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Entrevistas

Juan Pedro Dolce: “Ojalá pueda estar siempre cerca de lo creativo, sensible a esa necesidad de expresar a través del arte”

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Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca) /
Edición: Walter Omar Buffarini //

Cruza la puerta de una palabra, la palabra suena, está hecha de música, crece en sus manos, se hunde en el fondo de una página en blanco, se multiplica, son peces que nadan sobre los dedos, voces imprecisas, recuerdos escondidos entre los renglones, que se borran, son cuerdas, las palabras se caen, habitan el vacío y son lágrimas en el canto, música que aligera las cargas.

El músico multiinstrumentista Juan Pedro Dolce nació en Saladillo pero actualmente vive en la ciudad de La Plata, donde además de desarrollar su carrera como productor musical se dedica a la docencia.

En 2020 presentó su segundo disco solista “Peces de tinta, Vol 2” y actualmente está presentado el video clip “Amigo”, una de sus canciones.

ContArte Cultura charló con él para recorrer su camino musical y conocer sus últimos trabajos.

—Vamos a comenzar esta charla ubicados en la superficie de una hoja imaginaria. Se trata de una página cuyos renglones son cuerdas que sostienen una melodía que te representa, ¿cuál es la primera canción que viene a tu cabeza a partir de esa imagen?

Soltarme
ser libre en un cuaderno
un cuaderno para abrir
y cruzar
todas las puertas en un renglón
ganar el camino dulce del lápiz
y así perder el miedo.

Soltarme
tirarme en una hoja
y caer de espalda
sin dolor
porque se flotar sobre el papel
y si me hundo
si tengo suerte y me hundo
las letras y los caballos de melena larga
que nunca me salieron bien
van a estar ahí
buceando en el fondo del mar blanco
entonces cabalgar cantando
nadar al encuentro
con todas las canciones que empecé
que fueron solas a esconderse
entre otros peces de tinta
¿Por qué?
Porque hizo frío afuera
Porque hizo frío adentro
¿o por qué?

(Peces de Tinta)

—¿Recordás cuándo fue la primera vez que te sentiste parte del universo de la música?—Tengo el recuerdo de una imagen encantadora de una guitarra apoyada en un sillón, yo tendría 5 o 6 años. En esa casa, donde estaba la guitarra y el sillón, tomé algunas semanas o meses después (o antes o durante no lo puedo recordar con precisión) mis primeras clases de guitarra. Y desde entonces nunca me separé de la música.

—¿Cuándo comenzó tu carrera?
—Me resulta difícil marcar un punto específico de comienzo de mi carrera. Haciendo algún recorte podría decir que mi carrera profesional comenzó con las formaciones y las primeras experiencias con Castañas de Cajú y Bichofeo Trío, allá por el año 2008. Estos fueron mis dos proyectos musicales donde empecé a cantar mis canciones y las de mis compañeros, y a hacer música con mayor conciencia y quizás mayores pretensiones profesionales. Estos grupos además me posibilitaron tocar y grabar con músicas y músicos que admiro mucho, y hacer conciertos en escenarios diversos. Estas cosas me hicieron crecer mucho.

—¿Qué te inspira a la hora de comenzar el camino expansivo de una canción, tanto de la letra como de la música? ¿De qué manera aplicás la tecnología para favorecer esa expansión?
—En general compongo cuando me surge alguna necesidad puntual, quizás el concepto de algún álbum o EP, o alguna nueva formación instrumental. No soy de los que componen constantemente, tengo momentos donde gran parte de mi energía creativa se dispone en esa dirección y momentos donde me conecto más con la producción, los ensayos y los arreglos. Entonces, respecto de la expansión, esas necesidades que planteaba anteriormente, ya sea el concepto, la idea, los colores, la instrumentación, son la fuente de inspiración y el faro hacia donde se dará esa expansión. Y la tecnología en mi caso es la vía para ese desarrollo. Estos últimos años gran parte de la exploración estética es a través de las herramientas tecnológicas. Disfruto mucho de trabajar en el estudio, creando, componiendo, produciendo… es algo que me resulta práctico y divertido.

