Literatura
Cincuenta “Libros de película”, seleccionados para su versión audiovisual
Cincuenta títulos de autores argentinos fueron seleccionados para la conformación de un catálogo denominado “Libros de película”, destinado a la promoción de la venta de derechos y adaptación al lenguaje audiovisual.
El trabajo, impulsado desde la Dirección de Asuntos Culturales de la Cancillería de Argentina, implicó la selección de los textos a partir de una convocatoria abierta y federal de editoriales.
“El objetivo de esta curaduría es dar a conocer nuevas obras y favorecer la venta de sus derechos, destacando la bibliodiversidad de nuestra industria editorial y la calidad de sus contenidos”, afirman desde el organismo gubernamental.
Asimismo, se explicó que “esta iniciativa se enmarca en el Plan Libro Argentino, que busca la internacionalización del mercado editorial nacional a partir del impulso de las publicaciones y de sus autores y autoras en el exterior”.
Libros y editoriales participantes:
- “Lukas. Lejos de casa”, de Julieta Mariatti ilustrado por Darío Salvi – A-Marte Libros y Lectores @amartelyl
- “Sangre”, de Alejandro Guyot / “Los enfermos”, de Natalia Rozenblum / “Tierra del Fuego”, de Julieta Antonelli – Alto Pogo Ediciones @altopogo
- “Santa Gilda”, de Alejandro Margulis – Ayesha Literatura Ediciones @ayesharevistalibro
- “Te veo en la Luna”, de Verónica Sukaczer – AZ Editora @azeditora
- “Viracocha”, de Martina Tolosa – Azul Francia @azulfranciaeditorial
- “Tilde, tilde, cruz”, de Fernando Chulak / “Las Stalker”, de Raquel Tejerina – Beatriz Viterbo Editora @beatrizviterboeditora
- “Un papá con delantal”, de Magela Demarco ilustrado por Andrea Bianco – Bianca Ediciones @bianca.ediciones
- “Bebé vampiro”, de Nadine Lifschitz / “Cuál es el pez que tiñe el mar”, de Atonella Saldicco – Concreto Editorial @concreto.editorial
- “No quiero decirte Adiós”, de LuisGuzmán – Edhasa Argentina @edhasaargentina
- “Donde termina la lluvia”, de Norberto Gugliotella – Ediciones Corregidor @corregidorcom
- “Ovejas”, de Sebastián Ávila – Ediciones Futurock @futurocklibros
- “Guía turística del sistema solar”, de Mariano Rivas y Carla Baredes ilustrado por Javie Basile – Ediciones Iamiqué @ediciones.iamique
- “No abras la última puerta”, de Luciano Molina – Editorial Rama Negra @editorialramanegra
- “La segunda venida de Hilda Bustamante”, de Salomé Esper – Editorial Sigilo @editorial_sigilo
- “Azara”, de Ana Iriarte – El Gran Pez @elgranpezlibros
- “Fantasmas en los ojos”, de Francisca Mauas – Esa luna tiene agua @esalunatieneagua
- “Una muchacha muy bella”, de Julián López / “El común olvido”, de Sylvia Molloy – Eterna Cadencia Libros @eternacadencia
- “Las garras del niñoi inútil”, de Luis Mey / “Vete de mí”, de Alejandra Laurencich – Factotum ediciones @factotumed
- “Las interrupciones”, de Nicolás Schuff ilustrado por Mariana Ruíz Johnson / “Río de las congojas”, de Libertad Demitrópulos – Fondo de Cultura Económica Argentina @fceargentina
- “El oficio del cine”, de Adolfo Aristrain – Grupo Editorial Sur @grupoeditorialsur
- “El caso Anne”, de Gustavo Dessal / “El mañana”, de Luisa Valenzuela – interZona editora @interzonaeditora
- “El aire del mundo”, de Rodrigo Manigot – Editorial La Crujía @lacrujiaeditorial
- “Historia de una nube”, de Eleonora Garriga ilustrado por Ana Gómez – Lecturita Ediciones @lecturita
