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Entrevistas

Dúo Nosas: “Nuestro mayor deseo es darle a la gente un motivo para estar mejor”

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Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca) /
Edición: Walter Omar Buffarini //

A veces, sólo basta cantar, dejar que asomen las canciones dormidas, soltar las palabras, presenciar el ascenso de las voces en las rondas del viento.

A veces, el aire se vuelve misterio, música en los silencios, melodías que sobran en el alma. Y vuelan.

Surgidas en la provincia de Tucumán, Vanesa Narvaja y Noelia Carabajal forman el dúo Nosas, sus canciones cuentan historias que se reflejan en el paisaje, son melodías que faltan en el aire y que sus voces completan.

En diálogo con ContArte Cultura las cantautoras cuentan su historia y presentan su música.

—Comencemos esta charla acercándonos al origen, al punto de partida de “Nosas”, si pudieran poner una lupa que agrandara el instante en el que nació este dúo, ¿qué cosas destacarían de ese momento, del principio de este camino que recorren juntas? 
—Este dúo nació desde que nos conocemos, hace muchos años. Las dos compartíamos el gusto por la música, sobre todo el folclore. La zamba que más nos gustaba cantar de siempre era Me muero lejos de ti. En ese momento no teníamos en vista la posibilidad de dedicarnos a la música por lo que nos abocamos a otras actividades profesionales y a formar cada una su familia. Pero siempre en cada reunión teníamos que cantar. Si hay algo para destacar de ese momento y del presente es nuestra amistad, que siempre estuvo presente, hasta podríamos decir que somos hermanas por elección. Y no solo entre nosotras, sumemos las “juntadas” con amigos, que nos permitió disfrutar muchos momentos y conocer mucha gente. Pero como dijimos, no pasaba de ser entre amigos y familias. Recién hace unos 3 años atrás, después de una pausa de 15 años, decidimos desempolvar la guitarra y las voces para grabar un recuerdo de la música que tanto tiempo compartimos, por lo que nos abocamos a buscar un estudio de grabación. Ya no había excusas, así que este sueño comenzó a concretarse. Nunca esperamos nada en especial, pero lo hicimos con mucha dedicación. Ahora, cada paso que damos para nosotras es un regalo y nos sentimos privilegiadas de cada logro. Disfrutamos todo lo que hacemos, cada momento es único y es un placer tener la posibilidad de llegar a la gente y que nos acompañen.

—Y como una cosa lleva a la otra, seguramente después de ese comienzo fue necesario elegir el nombre que las representa, ¿cómo y por qué eligieron “Nosas”?
—Así, tal cual. Cuando fuimos a grabar nuestro primer tema en el estudio, como experiencia quisimos salir corriendo, nos asustamos. “Esto no es para nosotras”, nos dijimos, ya que fue una experiencia complicada el escucharnos de manera tan directa. Pero una vez más nos apoyamos en nuestro sueño, ya que era más fuerte el deseo de grabar. Y así comenzamos a caminar y surgió el otro planteo: ¿Bajo que nombre se grabarían los temas? Así, comenzamos a pensar en opciones para nombrarnos. Muchas veces nos preguntaban cómo se llamaba nuestro dúo, ya que por lo general en las reuniones éramos las dos siempre presentes delante del micrófono, y en tono de broma decíamos “nosotras” y así nació la idea de decir “Nosas”, como una abreviatura de nosotras que nos gustó como sonaba, era algo cortito y fácil de reconocer.