—¿Cuáles son los grupos musicales de los que formaste parte desde tu llegada a La Plata y quiénes te acompañaron y acompañan hoy?
—Tuve varios proyectos desde que llegué a La Plata. Los primeros años tuve dos o tres de jazz y dos grupos de folklore. Fueron experiencias cortas pero muy ricas y formativas. Después tuve un grupo muy importante con el que dimos muchos conciertos en la ciudad, muchos de ellos en situaciones bastante insólitas y divertidas. La Fábrica silenciosa fue un grupo de música espontánea en donde la propuesta era juntarse en el escenario a improvisar. Se daban cosas increíbles, incluso cierto vínculo con lo teatral. Fueron un par de años muy hermosos. Posterior a La Fábrica, formamos Castañas de Cajú y Bichofeo Trío. Con Castañas hicimos tres discos y tocamos muchísimo por diferentes lugares del país y del mundo. Hace tres años empecé mi carrera solista, y en este nuevo camino tuve una primer formación más numerosa, que armamos especialmente para presentar mi primer disco solista Peces de tinta, Volumen 1, y ahora estamos trabajando con un grupo nuevo, que me tiene super entusiasmado. Se trata de un trío más minimalista, y con mucha presencia de sonoridades producidas desde la computadora. En esta formación está Facundo Codino en bajo y Rodrigo Bernier en batería.

—Contanos acerca de “Peces de tinta, Volumen 1”, ¿qué es lo que define la esencia de ese disco?
—Ese disco fue la puerta de entrada al encuentro con mi propia manera de decir, el inicio de una búsqueda distinta, más individual. Como conté, vengo de experiencias grupales muy fuertes y estaba necesitando experimentar esto, descubrirme en este viaje. Ese disco fue bastante solitario, quizás incluso un poco reactivo, en el que me metí bastante para adentro. Lo hice absolutamente todo en mi home-studio, estuvo muy bien respecto de mi proceso, en ese momento necesité eso. A su vez, siempre supe que era la primer parte de un concepto más amplio que terminaría de plasmarse con el Vol. 2.

Volumen 1
Volumen 2

—Y en 2020, un año tan particular, nació “Peces de tinta, Vol. 2” ¿Quiénes te secundaron en el proceso creativo de esta obra y cuánto del tiempo de encierro se enredó en esas canciones?
—A fines de 2019, después de las presentaciones en vivo del Vol. 1, ya había algunas canciones que estaban tomando forma para el Vol. 2. De hecho, a fines de ese año logramos grabar tres bases junto a Lu Vitali en batería, quien fue a su vez la baterista de las presentaciones del Vol. 1. En febrero de 2020 empezamos a ensayar con mi nuevo trío y algo llegamos a armar antes del confinamiento. De ahí en adelante todo fue modalidad cuarentena y ese disco fue verdaderamente un salvavidas en donde por momentos permitió que me olvidara del encierro. Trabajé mucho en este álbum, en la búsqueda sutil de los timbres, de las texturas, de los colores. También fue producido en mi estudio Haku, pero en este caso hay varias colaboraciones que fueron grabadas en las respectivas casas de quienes participaron. Se armó un equipo hermoso, con invitados e invitadas que hicieron aportes significativos embelleciendo las canciones y el disco. Facu Codino, con quien vengo compartiendo la música desde el inicio de Castañas, fue quizás quien estuvo más cerca del proceso, grabando varios de los bajos del disco y haciendo algunos arreglos. A Peces de tinta, Vol. 2 lo terminé a mediados de diciembre de 2020, y si bien no era el mejor momento del año en términos estratégicos para lanzarlo, la verdad que en ese momento primó la necesidad de cerrar el proceso, que el disco salga al mundo y de darme finalmente un buen descanso.

