La primera causa de canonización de Mama Antula se inició en 1905, y si bien tuvo que esperar mucho, esa causa reunió a dos jefes de Estado, al Papa y el presidente Milei. Eso para mi fue un gran milagro, el abrazo entre dos personas que estaban distanciadas por palabras mal dichas, por momentos de mucha tensión. Rescataría eso también como milagro, el abrazo cuando el presidente Milei le dijo ‘te puedo abrazar’ y el Papa dijo ‘si hijo’. La palabra hijo yo la rescataría, como un padre que perdona al hijo. Cuando le preguntaron a Milei te ha perdonado, el respondió sí me ha perdonado. Fue un milagro y qué bueno que pudimos ver eso, y que las situaciones adversas también de distanciarse se puedan reconstituir. Todo el mundo vio ese conflicto, para mí fue una enseñanza para todos: fue el abrazo y el beso de la paz, y tenemos que aprender a ir adelante con la paz, sin conflicto.

(*) Agencia de noticias Telam.

Literatura

“Entre Mares”, la obra prima de Ángeles Alonso Saavedra que nació desde el dolor

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La autora argentina, Ángeles Alonso Saavedra, en su primera novela “Entre Mares” (Pacto de Lectura, marzo 2026), no solo se animó a escribir y publicar, sino que lo hizo en uno de los momentos más transformadores y vulnerables de su vida: durante su licencia por maternidad, tras atravesar un embarazo de alto riesgo marcado por trombofilia.

“Entre mares, entre silencios, entre verdades”, reza la sinopsis de su ópera prima. Y esa frase adquiere ahora una dimensión mucho más profunda, porque la novela, ambientada en el ficticio pueblo costero de Bahía Alerce, habla de cicatrices que no sanan.

Se trata de una novela romántica con toques dramáticos que sigue a Vittoria, una joven que llega al mar a los 17 años cargando un pasado marcado por abusos y una relación rota con su propio cuerpo. A través de sus ojos, Alonso Saavedra explora con delicadeza y crudeza emocional la experiencia de su primer amor encarnado en las figuras luminosas y opuestas de Lorenzo y Tomás.

El libro cruza temas profundos como la salud mental, la ansiedad, los trastornos alimenticios y las pérdidas. “Nadie debería acostumbrarse a lo malo”, sentencia la sinopsis. Y esa frase funciona como un latido constante a lo largo de toda la obra.

Lectoras que ya tuvieron acceso a la novela destacan su capacidad para “envolver como el sonido del mar” y su final que deja con ganas de más.

Ángeles convirtió el encierro de la licencia de maternidad en un espacio de creación, donde el mar —símbolo recurrente en su libro— se convirtió tanto en escenario como en metáfora de sus propias emociones: inmenso, impredecible, a veces bravío, pero también sanador.

En un mercado literario donde las voces femeninas siguen abriéndose paso con fuerza, “Entre Mares” llega como una propuesta sensible, adictiva y valiente. Una historia que, según sus primeras lectoras, “te atrapa desde la primera página y te deja impactada”.

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Textos para escuchar

Álbum de figuritas – Graciela Aletti

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Graciela Aletti narra su cuento Álbum de figuritas


Me enamoré de Cachito, en sexto grado, en el mismísimo momento que él, antes de salir al recreo largo, sacó de la cartuchera la figurita abrillantada y la colocó sobre mi pupitre; justo tapando el agujero donde iba el tintero. Era la última que me faltaba para llenar el álbum. El ramo de rosas rojas… toda llena de brillitos. Lo miré y le estampé un beso cerca de la comisura del labio, menos mal que la maestra no me vio. Salí corriendo a mostrársela a Dorita, mi mejor amiga, también le conté del beso. Cuando sonó el timbre para volver al aula, él seguía parado en el mismo lugar, con los cachetes enrojecidos que la maestra le dijo: ¿Carlos Alberto Pérez… se siente bien? y la buchona de Dorita gritó: ¡Cachito tiene novia! ¡Tiene novia! ¡Chela es la novia!

Y así empezó el noviazgo; juntos a los cumpleaños de 15, él de saco y corbata y yo … rellenando el corpiño con algodón para parecer más señorita; juntos a los malones (yo llevaba una torta y Cachito la Vidú Cola. Bailábamos lentos; me gustaba más el twist pero Cachito no tenía habilidades para el baile, así que para que no se pusiera celoso me quedaba sentada… aburrida.

En el picnic para la primavera íbamos a la quinta del hijo del Intendente y jugábamos a la botellita, claro que nadie se animaba a darme un beso… Yo le era fiel a Cachito.

