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Entrevistas

Aline Miklos: “Hacemos canciones para recordar que en la vida siempre estamos de paso”

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Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca) /
Edición: Walter Omar Buffarini / PH: Sol Janik //

Una melodía cincela las palabras, las esculpe sobre el paisaje, son huellas, música que rueda, viaja con los pies, late, se desplaza por los cuerpos y convoca a la danza, que salta las piedras, recorta sus vértices para preservar la esencia, lo que no se ve, lo que se esconde en los laberintos de la historia y aletea, como un ave, como un pájaro negro.

Aline Miklos es música y compositora, por su sangre corre la historia del pueblo romaní/gitano, hay leyendas y melodías guardadas en su cuerpo, vivencias escondidas en las canciones que brotan desde adentro y la llevan a crear.

En diálogo con ContArte Cultura, la cantautora cuenta acerca de su encuentro con la música y con la esencia de su pueblo, y presenta su último disco: “Pájaro negro”.

—Vamos a comenzar esta charla con una imagen que seguramente servirá para presentarte: El pájaro negro. ¿Qué tiene que ver con vos ese pájaro que sobrevuela tu historia?
Pájaro Negro sobrevuela a mi historia y a de todas las personas romaníes/gitanas que fueron perseguidas durante el nazismo y otros regímenes autoritarios. Este nombre fue tomado de una canción anónima de un o una prisionera gitana del campo de concentración de Auschwitz. En la letra, el autor dice que tiene frío y hambre, pero pide a un pájaro negro (Kalo Chiriklo en romaní) que diga a su familia que va a volver a su casa para abrazar a sus hijos y estar en paz con la familia.  

—¿Cuándo descubriste que el lenguaje de la música sería una manera de expresión para vos? 
—La música entra en mi vida desde niña de la mano de mi padre, de mis tíos y de mi abuela. La mayoría son músicos amateurs, pero nunca dejaron de tocar. Desde muy temprana edad ya cantaba en las reuniones familiares y demostraba una preferencia a las canciones antiguas, cantadas en romaní por mis abuelos. A los 23 años fui a hacer una maestría en Francia, en historia del arte, y en ese país tuve contacto con grandes músicos e investigadores gitanos de varias partes del mundo. Con Brahim Music monté un ensamble de música gitana para tocar en las fiestas y manifestaciones por los derechos de los pueblos romaníes en París, siempre organizadas por la ONG La Voix des Rroms, de la cual yo formaba parte. El ensamble era un desorden total, éramos gitanos de distintos lugares del mundo (Brasil, Kosovo, Albania, Serbia, Rusia) y el único que sabía leer una partitura era el acordeonista. Nos manejábamos con el oído y, entre música y activismo, casi nunca sobraba tiempo para los ensayos. Para mí, esto fue una gran escuela porque en ese momento entendí que la música no pasaba solo por lo musical, sino que viene por otros lados también. Para hacer música es necesario tener algo para decir, algo en lo que realmente creés. Si no es así, el público no te banca por mucho tiempo por más que vos tengas un súper productor por detrás. En mis años parisinos, con todas estas experiencias, descubrí que la música es mi verdadera forma de expresión y nunca más la abandoné.

—¿Creés que a través de ese lenguaje se puede preservar la esencia de cada pueblo? 
—Sí, porque el arte suele trabajar con la esencia de una persona o de un pueblo. Por más que las culturas se van transformando a lo largo del tiempo, lo que es muy positivo, creo que hay una esencia que no se pierde y ella es fundamental para la existencia y supervivencia de una comunidad. Lo que pasó en estos miles de años de exterminio de grupos étnicos es que los colonizadores no solo matan, cómo el caso de Hitler que exterminó alrededor de 500 mil gitanos en sus campos de concentración, sino que también practican la asimilación forzada. Prohibir a las mujeres gitanas de usar sus polleras o a las musulmanas de usar el velo, o prohibir a los romaníes de hablar sus idiomas, es una forma de exterminio, más disfrazada quizás, pero no menos grave. El arte comunitario y étnico puede trabajar justamente con estas cosmovisiones forzosamente pérdidas, con la autoestima de un pueblo, con este espíritu de comunidad que las dichas “civilizaciones” les han robado.  