—Justamente una de las canciones, “Amigo”, fue llevada a un videoclip en el que se suceden escenas que representan el poder liberador de la música ante los dolores de la vida. ¿Cómo viviste el proceso de creación de ese video y quiénes formaron parte de su producción?
—Fue increíble todo lo que pasó con ese video. Incluso mágico. Un día de junio de 2020, en plena primera ola de coronavirus, le mandé la canción a Rojo (Martín Gil), animador platense, con una idea inicial. Él se emocionó con la canción y enseguida me dijo “vamos a meterle”. Justo coincidió con que él estaba con ganas de contar algo con esa carga emotiva. Ahí empezó un viaje maravilloso, al que se fueron sumando artistas impresionantes. El gran Santi Lozano se encargó de la dirección de arte, se armó un equipo de sueños, ¡y todo a pulmón! Disfruté muchísimo estar cerca de la parte creativa de la historia, de los escenarios y los personajes. La realización duró un poco más de un año, hace apenas unas semanas pudimos lanzarlo a YouTube y estamos super felices con las repercusiones.

—¿En qué proyectos estás trabajando actualmente?
—Ahora estamos trabajando con mi nuevo trío en un material que quizás, si todo sale como lo planeado, empecemos a grabar en octubre. Es un proyecto hermosísimo que nos tiene muy entusiasmados y que capaz lo podamos compartir a principios del año que viene. Por otro lado estoy trabajando en la producción de otros siete discos de artistas de diferentes lugares de Argentina. En todos los casos son artistas que quiero y admiro, esto también me tiene realmente muy contento.

—Para terminar, y volviendo a la página del comienzo, qué palabras, como un deseo, te gustaría dejar flotando sobre esas cuerdas.
—Lo que compartí en la primera pregunta es el texto de una canción mía que se llama Peces de tinta, está en el Vol. 1. Es un poco la canción sobre la cual se edifica el concepto de estos dos trabajos, y por esta razón es también la que le da el nombre a ambos discos. Honestamente, la elegí porque fue la primera canción que me vino a la cabeza con ese disparador que se propuso. Y creo que si pienso en algunas palabras para dejar flotando en esas cuerdas, tienen que ver con que ojalá pueda estar siempre cerca de lo creativo, sensible a esa necesidad de expresar a través del arte, encontrando la forma de materializarlo, y así renovar la motivación que me siga moviendo en la búsqueda infinita que posibilita la creación artística.

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Artes Plásticas

Carlos Bivachi: “Soy de tener abiertas distintas obras que dialogan entre ellas sin que nos enteremos”

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Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca) /
Edición: Walter Omar Buffarini //

Sucede una búsqueda. Las líneas se cruzan, se encuentran, son puntos suspendidos en el aire de una página, entrelazan aromas, se vuelven formas en movimiento, sonidos imperceptibles, historias enredadas en las palabras. ¿Quién cuenta a quién? ¿Dónde es el principio?

El arquitecto y artista plástico Carlos Bivachi acaba de publicar, junto con el escritor Sergio Coscia el objeto-libro “Algunas cuestiones”, una obra donde convergen las artes plásticas con la literatura, donde las líneas y las palabras se cruzan para contar una historia.

ContArte Cultura charló con él y se adentró en las páginas de sus creaciones para acercarnos a ese mundo convergente del arte.

—Un libro es un universo dentro de otros, un espacio a explorar con todos los sentidos. Desde ese lugar vamos a comenzar esta charla, deteniéndonos justamente en la puerta de entrada de “Algunas cuestiones”. Si pudieras elegir un color, un sabor y un aroma que se desprendan de las páginas de este libro, ¿cuáles serían y qué tienen que ver con vos y con tu arte?

—En realidad me sería difícil elegir un color que se desprenda de este libro, creo que sería una paleta variable según la mirada de cada momento y estado de ánimo. Si tuviese que elegir un sabor, seguramente sería un buen Malbec. Ahora, tu pregunta de los aromas me llevó a pensar que al deambular por este libro me gustaría que huela a jazmín. 

—¿En qué momento de tu vida te descubriste artista?