- “Ana, la niña austral”, de Esteban Prado – Letra Sudaca @letrasudaca
- “Los caimanes”, de Inés Arteta – Libros del Zorzal @librosdelzorzal
- “El ascensor”, de Yael Frankel – Editorial Limonero @editorial.limonero
- “La misa de los suicidas”, de Pablo orcinito ilustrado por Yael Frankel – Metalúcida Editora @metalucida
- “Me hace ilusión”, de Leandro Gabilondo – Nido de Vacas @nido_de_vacas
- “El espejo africano”, de Liliana Bodoc ilustrado por Vanina Starkoff – Norma Argentina @normaargentina_
- “Leyendas de América”, de Graciela Fernández ilustrado por Valeria Ravecca – Nubífero Ediciones @nubiferoediciones
- “El ejercicio de perder” de Haidu Kowski / “Todo nos sale bien”, de Julia Coria – Odelia editora @odeliaeditora
- “Los machos de duermen primero”, de Rodolfo Omar Serio – Omnívora Editora @omnivoraeditora
- “Una vida por delante”, de Willy Van / “Esta vez”, de Camila Maurer – Comunidad Orsai @comunidad.orsai
- “El rey del agua”, de Claudia Aboaf – Penguin Random House Argentina @penguinlibrosar
- “Hoy no es mi día”, de María Inés Falcioni – Quipu @quipulibros
- “Feminismos para la revolución”, de Laura Fernández Cordero / “El gaucho indómito”, de Ezequiel Adanovsky – Siglo XXI Editores Argentina @sigloxxiarg
- “Qué no harías por tu mejor amiga”, de Claudia Morales / “Jefa a los 17”, de Chiara F. Citterio – The Orlando Books @theorlandobooks
- “Deuda de sangre”, de Mercedes Giuffré – Editorial Vestales @editorial.vestales
El detalle de todos los textos, aquí.
Literatura
Preocupación ante la amenaza de derogación de la Ley que protege la actividad librera
Ante los recientes anuncios de público conocimiento, el Consejo de Administración de la Fundación El Libro expresó “su más profunda preocupación y su firme rechazo al proyecto de derogación de la Ley de Protección a la Actividad Librera (Ley N.º 25.542)”.
La Fundación detalló que “esta normativa no constituye un simple mecanismo comercial: es la columna vertebral que garantiza la diversidad bibliográfica, condiciones equitativas de competencia y la supervivencia de las librerías independientes en cada rincón de nuestro territorio. Se trata, además, de una ley que cuenta con el consenso unánime de todo el sector del libro —editores, libreros, distribuidores, autores y gráficos—, que durante más de dos décadas la ha sostenido y defendido como pilar de la actividad”.
Librerías, patrimonio cultural de la Argentina
Sobre la importancia de la actividad librera, el organismo precisó que “la red de librerías argentinas —reconocida a nivel internacional por su densidad, riqueza e historia— no representa meros puntos de venta de mercancía. Son verdaderos faros culturales, espacios de encuentro democrático y de promoción de la lectura. Su valor social e histórico excede cualquier lógica de mercado tradicional”.
“La desregulación del precio del libro no genera mayor competitividad; por el contrario, desprotege a los eslabones más débiles de la cadena —libreros independientes, editoriales pequeñas y medianas, autores— y favorece la concentración, poniendo en riesgo real de cierre a cientos de espacios que dan vida a nuestras ciudades”, se sostuvo.
El compromiso de defenderlas
“Desde la Fundación El Libro sostenemos que la cultura es un derecho fundamental. Por ello, convocamos a todo el ecosistema del libro, a los lectores y a la sociedad en su conjunto a alzar la voz en defensa de nuestras librerías”, afirmó la entidad.
