Emilce Brusa: “Todas las historias pueden ser contadas, no hay límites para la narración oral escénica”

Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca) /
Edición: Walter Omar Buffarini //

Desde el centro de cada cuento ascienden palabras que escriben otras formas sobre el aire de la imaginación, palabras que se vuelven etéreas, brillantes, con música propia. En ese instante sucede la magia, justo cuando alguien las pinta con su voz para convertirlas en una historia nueva.

Emilce Brusa es docente y narradora oral escénica, desde el año 2010 vive la experiencia de contar, de convertir el texto escrito en palabras livianas, que flotan y sostienen la geografía de aquellas historias que merecen ser narradas.

ContArte Cultura mantuvo con ella una charla virtual para entrar en ese universo de historias que nos definen y nos terminan perteneciendo.

—Para comenzar esta entrevista nos gustaría que eligieras un cuento breve que te represente y que, si tenés ganas, nos mandes un audio/video con tu narración.
—“El tango de Juana” es un cuento de mi autoría y creo que me representa en algún sentido por ese personaje: Juana. Una soñadora que cree fervientemente en que todo puede hacerse realidad con esfuerzo, con esperanza, con pasión y sobre todo con amor.

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—¿De qué manera se despertó en vos el deseo de contar historias?
—Durante mucho tiempo narré cuentos como docente del nivel inicial. Siempre cuento la anécdota de cómo empecé, el hito que me llevó al mundo de la narración oral escénica. Yo era directora provisional de un jardín de infantes designada en un mes de junio. Un jardín grande donde los días de actos escolares era terrible, porque se juntaba mucha gente, los chicos se agotaban de ver participar a todas las salas, un caos… pero como yo era nueva no podía hacer cambios, observaba y aprendía a conocer a esa comunidad educativa. Así transcurrimos ese año, hasta llegar a las fiestas de fin de ciclo. El último miércoles invitamos a los egresados con sus familias, colocamos una tarima para ubicar a los niños y salió hermoso. Al otro día, jueves, era la fiesta de los nenes de 3 y 4 años, que habían preparado una murga, y sólo faltaba el viernes, último día del ciclo lectivo y para el que por tercera vez estaban citadas las familias y sólo quedaban mis palabras de despedida y el cambio de banderas de los nenes de 5 a los de 4. Antes de ir ese día al jardín yo pensaba “algo tengo que hacer” y se me ocurrió narrar un cuento de tradición oral y pedirles a las maestras que lo dramatizaran sobre la tarima, la que justamente estaba en el salón de actos. Por suerte las docentes se animaron y en ese acto se logró lo que nunca se había logrado: la atención y un silencio admirable tanto de niños como de adultos. Luego vinieron las felicitaciones y entonces pensé, si con este cuento que les conté muchas veces a mis alumnos logré ésto, ¡tengo que estudiar! Durante esas vacaciones estuve buscando dónde hacerlo y en marzo del 2009 comencé a tomar talleres con el profesor Claudio Ledesma, no paré más y vinieron muchos más talleres. Comencé también a narrar para adolescentes y adultos, además de hacerlo para niños, que son mi público favorito y el que me resulta más honesto, ya que si no les gusta se paran y se van (risas). Y así, el destino hizo que hoy sea mi principal profesión y puedo decir que vivo de los cuentos, de contar cuentos.

—¿Cómo lográs encontrar el peso, las formas o los colores de las palabras que delimitan la geografía de cada cuento?
—Se logra encontrar esos elementos cuando se cuenta lo que te atraviesa, lo que te conmueve, lo que te divierte, lo que te mueve, y sobre todo cuando encontrás buenas historias, esos cuentos que cuando los lees no podés guardarlos para vos sola y tenés que contárselos a otros, se te escapan solos. Esas historias que llegás a creerlas verdaderas.

—¿Existen técnicas para apropiarse de los textos de otros autores y adaptarlos a la oralidad?
—Sí, hay muchas técnicas para apropiarse de esas historias, aunque siempre hay que adaptarlas a la oralidad, porque son dos lenguajes distintos y cada uno tiene sus particularidades y reglas. Nunca se estudia un cuento de memoria, sino que hay mucho trabajo de mesa, de adaptación del texto antes de presentarlos en los espectáculos.

