Literatura
En octubre llega “Tiempos recios”, la nueva obra de Mario Vargas Llosa
El escritor peruano español Mario Vargas Llosa publicará el 8 de octubre, de manera simultánea en los territorios hispanohablantes, “Tiempos recios”, una novela de conspiraciones políticas e intereses encontrados en tiempos de la Guerra Fría, según adelantó la editorial Alfaguara del conglomerado editorial Penguin Random House.
La novedad la dio a conocer el propio Nobel de Literatura el último martes durante una charla en la Feria del Libro de Madrid, donde explicó que el título hace alusión “a una cita de Santa Teresa de Ávila”, y adelantó que volvería sobre el país de su famosa novela “La Fiesta del Chivo”: República Dominicana.
“Guatemala, 1954. El golpe militar perpetrado por Carlos Castillo Armas y auspiciado por Estados Unidos a través de la CIA derroca el gobierno de Jacobo Árbenz. Detrás de este acto violento se encuentra una mentira que pasó por verdad y que cambió el devenir de América Latina: la acusación por parte del gobierno de Eisenhower de que Árbenz alentaba la entrada del comunismo soviético en el continente”, reseña en un comunicado la editorial.
De acuerdo a lo que informa el sello, “Tiempos recios” reúne “personajes reales entrelazados con otros de ficción” así como también “hechos clave de la Historia y oscuras intrigas”, al tiempo que construye “un relato sobre los acontecimientos sucedidos en las décadas de los cincuenta y sesenta en Centroamérica, que irradiaron a todo un continente y cuyas consecuencias llegan hasta la actualidad”.
Por su parte, Vargas Llosa (Arequipa, 1936) contó en Madrid, según lo citado por la agencia de noticias Efe, que la historia en que se basa la novela le llegó a través de un amigo dominicano, por lo que la vinculación entre Vargas Llosa y el país caribeño se mantiene tan viva como en 1975, cuando el autor pisó República Dominicana por primera vez.
“Yo llegué para hacer un documental con la radio televisión francesa, y apenas llegué fue amor a primera vista. Me sentí en casa, inmediatamente forjé muy buena relación con mucha gente”, evocó el autor de “La ciudad y los perros”, quien también dijo sentirse sorprendido por “la libertad con que los dominicanos” hablaban sobre la dictadura de Trujillo.
Literatura
Homenaje a Borges a 40 años de su partida con una muestra en el Recoleta
A cuatro décadas de la muerte de Jorge Luis Borges, una nueva exposición en el Centro Cultural Recoleta propone un recorrido por la vida, la obra y el legado de uno de los autores más influyentes de la literatura universal a través de documentos históricos, fotografías inéditas, objetos personales y recursos inmersivos.
La muestra, titulada “Borges: ecos de un nombre”, fue inaugurada el 21 de mayo en la Sala Cronopios y permanecerá abierta al público de martes a viernes de 12 a 21 y sábados, domingos y feriados de 11 a 21. La propuesta fue desarrollada junto a la Fundación Internacional Jorge Luis Borges y cuenta con la colaboración de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno.
Curada por Rodrigo Alonso, Daniel Fischer y Maximiliano Tomas, la exhibición está organizada en distintos núcleos temáticos que recorren aspectos centrales de la vida del escritor, desde su vínculo con la literatura y el cine hasta sus relaciones personales, su presencia en los medios y su estrecha conexión con la ciudad de Buenos Aires.
Entre las piezas exhibidas se encuentran primeras ediciones de sus libros, manuscritos originales, fotografías, materiales de archivo y diversos objetos vinculados a la trayectoria del autor de “Ficciones” y “El Aleph”. Uno de los espacios más destacados es la recreación del cuarto del departamento frente a Plaza San Martín donde Borges vivió gran parte de su vida.
La exposición también incorpora la instalación textil “Arquitectura de la ficción”, realizada por el artista Pablo Lehmann, que funciona como eje visual del recorrido y organiza los distintos sectores de la muestra.
A través de herramientas audiovisuales y tecnológicas, la propuesta busca acercar al público contemporáneo al universo borgiano. Entre los recursos más llamativos figura una proyección animada en formato holográfico que recrea la figura del escritor.
Además, los visitantes pueden recorrer gigantografías con imágenes inéditas de distintas etapas de su vida, una cronología detallada de su trayectoria y una zona de lectura especialmente diseñada para explorar fragmentos de algunas de sus obras más emblemáticas.
La muestra fue posible gracias al trabajo de investigadores y especialistas como Lucas Adur, Gonzalo Aguilar, Germán Álvarez, Matías Bauso, Mariela Blanco, Pablo Gianera, Martín Hadis, Laura Rosato y Patricio Zunini, quienes aportaron materiales y estudios para construir una mirada colectiva sobre una de las figuras centrales de la cultura argentina.
Dos meses bien borgeanos
En conmemoración de los 40 años del fallecimiento de Jorge Luis Borges (1986-2026), el Ministerio de Cultura porteño presentará durante junio y julio diversas actividades sin costo en los Bares Notables de Buenos Aires.
El más universal de los escritores argentinos será homenajeado a través de conferencias y disertaciones que recorrerán su vida, su obra y su proyección internacional.
La programación también incluirá espectáculos musicales inspirados en sus poemas y cuentos, así como interpretaciones de las milongas que escribió junto a compositores como Astor Piazzolla, Sebastián Piana y Carlos Guastavino, entre otros. Además, se realizarán dos recorridos guiados por bares y lugares vinculados con su vida y su universo literario.
Entrevistas
Gabriela Exilart sobre “Tierra herida”: “Me conmovió descubrir los niveles de deshumanización en que vivían los trabajadores”
Por Andrea Viveca Sanz
Edición: Walter Omar Buffarini /
Situada en la Argentina de principios del siglo XX, “Tierra herida”, última novela de la escritora marplatense Gabriela Exilart, invita a recorrer los caminos de las piedras que servirían para adoquinar la Buenos Aires de aquellos tiempos.
Un recorrido doloroso para quienes trabajaban en las canteras de Tandil, dejando cuerpo y alma cada día: los picapedreros. Pero en ese ir y venir de las cosas cotidianas, algo se desordena por debajo. Es el choque de una piedra contra la otra, las fracturas cotidianas frente al abuso de quienes tienen poder. Es la rebelión de los que tienen hambre y buscan justicia. A pesar de todo, en las canteras nace una esperanza y entre el polvo y las turbulencias también crece el amor.