Además, destacó que “defender a las librerías es defender nuestra propia historia, nuestro pensamiento crítico y nuestro futuro. El Consejo de Administración se declara en estado de alerta y ratifica su compromiso de arbitrar todos los medios posibles para proteger el capital lector y cultural de los argentinos”.
(Fuente: Prensa Feria del Libro)
Textos para escuchar
Un día de éstos – Gabriel García Márquez
Gabriel García Márquez lee su cuento Un día de éstos
El lunes amaneció tibio y sin lluvia. Don Aurelio Escovar, dentista sin título y buen madrugador, abrió su gabinete a las seis. Sacó de la vidriera una dentadura postiza montada aún en el molde de yeso y puso sobre la mesa un puñado de instrumentos que ordenó de mayor a menor, como en una exposición. Llevaba una camisa a rayas, sin cuello, cerrada arriba con un botón dorado, y los pantalones sostenidos con cargadores elásticos. Era rígido, enjuto, con una mirada que raras veces correspondía a la situación, como la mirada de los sordos.
Cuando tuvo las cosas dispuestas sobre la mesa rodó la fresa hacia el sillón de resortes y se sentó a pulir la dentadura postiza. Parecía no pensar en lo que hacía, pero trabajaba con obstinación, pedaleando en la fresa incluso cuando no se servía de ella.
Después de las ocho hizo una pausa para mirar el cielo por la ventana y vio dos gallinazos pensativos que se secaban al sol en el caballete de la casa vecina. Siguió trabajando con la idea de que antes del almuerzo volvería a llover. La voz destemplada de su hijo de once años lo sacó de su abstracción.
-Papá
-¿Qué?
-Dice el alcalde que si le sacas una muela.
-Dile que no estoy aquí.
Estaba puliendo un diente de oro. Lo retiró a la distancia del brazo y lo examinó con los ojos a medio cerrar. En la salita de espera volvió a gritar su hijo.
-Dice que sí estás porque te está oyendo.
El dentista siguió examinando el diente. Sólo cuando lo puso en la mesa con los trabajos terminados, dijo:
-Mejor.
Volvió a operar la fresa. De una cajita de cartón donde guardaba las cosas por hacer, sacó un puente de varias piezas y empezó a pulir el oro.
-Papá.
-¿Qué?
Aún no había cambiado de expresión.
-Dice que si no le sacas la muela te pega un tiro.
Sin apresurarse, con un movimiento extremadamente tranquilo, dejó de pedalear en la fresa, la retiró del sillón y abrió por completo la gaveta inferior de la mesa. Allí estaba el revólver.
-Bueno -dijo-. Dile que venga a pegármelo.
Hizo girar el sillón hasta quedar de frente a la puerta, la mano apoyada en el borde de la gaveta. El alcalde apareció en el umbral. Se había afeitado la mejilla izquierda, pero en la otra, hinchada y dolorida, tenía una barba de cinco días. El dentista vio en sus ojos marchitos muchas noches de desesperación. Cerró la gaveta con la punta de los dedos y dijo suavemente:
-Siéntese.
-Buenos días -dijo el alcalde.
-Buenos -dijo el dentista.
Mientras hervían los instrumentales, el alcalde apoyó el cráneo en el cabezal de la silla y se sintió mejor. Respiraba un olor glacial. Era un gabinete pobre: una vieja silla de madera, la fresa de pedal y una vidriera con pomos de loza. Frente a la silla, una ventana con un cancel de tela hasta la altura de un hombre. Cuando sintió que el dentista se acercaba, el alcalde afirmó los talones y abrió la boca. Don Aurelio Escovar le movió la cara hacia la luz. Después de observar la muela dañada, ajustó la mandíbula con una cautelosa presión de los dedos.
-Tiene que ser sin anestesia – dijo.
-¿Por qué?
-Porque tiene un absceso.
El alcalde lo miró en los ojos.