—¿Cómo nace el proyecto y el ensamble Kalo Chiriklo y quiénes forman parte de él? 
—El ensamble surgió en 2016 cuando con cuatro músicos amigos comenzamos a experimentar, combinando los distintos lenguajes que ofrece el universo musical romaní, latinoamericano, oriental y de Europa del Este. Cada uno pertenecía a uno o más de estos mundos. Con el pasar de los años, nuevos músicos se fueron sumando a este proyecto, aportando su impronta a partir de sus vivencias y sonoridades, siempre muy particulares. Ellos fueron Kostas Zigkeridis (acordeonista y director musical), Juan Olivera (trompeta), Agustín Raubian (percusión), Juan Bayón (contrabajo) y yo (directora del proyecto y cantante). Para este álbum también tuvimos la participación de tres grandes músicos invitados: Diego Rodríguez (guitarra), Juan Romero (cajón) y Alejandro Flores (percusión árabe). El proyecto empezó justo después, cuando percibimos que para hacer este tipo de música tenemos que investigar y meternos a fondo en distintos mundos. Como resultado de este trabajo, en 2019 fui invitada por la Universidad de Harvard para hablar de nuestra investigación y en el mismo año una institución muy importante en Brasil, la SESC Formação, también me invitó para dar un taller sobre los gitanos a través del canto.  

—¿Cuáles son los universos musicales que se cruzan en este disco?  
—Hay una mezcla hermosa entre la música gitana, árabe, latinoamericana y de Europa del Este. La idea está en juntar todos estos mundos y mostrar que la música, independientemente de su origen, es dinámica y se transforma a lo largo del tiempo.  

—¿Qué es lo que caracteriza a la música romaní y cómo fue transformándose a lo largo de la historia a medida que atravesó distintas fronteras? 
—La música romaní es muy diversa y creo que no hay nada que pueda caracterizar todos estos estilos juntos. Podemos observar, por ejemplo, que el flamenco, relacionado a los gitanos calós de la península ibérica, no tiene mucha similitud con el jazz manouche, ejecutado por los gitanos Sintis de la región de Francia y Alemania, o con los ritmos de Europa del Este asociados a los rroms. Quizás lo que caracteriza a los músicos romaníes es que están acostumbrados a adaptarse, a mezclar, a viajar con los sonidos y a adaptarlos de acuerdo al país dónde están. Los rroms trajeron muchos estilos de música de Europa del Este hacia América Latina y aquí mezclaron estos estilos con la cumbia, con el reggaeton, con el tango, con la samba brasileña, con la salsa, con la música evangélica… Así la música gitana se va transformando y tomando nuevos ropajes. 

—Están presentando el disco “Pájaro negro”, una obra en la que levantan vuelo distintas leyendas romaníes-gitanas, ¿cuál es la esencia de este álbum?
—El álbum cuenta con cinco composiciones del grupo y 3 canciones tradicionales romaníes de Europa del Este, interpretadas a partir de un abordaje contemporáneo y en diálogo con ritmos latinoamericanos. Nuestras composiciones se inspiraron en leyendas de origen romaní y leyendas de origen Gadje (no gitana) sobre los pueblos romaníes que encontramos en algunos países de América Latina y Europa. Después de recopilar más de treinta leyendas, seleccionamos algunas y fuimos atrás de las fuentes. Prácticamente todas las leyendas gadje calumniaban al pueblo romaní, considerándolos como ladrones, vagabundos, asesinos o como hijos del viento, nómades, libertadores del alma, etc. Es por ello que, a través del lenguaje musical, buscamos en nuestro disco cuestionar estos prejuicios y, por tanto,  nuestras composiciones pueden considerarse como una respuesta, una protesta o incluso  una reivindicación frente a las calumnias e injurias a las que refieren algunas de esas leyendas.

—¿Cómo vivieron ese proceso creativo, tanto de las letras como de la música?
—El proceso creativo fue muy interesante. Durante varias tardes, con el mate de por medio, me reuní con los chicos del ensamble para hablar sobre estas leyendas. Algunas son muy graciosas y otras muy feas. A mí me fascinaron tres que me hicieron componer tres canciones y a Kostas, el director musical del grupo, le encantaron dos. Todas ellas están contadas en nuestra página web (www.kalochiriklo.org). Así empezamos a componer. Las canciones funcionan como si fueran una narración de estas leyendas. Vanushka, por ejemplo, cuenta la historia de una chica romaní de Guatemala que tenía un amor correspondido con un hijo de una familia rica. Las dos familias prohibieron el noviazgo y la familia del chico lo mandó a estudiar a Europa. Ella se quedó en Guatemala. De tanto llorar, se formó un río de lágrimas en el que se ahogó. Hasta hoy, el túmulo de Vanushka es muy visitado en Guatemala y la gente le hace pedidos de amor. Para esta canción yo imaginé que cada instrumento cumplía un rol. El contrabajo era la ley y la familia que impedía este amor. Los instrumentos de viento representarían a Vanushka y el acordeón representaría su amor. Juan Olivera, el trompetista del grupo y arreglador de esta canción, le encantó la idea y empezó con los arreglos. Allí observamos que el solo que se encuentra en el medio de la canción funciona cómo si fuera un baile entre Vanushka, su amor y la ley que les impedía estar juntos.  