—Al ser arquitecto siempre mi vida estuvo atravesada además por el arte. Quizás haberme instalado en el interior del país, en Merlo (San Luis), aportó los tiempos, los colores, los estados necesarios para poder desarrollar mi obra. 

—¿Qué cosas disparan tu creatividad y ponen en movimiento una posible obra?

—Los disparadores de las obras pueden ser formales, sociales, cromáticos, tecnológicos. En realidad pueden ser cada uno de ellos o todos a la vez. Soy de tener abiertas distintas obras que dialogan entre ellas sin que nos enteremos, como sucede en este libro.

—¿Cuáles son los materiales y soportes con los que trabajás habitualmente?

—He trabajado con diversos soportes como maderas, vidrios, hierros, cartones, impresión 3D (un mundo inimaginable). Y en los últimos tiempos, además, incorporé la fotografía y la edición digital.  

—¿Cómo y cuándo percibiste el germen del libro que acaban de publicar con Sergio Coscia?

—En realidad me pasó que la pandemia generó otras instancias de pensamientos, de no poder mostrar mi obra en forma física, por lo tanto surgió la idea de hacer un objeto-libro que llevara mi arte a cada biblioteca de las casas.

Carlos Bivachi junto a Sergio Coscia

—Contanos acerca del proceso de selección de las distintas obras que forman parte de las páginas de “Algunas cuestiones”.

—Soy una mezcla de anarco-cartesiano, por lo tanto me llevó primero a elegir 74 fotos entre cientos. ¿Porqué 74? No lo sé aun por suerte. Luego esas 74 imágenes adquirieron un orden irrenunciable.

—Tus obras se ensamblan y completan con las palabras de Sergio, ¿de qué manera trabajaron para lograr esa fusión de los textos con las imágenes?

—Con Sergio nos unen pasiones, miradas, tristezas, músicas, risas, silencios. Establecimos una manera de trabajo que fue la siguiente: libertad absoluta de articular sus letras con mis imágenes.

—¿Qué fue lo más gratificante en la construcción de esta obra donde convergen las artes plásticas con el arte de la palabra?

—Como lo marco en el prólogo del libro, sentí que la obra debía cerrarla con palabras y no dudé un instante que debería ser Sergio Coscia mi amigo para tal tarea. Y el porqué de esto se complementa con la respuesta anterior.

—¿Qué te gustaría que suceda cuando “Algunas cuestiones” esté en manos de los lectores?

—Provocar un encuentro con el arte, con las palabras, la reflexión, la risa, el asombro. Que se convierta en un objeto que pueda observarse, escribirse, dibujarse, algo que sea un objeto vivible. 

—Para terminar, si dentro de sus páginas sonara una canción que represente la esencia de este libro de arte, ¿cuál sería y por qué?

—No me es una respuesta sencilla, pero creo que elegiría “Islands” de King Crimson. El porqué, quizás te lo responda en algún próximo libro.

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Entrevistas

“En un mundo distorsionado, el arte emerge como una flor chiquitita, revolucionaria, bella porque sí”

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Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca) /
Edición: Walter Omar Buffarini / Fotos: David Lescano y Pablo Martínez //

Hay canciones que se nutren del paisaje, son sonidos arraigados al vientre de la tierra, voces del aire, palabras del agua, suaves aleteos entre las hojas. Hay música que cruza los márgenes, va y viene en un oleaje de tiempos sucesivos, se desparrama, habita las costas, es de arena y de sombras, es de viento y de barro, de polen que fecunda, crece, se transforma, deja huellas que evaporan, caen, son frutos, como si fueran una ofrenda a la vida, como si las canciones también nutrieran al paisaje.

La banda santafesina Barro nace en esas costas donde viven las canciones, donde el agua va y viene, deja huellas en la tierra mojada y es justamente en ese barro, la materia prima del arte, donde sus integrantes modelan las letras de sus temas.

Contarte Cultura charló con ellos para conocer el universo de sus creaciones y para acompañarlos en la presentación de su nuevo disco: “Canciones como flores”.

