Emilia Zavaleta: “Las mujeres del Siglo XIX reflejan la fortaleza de querer pasar los límites impuestos”

Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca) /
Edición: Walter Omar Buffarini //

El tiempo se desdibuja. La brisa de sus palabras descorre una tela invisible, las sombras se vuelven luminosas, toman forma en  geografías lejanas, se mueven como un eco que aproxima las distancias. Hay voces escondidas en la voz que las cuenta. Son mujeres, son “Mulanas”, y las traen el relato y la música, las traen los pinceles y los tambores; y los pies que aún bailan sobre las raíces una danza que eterniza la memoria de los pueblos.

Emilia Zavaleta es Licenciada en Relaciones Internacionales y Magister en Integración Latinoamericana, es la creadora de “Mulanas”, un sitio que pretende visibilizar a las mujeres latinoamericanas que hicieron historia. Con su voz y a través de distintos relatos llega allí donde antes hubo silencios.

Contarte Cultura charlo con ella de manera virtual y nos contó de los alcances y los deseos que abriga este proyecto.

—En este comienzo vamos a entregarte un objeto imaginario. Es un farol, cuya luz ilumina un retazo de la Historia. ¿Cuál es la primera imagen que se representa en tu imaginación? ¿A qué retazo de la Historia pertenece? ¿Qué mujer o mujeres habitan ese espacio/tiempo y qué cosas que pudieran definirte o representarte ves reflejadas en sus rostros?
—La primera imagen que se me presenta es una casa grande, de estilo francés. Una reunión de mujeres y hombres en el salón principal charlando, discutiendo y escuchando acerca de los problemas y placeres del mundo. El retazo de la Historia pertenece al siglo XIX. Las mujeres de ese tiempo tienen la curiosidad impregnada en sus ojos, la valentía de callar lo que piensan pero al mismo tiempo actuar en función de sus convicciones. Ellas reflejan la fortaleza de querer pasar los límites impuestos. Las comprendo y las vivo desde cerca, como si estuviera ahí presente, como si fueran mi propio pasado. Algunas sirven, otras ordenan. Algunas cantan, otras observan. Se mueven en sintonía, guardando historias en sus polleras. Y cruzan miradas de alegría y tristeza, en busca de respuestas.

—Continuemos con nuestro farol iluminando y mostrando huellas. ¿En qué rincones de tu infancia creés que despertó tu interés por la historia, los paisajes y la cultura de los pueblos?
—Mis dormitorios, en Francia y en Argenitna, porque viajábamos bastante con la familia. Siempre tuve un cuarto propio, un espacio donde recrear mis universos y dejar volar mi imaginación. Allí era un vampiro, una princesa, una víctima, una amante. Pero siempre estaba protegida por las paredes, la viga, un equipo de música, libros y pequeñeces de colección como piedras minerales o animales de cerámica. Cada cosa tenía una historia. A ello se le sumaban los castilos, las lecturas de mi padre, la música de mi madre, los bosques y el campo. Los castillos en Francia, la estancia en Tafí del Valle, y la gente con sus diferentes idiomas. Todo eso me llamaba la atención. Y los pocos meses en los que asistía al colegio, libros de historia y poesía de autores en inglés. Siempre quería saber más: ¿Cómo era ese autor de ese poema? ¿Cómo había vivido esa reina bajo la luz de los candelabros dorados y los espejos? ¿Cómo sería esa persona que hoy se encuentra mendigando por las calles?

—¿Cómo nació tu proyecto “Mulanas” y qué significado encierra su nombre?
Mulanas nació de esa misma fusión de intereses y curiosidades, atravesados por una lanza que, creo, me hizo despertar nuevamente como mujer: la muerte. Yo había estudiado idiomas y relaciones Internacionales, eso me daba el mundo. Luego maestría en Integración Latinoamericana y cursos de gestión cultural, que me daban la región, la mezcla de culturas. Siempre me atrajo esa idea de armar una red de mujeres en toda la región donde compartir experiencias similares, pero no lograba darle forma. La cuestión de género, si bien siempre la llevé dentro, tuvo su despertar cuando murió mi prima hermana. Éramos muy cercanas y su lucha fue una guía para rescatar mi esencia, quien soy y quien quiero ser. Volví a escribir desde el corazón y a leer en busca de esas mujeres resilientes que nos dejan una huella imborrable. El resto fue simplemente un juego de palabras: Mujeres Latinoamericanas, MULANAS. 

—¿De qué manera trabajás para que tus relatos logren recrear esos fragmentos del pasado y rescaten la esencia de las mujeres invisibles que tejieron la Historia desde las sombras? ¿Cómo vivís ese acto de poner tu voz para liberar otras voces?
—Cuando elijo una mujer entro en su vida. Leo e investigo sobre el contexto, la historia, las costumbres, y hasta los olores de su entorno. Lo vivo como una experiencia, como si viajara en el tiempo. Eso me permite entender la forma de vida que llevaban. Luego analizo su vida personal y si no tengo mucha información trato de imaginármela, a tal punto que termino sintiendo las mismas cosas y encontrando similitudes con sensaciones y pensamientos que yo pueda tener en mi día a día. Es un trabajo excitante, muy intenso y al mismo tiempo liberador. Ponerse en la piel de otra persona te sensibiliza y te hace conocerte más por dentro.

