Fabiana Duarte: “Entendí que no había límites a la hora de escribir, y eso me encantó”

PH Karina Schenzle
Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca) //
Edición: Walter Omar Buffarini

Un encuentro con las palabras que se escondían en su interior la impulsó a liberarlas, a dejar que fluyeran a través de sus manos, como hilos de letras que portaban historias. De esa manera, Fabiana Duarte se animó a soltar las voces que la habitan, los silencios que la conmueven y los rostros que va guardando, como un reflejo de la vida en cada uno de sus relatos, hasta llegar a la escritura de su primera novela, “A los trece”, por la que acaba de ser galardonada en el VIII Premio Novela Corta Fundación MonteLeón, en España.

En diálogo con ContArte Cultura la escritora cuenta el paso a paso en la creación de la obra que la llevó a ser la primera mujer distinguida con ese premio.

¿Cómo presentarías a Fabiana Duarte?
—Si tengo que representar a Fabiana Duarte sin dudas sería en una imagen. ¿Viste ese cartel de “Hombres trabajando” en el que está un hombrecito tipo “Playmóbil” con una pala?, bueno sería algo así, pero con falda por supuesto. “Mujer trabajando”, sería la inscripción, puesto que siempre estoy haciendo algo. Tengo una amiga que dice que soy “culo inquieto” (risas), pero no me imagino una imagen de esa descripción.

—¿En qué momento descubriste que la escritura era parte de vos?
—Revisando hacia atrás veo que hubo algún intento de escritura que no llegó a formalizarse. En la secundaria escribía crónicas, escribí un diario íntimo, participé en un certamen literario, pero todo quedó ahí. Cuando me propuse escribir, concurrí a talleres y ahí descubrí que era un recurso que me salía bastante bien y que tenía que explorar. A medida que fui tomando confianza entendí que no había límites a la hora de escribir, y eso me encantó.

—¿Dónde nacen las palabras con las que das vida a tus historias?
—Por lo general lo que aparece primero es una imagen o una situación que puede ser real o no. A partir de ahí lo trabajo en mi cabeza por varios días y cuando estoy segura de por dónde quiero ir con eso, me siento a escribir. Las palabras surgen tratando de contar la historia.

—¿Qué elementos son imprescindibles durante tu proceso creativo?
—No tengo elementos imprescindibles, lo único que necesito es tiempo libre. Para los escritores que nos ganamos la vida en otra cosa, el tiempo es un bien escaso.

—Tenés publicados varios cuentos, ¿cómo llegó la novela a tu mundo de escritora?
—La novela originalmente surge por sugerencia de Jorge Consiglio. Yo concurría a su taller, presenté un cuento corto y Jorge percibió que la historia y los personajes tenían potencial. Me sugirió estirar ese cuento unas 50 páginas. No lo hice en ese momento, pero la idea empezó a rondar en mi cabeza. Cuando tuve la historia completa, me puse a escribirla.  

—¿De qué manera viviste el paso a paso de tu novela “A los trece”?
A los trece es mi primera novela, y como empecé tarde en el oficio, yo sentía que no podía demorarme mucho en escribirla. Sabía que tomaba algún riesgo, porque la novela tiene tres líneas narrativas bien diferenciadas. Entonces, metódica como soy, me propuse escribir un capítulo por mes y no más de cuatro hojas por capítulo a interlineado simple. Esto me resultó muy práctico, avanzaba bien sin ninguna otra presión, hasta que llegue al último de sus 21 capítulos. Ese me tomó un par de meses. No quería sentarme a escribir, me costó mucho soltar la novela, poner el punto final.

—Contanos cuál es el hilo temático que sostiene la trama de tu obra.
—La novela refleja la vida de dos adolescentes en contextos sociales y familiares bien diferenciados en la Argentina actual. La protagonista atraviesa un estado de vulnerabilidad que marca su vida a los trece años, de ahí el título de la novela. A partir del entrecruzamiento de las historias, la mirada del lector se amplía y abarca todo un contexto psicosocial dentro del mundo narrativo que quise crear. Creo que, finalmente, es un grito de esperanza.

—¿Quiénes son los protagonistas y cómo lograste dibujar sus rasgos físicos y psicológicos?
—Las protagonistas principales son mujeres. Estas chicas son como cualquier adolescente del conurbano o de Palermo viejo. Soy una observadora nata, a uno de los personajes secundarios lo vi en el tren Sarmiento. Lo vi y supe que El Momo tenía que tener ese aspecto físico. Eso me ocurre todo el tiempo.

—¿Cuáles eran tus expectativas cuando te decidiste a participar en el Concurso de Novela Corta de la Fundación MonteLeón del que, finalmente, resultaste ganadora?
—Para mí es una historia sólida, que está bien escrita, pero todo es subjetivo. Dependemos siempre de un jurado al que puede no interesarle este tipo de ficciones realistas. Allá por marzo tenía la novela terminada y como hice con los cuentos, la mandé al concurso con cero expectativas. Por suerte, al jurado de la fundación MonteLeón le impactó la historia y me gratificó con el primer premio.

—¿Qué sueños comenzaron a materializarse a partir de este premio, y qué páginas soñadas te gustaría que se abran para vos de ahora en adelante?
—A partir de ahora voy a tener un libro publicado, ¡y en España! que no es poca cosa. Tengo muchas ganas de presentar la novela en Argentina y que se publique acá en algún momento. Tengo terminado un libro de cuentos que ahora sí, sintiéndome más segura en mi rol de escritora, mandaré a algunas editoriales para ver si puedo publicarlo. También empecé a escribir una nueva novela, dónde las protagonistas vuelven a ser mujeres, pero esta vez dentro un contexto utópico donde, sin embargo, la naturaleza, la vida, disrumpe ese micromundo dejando un caos a su paso.

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