—¿En qué nuevos proyectos estás trabajando actualmente? 
—Ahora estoy trabajando como directora de FESTIVAR – Festival de Proyectos Culturales con Impacto Social, que tiene mucho que ver con el tema de derechos culturales y derechos de minorías étnicas, religiosas o lingüísticas. Incluso, para conmemorar el 8 de abril, el día internacional de los romaníes, nosotros realizamos junto con la asociación Zor(Asociación por los derechos del pueblo gitano/romaní) un conversatorio sobre música gitana que contó con la participación de músicos gitanos e investigadores de Brasil y de Argentina. También estoy componiendo para la banda sonora de un documental sobre romaníes en Brasil, junto con Arián Houshmand, un músico iraní fantástico que vive en Argentina. Creo que el arte es un instrumento fundamental en la construcción de un mundo más igualitario, por esto mis proyectos siempre están relacionados a los derechos culturales y a los derechos de personas o grupos vulnerados.  

—Para terminar, ¿hacia dónde se desplaza el “Kalo Chiriklo”? ¿Cuál es su próximo destino? 
Kalo Chiriklo fue el resultado de mis experiencias y mis vivencias con la música y los músicos romaníes en Brasil, Francia y Argentina. Este disco me significa un cierre de una etapa de mi historia para que otras cosas hermosas puedan surgir. No estoy diciendo que el ensamble se deshace o que no voy a buscar más en la música romaní la inspiración para mis próximos discos, sino que necesitaba transformar todo esto en un producto: en un libro si fuera escritora, en una serie de obras de arte si fuera artista visual, etc. Pero me tocó ser música y componer. Estoy muy agradecida de poder haber realizado una obra completa que es fruto de mi vivencia, sumado al aporte imprescindible de los otros músicos. Esta vez exploré las leyendas gitanas y no gitanas sobre los gitanos y mi deseo fue hacer canciones que contesten todo el prejuicio que encontré en estas leyendas, para el próximo trabajo, junto con los músicos de Kalo Chiriklo, estamos pensando en explorar el jazz gitano, muy conocido gracias al fantástico músico gitano Django Reinhardt, y mezclarlo con otros lenguajes de la música popular. Kalo Chiriklo siempre se está desplazando y hacemos canciones para recordar que en la vida siempre estamos de paso.

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Celina Cocimano y ‘El juego de las emociones de Uma’: “Un libro que pide gran compromiso de los adultos”

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Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca) /
Edición: Walter Omar Buffarini //

Todo gira, se mueve en una circularidad compartida. Las emociones suben y bajan, cuelgan de nuestros cuerpos, se desprenden como hojas secas. Regresan, son brotes, transformados en otra cosa.

Celina Cocimano es terapeuta emocional y a partir de sus vivencias y de su trabajo de muchos años necesitó dejar huellas, sembrar palabras para que germinen a través de sus libros.

“El juego de las emociones de Uma”, su último libro, está dedicado a las infancias. A través del juego logra acercarse a los territorios del miedo, de la ansiedad o de la frustración para atravesarlos.

ContArte Cultura charló con ella para conocer las rutas que la llevaron a indagar en ese universo.

—Las emociones forman parte de nuestras vidas, van y vienen, se mueven y nos movemos con ellas. Por eso, para comenzar y a modo de presentación, nos gustaría que elijas al menos tres emociones que te atravesaron al momento de escribir tu último libro y que a cada una de ellas les otorgues un sabor o un aroma.

  • Frustración, sabor a cebolla
  • Ansiedad, aroma a menta
  • Alegría, aroma a vainilla

—Y ya instalados en esa imagen, vayamos a tus comienzos, ¿qué vivencias te llevaron a transitar el camino de la terapia emocional?

—La insatisfacción personal, haberme descubierto cómo estafadora de mi propia vida, creando personalidades adquiridas para moldearme al gusto de la mirada ajena, siempre con esa sed emocional de ser alguien para los demás, ser aceptada, reconocida, querida y encantar a todos. Mientras estudiaba para contadora, sentí un apagón emocional, la apatía era mi única compañera en esos tiempos, hasta que mi cuerpo también “habló” con un síntoma muy sentido. Empezaba a hacerme pis por las noches siendo ya grande, más adelante entendí que eso sucedía en cada hogar o lugar donde me sentía a gusto, de esa manera, “intentaba” aferrarme a algún territorio, sentirlo al menos, por momentos, un lugar donde era yo. Como los animales que marcan su territorio orinando sobre él. Eso era lo que faltaba para que mi vida se vistiera de insatisfacción y cambie totalmente de rumbo, mejor dicho, empiece a vivir y dejar de aparentar lo que mis vacíos necesitaban cubrir.