A los 19 años, Cachito entró al ferrocarril, compramos el terrenito, y los fines de semana, ladrillo tras ladrillo hicimos la casa. Y a los 20 me casé con él, por civil, por iglesia y virgen como Dios mandaba.

La heladera me la regalaron mis padres, una Siam verde; en la puerta le pegué la figurita: nuestro signo de amor. Al año nacieron los mellizos y me regaló la Singer… así ahorraba en la ropa.

Cachito se iba temprano, yo limpiaba, cocinaba, cosía y cuidaba a los niños; los domingos… ravioles con su madre viuda y al otro domingo asado con mis padres.

Cachito era bueno y previsible… para cada cumpleaños me compraba un electrodoméstico y para el día de la madre o para el arbolito de Navidad también. Bueno pero aburrido y olvidadizo… tenía que recordarle… Cachito ¿pagaste la boleta luz? Cachito ¿encargaste la garrafa? Todavía no teníamos gas natural porque Cachito se olvidó de hacer el trámite cuando vino la cuadrilla.

Siempre tenía velas (otra vez nos cortaron la luz… Cachito ¡no pagaste la boleta!), las encendía y me quedaba mirando como iluminaba la figurita, que año tras año iba perdiendo los brillitos… como se perdía mi amor por Cachito.

Creo que la Providencia, el Destino o la Cooperativa eléctrica ante las reiteradas cuentas impagas, decidió mandar a casa al cobrador… un muchacho de anteojitos, menudo y tímido, que según decía Dorita, que seguía siendo mi amiga, que era algo raro…. tenía la manía de agregarles a las boletas poemas de amor…

El primero dudé en aceptárselo por si lo veía Cachito, que seguí siendo celoso… pero al final lo tomé con las manos, lo doblé y me lo metí en el corpiño, como el relleno de algodón de cuando era jovencita. Lo leí cuando Cachito se durmió y temblé de emoción… “esa muchacha de pechos de luna, esas manos perfumadas de azahares, ese amor que explotaba como fuegos artificiales”, (así decía el poema) sentí que era yo.

Al siguiente mes, lo esperé perfumada con Mary Stuart, que me habían comprado los mellizos, y me puse el vestido de los domingos, total Cachito, que ya era jefe de estación, casi todo el día estaba controlando los horarios de los trenes. Y el cobrador llegó con la boleta impaga y un atrevido poema… casi erótico… ¡tan tímido no era!

Se fue cuando sentimos el silbido del tren nocturno. Me cambié… arreglé las sábanas y guardé el poema… siempre en el corpiño.

Un año de poesías y amor para mí, agradecida de que Cachito no pagara las boletas y al ferrocarril que lo tenía todo el día ocupado.

Me olvidé de la figurita y el día que se le cayó el último brillo… Armé la valija…, hice una carpeta con los poemas; saqué la figurita de la heladera y la dejé sobre la mesa con una nota:

 “Cachito… te la devuelvo… Encontré un álbum mejor…”

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Historias Reflejadas

“El árbol de los relatos”

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El árbol de los relatos

Existe un árbol en el que cuelgan historias eternas, un árbol mágico que guarda en su madera las voces de todos los tiempos. Lo que escuchó y también aquello que calló, forman parte de sus secretos.

Abonadas por la fertilidad de la tierra, sus palabras se abren paso entre hilos de barro y de agua, que se entrelazan para moldearlas. En sus raíces, habita la esencia de una lengua viva, capaz de sostenerlas.

Una savia, fresca y liviana, en la que ruedan los cuentos y se estiran las leyendas, asciende por el tallo y se enriquece con el murmullo de voces nuevas para expandirse sobre las hojas y perderse en el viento, que cuenta lo que el árbol calla.

En un lugar lejano, las palabras florecen. Sus letras son pétalos, plegados sobre el germen que las encierra y entonces son frutos, que abren sus bocas para dejar caer las semillas de un cuento siempre nuevo.

Existe un árbol de muchas ramas, en el que cada día es posible descubrir el brote joven de una historia vieja, guardada en su vientre de madera.

Andrea Viveca Sanz

Se reflejan en esta historia: “El lobizón oculto y otras leyendas de miedo”; de Ana María Shua con ilustraciones de Alejandra Karageorgiu; “17 de Miedo”, antología en la que participan Jorge Accame, David Wapner, Italo Calvino, Oche Califa, Graciela Falbo, Canela, Antonio Machado, Gustavo Roldán, Graciela Pérez Aguilar, Eduardo Galeano, Horacio Quiroga, Luis María Pescetti, Javier Villafañe, Shel Silverstein, Ana María Shua, Perla Suez y Shaki; “El dueño de los animales”, de Jorge Accame; e “Historias de fantasmas, bichos y aventureros”, de Beatriz Actis.

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