—¿De qué manera llegan a su primer disco “Solo cantar” y qué nos pueden contar acerca de su contenido?
—Mucha gente de nuestro entorno, familia y amigos, siempre nos pedía que grabemos algo, es así que aceptamos el reto y lo hicimos con la zamba Me muero lejos de ti. Cuando terminamos lo que sería nuestro primer tema, nuestro amigo Alejandro Campos, ahora productor musical de Nosas, sumado a nuestra profe de canto Dora Fara, nos motivaron para continuar con esta travesía. Elegimos los temas que más nos caracterizaban y además cumplían lo que queríamos transmitir. Algunos fueron todo un desafío porque son canciones muy conocidas y con versiones excelentes. Y así nació Solo cantar, nombre que representa justamente lo que sentimos en ese momento, que era hacer algo que nos gusta por el simple placer de hacerlo. Ya casi terminando el disco comenzó a movilizarse algo más en nosotras con respecto a la creación de canciones propias. Y así surge Vivir sin vos. Ya se había sumado al proyecto el Chelo Sueldo y le puso música a este huayno. Y a partir de ese punto empezó una etapa más creativa y con más identidad para el dúo. Hicimos nuestro primer video clip sumando más gente a esta familia. Conocimos a Fabricio Diaco, un genio único que dio vida audiovisual a nuestro disco. 

—¿Y cómo fue ese proceso de empezar a componer temas propios? 
—Apenas terminamos de presentar nuestro primer disco hicimos una presentación en un teatro y creímos que hasta ahí llegábamos. Pero no, todo el grupo quedó con ganas de más y empezaron a surgir más melodías y letras, aparentemente esperando su momento para salir. Con la pandemia nacieron trece canciones. Y no vamos a mentir, nos daba vergüenza hasta cantarlas entre nosotros, imaginen exponernos así ante gente que no conocemos. Fue ahí otra vez un volver a empezar a explorarnos y animarnos a mostrar quiénes somos por dentro y por fuera, y ya con la prueba superada nació Melodías que sobran, nuestro segundo disco, compuesto totalmente con canciones de nuestra autoría.

—Y hablando de la composición, ¿dónde encuentran las semillas necesarias para dar vida a sus temas, ya sean las letras o la música?
—¡Hermosa pregunta! Surgen de la vida cotidiana, quizás de muchas emociones de cosas que le suceden a la gente que tenemos cerca o de quienes nos escriben —hicimos muchos nuevos amigos con la música— y nos cuentan sus experiencias sus estados. Ambas somos muy emocionales y nos gusta conectarnos y arriesgarnos a llorar todo el tiempo. A veces nace la letra primero y se pone música, o también se da al revés, pero lo importante es el camino, eso es lo que lo hace mágico. Tratamos de ponernos de acuerdo en lo que queremos expresar con esa canción que está naciendo y lo volcamos en los ensayos.

—Háblennos un poco más de “Melodías que sobran” ¿cómo surge la idea de realizar este trabajo?
—Como contábamos, tiene que ver un poco con esta situación de pandemia. Todo lo que veníamos haciendo eran sorpresas, entonces cuando decidimos grabar nuestro segundo disco lo planteamos. “Vayamos haciendo singles y que la gente conozca nuestra música”, nos dijimos quizás dudando de llegar a tantos temas en unos meses. Pero bueno, surgían las canciones y los integrantes de la banda, cada uno desde lo suyo, aportaban y disponíamos del tiempo y un poco de tecnología para que los temas fueran tomando forma. Lo que si decidimos en un principio fue trabajar un concepto para el disco, hablar del amor, de que todo es posible, de que sea muy emocional, que llegue, que sea simple, como lo es la vida a veces, y complejo por la misma razón. También siempre supimos y sabemos que si tenemos público debemos cuidar cada palabra que pronunciamos.

7-¿Quiénes las acompañaron y acompañan musicalmente en este disco?
—Unos genios todos, cada uno tiene su toque personal y por suerte nos complementamos. Está Alejandro Campos en la producción musical y piano, Chelo Sueldo en guitarras clásicas, charango, vientos y arreglos musicales, intros de los temas, Carla Rodriguez en el bajo, Fabrizzio Mazza en la guitarra eléctrica, quien es el más joven de todos, y Rodrigo Medina en la percusión y bombo. Eso en lo musical, luego está Ricardo Quinteros en la producción general y Liliana Correa, que nos ayuda en todo, desde la ropa hasta los antojos. Nos acompañan en todo momento, ya que hace falta mucha ayuda y compromiso para que una puesta salga lo mejor posible. Además, también nos acompaña Fabricio Diaco en toda la producción audiovisual.