Agustina Cortés, Cintia Amorela Bertolino, Franco Bongioanni y Gonzalo Díaz

—Para comenzar esta charla vamos a poner en sus manos un elemento simbólico, que en este caso será una flor. Si pudieran elegir una parte de esa flor que represente el espíritu de Barro, ¿cuál sería y por qué?

—El espíritu de Barro estaría en el polen, esa partícula casi invisible que contiene información, un mensaje que es posibilidad: de otra flor, otra planta, otro fruto. Ese mensaje es antiguo, cargado de belleza milenaria, tradición. Y esa información puede combinarse con otra y engendrar un nuevo ser. Nosotros seríamos las obreras abejitas llevando y trayendo, combinando, esparciendo los mensajes. Así, nuestra música viaja por el aire con la posibilidad de polinizar oídos de seres sensibles para que crezcan nuevas flores en sus corazones.

—¿De qué manera surge el nombre que da vida a esta agrupación musical?

—Acá, en Santa Fe, luego de la gran inundación de 2003, provocada por la fuerza de la naturaleza y agravada por la acción (o inacción) gubernamental, nos quedó una marca muy fuerte. El agua tapando un tercio de ciudad y cuando se retira queda el barro dónde todo se pierde, se pudre; pero también dónde surge la vida nueva y la organización espontánea del tejido social para hacer frente al desastre. A partir del barro como materia prima ancestral, noble, moldeable, entablamos una relación entre naturaleza y cultura, entre lo dado por la tradición y las nuevas formas y, como artesanos, podemos darle forma a esa materia.

—¿Cuándo y cómo nace Barro y quiénes forman parte de este grupo?

—Los inicios de Barro se remontan al 2006, año en que tuvo su primera aparición en la Bienal de Arte Joven, en la Universidad Nacional del Litoral, en Santa Fe, dónde obtuvo una mención. En esa primera etapa estaba Franco Bongioanni. A partir de 2007 se incorporó Cintia Amorela Bertolino y desde 2009 Gonzalo Díaz. En todos estos años la agrupación fue teniendo diversas formaciones y desde 2018 se afianzó como cuarteto con la incorporación de Agustina Cortés. Desde siempre Barro fue un espacio para encontrarnos en la creación de canciones que hablen del lugar y el tiempo que habitamos, por ello es difícil definir un género específico de lo que hacemos. Usamos lo que llevamos en nuestras mochilas culturales: los folclores afro-latinoamericanos, el jazz, el rock, la música de cámara.

—Sus canciones son verdaderos poemas evaporados del paisaje que los rodea, crecidos en los bordes de lo cotidiano. ¿Qué es lo primero que despierta esos temas? ¿Son las letras, es la música o ambas se dan de manera sincrónica?

—La creación se da de maneras diversas y misteriosas, a veces una poesía que encuentra su forma cantada, otras veces un motivo de guitarra funciona como disparador de una historia para contar, y también hay casos en que surgen al mismo tiempo la voz cantada con una letra que pareciera venir de algún lugar preexistente. Esa inspiración está relacionada con momentos significativos de nuestras vidas: las sensaciones que nos deja un paisaje, un ser querido. El estado de contemplación propicia el descubrimiento de algo cotidiano que se vuelve singular. Y el juego que, con goce y tropiezo inesperado, es el gran motor de la creatividad.

—¿Cuáles son los instrumentos que habitualmente acompañan el encuentro de palabras y música en sus canciones?

—Dependiendo de lo que invoque ese encuentro vamos usando los instrumentos que tenemos a mano y que son muchos: las guitarras, los teclados (piano, sintes), el saxo, también las voces a veces como “instrumentos” que aportan a la textura, la batería, y las percusiones con toda una gran colección de “cotidiáfonos”, ollitas, campanas, sonajas, juguetes… Todos elementos muy importantes en la construcción de los paisajes sonoros. Y ese entramado no sólo acompaña a la voz cantante sino que aporta sentido y potencia su mensaje.