—Seguramente al ir recorriendo ese camino fue necesario dejar huellas y de esa manera llegaron los libros, ¿cómo vivís la experiencia de escribir para que las palabras sean instrumento de sanación?

—Mi primer libro, “Despierta”, nació como algo catártico de la etapa que comenté anteriormente. Aún no sabía qué era lo que estaba viviendo y, sinceramente, pensaba que me moría por esos tiempos, entonces empecé a escribir cómo fue ese tránsito a mí destrucción de las corazas hacia mi reconstrucción emocional. Después, al compartir mi vivencia con muchas personas, me di cuenta que varios pasamos por ciertos procesos similares, por lo que se me ocurrió darle forma de libro y agregar reflexiones y ejercicios terapéuticos y de autogestión emocional. Los otros 3 -“Diamantes”, “Rotas”, y “El juego de las emociones de Uma”-, fueron pensados basándose en las historias que atiendo y buscando dejarle una “biblioteca” de recursos emocionales a mi hija para cuando sea más grande y, a las personas, que encuentren en estos libros, escrito en palabras, el propio sentir descarnado y sin filtro de las emociones que abordo en cada uno de ellos y luego, ofrecerles dinámicas, reflexiones, ejercicios para que encuentren en ellos formas de transitar el campo emocional sin tanto dolor y con valentía.

—Si pudieras resumir en una palabra el espíritu de cada uno de tus libros, ¿cuáles serían?

  • Despierta: Integridad
  • Diamantes: Osadía
  • Rotas: Coraje
  • El juego de las emociones de Uma: Autenticidad

—Tu último libro, “El juego de las emociones de Uma”, transita los paisajes de la infancia con todas sus gamas de colores, ¿cuál o cuáles fueron los disparadores de esta historia?

—Mi hija, a los 8 años, comenzó a transitar por un tiempo la conocida “Crisis de ansiedad y angustia”. Yo me opuse a que esté medicada siendo tan pequeña, y desde mi saber en el campo emocional de los adultos, junto a una gran observación sobre ella y sus crisis, se me ocurrió trabajar juntas para buscar soluciones a su sentir. Buscamos opciones en el juego infantil, en la creatividad, desarrollando distintos escenarios, armando una rutina de ejercicios y, sobre todo, busqué acercarla a la autogestión emocional. Así fue que se me ocurrió compartir cada ejercicio que funcionó en ella en este cuento, que no solo tiene el fin de que los niños empiecen a desarrollar desde pequeña edad sus propias respuestas emocionales ante cierta situaciones, sino que es un libro que pide gran compromiso de los adultos que acompañan al niño, y esa compañía, con el estar, el hablar su idioma, mejorar la calidad del vínculo, validar sus emociones, respetarlos y comunicarse con ellos, es lo que hace casi la mayor magia del trabajo de fortalecimiento emocional.

—Y justamente, a partir de tus propias vivencias decidiste contar desde el juego y desde las imágenes. Explicanos cómo fue el proceso de elegir esas duplas emocionales sobre las que querías hablar.

—Busqué las que a su edad son dentro de todo fáciles de interpretar, como decimos los adultos: de “etiquetar”. Son parte de las emociones primarias y la dupla fue pensada para dejarles el mensaje de que no son ni buenas ni malas, simplemente son y cada una es mensajera de un sentir, una acción a llevar a cabo y una particular respuesta emocional. También al ponerlas en duplas, cuando ellos/as sientan, por ejemplo, tristeza además de procesarla en todo su ser, sepan que pueden aprender a transportarla en alegría, ir de la ansiedad a la calma. Es decir, que conozcan cuál es la emoción que se necesita para equilibrar una con otra.

—Las semillas del libro fueron plantadas, ¿creés que tus palabras ya comenzaron a germinar y son brotes en los lectores?

—Sorprendentemente sí. Como comenté, yo me dedico a adultos no a infanto, y este libro que se publicó en abril del 2024 ya se está imprimiendo la segunda edición. Lo han comprado mucho abuelas y abuelos para compartirlo con sus nietos, en colegios para abordar ciertas emociones en el aula ya que también hay un capítulo sobre el bullying. Y muchas madres me compartieron que sus hijos o hijas mientras que se les leía el cuento ya comenzaban a incorporar los ejercicios sugeridos, o que empezaban a identificar sus propias emociones, tenían armados sectores en su cuarto como se encuentran en algunos capítulos. Incluso los que son más grandes, según cómo se sentían, buscaban en la biblioteca el libro y se encerraban en su cuarto a leer exclusivamente el capítulo que contiene la emoción que estaban sintiendo en ese día o ese tiempo. También compartió nota de Revista junto a Unicef en el día internacional contra el Bullying de 2024.