—Hay cuatro temas que están entrelazados por un hilo temático, ¿cómo lograron esa continuidad entre ellos?
—Esa idea surgió entre charla y bromas que nunca faltan. Por lo general en nuestras canciones está el tema del amor. Nos decimos que somos “noveleros”, y por eso surgió la idea de hacer con las canciones una especie de novela, en donde se cuenta la historia de un amor a través del tiempo. Elegimos entre las trece cuáles podrían ser más representativas y comenzó a formarse la trama. El arte de Fabricio cobró un rol muy importante, ya que teníamos que hacer las filmaciones a la distancia debido a que estamos en distintas provincias. Fue algo que nos pareció novedoso y además fue estimulante el querer ver la continuación del capítulo, y tuvo gran repercusión.

—¿En qué están trabajando actualmente?
—Surgieron muchos proyectos nuevos. En principio queremos difundir nuestra música por todos los medios posibles, pero también queremos reversionar algunas canciones como para presentar otra propuesta. Mucha gente nos comenta su interés de escuchar determinado tema en otro formato y eso nos motiva a trabajarlo. También nos invitaron de varios lugares para presentarnos en cuanto sea posible, y tenemos la idea de ir a todos (risas). En tanto, ya comenzamos a procesar temas para nuestro tercer disco. Como verán, estamos a full y muy motivados.

—Un deseo que les gustaría compartir con nosotros.
—Más allá de los logros profesionales en cuanto a la música se refiere, nuestro mayor deseo es darle a la gente un motivo para estar mejor. A través de una canción llegar a su corazón y darle alivio, paz, alegría, amor, siempre será un buen motivo y no hay nada más gratificante que eso.


Disfrutá el show por streaming de “Melodías que sobran”

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Artes Plásticas

Christian Erriquez: “Me gusta contar historias de algunos mundos que no son este, historias que imaginaba de chico”

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Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca) /
Edición: Walter Omar Buffarini //

Algo flota en la página, las líneas sostienen, marcan la forma solitaria, evocan otros tiempos, un ave canta, se escucha el sonido del canto a través del papel, aletea como si estuviera vivo en la página donde flota, como si sus plumas fueran pinceles proyectados en las manos que lo pintan, en los dedos que lo crean y liberan.

El ilustrador Christian Erriquez se introduce con sus líneas en mundos fantásticos, se refleja en las miradas de sus personajes, pinta los espacios inventados y en cada una de sus obras invita al vuelo.

En diálogo virtual con ContArte Cultura, el artista abre las ventanas de su universo creativo y nos invita a recorrerlo.

—Para iniciar esta charla vamos a poner en tus manos un objeto imaginario que te sirva para presentarte. Se trata de una roca que flota en el aire. Contanos la primera imagen que percibís y qué nos puede contar de vos esa imagen?

—Uno de los temas o imágenes que más represente en estos últimos años es la roca flotando en el aire, de todos los tamaños, hasta un pueblo entero arriba de una roca flotando en el cielo, llevada por unos pájaros gigantes. Lo que siento es que estoy ahí arriba parado en la cima de esa roca enorme volando entre las nubes, sin dirección, observando todo, el paisaje, los colores, las formas, las luces.

—¿En qué momento de tu vida te sentiste atraído por el arte?

—Desde que recuerdo. Todos en la vida, de chicos dibujamos y es nuestra manera de expresarnos y comunicarnos con el mundo. Los que dibujamos o pintamos lo seguimos haciendo a medida que vamos creciendo y no paramos. De chico me gustaba ver los dibujos de Quino o Caloi en las revistas o diarios, los pocos comics que llegaban a mis manos, revistas, y más tarde libros de arte de grandes maestros.