-Está bien -dijo, y trató de sonreír.
El dentista no le correspondió. Llevó a la mesa de trabajo la cacerola con los instrumentos hervidos y los sacó del agua con unas pinzas frías, todavía sin apresurarse. Después rodó la escupidera con la punta del zapato y fue a lavarse las manos en el aguamanil. Hizo todo sin mirar al alcalde. Pero el alcalde no lo perdió de vista.
Era un cordal inferior. El dentista abrió las piernas y apretó la muela con el gatillo caliente.
El alcalde se agarró a las barras de la silla, descargó toda su fuerza en los pies y sintió un vacío helado en los riñones, pero no soltó un suspiro. El dentista sólo movió la muñeca. Sin rencor, más bien con una amarga ternura, dijo:
-Aquí nos paga veinte muertos, teniente.
El alcalde sintió un crujido de huesos en la mandíbula y sus ojos se llenaron de lágrimas.
Pero no suspiró hasta que no sintió salir la muela. Entonces la vio a través de las lágrimas. Le pareció tan extraña a su dolor, que no pudo entender la tortura de sus cinco noches anteriores. Inclinado sobre la escupidera, sudoroso, jadeante, se desabotonó la guerrera y buscó a tientas el pañuelo en el bolsillo del pantalón. El dentista le dio un trapo limpio.
-Séquese las lágrimas -dijo.
El alcalde lo hizo. Estaba temblando. Mientras el dentista se lavaba las manos, vio el cielorraso desfondado y una telaraña polvorienta con huevos de araña e insectos muertos. El dentista regresó secándose las manos. “Acuéstese -dijo- y haga buches de agua de sal.” El alcalde se puso de pie, se despidió con un displicente saludo militar, y se dirigió a la puerta estirando las piernas, sin abotonarse la guerrera.
-Me pasa la cuenta -dijo.
-¿A usted o al municipio? -preguntó el dentista.
El alcalde no lo miró. Cerró la puerta, y dijo, a través de la red metálica:
-Qué carajo, es la misma vaina.
Historias Reflejadas
“Una vuelta hacia la verdad”

Una vuelta hacia la verdad
Todo comenzó en una biblioteca, una noche silenciosa en la que una calesita se puso en marcha.
Tal fue la felicidad de todos sus ocupantes, que juntos levantaron vuelo para encontrar la libertad.
En ese torbellino de risas contagiaron a los habitantes de otros libros quienes despertaron de su aburrimiento para subirse a la calesita voladora.
Vuelta tras vuelta, se fueron sumando más y más personajes conocidos que salían de sus libros para no perderse el espectáculo.
El Gato con Botas invitó a la Cenicienta para que lo acompañara, Caperucita desafió al Lobo, la Sirenita en el apuro salpicó con su cola, todavía mojada, a la pobre Blancanieves que dormía un hechizo y uno de los tantos príncipes llegó justo a tiempo.
A la hora señalada, una puerta transparente se abrió sobre ellos y, como estaban de aventura, decidieron atravesarla.
Emocionados y sorprendidos se encontraron de repente en el País de la Verdad, y en ese espacio sin formas se atrevieron a soñar.
Todo fue un golpe de suerte, porque la alegría no puede postergarse y para todo existe el momento oportuno.
Desde ese mundo verdadero ellos nos invitan a atravesar la puerta detrás de la cual la verdadera magia siempre es posible.
Andrea Viveca Sanz
Se reflejan en esta historia: “Había una vez ¿Y después?”, Antología de Ana María Shua, María Inés Falconi, Adela Basch, Ángeles Durini, Olga Drennen, Graciela Pérez Aguilar, Mercedes Pérez Sabbi, Cecilia Pisos, Federico Combi; “Un golpe de buena suerte”, de Perla Suez; “La puerta para salir del mundo”, de Ana María Shua; y “La calesita voladora”, de Fabián Sevilla.
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