Andrea V. Luna: “No entender el mecanismo de seducción de las letras es descuidar su influencia en los demás”

Por Andrea Viveca Sanz

Sus letras, enredadas en la calidez de la poesía, construyen historias en las que es posible atravesar la realidad y cuestionarla. Con pasión, Andrea V. Luna se sumerge en mundos fantásticos y logra bucear entre leyendas y metáforas que los habitantes de esos espacios imaginados le susurran al oído, para hacerla parte de sus secretos.

De esta manera nada por las aguas de la magia y fluye con las corrientes que la conducen al otro lado de las cosas, donde despliega sus palabras para poder llegar al centro de un gran laberinto en el que encuentra su reflejo y lo comparte.

En diálogo con ContArte Cultura, la escritora nos invita a cruzar la barrera para internarnos en sus universos fantásticos.

—Si tuvieras que presentarte utilizando una leyenda, ¿cuál sería y por qué?
—A ver… ¿Una leyenda? ¡Qué difícil! Creo que podría pensar en el mito de Teseo y el Minotauro en el laberinto de Creta… pero con algunas variantes: en mi caso, Ariadna acompañaría al héroe en la búsqueda de un monstruo que, al fin y al cabo, no es más que el producto de las miserias de la sociedad. La exploración del laberinto necesita del trabajo conjunto de cada uno según sus propias características, sus propios recursos: la astucia de Ariadna, la fuerza de Teseo.  En el camino, juntos, codo a codo, reflexionarían sobre los vericuetos de la vida, las luces, las sombras, las calles sin salida… y, al llegar al centro, el Minotauro tal vez fuera un espejo.

—¿De qué manera afloró la escritora que te habita para comenzar a transitar el camino de los libros?
—De la manera más divertida: leyendo. Como Borges (¡Dios me libre de compararme, como escritora, con quien admiro tanto!), estoy orgullosa de los libros que he leído en mi vida, más de lo que he escrito.  Tímidamente, desde muy pequeña, me encantaba jugar a adivinar quién era el asesino en las novelas de Agatha Christie, o entender la física detrás de los relatos de Isaac Asimov… De ahí a que la imaginación me desborde y necesitar escribir para que las ideas no exploten… bueno, solo un paso… Lo siguiente fue la carrera en Letras de la Universidad Nacional de La Plata: a todos y cada uno de mis profesores, algunos de los cuales me han apoyado tantísimos años después en esta locura, les debo mi plena identidad como escritora.

—¿Cuáles son las semillas que siembran tu imaginación para escribir?
—Todo. Todo lo que pasa a mi alrededor es factible de aparecer en alguno de mis escritos, ya sea desde la parte argumental o desde los personajes, las actitudes, las características, los recovecos de los lugares más insólitos o más comunes, la historia, la música, las ciencias… Todo aspecto de la vida humana me motiva, pero el encuentro de culturas me resulta cautivante, las magias ancestrales, las miradas contemporáneas y los mecanismos que los enlazan. Más allá de eso, una vez pensada la idea, escribo tratando de desconectarme de las redes porque si no el asunto no sale ni en broma. Luego, según lo que se necesite en cada caso, intento seleccionar música acorde: si es terror, si es épico, si es realismo… siempre habrá canciones que me brinden el clima justo.

—¿Cómo es el espacio físico en el que llevás a cabo tu proceso creativo? Una palabra con la que lo asociarías.
—La realidad es que no tengo un espacio físico concreto, no por falta de lugares apropiados, sino porque escribo cuando puedo, donde puedo y como puedo. Cualquier espacio de espera también sirve, incluso esperando el turno para el médico, durante algún viaje en colectivo o de vacaciones (esto es lo mejor para mí, en especial cuando visito amigos en El Bolsón).

—¿Qué cosas son fundamentales a la hora de construir una historia en el realismo fantástico con el que trabajás habitualmente?
—En primer lugar, es interesante entender qué es realmente el Realismo Fantástico. Construir un relato dentro de este subgénero implica introducir elementos fantásticos, irreales, en un contexto cotidiano para el lector, de forma verosímil, como si realmente la historia pudiera pasar a la “vuelta de la esquina”. Por lo tanto, los personajes deben ser abiertamente creíbles en un ámbito que no exceda demasiado los pormenores de nuestra vida diaria. Esto permite que sean tan creíbles como nuestros propios vecinos, nuestros amigos, nuestras familias… como nosotros mismos. Cuando en su cotidianeidad ocurren las irrupciones del mundo sobrenatural, no nos queda otra alternativa que reflexionar sobre ellas, por lo que en el punto exacto en que nos encontramos decidiendo si hablamos de sobrenaturalidad o realidad percibida de un modo distinto, allí, se encuentra en equilibrio el Realismo Fantástico. En tanto, el Realismo requiere de otros elementos más precisos: si mi personaje blande una espada ropera, como la de los mosqueteros, debe hacerlo de un modo particular y diferente de aquel que utiliza un mandoble como los usados por los caballeros templarios. Un desfasaje en la información te puede destruir toda la estructura argumental y de estilo de lo que estés escribiendo. Entonces, el acceso a la documentación es esencial.

—Contanos acerca del sendero que recorre un personaje desde que lo imaginás hasta que lo liberás para que cumpla su misión en una historia.
—En realidad, no necesita de un sendero demasiado largo. Me encanta que tengan vida propia, así que en cuanto está perfilado su carácter y tengo una idea global de qué debe ocurrir en la historia, siempre termino por escuchar su voz y lo que tiene para proponer. Cada personaje es único, dentro de ese mundo de verosimilitud que voy creando para él.