—¿Qué cosas te gusta contar a través de tus obras?

—Particularmente historias de algunos mundos que no son este, historias que imaginaba de chico, lugares de ciencia  ficción, con animales, naturalezas, personas, rocas.

—Si pudieras representar tu espacio de trabajo en pocas líneas, ¿qué es lo primero que veríamos?

—Verían un tablero de dibujo con muchas hojas de bocetos desparramadas, dos o tres cuadernos de dibujo, latas con lápices de colores y tizas pastel, más atrás un estante con algunos coleccionables de autos y naves, más lápices, pinceles.

—¿Cómo es tu vínculo con los personajes que vas creando? ¿Quién dibuja a quién en esa ida y vuelta de trazos y formas?

—Esos personajes ya viven ahí, adentro mío. Algunas veces logran salir y otras se esconden para próximos dibujos. Otras son imágenes que me atrapan y quedan en mi mente dando vueltas hasta que les doy una y otra vuelta de tuerca.

—¿Cuáles son las técnicas y materiales con los que trabajás habitualmente?

—Los materiales que utilizo últimamente son acuarelas, lápiz policromo, tiza pastel y grafito.

—¿Qué temáticas de actualidad se cuelan entre tus universos fantásticos?

—Aunque no son mi temática de trabajo habitual, suelen filtrarse de alguna manera. Uno de los temas que me inspiró fue el de los refugiados de Siria y lo represente con ese pueblo llevado por pájaros hacia otro lugar. Otra de esas temáticas de actualidad es una ilustración que realicé para un proyecto sobre medioambiente llamado “Mensajes de Tierra Adentro”.

—¿De qué manera conectás con esos mundos de ficción en los que habitan tus personajes? ¿Cómo es el proceso creativo de esos escenarios?

—El proceso es muy variado. Algunas veces el disparador es un libro de ciencia ficción, una peli, o algo que vi en la calle, de ahí salen bocetos y garabatos (muchos), hasta que encuentro una línea o idea que me cierra. De ahí pasamos a una hoja grande y a definir más el dibujo y a darle color, lo que dispara a la vez otros dibujos y hasta una serie del mismo tema.

—¿En qué proyectos estás trabajando por estos días?

—Actualmente, terminando un proyecto de libro ilustrado en el que vengo trabajando hace bastante llamado “el- Pueblo del Aire-“, y espero pronto conseguir una editorial con ganas de publicarlo. También trabajando en un libro de poesías ilustradas junto a mi pareja, creando las imágenes que van a acompañar dichos poemas. Como conté antes, convocado por Ramiro Lezcano para ilustrar una canción, también colaboré con el proyecto artístico-educativo “Mensajes de Tierra Adentro” (@mensajes.de.tierra.adentro @cancionesurgentes). El mismo nació del seno de escuelas rurales de Córdoba y Santa Fe, y tiene como objetivos sumar y contribuir desde el arte a la construcción de una nueva conciencia ambiental. Estas canciones son interpretadas y grabadas por alumnos de escuelas rurales junto a artistas invitados de todo el mundo. La canción que me tocó ilustrar se llama “Revolución 10” y los músicos que la tocan son Hugo Fatoruso, Daniel Maza, León Gieco, Rubén Rada, Nicolás Ibarburu, Rubén Blades, Sebastián Teysera, Quintino Chinalli y Mariano Braun. Conjuntamente el diseño del logo para el proyecto fue realizado por mi amiga y colega Gabriela García Guerra.

—Para terminar y volviendo a la primera pregunta, ¿qué deseo te gustaría dejar flotando junto a esa roca? —Nunca parar de dibujar y si se puede cada día mejor. Llenar muchos libros con mis trabajos y ser feliz con lo que elija.