—Para comenzar vamos a detenernos en la gran protagonista de esta novela: la piedra. Esa piedra que viaja desde las canteras de Tandil hacia Buenos Aires para adoquinar sus calles. ¿Cómo llegaste al escenario de origen y a hilvanar ese recorrido que va desde su extracción como recurso hasta su transformación final?
—Llegué a la historia de los picapedreros de casualidad, cuando estaba investigando para mi novela anterior, “El secreto de Azucena”. Me prestaron un libro sobre la historia de Tandil, donde podría encontrar material para abordar la matanza de Tata Dios, pero en lugar de eso encontré el mundo de las canteras. Me pareció un escenario interesante, poco explorado, que me permitía a su vez continuar con la vida de los mismos personajes treinta años después, en un contexto totalmente diferente. Seguir el recorrido de esa piedra desde el esfuerzo y la dinamita en los cerros de Tandil hasta el suelo que pisaba la aristocracia porteña, dos realidades opuestas en una Argentina en plena configuración.
—Y la piedra sin dudas fue un hilo conductor en la historia de tus personajes. ¿Qué fue lo que más te conmovió de la vida en las canteras y que te parece que les pudiste transmitir a esos personajes para que lo reflejaran?
—Me conmovió, como siempre me sucede cuando indago en nuestra historia, descubrir los niveles de esclavitud y deshumanización en que vivían los trabajadores. Es una constante que ya narré en otras novelas (“Por la sangre derramada, Napalpí”) y que acá se repetía: hombres trabajando sin las más mínimas condiciones de seguridad, jornadas eternas que no respetaban horarios, imposibilidad física de salir de la cantera para comprar en el pueblo, y el pago mediante una moneda inventada (plecas) que solo servía en los almacenes del patrón.
Traté que mis personajes convivieran de igual a igual con las figuras de la historia real, aquellos pioneros que alzaron la voz y formaron el primer sindicato, como Luis Nelli y tantos otros compatriotas. Tenía que mostrar esa asfixia cotidiana, la lucha de esos hombres, mujeres y niños.
—Hay una realidad social y económica que se va moviendo alrededor de lo que sucede en la Argentina de principios del siglo XX. ¿De qué manera trabajaste para lograr que esa realidad atravesara a tus personajes de ficción?
—Trabajé con testimonios que extraje de los documentos consultados. También pude acceder a anécdotas y relatos que me contó mi amiga, la escritora Ana Caliyuri, que vive en Tandil. Narré a los personajes desde adentro, desde el detalle cotidiano. Intento que mis novelas no sean libros de historia, sino que el lector sienta, se emocione, viva esas vidas mientras lee. Acá había que hacer sentir el polvillo de la piedra metiéndose en los pulmones, las detonaciones, las manos agrietadas, y también el olor de las cocinas, de la leña, las risas de los niños, y también los llantos de las mujeres. Los personajes de ficción sufren las consecuencias directas de esa realidad: el hambre real cuando se declara la huelga, el miedo a la represión de la policía que sube a los cerros a caballo, y la incertidumbre de no saber si el hombre de la casa va a volver vivo de la jornada.