—Si tuvieras que resumir en pocas palabras lo que se esconde entre las páginas de tu obra “De joyas y guerreros”, ¿qué les dirías a aquellos que aún no la leyeron?
—Se esconde una profunda búsqueda personal en donde la esencia misma de la cultura de los personajes y la valoración que hacen de sus ancestros es lo que prima. Por ejemplo, en Pedro (de origen mapuche), esa búsqueda se da a partir de que lo encontramos luego de que ha renegado de sus orígenes. También podemos apreciar ciertas leyendas propias de la Comarca Andina del Paralelo 42, en la Patagonia Argentina o de la ciudad de La Plata, en la provincia de Buenos Aires. Entre líneas, algunas historias de amor hacen que «De joyas y guerreros» sea una novela de matices, de momentos, hasta de aromas.

—¿Crees que la historia de tu guerrero Eldir ha trascendido las palabras para tomar vida en el corazón de muchos lectores?
—Puedo sentirme orgullosa de decir que sí. Los lectores de Eldir han sido no solo amabilísimos, sino tremendamente entusiastas. Se han apropiado de su historia y de su esencia hasta hacerlo parte de su vida cotidiana. Adolescentes (muchos de ellos, varones) que dicen que es su “héroe en la vida”, otros que insisten en que gracias a él van saliendo de un pozo depresivo, o quienes lo llevan como compañía a quimioterapia… Todos y cada uno me hace sentir que he ido por el buen camino con Eldir y me dan ánimo de seguir, cada vez, con otras historias. Debido a todas estas cosas, Eldir se convirtió en una trilogía y ya no más en una novela única y auntoconcluyente, más allá de “Eldir hijo de Liam”: “Eldir 2: La leyenda del Ángel Blanco” y “Eldir 3: Donde callan los profetas” terminan la aventura.

—¿Qué podemos encontrar en tus antologías poéticas?
—Las antologías no son esencialmente poéticas, sino que hay más allí. “Tempestades y cadencias” es la única que contiene una buena dosis de poesías, pero también hay allí una serie de relatos muy bonitos que continúan la línea fantástica. En “Algunas gotas de sangre y un par de tacones”, escrita junto a la escritora malagueña Gema Lutgarda, jugamos con la mujer como esencia del terror. Mujeres, fuertes todas, que hacen que los hombres piensen dos veces antes de meterse con ellas. Lo que más nos orgullece es el tremendo prólogo del escritor Leo Batic, todo un ícono de la Literatura Fantástica Argentina. Por último, “El dragón y la forja” es una colección de relatos fantásticos pensada para un público lector más joven. Muchos de los relatos son brevísimos y tienen espíritu propio. Algunos tienen un toque de humor, otros un dejo de terror… pero el que le da nombre, está cargado de un espíritu mágico en sí mismo. Por eso y para poder compartirlo con el autor del dragón de hierro original de la portada, Matthis Krebs, está traducido al alemán y al inglés… esas versiones también están en el libro.

—¿Hay alguna obra en camino de la que quieras adelantarnos algo?
—En estos momentos me encuentro en la última etapa de P.N.S.M.B. Todavía no puedo darles el título, pero será una novela bastante más oscura y diametralmente distinta. Hay algunos asesinatos allí y alguien que investiga, pero no es un policial, sino más bien un thriller con un fuerte componente sobrenatural escondido.

—¿Cuál sería la forma y el color de tu sueño como escritora y por qué?
—Solo sé que es un sueño en muchos colores, donde cada lector tiene su lugar, su sitio exacto como partícipe de cada una de las historias porque, después de todo, un libro no es nada sin un lector que lo renueve con su propia vida, con su propio espíritu. Creo firmemente en la responsabilidad profunda de los que ejercemos profesiones asociadas con la comunicación. No entender el mecanismo de seducción de las letras es descuidar su influencia en los demás, es ser parte del problema y no de la solución que buscamos como sociedad. Si la difusión de mi obra es mayor a la que he soñado, solo espero no perder el control sobre mí misma. Nada hay más triste que quien ha olvidado el camino recorrido desde sus orígenes.

—¿Algo que haya quedado en el tintero?
—Primero que nada, gracias por la entrevista, porque una de las cosas más bellas de esta profesión, es el contacto con los lectores… es uno a uno que nos enlaza y que hace que la literatura cobre vida más allá de las propias letras y antes de terminar, me gustaría expresarles que ha sido una colección de preguntas increíbles, que me ha hecho reflexionar sobre mí misma y mi propia obra de una manera que hacía tiempo no hacía. Entonces, gracias por su originalidad y por ser parte de esta aventura.


Andrea V. Luna

Escritora, periodista y profesora en Letras recibida en la Universidad Nacional de La Plata. Si bien toda su vida fue una apasionada del mundo literario, recién a los 38 años decidió abordar la escritura lejos de los límites de un hobby. El Fantástico es su especialidad y ha experimentado todas sus variantes, decidiéndose en sus novelas por el Realismo-Fantástico arraigado, con preferencia, en la Patagonia Argentina. La combinación de este ámbito de naturaleza exuberante con otros diametralmente diferentes o imaginarios es una de sus características esenciales. Sus personajes (que cuentan sus vivencias de manera visceral) siempre son guerreros, héroes resilientes, en el sentido de que afrontan las atrocidades que la vida les plantea con un coraje que resurge de sus propios temores, conformando una serie de metáforas y alegorías que el lector encuentra catárticas.

Conocé más de Andrea V. Luna aquí.

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