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Entrevistas

María Rosa Lojo: “Si hay un trasmundo será un espacio construido a partir de lo que hicimos en esta vida”

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Por Carlos Aletto (*)

En “Así nos trata la muerte”, María Rosa Lojo recrea historias de personajes enterrados en el Cementerio de la Recoleta como Lucio V. Mansilla, Mariquita Sánchez de Thompson, Camila O’Gorman o Dominguito Sarmiento, a través de un registro que se permite el experimento y se abre hacia lo sobrenatural, logrando volver verosímil lo increíble.

“El más allá es una instancia de revelación, de enfrentamiento a veces muy doloroso y desagradable con la propia verdad. O una oportunidad de aprendizaje”, dice la escritora y crítica.

En los relatos publicados por Alfaguara hay muertos que resucitan más jóvenes (o no) en otro lado del mundo o en otro tiempo, fantasmas que se materializan, y un universo paralelo donde se anula y se corrige una historia de exterminio.

“Así nos trata la muerte” es un largo recorrido histórico con variados personajes convocantes: escritores como Victoria Ocampo, Lucio y Eduarda Mansilla, Mariquita Sánchez de Thompson, o hijos de literatos y periodistas, que eligieron, cada uno a su modo, tomar las armas (Dominguito Sarmiento y Vicki Walsh).

(PH: Alejandra López)

Hay también un heroico jefe de bomberos (José María Calaza); un médico y músico (Polidoro Segers) testigo de la masacre del pueblo selk’nam; un playboy arruinado (Macoco Álzaga Unzué); una mujer que sostuvo hasta las últimas consecuencias su derecho a la libertad de amar (Camila O’Gorman).

Lojo tiene un largo entrenamiento tanto en la crítica literaria como en la ficción histórica. “Historias ocultas en la Recoleta”, “La princesa federal”, “Amores insólitos de nuestra historia”, “Las libres del sur”, “Una mujer de fin de siglo” son algunos libros entre decenas de títulos. “La crítica y la ficción me han habituado al conocimiento fino y a la imitación (re)creativa de otras voces”, señala la escritora.

En la narrativa utilizó siempre como recursos fecundos cartas, diarios personales y desde luego diálogos, donde pueden construirse de manera rica y fluida hechos y personajes. “El más allá es una instancia de revelación, de enfrentamiento (a veces muy doloroso y desagradable) con la propia verdad”, explica la autora en entrevista con la agencia de noticias Télam.

—¿Cuáles fueron tus fuentes para trabajar con los distintos relatos y personajes del libro?

—Obras de ficción, epistolares, biográficas, historiográficas, antropológicas, mitológicas, de crítica literaria, siempre guiada por una curiosidad omnívora y detectivesca. Pensando también en la curiosidad de quienes me lean, elaboré una bibliografía indicativa con los textos principales utilizados en cada cuento.

—¿La muerte puede considerarse la única justicia que trata a todos por igual?

—La “muerte igualadora” es un gran tópico de la literatura medieval, expresado en los versos de Jorge Manrique que cito en uno de los epígrafes. Hasta ahora, al menos, ningún ser humano pudo evadir el destino mortal, sin importar su clase social, su autoridad o su fama. Pero no es solo eso: las consecuencias de nuestros actos y deseos, nuestros temores y asignaturas pendientes, nos siguen, a todos, siempre. Si hay un trasmundo, como imagina el libro, no será un lugar ajeno y exterior, sino un espacio construido a partir de lo que fuimos e hicimos en esta vida. Recibiremos nuestra propia medicina: en eso la muerte va a tratarnos de manera igualitaria. ¿Y qué mejor posibilidad para poner en acto esta idea que la ficción: ese ámbito donde se ejerce, precisamente, la “justicia poética”?

—¿Cómo trabaja “Así los trata la muerte” la “hermandad” entre sueño y muerte?