—Y hablando de esos relatos, ¿qué otras disciplinas artísticas acompañan tus narraciones en cada entrega?
—El arte es ese gran complemento que hace que los relatos tengan eso de sensorial. La fotografía es algo que me encanta, la pintura y hasta la gastronomía creo que también forman parte de ese abanico cultural que engloba las vidas pasadas y presentes. Pero por sobre todo la música. La poesía, el relato y la narración de cada mulana los puedo crear desde la música, la voz interior. 

—Contanos acerca del corto que realizaron durante la cuarentena recreando las cartas de dos mujeres fuertes que acompañaron a los libertadores San Martín y Bolívar?
—¡Esa experiencia fue lindísima! La historia de las dos amigas, Rosita Campusano y Manuela Sáenz siempre me pareció fascinante. Escribí dos cartas ficticias basadas en la historia de ambas y le pedí a mi hermana Sonia que me acompañara en un vivo de Instagram para leerlas. Tuvo mucha repercusión y mi prima Laura Laprida tuvo la gran idea de interpretarlo en un corto. Como estábamos en los meses de confinamiento restrictivo, tuvieron que hacerlo cada una desde sus casas con teléfonos celulares y luego lo editamos y le agregamos música. Esto nos abrió el camino para empezar a hacer cortos basados en los relatos de las Mulanas y recién terminamos de realizar el segundo que se estrena en estos días. Tenemos pensado, con el equipo que se formó, hacer dos más en este 2021.


Un adelanto del segundo corto de “Mulanas”

Para esta segunda producción, que trata de un encuentro entre la esposa de Juan Manuel de Rosas, Encarnación Ezcurra, y su suegra Agustina López de Osornio de Ortiz de Rozas, así estuvo conformado el equipo: Isidro Escalante (Dirección); Sonia Zavaleta y Laura Laprida (Actuación); Emilia Zavaleta (Producción General); Pablo Finkelstein (Dirección de Fotografía); Maximiliano Arko (Sonido); Alfonso Ollúa (Música); Anushka Elliot (Vestuario); y Liso Sadoval (Maquillaje).


—De las sendas recorridas hasta el momento, ¿cuál es la “mulana” argentina que más te ha impactado y por qué?
—Esta sí que es una pregunta difícil, porque a medida que voy investigando van apareciendo mujeres que son realmente impactantes, algunas de las que nunca oímos hablar y otras de las que sólo conocemos un pedacito de sus vidas. Se me haría muy difícil elegir una, porque realmente todas me deslumbran. Pero puedo decir que la primera que me impactó, y que me hizo iniciar esta aventura, fue Juana Azurduy. Su vida me hizo pensar en lo poco que conocemos y entendemos nuestra historia. Y al mismo tiempo descubrir la fortaleza de una mujer ante las adversidades. Si bien ella es la madre de la patria en Bolivia, fue una gran prócer argentina.

—En esta historia de mujeres latinoamericanas le otorgás una importancia singular a “las lenguas” en el momento de la conquista española… 
—Este es un tema fundamental para entender ese tapiz cultural que llamamos Latinoamérica. El choque de dos mundos a través de la conquista fue también una fusión. Es cierto que la dominación española y portuguesa borró mucho de la memoria histórica de los pueblos que aquí vivían, sin embargo el mestizaje se llevó a cabo por la unión con estas mujeres indígenas que aprendían el idioma extranjero y hacían de interlocutoras con sus pueblos. Esto permitió, en el caso de México, que Hernán Cortés conquistara Tenotchitlán, con su traductora Malinali (Malinche) o Pedro de Heredia fundara Cartagena de Indias gracias a la ayuda de Catalina, una indígena de esa zona. Las uniones entre hidalgos y ñustas, entre colonizadores e indígenas, en todo el territorio, dio inicio a un nuevo pueblo y, en muchos casos, apaciguó la violencia que se generaba entre dos culturas tan diferentes. 

—¿Qué nuevas sendas mulanas proyectás transitar este año?
—Quisiera recorrer la senda de la literatura. Estoy armando una Sociedad Literaria para conocer y revalorizar la lectura femenina y sobre las mujeres. Me gustaría mucho poder hacer experiencias presenciales que tengan que ver con crear espacios con ese fin. Por otro lado, Mulanas va viajar por diferentes lugares en busca de relatos y leyendas que hacen a nuestra cultura nacional y regional, contando historias sobre el patrimonio, las ciudades y las regiones que involucren a mujeres y sus vidas. Y por último, estamos por lanzar un ciclo de podcasts de mujeres de más de ochenta años donde nos cuentan sobre su infancia, su adolescencia y el contexto en el cual vivieron. Este es un proyecto muy lindo que estoy haciendo con mi hermana Sonia y trata de homenajear a esas mujeres que vivieron mucho y contaron poco. 

—Para terminar, ¿qué deseo te gustaría ver cumplido durante este año?
—Quiero seguir contagiando a la gente a que conozca la cultura latinoamericana y llegar con los relatos a los rincones más remotos. Trabajar de lo que uno le apasiona es lo más gratificante que hay, y a eso apunto.


Conocé más de “Mulanas” clickeando sobre la imagen:

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