—¿En qué proyectos estás trabajando actualmente?

—Tengo dos libros más en camino, uno para adultos sobre la depresión, y otro para infanto, más expansivo aún, con un viaje al campo emocional que sea para ellos y para sus padres o tutores también, digamos que será un libro revelador en muchos aspectos.

—Para terminar, te invitamos a elegir la textura que represente a tu libro “Las emociones de Uma”.

—La textura sería cálida, pomposa, con colores desde pasteles a fuertes, con ganas de descubrirla y sentirla, y con distintos aromas que vayan cambiando según cada paso de la mano o de los pies sobre ella.

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Florencia Ghio presenta “Aguas Turbias”, una historia que lleva al lector por una variada gama de emociones

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Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca) /
Edición: Walter Omar Buffarini //

Hay un rumor, un murmullo por encima y por debajo. La evidencia flota, va y viene. Pero el agua arrastra las palabras, se lleva las voces, esconde. No se ve lo que no se quiere ver. O lo que no se debe. La verdad se hunde, toca fondo. Es barro entre los dedos. Y mancha.

 En “Aguas Turbias”, la última novela de Florencia Ghio editada por El Emporio, flotan varias verdades, como un rumor debajo de lo que se lee, van y vienen. Se convierten en imágenes, en sonidos y en aromas, mientras ella bucea para rescatarlas. Para que la verdad nunca se manche.

En diálogo con ContArte Cultura, la escritora cuenta cómo nació la obra y de qué manera descubrió a los protagonistas de esta historia.

—Vamos a comenzar esta charla haciendo foco en una palabra que flota entre las páginas de tu novela: justicia. A modo de presentación del libro y de sus protagonistas, si pudieras elegir una imagen o un objeto simbólico que represente esa justicia, ¿cuál elegirías y por qué?

—Elegiría la clásica estatua de la justicia pero con su balanza completamente inclinada hacia un lado y sus ojos vendados. Porque es un poco eso lo que se ve en esta novela, una justicia que es ciega, y también sorda, por eso el protagonista de mi libro, que dice ser el chivo expiatorio de un crimen que no cometió, tiene que venir desde un pueblo del sur y salir a clamar su inocencia por altoparlantes en un subte de Buenos Aires.

—Y a partir de esa imagen viajemos al principio. Sin dudas, siempre existe un germen que da vida a las cosas. Seguramente tu novela también es producto de ideas o situaciones que fueron semillas en la tierra de tu imaginación. ¿Recordás cómo y cuándo comenzaste a sembrar esta historia?

—Yo digo que en lo que va de mi carrera de escritora, en las dos novelas que escribí y en la que estoy escribiendo ahora, me pasó que no busqué las historias sino que las historias me buscaron a mí. Aguas Turbias está inspirado en un caso real, y surgió a partir de que viera por televisión a un joven que se había fabricado una máscara de chivo y andaba por los subtes suplicando que alguien lo escuchara. Había estado preso por el crimen de su madrastra que él juraba no haber cometido, y le aterraba la idea de que lo condenaran. Me impresionó el mecanismo, recurrir a su creatividad para escapar de ese infierno, eso me llevó a averiguar qué le había pasado y me inspiró para escribir la novela, en donde los personajes, lugares y la mayoría de los sucesos son ficticios, pero ese fue el puntapié inicial que me sumergió en esta novela.

—Aleida, tu protagonista, es una mujer que lucha por sus ideales, va en busca de justicia pero también pelea contra sus propios monstruos. ¿Cómo viviste el proceso de construir ese mundo interior con tantos matices?

—Aleida San Martín es un personaje que rescaté de mi anterior novela El Ciudadano. Es una abogada honesta e idealista, de esas que estudió derecho porque ama la justicia. Al mismo tiempo, es una guerrera; logró superar una historia familiar traumática, para convertirse en una funcionaria pública que trata de rescatar a toda persona que atraviesa un infierno, porque ella sabe lo que es estar ahí y no quiere que nadie más lo tenga que vivir.  Aguas Turbias la va a encontrar en un tramo de su vida en que está en caída libre, porque ahora, aun con las secuelas de sus anteriores traumas, tiene que luchar contra el acoso laboral, se siente muy sola, y todo eso le provocó una fuerte adicción al casino, que en esos momentos encuentra como su única vía de evasión. En estas condiciones se cruza a García Robledo en el subte y, conforme a su esencia, no puede quedar indiferente a su historia. Intuye que él no miente, pero ella no puede ejercer la profesión por ser funcionaria, y además vive en Buenos Aires, así que veremos si, en su estado, logra tomar decisiones tan difíciles para ayudar al chico de la máscara. Para el proceso de construcción de este personaje me ayudó mi especialización en violencia familiar y también hablé con psicólogas expertas en ludopatía.