—Ciertos relatos podrían ser soñados: en unos cuantos casos, los personajes han muerto durmiendo, o han ido perdiendo la conciencia bajo el efecto de calmantes. Algunos cuentos parecen construidos como un sueño dentro de otro (“Tu triunfo de ayer”, sobre Macoco), o surgir en la semivigilia de un agonizante: así, “Otros recuerdos de viaje”, donde la figura fantasmal de Eduarda Mansilla sería también la muerte que viene a buscar al historiador Kirkman. En “Nuevas cartas de mamá o El Cielo estaba en París”, focalizado en la perspectiva de Florencia Thompson, tal vez nos hallamos ante el delirio de una hija que procesa trabajosamente el duelo por su madre y cree seguir recibiendo sus cartas, ahora desde París. También podemos jugar con la idea de que todas las vidas son un sueño cuyo despertar se alcanza del otro lado de la muerte. Cuento tras cuento, sus protagonistas acceden a introspecciones que antes no tenían: “No vi ni pensé estas cosas cuando estaba en el mundo”, dice Camila. “Pero ahora las veo, tan claras como si se me hubiese descorrido un velo”. El más allá es una instancia de revelación, de enfrentamiento (a veces muy doloroso y desagradable) con la propia verdad. O una oportunidad de aprendizaje: “Algunos y algunas tienen que completar su educación aquí”, le advierte Fani a Victoria Ocampo, ahora invitada en la “ínsula” que gobierna su antigua ama de llaves. A diferencia del “Cielo” o “Infierno” de los catecismos, esta otra dimensión no es estática. Permite comprender, crecer, cambiar. Incluso arrepentirse del daño que se ha inferido, iniciar una (auto) redención.

—¿Por qué el territorio literario de la Recoleta?

—El primero en definir la Recoleta como patrimonio literario es Sarmiento cuando, en su meditación sobre el “Día de los muertos”, habla de las “novelas tiernas” y “tragedias pavorosas” ocultas bajo las lápidas de cada sepulcro. Esa cita es el epígrafe general de un libro mío anterior: “Historias ocultas en la Recoleta” (2000, con Roberto Elissalde en la investigación histórica). Veinte años después, tomo otra cita de ese mismo texto sarmientino, en la que se define al cementerio como “la patria con cuerpo y alma, la patria del mañana”, cuyos habitantes serán “juzgados por la Historia”. Sarmiento comprende desde el inicio la potencialidad narrativa y el carácter emblemático y simbólico de este espacio: un verdadero palimpsesto de los relatos de la nación, cifrados en los nombres inscriptos allí.

—¿Se puede considerar el humor como un contrapunto con la tragedia?

—Es un balance necesario y hay bastante humor en este libro. Muchos personajes terminan tomándose menos en serio: se ven ridículos y falibles, se desacartonan. También son cuestionados por otros con los que dialogan. Todo es parte de su proceso de reconocimiento de sí. En casos como el de Macoco, las situaciones humorísticas y grotescas son imprescindibles para su “expiación”.

María Rosa Lojo (PH: Alejandra López)

—¿Hay una reconstrucción de una “biblioteca” personal, de lecturas en estas historias?

—Desde luego: Victoria Ocampo, Lucio y Eduarda Mansilla, Sarmiento, Mariquita Sánchez, forman parte imprescindible de mis referentes literarios argentinos; los cuatro primeros fueron personajes de otras ficciones mías. Hay deudas inmediatas explícitas en el prólogo, que hacen a la propuesta del libro, como los “Diálogos de los muertos”, de Luciano de Samósata, o la obra teatral “Os vellos non deben namorarse”, del gallego Castelao. Y otras implícitas: sin duda resuena por ahí la escenografía infernal de “Adán Buenosayres”; creo que el cuento más “cacodélfico” es “El rey del fuego”. En todo el trasfondo se cruzan filosofías y poéticas: de Blake a Goethe, de Swedenborg a Calderón de la Barca. Y lecturas sobre mitos, chamanes y pueblos originarios. El más allá y sus paradojas me interesan desde siempre; por eso escribí “Historias del Cielo” (2010) incluido en la compilación de microficciones líricas “Bosque de ojos”.

