Carla Maliandi: “Cuando escribo narrativa sigo pensando las situaciones escénicamente”

Por Andrea Viveca Sanz
(@andreaviveca)

La historia la convocó desde el fondo de ella misma, una imagen fue el germen que más tarde se expandió sobre las letras que la dramaturga Carla Maliandi dejó caer sobre los renglones, para dar vida a su primera novela “La habitación alemana”.

Formada como dramaturga y directora teatral, logra escuchar las voces de sus personajes para contar sus vivencias, para atrapar sus emociones y dejar que cada uno de ellos se mueva al ritmo de sus palabras que, como hilos invisibles, guían el destino de quienes buscan su lugar en ese universo de tinta y de papel.

En diálogo con ContArte Cultura, la escritora cuenta su experiencia en la construcción de una narrativa donde las preguntas que quedan en el aire sostienen una trama atrapante en la que cada lector encontrará las respuestas.          

—Para presentarte, suponiendo que fueras la protagonista de una novela que comenzara así: “La puerta se cerró de repente. Carla escuchó que alguien la trababa desde el otro lado. Ya no podría escapar…” ¿Qué haría Carla Maliandi? ¿Cómo seguiría ese relato?
—No suelo ponerme de protagonista de mis relatos. Pero si a mí me pasara eso trataría de encontrarle el lado positivo. Tal vez encerrada encontraría el tiempo para escribir sin tener que estar atendiendo otras obligaciones.

—¿Recordás en qué momento comenzaste a dar los primeros pasos en el camino de la escritura?
—Cuando aprendí a escribir. La maestra de primer o segundo grado una vez nos explicó que una oración se podía escribir en diferentes órdenes, por ejemplo: “en el bosque salta el conejo en el bosque” o “el conejo salta en bosque” o “salta en el bosque en el bosque”, recuerdo ese descubrimiento como uno de los primeros impulsos para querer escribir.

—¿Cuál fue el germen que dio origen a tu primera novela “La habitación alemana”?
—Tenía la imagen de una mujer dentro de un avión volviendo a un lugar que conocía pero sin saber por qué ni para qué. A partir de eso empecé a escribir.

—Como dramaturga estás acostumbrada a construir las voces de los distintos personajes, ¿creés que ese entrenamiento te ayudó a dar vida a los protagonistas de tu novela?
—Supongo que sí. Los dramaturgos solemos trabajar con la materialidad de la frase, con el ritmo, no sólo con el sintáctico si no con el fonético, con cómo suena eso que escribimos. También en teatro se trabaja de manera muy consciente el tiempo y el espacio y sus posibilidades virtuales o implícitas. Creo que son cosas que se pueden trasladar a la narrativa. Por más que La habitación alemana no tenga en apariencia grandes intrusiones del teatro, como podrían ser los diálogos, creo que de alguna manera cuando escribo narrativa sigo pensando las situaciones escénicamente.

—¿En qué época histórica se desarrolla la trama? ¿El embarazo de tu protagonista y las estaciones son elementos que te ayudaron a marcar el tiempo en la narración?
—Yo ubico la historia de La habitación alemana en el mismo momento histórico en que la escribía, es decir durante el año 2015.  Y sí, como comenté varias veces, en principio pensé el embarazo de la protagonista como una forma de narrar el transcurrir del tiempo y luego se fue desarrollando como tema. Con las estaciones pasó algo similar, influyen en el estado de ánimo de la protagonista y también sirven como marcador temporal. El frío que hace hacia los últimos capítulos también me sirvió para imaginar el final.

—¿De qué manera se construye un argumento a partir de un comienzo en el que solo hay vacío? ¿Cuáles son los elementos principales para sostener el ritmo narrativo a partir de las ruinas que dan inicio a la historia?
—No sé si entiendo la pregunta. Si te referís al vacío como la falta de un argumento pensado previamente, creo que es algo que a mí me sirve para arrancar la escritura: tengo pocos elementos, algunas imágenes que la misma escritura se va encargando de encontrarles la relación, luego, cuando el material está más avanzado, empiezo a trazarme un plan argumental, pero manteniendo también la posibilidad de sorprenderme y torcer el rumbo.

—¿Cómo encontraste las voces y la psicología de los personajes secundarios que enriquecieron la trama y ayudaron a dar vida a tu protagonista principal?
—Con los personajes me pasa lo mismo que lo que charlamos anteriormente. Aparecieron primero como imágenes, visuales o fonéticas, y a partir de ello fueron creciendo, y varios, para mi sorpresa, se fueron desplegando durante todo el relato y haciéndose imprescindibles en la historia.

—¿Crees que en esta novela todos están conectados por los hilos del desarraigo y tal vez por eso nadie encuentra su lugar definitivamente en la historia?
—Sí. Es una lectura que se hizo de la novela y estoy de acuerdo.

—Sin dudas tu protagonista realiza un viaje interior a lo largo de las páginas, sin embargo, no hay un crecimiento, un aprendizaje, ¿lo pensaste así desde el comienzo o fue ella la que te contó su historia y decidiste respetarla?
—No, no es algo que yo haya pensado antes de ponerme a escribir. Es parte de la recepción de la novela, o más bien una lectura que hizo el editor y que aparece como idea en la contratapa del libro. Estoy de acuerdo, pero para nada tuve esa idea presente en el proceso de escritura.

—¿Cuál es el próximo sueño en tu camino como novelista?
—Estoy terminando una novela y escribiendo algunos otros proyectos. Mi sueño ahora es tener tiempo para dedicarme a escribir.

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