—Por estos días están presentando su disco “Canciones como flores”, ¿de qué manera se fue dando el proceso creativo de este álbum?

—En principio la creación de cada canción se dio de manera individual y también colaborativa en algunos casos. Luego el minucioso trabajo colectivo de laboratorio en el armado de los arreglos, en elegir las tímbricas, explorar las texturas, las capas rítmicas. Entregarnos al juego y al goce para encontrar esa trama-paisaje sonoro que enfatizará cada canción. Así llegamos al momento de la realización de este álbum con un repertorio armado y que ya tenía un recorrido en vivo por escenarios.

—¿Hay algún hilo conductor que entrelaza las distintas canciones?

—En ese repertorio de canciones estaban muy presentes las aves, las canciones-ofrendas, los ciclos de la naturaleza, las estaciones, la vida; y claro, las flores. En ellas descubrimos una potencia simbólica integradora que hilvanaba esos conceptos.

—Como explican, la naturaleza está presente de diversas maneras en sus creaciones, pero también lo está lo urbano, lo que el hombre modifica del paisaje natural, ¿es en esa intersección donde nacen las canciones como flores?

—Sí, es con ese barro, como materia prima no exclusivamente humana: el hornero también la usa. Es ahí, parados en ese borde, donde nuestra música se nutre de esa relación y propone una convivencia, un diálogo permanente y en igualdad de condiciones entre naturaleza y cultura. Tejiendo con tradiciones propias, tradiciones impuestas por la cultura dominante y la búsqueda de nuevas formas, la multiplicidad de tramas de nuestra propia identidad.

—Para terminar, y volviendo a nuestra flor del comienzo, los invitamos a dejar en su interior un deseo, como una canción. —El deseo-mensaje que dejamos en esa flor, en ese polen, es que la belleza nos circunda y nos sorprende a cada paso, sólo hay que dejarla ser, dejarla aparecer y brindarse a ella en la certeza de su poder transformador. En un mundo distorsionado dónde toda acción debe ser calculada para algo, sobre todo por su rédito económico, el arte emerge como una flor chiquitita, revolucionaria, bella porque sí.

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Ansilta Grizas: “’Un temporal’ tuvo mucho trabajo de escritura, pero también de pensar y pensarme en esa escritura”

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Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca) /
Edición: Walter Omar Buffarini /
Foto de Portada: Federico Peretti //

Algo se quiebra, los cuerpos se fracturan, el viento desparrama las formas conocidas, hay palabras que se desarman, son retazos, no pueden nombrar lo que nombran, son piezas sueltas en el agua que corre, se mojan, se alejan. Todo es oscuro en la memoria, el tiempo se detiene. ¿En qué lugares se funden nuestros pedazos desarmados?

Ansilta Grizas es licenciada en Artes Visuales y fotógrafa, profesión que la llevó a publicar “Diario de Navegación”. Por estos días está presentando su primera novela “Un temporal”, de Editorial Entropía.

Contarte Cultura charló con ella a la distancia para conocer los motivos que la llevaron a explorar el camino de las palabras y vivencias que dieron vida a su libro.

—Para comenzar esta charla vamos a detenernos en una imagen simbólica. Se trata de una pared, un muro que divide pero a la vez conecta, ¿cuál es la primera palabra que percibís escrita sobre esa superficie? ¿Qué nos pueden contar de vos la pared y la palabra?

PH: Catalina Bartolomé

—Supongo que si me encontrara con esa pared más que ver una palabra miraría primero de qué está hecha. Si es de barro, de cemento o de piedra. Si tiene textura, si la pintura se saltó, si parece que tiene muchos años ahí o es más bien nueva. Me interesaría más en su materialidad, en si es suave al tacto o tiene cositas de las que agarrarse, si es que se logra calentar con el sol o es más bien de esas tapias gruesas que conservan el fresco. Y creo que esto tiene que ver con que mi entrada a las palabras viene desde el registro de la fotografía. Me interesa mirar las cosas. Cómo son, cómo les pega el sol, el dibujo de la sombra. Y a partir de ahí escribo.

