Laura Miranda recorre los caminos que le trajeron “Ecos del fuego”, su nueva novela

Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca) /
Edición: Walter Omar Buffarini //

Una chispa fue el origen del fuego, llama sobre llama, superponiéndose, danzando por encima de los miedos, quemando la vida, avanzando sobre los silencios hasta alcanzarlos, proyectando el futuro con el ardor del pasado. En el presente, las cenizas son el recuerdo de un tiempo viejo, el sitio exacto en el que es posible renacer para encontrar la felicidad.

“Ecos del fuego”, la nueva novela de Laura Miranda, se sumerge en las profundidades del alma humana y busca entre esas cenizas el origen del fuego, el recuerdo de las llamas que atravesaron la vida de unos personajes en los cuales es posible encontrar nuestros propios incendios para trascenderlos.

En diálogo con ContArte Cultura, la escritora marplatense cuenta el proceso y revela el camino que la llevó a dar vida a su nueva obra.

—Un nuevo libro queda en manos de los lectores, ¿qué ecos de esta nueva historia resuenan en Laura Miranda por estos días?
—Amo todos mis libros, pero siempre supe que éste era especial. Desde que nació la idea fue fuerte, inspiradora y única. Fue un proceso de creación de continua reflexión. Cuando lo terminé sentí que era lo mejor que había escrito hasta ese momento. Aunque claramente no imaginé jamás que llegaría en un escenario justamente tan reflexivo como el actual. Eso lo convierte en una ficción distinta porque ninguna de mis historias ha dejado de ser mía para pertenecer a todos los que la quieran leer, sin que nadie pudiera salir de sus casas. Resuenan los ecos de lo que es, sin importar lo que no ha podido ser. Estoy enamorada del resultado y siento que poder compartirla con quienes desean encontrar plenitud en el tiempo en sus casas es algo muy bueno. Lo vivo como una oportunidad. Una realidad completamente inesperada que interpreto como señal de gran augurio.

—¿En qué momento saltó hacia vos la chispa que provocó la primera llama de “Ecos en el fuego”?
—Fueron tres momentos concretos. Tres señales claras de que estaba en el camino correcto. Me enteré de la existencia del Sindrome de Sjögren, una enfermedad autoinmune, de manera directa, durante un desayuno con lectoras. Fui parte de lo que implica “no saber” y me dolió; decidí, entonces, que mi protagonista sería así diagnosticada para poder visibilizarlo. Ya que, entre los muchos síntomas que conlleva, no poder generar lágrimas me pareció muy simbólico. Luego, un cuadro que hoy es mío “Ciudad del arte”, obra de mi amigo Héctor Osvaldo Alba, me sorprendió sumergida en la magia de sus colores, su música y los sentimientos que me provocaba mirarlo y, finalmente, el día que las noticias informaban sobre el incendio de Notre Dame, yo vi más allá de las imágenes y toda la historia llegó a mí para quedarse. Cada pieza encontró su lugar.

—¿Por qué te decidiste por ese título?
—Creo que el título me encontró mientras observaba las noticias, como si yo misma hubiera escuchado sus ecos. El fuego marca la historia en dos tiempos, pasado y presente. Siempre elijo para mis títulos palabras que me gusten y en éste caso Ecos me sugiere una gran cantidad de oportunidades.

—¿En qué tiempo histórico transcurre la trama de esta novela?
—Es una novela contemporánea que inicia el día que se incendió Notre Dame, aunque está contada a dos tiempos porque el pasado esconde verdades desconocidas que es necesario revelar para sanar y eso es muy importante en la trama.

—¿Cómo llevaste adelante el proceso creativo de los escenarios por los que se mueven tus personajes?
—Una vez más, he viajado adonde nunca he ido y he podido sentir que estaba ahí. En Uruguay, Montevideo y Colonia, también Paris y un pueblo llamado Guadarrama en Madrid, esos son los escenarios. Miro muchos videos, leo y algo internamente me indica “¡es ahí!”. Así elijo. 

—Contanos quiénes son los protagonistas y qué rasgos físicos o psicológicos te gustaría destacar.
—Antes de hablar de mi personaje principal, me gustaría contar que he querido que el lector se identifique de manera personal y así los protagonistas son seres de la vida misma. Quise que la historia sea verosímil. Que exista la posibilidad concreta de que suceda o pueda suceder lo planteado, es primordial. La idea es que quien lee no diga al concluir “es una historia maravillosa, pero esto no le pasa a nadie”, sino que piense “pude ser yo o alguien que conozco”. También, intenté que cada personaje enamore desde sus acciones y omitir las descripciones físicas perfectas o seductoras. Mi protagonista es Elina Fablet, tiene 30 años y vive con su abuela Bernarda en Uruguay, dado que su madre murió en un incendio en el que ella logró sobrevivir cuando tenía casi 17. El tormento de esa noche fatal la persigue durante todo el libro, porque no logra recordar acabadamente lo que ocurrió. La relación con su madre ha sido siempre de carencia para ella, nunca se sintió amada. Y la historia que a los 13 le fue contada sobre su padre muerto no parece tener sentido en su vida adulta. Es muy desordenada, un aspecto de relevancia en la historia que tiene una razón de ser. Es diagnosticada con el Síndrome de Sjögren. Le gusta el arte, es bohemia y pinta en su casa como hobby. Adora y conoce la obra de Ernest Hemingway y siente un paralelo entre su vida y la Teoría del Iceberg que interpreta la obra del autor. Además, le gusta andar en bicicleta.

—Si pudieras elegir una frase que resuma la temática de la novela, ¿cuál sería?
—”A veces, los sentimientos desordenados son la clave”. Y, si tuviera que definirla en una palabra elegiría “Creer”.

—Tu libro espera y por sus páginas van a caminar los ojos de muchos lectores, ¿qué te gustaría decirles?
—Gracias. Infinitas gracias por darme la oportunidad de vivir mi “aquí y ahora” de una manera tan plena. Mi realidad “es”, por todos ellos. En ésta oportunidad, solo quiero que sepan que todo aquello en lo que creo vive en las páginas de mis Ecos. He sido todos mis personajes sin ser ninguno. Fui feliz, muy feliz escribiendo esta novela, que invita a reflexionar sobre la posibilidad de concebir a las enfermedades del ser humano como eventual consecuencia de una causa emocional, y propone alternativas para resolver ese origen (meditar, manejar energía, buenos hábitos, autoconocimiento, entre otras). Y pude honrar la vejez desde la verdad cotidiana y la de mis recuerdos. Entendí el amor y el legado de los mayores de mi vida. ¿Qué más puedo decir? Gracias, siempre.

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