—También el personaje de García Robledo, el chico de la máscara, tiene sus claroscuros, ¿qué fue lo primero que percibiste de este protagonista al momento de escribirlo?

—García Robledo es un muchacho que antes de pasar por ese infierno amaba la vida, pero luego de esto se ha decepcionado completamente de ella. Descree de las instituciones de su localidad pero, al igual que Aleida, es un guerrero que, en su caso, salió de su pueblo a buscar si al menos en alguna otra parte existía esa justicia que no lograba encontrar. El lector tendrá que averiguar si con toda esa lucha la logra despojar de la venda que tiene en sus ojos y cambiar la inclinación de esa balanza que parece desvencijada.

—Como ya comentaste, hay una cierta continuidad de “Aguas turbias” con “El ciudadano”, tu anterior novela, ¿qué hilos temáticos presentes en ambas historias te gustaría seguir sosteniendo en un futuro?

—Por el momento los casos judiciales reales o ficticios han sido fuentes de inspiración, no sé si quisiera mantener algún hilo temático en particular, pero sí escribir el tipo de literatura que a mí me gusta leer, aquella que no es puro entretenimiento sino que te deja reflexionando y retrata distintos tipos de realidades, algunas veces invisibilidades o desconocidas para quien no las transita, así como en El Ciudadano abordé, además de la violencia familiar y el funcionamiento de la justicia, la política migratoria argentina. Creo que esa también puede ser una de las funciones de la literatura y de la cultura en general. Como lectora, a los libros que solo me entretienen los olvido no bien termino la última página, en cambio el otro tipo de literatura es la que me ha marcado como persona, no solo la recuerdo sino que en determinados momentos de mi vida regreso a ella para releer, aunque más no sea algún párrafo.

—Como en todo policial, en esta novela hay un crimen alrededor del cual se teje la trama. ¿Cuáles son las emociones que te atraviesan al transitar esos escenarios con la palabra y con la imaginación?

—Creo que en Aguas Turbias, que tiene componentes del policial pero también es un drama y tiene romance, el lector va a atravesar una variada gama de emociones y estados de ánimo. Se me ocurren, por ejemplo, indignación, tristeza, intriga, alegría, entre otras.

—¿Seguirá la doctora Aleida San Martín presente en próximas historias?

—En la novela que estoy escribiendo ahora la doctora San Martín no es parte, pero no descarto que en algún momento vuelva.

—Para concluir, ¿cuál sería el color que elegirías para representar el espíritu de tu novela y por qué?

—Elijo el gris topo, por todo lo que acontece.- El lector tendrá que averiguar si ese color puede llegar a cambiar en algún momento de la novela.


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Daniel Balmaceda vuelve con el increíble caso del primer secuestro de un cadáver en Argentina

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Aquel atardecer del 27 de junio de 1881 era especialmente frío en Buenos Aires. Florentino Muñiz, un español multifacético, formaba parte de la organización Los Caballeros de la Noche, liderada por el belga Alphonse Kerckhove de Peñaranda. Muñiz había decidido tomar café en un bar y, mientras leía el diario vespertino, sus ojos tropezaron con la crónica y una idea impensada hasta el momento: secuestrar el cadáver de la mujer más rica del país en ese entonces, Doña Inés Indart Igarzábal de Dorrego, del Cementerio de la Recoleta.

Así comenzó una trama sin precedentes en la historia y los orígenes del crimen en la Argentina, en manos de la primera banda de secuestradores del país. Sobre este caso policial que mantuvo en vilo y escandalizó a la sociedad argentina de fines del siglo XIX escribe Daniel Balmaceda en su último libro, “Los Caballeros de la Noche”.

El periodista, miembro de la Academia Argentina de Historia y uno de los más grandes divulgadores del país, narra la increíble -y fascinante-  historia de un grupo de inmigrantes europeos que conforman una banda delictiva, que actuaba de noche, se camuflaba de día (y con un reglamento propio), que llegó a robar un cadáver de la familia Dorrego para pedir rescate.

Tras bestsellers como “Grandes historias de la cocina argentina”, “Historias de la Belle Époque argentina” y “Sarmiento”, Balmaceda se anima a probar por primera vez con el género de narrativa histórica y vuelve a convertirse en uno de los libros que lideran los rankings de ventas desde su publicación. La historia que Balmaceda toca la convierte en oro.

