Carolina Perrot: “Los olores me movilizan, porque de los sentidos el olfato es el menos mentiroso”

Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca) /
Edición: Walter Omar Buffarini //

Las palabras avanzan desde el interior de una pregunta, se expanden como líneas intermitentes, crecen al otro lado de la realidad y recorren un espacio de límites imprecisos. Hay un olor encerrado en las palabras; todo se vuelve ácido, como un grito que pone la vida en movimiento y cuestiona.

Carolina Perrot, autora de “Asco” avanza en una ruta de preguntas. Con un ritmo que marca el pulso de cada una de las escenas, la historia crece en respuestas, que emergen de los lugares menos esperados e invitan al lector a realizar un viaje más allá de las palabras.

En diálogo con ContArte Cultura la escritora cuenta cómo realizó su propio recorrido para escribir esta novela.

—Vamos a comenzar esta charla con un juego de presentación: Una puerta se abre. Al otro lado todo es oscuridad. Sin embargo, un olor intenso te invita a avanzar. ¿A qué huele ese otro lado y qué es lo que te lleva a seguir las huellas que deja?
—Los olores me movilizan mucho más que las imágenes, porque de entre todos los sentidos, creo que el olfato es el menos mentiroso. Si avanzo, seguro se trata de un aroma agradable, y probablemente me lleve al pasado. Mi papá de la infancia huele a aceite de motor de barco, mi mamá a tejidos antiguos. Mis hijas tienen olor a salchichón, en sus cabezas de bebé transpiradas. Y si huelo una fruta, soy yo en la adolescencia sobreviviendo con un libro y una montaña de mandarinas.

—¿Qué experiencias pasadas fueron huellas en tu camino de escritora?
—Cuando tenía unos 10 años escribí un cuento, el único que recuerdo de la infancia. Trata de una chica, de esa misma edad, parada en el medio de la calle, de noche. Sin moverse, mira desde donde está cómo se acercan las luces de un auto, que avanza para atropellarla. Dos años antes de haber escrito ese cuento, un auto pasó por encima de las piernas de mi papá, que se tiró encima de mi hermano menor para evitar que lo pisara. Yo miré la escena desde la vereda de mi casa, vestida con el uniforme escolar. No tengo dudas de que esa es la huella principal que me llevó a encerrarme en la lectura primero y a intentar liberarme a través de la escritura después.

—Si pudieras detener en una foto el momento en que se disparó la idea de tu primera novela “Asco”, ¿cuál sería el lugar, objeto o situación fotografiada?
—No recuerdo el momento exacto, pero puedo imaginarlo y no estaría lejos de la verdad: seguramente fue en una charla por chat con una persona cercana que frecuentemente me contaba anécdotas de su vida en un hospital. Yo ya estaba escribiendo una novela cuya trama también sucedía en ese ámbito. Era la historia de una pandemia, desencadenada por experimentos con monos y ratas dentro de un hospital. De esa novela hoy solo queda un capítulo, que está en Asco, y la pandemia, que ahora es real.

—¿Cómo llegaste al título?
—Fue el primer nombre que puse al archivo cuando empecé a escribirla. La novela nació con su título, aunque era El asco. Cuando estaba en proceso de edición estuve a punto de cambiarlo, porque ya existía con ese título la gran novela de Horacio Castellanos Moya. No me convencía ninguna de las opciones que había encontrado y fue Eugenia Zicavo, durante una charla informal en la presentación de otro libro de Alto Pogo, quien sugirió que le quitara el artículo El, y así quedó Asco.

—¿De qué manera trabajaste para dar vida a los escenarios por los que se mueven tus personajes?
—Mucha investigación, un elemento central de mi novela. Con una médica corregí cada uno de los detalles del universo hospitalario. Lograr verosimilitud, en el contexto de una historia muy bizarra, fue una búsqueda relevante en mi proceso de escritura. Antes de empezar la segunda parte de la novela, cuando ya sabía que la protagonista iba a iniciar un viaje a Corrientes, me subí a mi auto y viajé a esa provincia, sin ninguna planificación más que la de investigar sobre el ritual Ángeles Somos. La primera noche en Corrientes me alojé en un hotel de Mercedes. Cuando fui a la habituación, había un angelito dibujado en la puerta de cada cuarto. Así fui avanzando, a partir de lo que me encontré en el camino, la espiritualidad del interior, otras creencias y otras formas de vincularse con la muerte. Muchas de las cosas que le pasan a la protagonista están inspiradas en lo que me encontré yo misma en ese viaje. La última noche dormí en Caá Catí, un pueblo que no conocía y que es también el lugar en el que termina la novela. Las fotos que saqué con un celular durante el viaje y que acompañan esta nota son algunos de los detalles que captaron mi atención. Ponerse en la piel del protagonista no es fundamental para escribir, pero la investigación si fue parte de mi proceso de escritura por elección, y me parecía importante acercarme a ese universo que no me resultaba cercano.

Y hablando de esos personajes, ¿cómo surgieron y crecieron en vos? ¿Qué te enseñaron?
—Los personajes fueron surgiendo de manera azarosa, a partir de personas con las que me crucé en el proceso de escritura o anécdotas que me contaban y me servían para mi relato. No creo que me hayan enseñado nada, pero si me ayudaron a liberarme de algunos fantasmas. Al menos eso espero.

¿Cuál fue la mayor dificultad con la que te encontraste durante el proceso creativo de “Asco”?
—Cómo darle valor a los personajes secundarios, que creo es un aspecto interesante de Asco. Me importaba mucho eso. Que cuando los lectores terminaran de leer la novela se acordaran de algún otro personaje además de la protagonista.  

—Una palabra que sintetice el argumento de la novela.
—¿Puedo dos? Asco y soledad.

¿En qué proyectos literarios estás trabajando por estos días?
—Estoy en la instancia de investigación, desde hace varios meses. No tengo mucha claridad sobre la trama, pero sé que tiene que ver con la familia, con la soledad, el rechazo y la vergüenza.

Para terminar, y antes de cerrar la puerta de la primera pregunta, te invitamos a dejar un deseo en el aire de este último renglón.
—Que se respete el derecho de las mujeres sobre su cuerpo.

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