—En esta novela aparecen mujeres muy fuertes que también ponen en movimiento las estructuras y costumbres de aquellos tiempos. ¿En qué espejos de la realidad crees que se podrían haber mirado tus mujeres?
—Se miraron en las miles de mujeres anónimas de los campamentos de las canteras, que muchas veces la historia oficial invisibiliza. Esas mujeres, muchas de ellas inmigrantes que ni siquiera hablaban el mismo idioma, compartían el lavado de la ropa, el miedo a perder a sus esposos o hijos, los dolores y la crianza de los niños en ranchos miserables. Se miraron en las mujeres que se enfrentaron a los rompehuelgas, las que les tiraron agua hirviendo, o se acostaron sobre las vías para impedirles el paso.
—”Tierra herida” invita a saltar en el tiempo a los personajes de tu anterior novela “El secreto de Azucena”. ¿Qué te llevó a invitarlos a dar ese salto para vivir el futuro treinta años después?
—Me había encariñado mucho con los chicos de “El secreto de Azucena”, y vi la posibilidad de continuar sus historias. Por eso también había hecho desaparecer a Prudencio, porque sabía que en esta novela iba a volver. Eran niños marcados por una infancia dura, cruel. Infancias de identidades robadas, padres asesinados. Infancias heridas. El salto temporal era un gran desafío, ¿en qué tipo de hombres y mujeres se habían convertido? ¿Cómo envejecían los que eran adultos? Era reconstruir sus vidas treinta años después.

—Y en ese futuro el amor se completa con la calma de otros tiempos. ¿Cómo fue el proceso de reconstruir esos vínculos que antes tuvieron otras formas?
—Fue un proceso de reencuentro muy profundo. Si bien los vínculos maduraron y tomaron formas diferentes con el paso del tiempo, en el fondo seguían conservando esa infancia común: los momentos compartidos en el pasado, los mismos miedos y las viejas soledades. El amor en “Tierra herida” se fue forjando de a poco, afianzando esos lazos sembrados años atrás, asentado en una base de confianza ciega. Me gustó muchísimo explorar y hacer crecer esos sentimientos que, con los años y los golpes de la vida se fueron desviando en algunos casos hacia el romance.
—Para concluir, si pudieras elegir una palabra que sintetice el espíritu de esta novela. ¿Cuál sería y por qué?
—Elegiría la palabra DIGNIDAD. Porque “Tierra herida” es, ante todo, un homenaje a los que no se arrodillaron. A pesar de la piedra, del aislamiento, del desamparo institucional y de la codicia de los patrones, lo que late debajo de la huelga y de las historias de amor de la novela es el reclamo universal de ser tratados como seres humanos, no como herramientas descartables. Es la dignidad del picapedrero que talla su propio destino con la misma fuerza con la que golpea la roca.
Literatura
Enero Editorial presentó sus novedades literarias de junio
“Enero Editorial presentó sus novedades más potentes, con voces que interpelan desde la narrativa, la poesía y la memoria”, destaca el comunicado del sello que hizo públicos sus lanzamientos para el mes de junio:
La quitapenas – Delfina Uriburu

Una novela feroz y sensorial que atraviesa la maternidad ambivalente, la fuga y la violencia íntima. Uriburu construye una voz incómoda y necesaria, capaz de dialogar con Ferrante y Harwicz, y de instalar preguntas urgentes sobre los mandatos que pesan sobre las mujeres.
Después de – Claudia Ferradas

Poesía escrita desde la zona posterior a la pérdida. Ferradas convierte objetos mínimos en materia poética, y transforma el duelo en canto. Una segunda edición que confirma su potencia y su capacidad de abrir conversaciones sobre memoria, exilio y supervivencia afectiva.
Como si el oleaje fuera manso – Pilar Alvarez Masi

Poemas que trabajan la fragilidad y el desborde desde una voz íntima y contenida. La obra propone una mirada poética sobre el cuidado, el duelo y la reconstrucción, con imágenes de agua, casa y naturaleza que resuenan en debates contemporáneos sobre salud emocional y vínculos.
Los Giovanelli – Fernanda Argayo

Una primera novela que reconstruye la memoria de una familia italoargentina con humor, oralidad y sensibilidad. Argayo ofrece un mosaico fragmentario y vital sobre herencia, mandatos y genealogía femenina, en diálogo con Ginzburg y Shua.
“Cada título abre un mundo distinto, pero todos comparten una fuerza común: la capacidad de intervenir en conversaciones actuales desde la literatura”, continúa la promoción.
De este modo, “Enero Editorial reafirma su apuesta por voces intensas, incómodas y profundamente humanas”, cierra el comunicado.
(Fuente: Andrea M. Vázquez / Ave Fénix Comunicación- Prensa para autores y editoriales)
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