“’Los Caballeros de la Noche’ es una narrativa policial histórica, pero es un paso intermedio hacia la novela”, dice Balmaceda en diálogo con Noticias Argentinas, y explica las razones: “Se trata de un hecho real, que tuvo lugar en 1881, y donde cada integrante de la banda que aparece en el libro participó en estos hechos. La novela es un género muy atractivo y, a la vez, alejado de la no ficción, en donde nos podemos dar el gusto de generar ambientes, escenarios, personajes y situaciones”.

El libro, que se publica por primera vez en simultáneo en Argentina, América latina y España, es el producto de más de cinco años de investigación, basado en material de todo tipo: “Es un caso policial apasionante y por eso me parecía que era una excelente oportunidad para enriquecer el ambiente con datos ilustrativos de la época y provocar en el lector una escenografía completa de estos hechos”, suma el autor.

“Los Caballeros de la Noche” recrea un período crucial de la Historia argentina, a finales del siglo XIX en Buenos Aires, marcado por importantes transformaciones políticas, sociales y económicas. La presidencia de Roca, la creación de la Policía Federal, liderada por Marcos Paz, y las descripciones y detalles de los palacios donde residían las familias adineradas de la ciudad, son elementos que sitúan al lector en la atmósfera de la época. El libro cuenta con el sello del autor: capítulos que llevan a una lectura encadenada e hipnótica.

“El policial hace el bosquejo muy completo de una sociedad”, define Balmaceda, en sintonía con una idea que supo expresar el escritor y periodista rosarino, Reynaldo Sietecase, cuando dijo que “una sociedad se muestra en un policial como en ningún otro género”. Y agrega: “El policial es un género que involucra acción, en muchos casos, acciones en la calle, personalidades distintas, diferentes clases sociales, conductas erradas”.

¿Cómo lograron sacar el féretro de la mujer más rica del país del Cementerio de la Recoleta? ¿Dónde lo escondieron? ¿Qué pedían de rescate?, son algunas preguntas que guían la narración de “Los Caballeros de la Noche”. Y, un interrogante fundamental: ¿Cuáles eran las estrategias para eludir a la recién creada Policía de la Capital?  Un plan más osado y con la víctima perfecta.

Una banda “confiable”

Tres italianos, dos franceses, un griego y un argelino, liderados por un belga, Alphonse Kerckhove de Peñaranda, y un español, Florentino Muñiz. Así estaba conformada la insólita banda de secuestradores, “Los Caballeros de la Noche”, que protagoniza el nuevo libro del periodista argentino.

El nombre no es casual, por varios motivos. La denominación, según explica Balmaceda a NA, estaba inspirado en la novela policial francesa “Les chevaliers de la nuit”, de Pierre-Alexis Ponson du Terrail -conocido por la creación del famoso personaje Rocambole-.

“Los Caballeros de la Noche fue una banda que se formó en Buenos Aires a comienzos de 1881 con la intención de delinquir y trascender por sus acciones, al punto de llegar a convertirse en la banda de más renombre de la región”, señala Balmaceda.

A su vez, hace referencia a la novela homónima y una arista más del misterioso nombre de la banda: “Su nombre era tomado de una novela francesa, pero implicaba otra cosa: que de día todos tenían trabajos habituales, como mozo, proveedor de farmacias, administrativo, pero por la noche se convertían en la banda de delincuentes. Su gran golpe fue el secuestro del cadáver de la mujer más rica de ese momento”.

El libro muestra esa doble cara: de día ciudadanos como cualquier otro, trabajadores y honrados; de noche, todo se transformaba en clandestinidad. “Los Caballeros de la Noche” practicaban el anonimato y la denominación por números, similar a lo que sucede en la serie “La casa de papel “o en la película “Perros de la calle”.

Este grupo tenía otra particularidad: estaba conformado por inmigrantes exclusivamente, no se aceptaban argentinos. ¿Por qué? Según cuenta en el libro, Kerckhove de Peñaranda y Muñiz, los líderes, no confiaban en los argentinos porque no eran de confiar. Incluso, generaron un reglamento de conducta para sus miembros, que constaba de 13 máximas, entre las que estaba una de las más sorprendentes: “Callar siempre con quien tienes que callar y lo que tienes que callar. Misterio, secreto y silencio, en todo, por todo y con todos”.

El libro de Balmaceda narra este fascinante caso policial en cuatro partes, sin embargo, la gran pregunta es cómo hizo esta banda para lograr el primer secuestro de un cadáver. Inteligencia, detalles, estrategia y saber aprovechar las oportunidades.

Un secuestro que no fue el último

Al leer “Los Caballeros de la noche” y los pormenores del secuestro de Doña Inés Indart Igarzábal de Dorrego, las relaciones con otros secuestros que cambiaron la Historia argentina se hacen ineludibles.