—¿Qué podrías decir del diálogo entre muertos de distintas épocas y la descripción del otro mundo…? ¿Y lo contrafáctico?

—La escena del otro mundo tiene distintas modalidades. A veces se trata de ámbitos parecidos a los que estos personajes ocuparon en algún momento de su existencia terrenal (el cuarto donde Camila le escribe cartas a la monja medieval Eloísa; la casa del Tigre en “Huérfanos”); otras veces viajan a lugares que transitaron en el pasado pero modificados por un futuro que excedió el término de sus vidas (cuando Lucio V. Mansilla vuelve a Buenos Aires o Eduarda regresa a Washington); en ocasiones son sitios, para ellos desconocidos, de la geografía contemporánea (“Nuevas cartas de mamá”), o parodias de algún infierno (“El rey del fuego”). Siempre sorprenden y desconciertan a quienes llegan. En cuanto a los diálogos entre figuras de distintos tiempos, se deben a sus afinidades profundas más allá de las diferencias (la dramática apuesta por la libertad de Camila y de Eloísa; los destinos similares de los protagonistas de “Huérfanos” y su relación con sus conspicuos padres). A veces es el contraste lo que los une: Calaza, servidor público, se ha consagrado a apagar incendios y el megalómano Nerón (a quien va a interrogar al Infierno) presuntamente a provocarlos.

(*) Agencia de noticias Telam.

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Entrevistas

Gabriela Larralde: “Solemos dividir lo que da dinero de lo que no, como si lo que da dinero fuera lo único productivo”

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PH: Francisco Varone
Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca) /
Edición: Walter Omar Buffarini //

El agua corre entre sus letras, promete, se aquieta en un puerto, en el lugar de llegada, en la página que suelta, como si fuera punto de partida, un punto en la trama que escribe, en las voces que repiten a las voces, en el clan, en el minuto exacto, ahora, que el agua corre sobre las cicatrices de la vida y dibuja muchos mundos posibles.

Gabriela Larralde es licenciada en Ciencias de la Comunicación, investigadora y docente, la escritura es para ella una parte del proceso de la vida, una pieza necesaria entre los fragmentos del mundo. En sus libros las palabras corren, son ríos que modifican el paisaje de las letras, erosionan las geografías de lo cotidiano y dejan caer sobre los lectores los sedimentos, lo que queda de ese paisaje modificado por el lenguaje, como preguntas con muchas respuestas posibles.

—Comencemos esta charla a la distancia con un juego de presentación. Para eso vamos a poner en tus manos un objeto imaginario que en tu caso será un reloj: ¿Cuál es la primera imagen que se te aparece? ¿Qué características tiene el reloj que percibís con los ojos de tu imaginación y qué nos podría contar de vos?

—Reloj de plastilina. La canción de Charly que sonaba en la radio. Los relojes de Dalí en una lámina que mi mamá tenía colgada en la cocina de casa. Cosas que me llamaron la atención en la niñez. La idea deformada del tiempo. Hoy pienso mucho en el tiempo, en cómo se supone que debemos dividirlo y dividir con él: trabajo, maternidad, amistades, deseo propio. Y cómo intento borrar esas divisiones, volver a un tiempo unido, completo, donde todo entra, se mezcla, convive en una armonía que a veces es caos también. Pienso en el tiempo como algo que pueda ser mío, en apropiarme de él. También para darlo a otros.

—¿Qué significan la escritura y los libros en tu vida?

—La escritura es mi trabajo, pero también es mi forma de vida. Solemos dividir lo que da dinero de lo que no, como si lo que da dinero fuera lo único productivo. Escribo una serie, corrijo mi libro de cuentos, cuido a mis hijos, cocino. Todo es parte de lo que hago. No existe obra, sin la otra parte.

