Conrado Bocco: “Escuchar a mis padres me ha resultado una fuente de inspiración por ahora inagotable”

Por Andrea Viveca Sanz

Las palabras forman parte de su esencia, burbujean en su interior y se evaporan en letras invisibles que, al caer sobre el papel, se convierten en historias. Cada una de ellas es un entramado de voces superpuestas capaces de sostener la textura de los escenarios que recorren.

Sus personajes, nacidos de la tinta cotidiana, se entrelazan, mutan y giran en el tiempo para luego converger armoniosos en el silencio del punto final, justo allí donde tanto ellos como los lectores encuentran las respuestas.

En diálogo con ContArte Cultura el escritor santafesino Conrado Bocco juega con su imaginación y se entrega a unas preguntas que nos permiten espiar en su mundo creativo y descubrir los hilos que tejen las tramas de sus libros.

—Para presentarte, imaginemos que tenés en tus manos la ficha que te permite avanzar un lugar en el tablero del gran juego de la escritura, ¿qué palabras te gustaría encontrar dentro de ese casillero para dar comienzo a una historia en la que esta vez serás protagonista?
—Qué buena pregunta. Me gusta empezar la entrevista jugando, porque para mí escribir es jugar. Crear jugando nos da la pauta de algo prometedor. Mi materia prima es la imaginación. Por eso es que la palabra que quisiera encontrar para dar comienzo a una historia, cualquiera fuese, es “Inspiración”. Una cosita tan necesaria y esperada. Hablo de la verdadera inspiración. La que aparece cuando una idea se abraza con tu alma. Ahora, y para no dejar de responder la pregunta, las palabras que espero encontrar en mi historia son estas: “Difícilmente seas el mismo al terminar”. Sería un cuento breve con final feliz, en el que me siento a leer un libro, en un sillón, una mañana de lluvia, café con leche humeante y algo de música suave.

—¿Recordás en qué momento de tu vida comenzaste a jugar con las palabras para contar historias?
—Mi madre también escribe y su vida desde chica estuvo marcada por la literatura. Me incrustó el amor por la lengua y, tal vez, sin querer, me hizo saber que había muchas palabras lindas en nuestro diccionario y teníamos que defenderlas. En la primaria no veía la hora de iniciar actividades de redacción. Una vez se dio un concurso donde teníamos que armar una reflexión breve, y yo entregué un cuento de diez hojas. No gané, por incapacidad para entender la consigna (risas). De chico jugaba con las palabras, las daba vuelta, letra por letra y de manera inmediata. O formaba diferentes palabras con las mismas letras. Algo de esa habilidad me queda, aunque ya no a nivel experto. Incluso mientras hacía deportes me merodeaban, y por ahí andaba yo, pasando la pelota con una palabra al revés entre las manos. Prefiero no seguir contando porque se van a dar cuenta de que lo mío puede rayar lo patológico. No sé si siempre fui fiel a ellas, sobre todo en la adolescencia, pero llegó un momento de mi vida en el que entendí que siempre habían estado conmigo. Fue así que vi la posibilidad de hacer de esa pasión un camino serio.

—¿De qué manera lográs complementar la escritura con tu profesión? ¿Crees que ambas se retroalimentan?
—En términos de tiempo, mi trabajo es muy absorbente y se lleva casi toda la agenda. Por eso mis tiempos libres actúan como una válvula de escape explosiva. La conexión más clara que encuentro entre lo que escribo y lo que hago como médico, es mi avidez por la historia de las personas. Personas comunes, como uno. En un consultorio o sala de internado, diariamente convivimos con las sensaciones más primitivas. Situaciones donde un carraspeo puede ser leído como catástrofe o una sonrisa como cura. Lo más importante en la vida de hombres y mujeres se concentra en los afectos. Para bien o para mal, para un ser humano lo más importante es otro ser humano. El lazo entre dos personas está formado de emociones. Mucho de eso se realza en la medicina y también en lo que escribo. Así que trato de estar a la altura de las circunstancias, en ambos lados, en el mundo real principalmente, y también en el imaginario. Por otro lado, escribir es mi burbuja de oxígeno y mayormente prefiero experimentar mundos diferentes. A lo sumo, lo que tomó de mi condición de médico es el conocimiento de lugares, historias o enfermedades, a las que maquillo con una prosa acorde, el buen gusto y sentido común del caso. Sobre todo en Noches de varicela, mi primera novela, puede captarse esta técnica con personajes que enferman y mueren presentando síntomas de padecimientos adornados literariamente. Es sorprendente ver todo lo poético que puede sonar un compendio de semiología en medio de una novela (risas).