Por ejemplo, el secuestro del cuerpo de Eva Perón, en 1955, tras el golpe de Estado que derrocó al presidente Juan Domingo Perón. En junio de 1987, otro hecho generó una gran conmoción en Argentina: ladrones ingresaron al mausoleo donde estaba enterrado Perón, en el Cementerio de Chacarita, abrieron el ataúd y cortaron las manos del líder peronista.

Aunque estos episodios históricos resuenan en la lectura, Balmaceda separa el caso policial sobre el que escribe en su nuevo libro cuando dice que “’Los caballeros de la noche’ no tiene una relación directa con los casos mencionados porque no se trata de una acción política; es una acción meramente policial, independientemente de las posiciones políticas distintas de los que integraban Los caballeros de la noche”.

Y sigue: “Es un grupo de inmigrantes que decidieron en la Argentina de 1881 formar una banda y generar un gran golpe delictivo que los convirtiera en millonarios y el plan fue secuestrar un cadáver del cementerio de la Recoleta, que se trató de una situación escandalosa y sensacionalista, una palabra que no se utilizaba en ese momento, pero que describe a la perfección esa noticia”.

En “Los Caballeros de la Noche” hay otro hecho trascendente: la creación de la Policía de la Ciudad, bajo en mando de Marcos Paz. “Marcos Paz y sus comisarios eran admiradores del trabajo de Scotland Yard. La particularidad de la policía inglesa era que trabajaban en investigaciones policiales. Hasta ese tiempo, habían sido muy precarias, más producto de intuiciones, pero Scotland Yard trabajó de una manera más científica y más pintoresca”, explica Balmaceda sobre la relación de la flamante fuerza policial porteña y la inglesa.

Según señala el autor, en algunos casos, los detectives, para llevar a cabo su tarea, se quitaban los uniformes y usaban vestuarios que los camuflaran y eso lo copió nuestra policía. Eso mismo tomó como referencia la fuerza a cargo de Marcos Paz y que se detalla en el libro.

“Nuestros propios comisarios aparecían en casas de juego, prostíbulos, y también en la tarea para resolver este caso, disfrazados. Eso le daba un aspecto atractivo para los lectores de las crónicas policiales, que empezaban a tener ese estilo de narración más de crónica detectivesca”, apunta Balmaceda.

El mapa del crimen

 En “Los Caballeros de la Noche”, Balmaceda construye una suerte de recorrido por la Ciudad de Buenos Aires de 1880 y se convierten en otro punto destacado de su nuevo libro.

“Las ubicaciones geográficas tienen un atractivo en la historia real de ‘Los caballeros de la noche’ porque involucran muchos puntos de la Ciudad de Buenos Aires que hoy se mantienen o son muy reconocidos, inclusive en el aspecto turístico, como es el Cementerio de la Recoleta, donde se llevó a cabo el secuestro”, sostiene Balmaceda.

El divulgador de Historia aporta una clave sobre cuál fue el mayor detalle que facilitó el secuestro del cadáver, el eje de su libro, en la conversación con NA. “En ese momento, en los meses que tiene lugar la historia, el cementerio estaba en remodelación y, como lo vemos hoy, es producto de aquella obra de refacción y remodelación”. Ese pequeño -gran- detalle facilitó el trabajo de la banda de secuestradores.

Pero ahí no termina el recorrido que propone el libro. A pocos metros del Teatro Colón se encontraba el Palacio Miró, el lugar en el que Inés Dorrego, la viuda de Mariano Miró e hija de la mujer cuyo cadáver fue secuestrado, recibió la noticia.

“El Departamento de Policía también tiene mucha importancia porque allí se concentraba todo el trabajo de la fuerza comandada por Marcos Paz, el primer jefe de la Policía de la Capital, a un costado del Cabildo de Buenos Aires, hacia el lado de la Catedral”, puntualiza Balmaceda y agrega otro punto en el mapa porteño de finales de siglo XIX: la -hoy inexistente- estación de tren Alem (y Bartolomé Mitre), en el bajo del centro de la Ciudad, a pocos metros de la Casa de Gobierno.

Las otras  locaciones que conforman esta historia atrapante, con ritmo enigmático y thriller policial, son la estación de Barrancas de Belgrano y el Hipódromo de Buenos Aires y Parque Lezama.

“Leé el expediente, dos veces si querés. Luego, metelo en un cajón y dejá que tu imaginación te guíe”, le aconsejó el escritor y ex director de la Biblioteca Nacional Juan Sasturain a Balmaceda, cuando “Los Caballeros de la Noche” eran un sueño de ficción. La imaginación, finalmente lo guió, y hoy le toca seguir el camino al lector.

(Fuente: Agencia Noticias Argentinas)

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