—¿Recordás qué fue lo primero que escribiste?

—Escribir con la intención de la escritura, mi primer diario íntimo a los 8 años. Desde ahí nunca dejé de llevar un diario/cuaderno personal.

—¿Cuáles son las cosas o hechos que te invitan a contar?

—Tengo algunas obsesiones o temas frecuentes, supongo que siempre van desde la naturaleza a la relación del hombre con ella, los hijos y el tiempo. Es un montón, pero con esto quiero decir que nada extraordinario… me interesa más bien el registro de las cosas que nos rodean.

—Por estos días estás presentando “Un temporal”, tu primera novela publicada por Editorial Entropía. Si pudieras congelar en una foto el punto de partida de esa historia, ¿qué podríamos ver en esa imagen?

—Una libreta chiquita, medio arrugada, con una lapicera viajando en mi cartera, en unos días de mucho calor, mientras buscábamos geriátrico para internar a mi papá. Es el inicio de la novela y fue el puntapié de la escritura de esta historia, está todo ahí, en esa libreta.

—Seguramente, al igual que los protagonistas de “Un temporal”, tuviste que tomar decisiones, elegir qué contar y qué no, ¿cómo viviste el proceso de construcción de esta novela que atraviesa tu vida? ¿Cuáles fueron los ‘temporales” (si los hubo) que hicieron tambalear tu escritura?

—En el 2017 empecé a hacer taller con Romina Paula y Cynthia Edul, ahí llevé los primero capítulos cuando todavía no sabía bien qué era lo que estaba escribiendo. Y ellas me impulsaron a seguir y a seguir escribiendo. Ese año yo estaba embarazada de mi segundo hijo que nació en agosto, así que iba al taller cada lunes con material nuevo intentando avanzar lo más posible antes que naciera. ¡Como si fuera una carrera! Por supuesto que no es que terminé nada antes, y a los meses logré retomar esa escritura y seguir adelante. Después, en una instancia más de tutoría con ellas, la terminé de cerrar. Pero sí, al ser una novela que como decís “atraviesa mi vida” tuvo mucho trabajo de escritura, pero también de pensar y pensarme en esa escritura. No fue fácil escribir sobre algo que duele, escribir desde el dolor. Supongo que las dificultades que atravesé con Un temporal son también propias de la maduración de un dolor. Digo, para atravesar algo que duele, hay etapas donde uno se enoja, o duda, o se pierde, hasta que al fin vislumbra algo que se parece a una idea clara. Yo elegí contar una historia, una ficción, en donde una hija le habla a ese padre enfermo y reconstruye esa memoria de a dos. Pero en verdad es también la historia de mi propio papá y mía. Y en la novela ese padre muere, pero -en la vida real- mi papá no está muerto. Entonces ahí hubo una gran decisión a la hora de seguir escribiendo, porque si no tomaba ese camino no podía terminarla. Ese despegarme de la realidad, armar una ficción, fue una gran liberación para mí, porque pude seguir escribiendo sin sentirme atada a nada y poder ver la historia a un nivel novela. Y podría decir también que por ahí fue que descubrí que en realidad la historia no tiene que ver con que el padre muera o no, sino con la maduración de ese dolor, ese camino.

—¿Y entonces qué cambió en vos cuando se rompió ese dique y fluyeron las palabras?

—Encontrarme con la escritura y con mi voz.

—Para terminar, ¿qué te gustaría que suceda con esta novela una vez en manos de los lectores?

—A mí me gustaría que les pase lo que me pasa a mí cuando un libro me gusta, y es que alguna imagen se le quede pegada por un tiempo, esto de recordar escenas de un libro tan claras como si las hubiéramos visto. Y que les den ganas de escribir.

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Propietaria/Directora: Andrea Viveca Sanz
Domicilio Legal: 135 nº 1472 Dto 2, La Plata, Provincia de Buenos Aires
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