Rocío Mikulic: “La naturaleza interviene en mi imaginario y yo intervengo en su apariencia”

Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca) /
Edición: Walter Omar Buffarini //

La naturaleza abre sus puertas, un universo de palabras se expande delante de los ojos que observan. Del otro lado, un aleteo de criaturas invisibles, el rumor silente deslizándose por la superficie de las hojas y los monstruos habitando el paisaje, listos para avanzar hacia el hueco, ese espacio sutil donde lo invisible se hace visible.

Rocío Mikulic es parte de ese universo de palabras, es la voz de la selva y del monte, y desde allí regresa con criaturas fantásticas, de esas que no se ven pero que avanzan desde el otro lado para quedarse en cada una de sus obras y dar un mensaje.

En diálogo virtual con ContArte Cultura la artista plástica nos invita a recorrer sus mundos inventados.

—Vamos a comenzar esta charla con la entrega de un objeto imaginario, podés contarlo o dibujarlo. En tu caso será un trozo de corteza que tu imaginación completará en su forma, textura, dureza o color. ¿Cuál es la primera sensación que te despierta nuestro objeto? ¿Qué cosas que te definen podrían habitar en ese pedazo de madera?

—Si pudieras traer al lienzo de la actualidad el instante en el que descubriste el arte en vos, ¿cómo sería la imagen o palabra que resumiría ese momento?

—Tu trabajo está muy relacionado con la naturaleza, ¿creés que es posible transformarla desde el arte?
—No me gusta mucho la palabra transformación, creo que suena un poco invasiva. En todo caso, siento que mi abordaje de la naturaleza se trata de un intento de generar una simbiosis. La naturaleza interviene en mi imaginario y yo intervengo en su apariencia, pero mi acción es siempre con cordialidad, tratando de captar la esencia e importancia del ecosistema natural. En la imagen resultante, por supuesto, no está solo la naturaleza, estoy yo y nosotros también que, al fin de cuentas, somos lo mismo. Este proceso surge de retomar la naturaleza para nutrirme, pero también para acercarla al mundo desde mi visión particular.

—¿Qué cosas comunicás a través de tus personajes nacidos en la espesura de la selva?
—Me gusta pensar que ellos son mensajeros, que vienen al mundo a decir algo. A veces hablan sobre el dolor de los seres reales que habitan la espesura, a veces sobre la magia que oculta la naturaleza, otras sobre la miseria humana, la incertidumbre, el dolor, la esperanza, la perseverancia, hablan de la muerte y de la vida y de muchas otras cosas. Creo que tienen varias cosas que decir, pero confieso que a veces no sé qué es exactamente. En realidad, sé que estos personajes no le hablan de lo mismo a todos los que se cruzan con ellos, por eso siento que, en general, son entidades autónomas. Con mi trabajo en colaboración con otras personas suelo domesticar bastante más las imágenes para que digan lo que necesito, pero con mi producción personal, no siempre siento que sea algo tan necesario.

—Y hablando de ellos, los protagonistas de tus obras, ¿qué te inspira al momento de crearlos? ¿Hay un trabajo de investigación acerca de la morfología de las especies representadas?
—La verdad es que tengo la creatividad muy entrenada y, por ende, una mente bastante voraz y prácticamente cualquier cosa existente me puede inspirar: una mancha, una nebulosa, una palabra, un texto, una máquina, un edificio, el trabajo de un artista, una semilla, un insecto, un fruto, un suceso, el mundo íntegro es una fuente inagotable de inspiración para mí. En general todo empieza con un boceto bastante escueto que surge de una mezcla de mi imaginación y mi memoria visual, luego, para darle cuerpo a las imágenes, viene un largo trabajo de investigación y de recolección de referencias. Finalmente terminó construyendo la imagen a partir de retazos de realidad e imaginación.