“La conexión más clara que encuentro entre lo que escribo y lo que hago como médico, es mi avidez por la historia de las personas.”


—¿Cuál es tu mejor fuente de inspiración a la hora de crear?
—Las historias se escriben con palabras. Son la materia prima. Principalmente me surgen ideas a partir de la lectura. Si no leo, no escribo. Así de concreto puede ser. A lo mejor, gracias a un texto o simplemente de una palabra. Es por eso que adoro escritores que hacen de ellas un culto. Como Alan Poe, Cortázar, García Márquez, Ruiz Zafón, Isabel Allende, por nombrar algunos. Me considero un coleccionista de palabras. Hay una cosa muy musical con ellas. Termina siendo como un trabajo de taller. Armo una frase o un párrafo que decanta en un cuento, o un cuento en una novela. Pero no siempre provienen de textos escritos, también puede ser mediante una canción. Tengo mucha avidez por las historias de familia y de los pueblos. Hay tanta magia literaria para explotar en una ronda familiar, que escuchar a mis padres o a gente del pueblo sobre costumbres me ha resultado una fuente de inspiración por ahora inagotable. También me pasa que viendo la realidad o analizándome a mí mismo, surgen reflexiones. Entonces es al revés, es la frase la que hace a la historia y al personaje. Me gusta que los personajes dejen mensajes que interpelan la sociedad, al hombre, a la política, a las religiones, a las instituciones en general. Muchas veces, la inspiración es una cuestión de climas, y trato de hacerlo escuchando música tranquila, como bossa nova y jazz, principalmente. Viajar es enriquecedor. Me ha pasado de hacer un viaje y arribar con la idea bastante acabada de uno o dos cuentos. Bueno, supongo que todo ayuda, principalmente cuando se vive en “modo literario”.

— ¿Qué frases recordás, que sean de tu repertorio?
—Hay muchas. Me gusta el uso de las frases como herramienta literaria. Las que más recuerdo son: “Difícilmente no vengan tiempos de cambio después de lágrimas caídas”, o “Las palabras más importantes no suelen tener voz”. “La vida no es lo que muestra, sino lo que no oculta”. Son frases que siempre apuntan a resaltar la relevancia de las pequeñas cosas como lo más importante de todo. Una filosofía que trato de tener presente y usar en mi vida personal.

—¿Podrías construir con palabras la imagen de tu espacio creativo?
—Pensar en un lugar en el que escribo no podría, porque no lo tengo y tampoco lo busco. Hace unas semanas regresé a casa luego de un paseo en bicicleta. Mi mujer me preguntó: “¿Dónde fuiste?”. Le respondí que había salido a escribir. Muchas veces escribo en el aire y para cuando me siento en la computadora ya tengo las ideas claras. En el caso de Tejo, se dio que tenía todo el esqueleto bastante definido desde un principio. Por eso salió rápida, aun siendo una novela larga. Así que escribía en cualquier lugar que se diera la posibilidad. De hecho, tuve que mudarme en la mitad, y más aún, me fui de vacaciones familiares donde éramos más de quince y ahí, entre niños, gritos y bochinche, andaba raptado por mi mundo. Puedo abstraerme de una manera brutal al momento en que la inspiración llega y hay que aprovecharla. Ella es la vedette y su alfombra roja no se mancha.