—¿Cómo llega tu primer libro de poemas “Las cosas que pasaron” (HDJ, 2013)? 

—En la adolescencia escribía poesía pero en un momento, cerca de los 20 años, dejé de escribir. Pasaron como ocho años en donde sólo escribía narrativa. Hasta que un día volví a escribir un poema. Y algo se destapó. Durante tres meses escribí más de 60 poemas. Le llevé algunos a Fabián Casas y él me dijo que tenía ahí un libro. Tachó frases, mitades enteras de poemas. Fue mi primer editor, además de la primera persona en llamarme poeta. Ese fue el primer libro que publiqué.

PH. Cari Aimé

—Si pudieras definir con una sola palabra a los poemarios que llegaron después, como “La trama materna” (Caleta Olivia) o “Lo que el agua promete (HDJ), ¿cuál sería esa palabra y por qué?

Lo que el agua promete, duelo. Lo escribí el día que murió mi abuela, mientras esperábamos su cuerpo. La trama materna, maternidad. Nació durante el primer año de vida de Astor, mi primer hijo.

¿De qué manera percibís o descubrís la voz de un personaje, ya sea de un cuento o una novela?

—La escucho. Cuando estoy haciendo cualquier otra cosa, la escucho en mi cabeza. Nunca cuando estoy frente a la computadora, sino cuando estoy caminando, lavando platos. En general sola. Es lo primero que aparece. La forma en la que habla el personaje, sea también el narrador o no.

—Investigás y escribís acerca de temáticas de diversidad y género en las escuelas y en la literatura, ¿cómo ves la literatura infantil y juvenil por estos días respecto a esos temas? 

—Con libros hermosos que se pueden leer desde una perspectiva de género y con libros muy obvios, políticamente correctos y nada más. El balance de todas formas es bueno. 

Bestiario secreto de niñas malas

—Y desde ese lugar escribiste “Bestiario secreto de niñas malas” (Planeta,  2018), un libro que deconstruye estereotipos de la niñez y lleva a hacerse preguntas, ¿cómo recibieron los pequeños lectores este libro? ¿Y los adultos?

—Lo escribí desde el humor. Desde las cosas que nos daban gracia con Myriam Cameros Sierra, la ilustradora. También desde los mundos que cada una habita. Para mí, la familia tipo de cuatro nunca fue una realidad, ni un modelo a seguir. Entonces muchas veces lo siento muy impostado. Todavía metido con fórceps. “Esto es lo correcto, lo mejor”. El Bestiario tiene muchos fans niñas, niños y adultos. No sé cómo se produjo eso. Pero tal vez por esa misma magia que tiene es que decidimos dejar sin publicar un Bestiario 2 que estábamos escribiendo.

La vida ahora

—En 2020 se publicó tu novela juvenil “La vida ahora”, ¿qué te gustaría destacar de ese libro?

—Que hay procesos buenos y malos que muchas veces se dan al mismo tiempo. En simultáneo.

—La editorial Portaculturas acaba de publicar el libro “Mi mamá es un pañuelo”, un trabajo que compartiste con la ilustradora Yael Frankel. ¿Cómo llegan a encontrarse en esta obra? ¿De qué manera fusionaron textos e imágenes para crear la historia?

Mi mamá es un pañuelo

—Le mandé un mail en plena pandemia diciéndole que tenía un texto que me gustaría convertir en libro con ella. Teníamos gente amiga en común y ella aceptó leerlo. Al otro día me mandó el primer boceto de la protagonista. Así nos fuimos comentando las ilustraciones y los textos hasta encontrar la forma definitiva que el libro necesitaba.

—¿Qué es lo que se viene para este año o el próximo? —Estoy corrigiendo el libro de cuentos con el que gané la mención del FNA este año. Seguramente también salga mi primera novela para adultos, y se estrenarán dos series en las que trabajé como guionista.

(Foto de portada Francisco Varone)

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