—¿Cómo lográs la fusión de los monstruos con las figuras humanas para transmitir una emoción o un concepto?
—Desde pequeña sentí una atracción muy grande hacia lo diferente, una especie de predilección por las formas raras, lo exótico y lo fuera de lo normal, sin dudas porque me siento identificada con esto. Con el tiempo descubrí en el concepto del monstruo un anclaje con aquello que los seres humanos aborrecemos de nosotros mismos y queremos ocultar, la parte fea, imperfecta, animal, instintiva, esa a la que, paradójicamente, muchas veces se llama antinatural. En un comienzo generaba humanos híbridos para hablar de temas tales como sexualidad, género, infancia, falta de empatía e incluso de la teratología médica. Con el tiempo entendí que no solo en eso somos monstruos, sino que siempre, todos, tenemos algo diferente, algo que nos hace sentir fuera de sitio o algo que nos hace pertenecer exclusivamente a determinado espacio. Actualmente sigo trabajando con lo monstruoso, pero ya no como algo propio del excluido, sino como algo inherente, una especie de cualidad mágica imperfecta que nos hace únicos y creo que por ese abordaje los espectadores, al ver mis personajes, pueden sentir empatía y no solo rechazo o miedo.

—¿Con qué técnicas y materiales te sentís más cómoda a la hora de crear?
—Técnicamente soy una exploradora nativa, disfruto indagando en las posibilidades que prestan los diferentes materiales, tanto de carácter analógico como digital. He experimentado con una gran variedad de técnicas y muchas veces siento la necesidad de utilizar varias en un mismo trabajo, aunque debo decir que siento una afinidad muy grande por el blanco y negro, en especial por el uso del rotring y la tinta estilográfica.  

—¿Qué se puede percibir detrás de lo imperceptible de tus obras, en las que lo mágico está muy presente?
—Gran parte de mi trabajo nace de mis intereses sobre cuestiones ligadas al monstruo, la naturaleza, lo mágico, lo humano y, por supuesto, se enreda en él mi propia experiencia vital. El abordaje es casi siempre desde la fantasía, porque siento que la realidad me queda chica para aunar todos mis intereses. Me gusta pensar que cada vez que alguien frena a ver mi trabajo se produce un hecho mágico, un encuentro, y, con suerte, un sentimiento de identificación del espectador con ese universo. Deseo, sueño, quizás imagino que en este encuentro se discurre un velo que deja visible eso aparentemente imperceptible que hace bello y particular a todo lo diferente, y que de alguna manera nos vuelve más iguales, uniéndonos a todos y a todo a la misma raíz.

—¿La tecnología fue tu aliada durante este año tan particular? ¿Nacieron nuevos proyectos?
—Vivo en una ciudad tranquila y bella en la que faltan muchas cosas, por lo que a menudo me siento excluida del mundo. Este año, por primera vez, gracias a la tecnología, me sentí más cerca de todo. Soy miembro de ADA (Asociación de Dibujantes Argentinos) desde hace años, pero por vivir lejos no podía participar en casi nada. Este año se hicieron muchos webinars de diferentes temas de la profesión, reuniones y encuentros, todo de manera virtual, y al fin pude estar y eso significó un cambio muy positivo. Gracias a internet pude hacer cursos, participar en eventos y conocer mucha gente. A pesar de la situación que causó que esto suceda, y aunque sé que las relaciones reales son mucho más especiales, espero que no se replieguen estas oportunidades que nos dio la tecnología y que la conectividad perdure. Apropiándome de esta renovada sensación de poder abarcar el mundo desde donde estoy, este año puse a toda marcha un proyecto de vida al que vengo apostando de manera algo tímida desde hace tiempo. En este momento estoy muy enfocada en dedicarme a la ilustración, apuntando en especial a desarrollar mi trabajo como autora integral, pero abierta a generar colaboraciones en propuestas de narrativa con enfoque infantil, juvenil y adulto, así como en el ámbito de la ilustración editorial, en prensa y portada de libro. Actualmente estoy desarrollando, como autora integral, varios proyectos de narrativa y álbum ilustrado que espero empezar a mover el próximo año.

—Para finalizar y volviendo a nuestra corteza del comienzo, ¿qué sueño te gustaría dejar entre sus líneas de corcho?
—Imagino que sobre la corteza se encuentra un pequeño musgo. Sueño con él en interrelación con la corteza, poblándola, nutriéndose de las oportunidades, sorteando los obstáculos, creciendo y prosperando en una simbiosis infinita. Sueño con la persistencia de la esperanza y el poder de creer que no hay nada imposible, ni para ese musgo, ni para nosotros.

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