—¿Cuál es tu experiencia a la hora de tomar las imágenes que emergen de un cuento para secuenciarlas en un relato oral?
—Mi experiencia es ver el cuento como si fuera una película, la cual se va proyectando con sus escenas, pero que son pura acción para que la historia avance, no aburra al que esté escuchando y que esa persona pueda formar sus propias imágenes del relato. Además, es importante y necesario armar una especie de partitura para darle matices a la voz que cuenta.

—¿Cuál es el principal objetivo de un narrador oral escénico?
—Sin dudas lograr la comunicación con el público. Que quien te acompañe en ese momento disfrute tanto como vos de esa historia. Que después de la función se vaya pensando en esos personajes, en esos mundos, y que si tiene ganas de volver a ellos sepa que puede ir al libro y encontrar ese cuento en una librería, en una biblioteca o pedírselo a algún amigo para poder leerlo, para revivirlo, pero ya en la intimidad de la lectura. Es por eso que siempre después de la función o durante las mismas, no nos olvidamos de decir el nombre del cuento y su autor, aclarando que es la versión oral del mismo.

—¿Y cómo vivís la narración de tus propios cuentos?
—Hace poquito que me animé a escribir mis propias historias, sobre todo para narrarlas al público adulto, y lo vivo como cualquier otro cuento. Siento como si esos personajes fueran de carne y hueso, a los que les pasan cosas como a todos los humanos y ahí encuentro sus sentimientos, sus alegrías, sus tristezas, sus vidas.

—¿Dónde entendés que nacen las historias que merecen ser contadas?
—Todas las historias pueden ser contadas, no hay límites para la narración oral escénica. No sólo se pueden contar las obras literarias, también se pueden contar películas, una anécdota y hasta se puede narrar la vida misma, esas vidas que si no se cuentan se pierden. Por ejemplo, los tiempos de nuestros abuelos y abuelas, esas voces que por su época atravesaron el horror de la guerra o la inmigración, y por esas circunstancias estuvieron silenciadas. La narración oral puede ponerles voz a muchas historias.

—¿Cuáles son los proyectos que tenés para este año?
—Este año tengo varios proyectos porque estoy de festejo: 10 años de cuentos, mi 10° Aniversario como narradora. Uno es dar a conocer mi página web, que está a punto de nacer, y desde ese sitio ofrecer diferentes cursos online sobre cómo aprender a narrar y sobre mediación lectora. Los demás proyectos estarán saliendo una vez que pase la cuarentena, cuando superemos esto que estamos viviendo. De todas formas, siempre hay proyectos que emergen de las dificultades y este momento no es una excepción. Teniendo en cuenta que la emergencia sanitaria hace que todos nos tengamos que quedar en casa, se me ocurrió ofrecer por mi cuenta de Instagram (@emilcebrusa) todos los martes a las 19, y hasta nuevo aviso, una mini función en vivo de cuentos para niños y sus familias a la que llamo “Ratito de cuentos Online”. Elegí este lugar para encontrarnos porque es lo más parecido a una función de cuentos. A pesar de no verlos sé que están del otro lado y el que después de 24 horas la historia desaparezca las asemeja más a las funciones con público presente. Son igual de efímeras: empiezan y terminan en un tiempo determinado. En el inicio del ciclo me llevé una grata sorpresa, porque después del vivo, la gente comenzó a contarme lo que pasaba en sus casas, con niños que contestaban a mis preguntas, pedidos relacionados a los cuentos narrados y hasta una mamá que me mandó un audio donde su hija me contaba y enumeraba a todos sus amigos que iba a invitar para el próximo martes. Estoy muy contenta de poder sumar mi granito de arena en estos tiempos difíciles. Espero que luego que esto pase, pueda seguir visitando escuelas, centros culturales y bibliotecas con mis funciones de cuentos. Espero comenzar los seminarios/taller de narración oral presenciales. Y también poder participar en varios encuentros y festivales de narración oral que me han invitado para este año.

—Un deseo que quieras compartir con nosotros.
—Que esta pandemia que nos toca vivir pase lo más rápido que se pueda y el resultado sea con la menor cantidad de víctimas. Que nos sirva de gran aprendizaje, donde cada uno logre ser más solidario, más responsable, más humano. Darnos cuenta que nos necesitamos unos a otros para salir adelante. Que de esta manera nuestras vidas puedan volver a la cotidianidad y que después de todo esto se puedan contar buenas historias.

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