“Hace unas semanas regresé a casa luego de un paseo en bicicleta. Mi mujer me preguntó: ‘¿Dónde fuiste?’. Le respondí que había salido a escribir.”


—¿En qué lugar puede nacer un personaje de ficción y cómo vas trabajando sus rasgos físicos y psicológicos hasta convertirlo en esos seres de letras que son capaces de respirar a través del papel que los contiene?
—No tengo molde para crear un personaje. La inspiración se cierne a nuestro alrededor y nos instrumenta de modos que no sabemos si tienen que ver con caprichos, recuerdos, o una elección inconsciente. Muchas veces son los más adecuados para un mensaje. Otras veces, son consecuencia de hechos que van llevando a la necesidad de su presencia. Cuando uno de ellos aparece, nunca lo quito. Soy muy respetuoso de lo que la historia me fue dictando. Después sí,  trabajo mucho en el armado del esqueleto y en los detalles que los distinguen. No es que sea puntilloso o minimalista con un color de ojos o de cabellos, tiene que ver con algo más conceptual. Una idea a la que el lector va a llegar teniendo en cuenta lo que dice, cómo lo dice, lo que piensa o lo que hace. En Tejo hay un festival de personajes, y puedo dar fe de que son todos distintos. Son el eje, casi al mismo nivel de la trama misma.

—Contanos tu experiencia como cuentista.
—Los cuentos dan mucha satisfacción. Siento que saben tomar la intensidad de un poema y el espíritu de toda una novela. Es desafiante escribirlos, porque cada palabra debe ser la correcta, hay que mantener un pulso regular, y debe tener un final que llegué al lector como trompada y lo deje sorprendido, riendo o pensando. La frase de Cortázar, amante del box, es exacta y no por nada tan conocida: “Las novelas ganan por puntos, y los cuentos por K.O.” Y así debe ser un buen cuento. No siempre es fácil. La ocurrencia y la originalidad son importantes. Tengo cuentos muy diferentes. Algunos de ellos me han permitido ganar premios y menciones en concursos literarios. Muchos los he publicado en la página de una productora cultural, en donde he recibido buenas devoluciones de los lectores. Supongo que voy a juntarlos con otros para publicarlos alguna vez. Lamentablemente el mundo editorial ha perdido avidez por ellos, lo que lamento con el alma. Sobre todo porque nuestros más reconocidos escritores fueron cuentistas. ¿Qué sería hoy de ellos? De esto me atreví a hablar en la sala Bioy Casares en la Feria del Libro. Creo que en el mundo acelerado que nos atraviesa, los cuentos deberían ser un modo para que la gente regrese a la lectura y se olvide de las pantallas. Sin embargo, eso no ocurre. ¡Que vuelvan los cuentos! 

—¿Qué chispa encendió la idea de tu primera novela “Noches de varicela”? ¿Qué pueden encontrar los lectores en esa obra?
—A propósito de lo que decía antes, Noches de Varicela se inició con la aparición de un linyera al otro lado de la calle Santa Fe, frente de mi departamento, en Córdoba. Estaba instalado en la vereda, y así de andrajoso miraba a la gente pasar con un brillo en la mirada y una pose con la que parecía decir: “Yo elijo estar acá. Son ustedes lo que dan pena”. Esa foto despejó un largo corredor, a partir del que se abrieron un sin número de puertas. Pensaba que estaba escribiendo otro de mis cuentos y terminó siendo una novela. La historia tenía tanto potencial, que así fue. La escribí mientras estudiaba medicina y después hacía la residencia, por lo que no es raro que los lectores vayan a encontrar un protagonista principal médico e idealista, pero también otro que encarna al antagonista, y que también es médico. Van a encontrar lugares que conozco muy bien. No suelo escribir de lo que no he experimentado. Van a encontrar historias de campo, de inmigrantes, personajes de pueblo, una trama de misterio familiar, Córdoba en el año 2000. La escribí muy de a poco y fue mi terreno de entrenamiento. Podrán notar esto en la diversidad de estilos. Un poco de realismo mágico, historia de familia, aventura, finalmente novela policial. Enarbola valores, como la verdad, la familia, el trabajo, el amor. Con la posibilidad de publicar siento una responsabilidad con el uso de la palabra, con el modo de decir, con dejar mensajes sanos, y hacer que nuestros personajes digan cosas profundas. El armado de Noches de varicela también quiere ser original. Estoy seguro que su trama es muy buena. En el final los misterios se descubren, develándose quién es ese hombre que vive en la calle, entre otros enigmas que tienen atrapado al lector a lo largo del relato.

—¿Cómo lograste entrelazar los hechos y personajes que forman parte de tu última novela “Tejo, juego de historias”?
Tejo tiene un armado ambicioso. Son dos novelas reunidas en una. Me gustaría decir que fue minuciosamente pensada, pero la verdad es que así funciona mi cabeza. Me apego a cómo se presentan las ideas. Son dos novelas, tres historias, que toman tonos literarios distintos, personajes de todos los colores, geografías totalmente diferentes, como las del interior de Santa Fe, principalmente Sunchales y su zona de influencia, La Plata y nuestra Patagonia. Escribirla fue un placer y me sentí, humildemente, en medio de un carnaval de palabras, metáforas, comparaciones, lugares y personajes. Me identificó con su espíritu, puesto que me gusta escribir de todo y siento que el desafío de ser versátil fue bien superado. Finalmente, dentro de la complejidad, Tejo resulta fácil de leer. Logra ser un producto compacto, que encierra entretenidas historias, sus capítulos son cortos y tiene un ritmo parejo. El final, seguramente va a encontrar al lector con la guardia baja y va a lograr sorprenderlo. También la llamo una historia circular, porque en su confección uno de los títulos aparece al final, igual que el prólogo. Fue un juego hacerla, así lo viví y así preferí armarla. Siento que es novedosa y deseo que sea recibida como una novela que quiere ganar su espacio en la biblioteca de los lectores, entrando por los intersticios de las lecturas de culto.

—Suponiendo que lanzás un tejo imaginario en el cual va a viajar tu próximo sueño literario, ¿a qué lugar te gustaría que llegue y qué forma tendría?
—No me imagino escribiendo lo mismo dos veces. Leo cosas distintas y cada una me provoca ganas de seguir su camino. Digo, relatos policiales, novelas románticas, historias biográficas, novelas históricas, psicológicas. Seguir siendo un escritor versátil es uno de mis objetivos. Implica no copiarse a uno mismo. Prefiero un camino sin norte definido. Mi próximo trabajo tendrá una línea literaria más cercana al realismo mágico, será una novelle bien compacta, bien intensa. Después de eso no puedo suponer demasiado. La inspiración comanda la pluma. Siento que lo más importante no es lo que se diga, sino cómo se lo diga. Y sí… una cosa que no pienso modificar es mi forma de escribir. Cualquiera sea la temática, siempre apunto al corazón del lector. A fuerza de palabras, metáforas, comparaciones, quiero generar emociones. Me gustaría que mi tejo literario llegue a lo más alto. Siempre sueño con eso. Más allá de lo lejos que pueda llegar, prefiero que todos descansen en su forma más auténtica y respondan a lo que en definitiva siento, por sobre las modas y las imposiciones.


Conrado Marcos Bocco

Nació en Sunchales, Santa Fe, el 17 de noviembre de 1980, ciudad donde reside con su mujer y sus dos hijos. Es médico graduado en la Universidad Nacional de Córdoba en el año 2005. Autor de dos novelas: Noches de Varicela (2016) y Tejo: juego de historias (2019), editados por El Emporio Ediciones, también escribe cuentos en una columna de Hijos del pueblo, Productora Cultural.


Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*