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Fernández Díaz: “En la Argentina no hay una mafia única porque somos demasiado desorganizados”

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Por Analía Paez (*)

“La Herida”, último libro del periodista y escritor Jorge Fernández Díaz, un entramado de persecuciones, deslealtades y traiciones donde la muerte ronda a los personajes con el agente Remil a la cabeza, desterró hace semanas del primer puesto de los rankings al escritor norteamericano Dan Brown, lo que habla a las claras del interés de los lectores locales por conocer el lado oculto de la alta política y los engranajes del poder.

Fernández Díaz fue redactor especial y cronista policial de La Razón, en épocas del editor Jacobo Timerman. Luego se instaló en la Patagonia para ser jefe de redacción de El Diario de Neuquén. A su regreso a Buenos Aires, asumió la jefatura de Polí­tica de El Cronista y, más tarde, fue subdirector de las revistas Somos y Gente. También ejerció como subdirector y miembro del grupo fundador del diario Perfil y director de la revista Noticias, y junto a Tomás Eloy Martínez fundó el suplemento semanal ADN Cultura del diario La Nación.

Para esta entrega, Fernández Díaz volvió a sacar al ruedo a Remil, ese agente despiadado, ex combatiente de Malvinas, al que rodeó de ocho mujeres que en algún momento caerán en sus brazos, aunque ninguna logrará ganarle el corazón.

Así es como de la mano del columnista y miembro de la Academia Argentina de Letras cobran vida “Belda”, la operadora polí­tica; “Diana”, una diva perversa; “la Inglesa”, una periodista idealista; y “Mariela”, la monja que desaparece y da comienzo a esta historia.

—¿El periodismo le quedó corto para contar historias?
—No, sucede que fui escritor de ficciones mucho antes de ser periodista. Pero los límites del periodismo para contar fenómenos mafiosos o sentimentales de la vida privada siempre fueron, para mí, un aliciente para cruzar esas fronteras con las armas de la ficción. Allí­ donde el periodista se detenía, el novelista avanzaba. Eso me pasó con la mafia del fútbol, la industria del secuestro extorsivo, la narcopolí­tica, los servicios de Inteligencia y la intimidad del populismo, pero también con el amor y el deseo, las angustias personales, los problemas inconfesables y las diversas neurosis de la clase media.

—Hace varias semanas está primero en la lista de los libros más vendidos. ¿Los lectores lo elijen por su credibilidad o porque saben que va a contarles cosas que como periodista no puede?
—La Argentina es el único paí­s de Iberoamérica donde Dan Brown no va primero en ventas. “La herida” lo pasó por arriba. “¿Quién es el argentino que derrotó a Dan Brown?”, se preguntan los editores en los foros internos. A mi todo eso me divierte mucho. “Mamá” ya había vendido más de 190.000 ejemplares, “La logia de Cádiz” y “El puñal” vendieron 90.000 cada uno. Son cifras increíbles para el género novela en nuestro paí­s. Y el éxito de “La herida”, por lo tanto, solo es producto de ese largo trabajo, veinte años, donde los lectores me fueron acompañando en el gusto por leer novelas populares argentinas, pero libres de clichés. Mi modelo ha estado en la literatura clásica, pero también en el cine que tanto me influyó y me sigue fascinando. Historias populares que no renuncian por ello al gran calado y al arte. “El puñal” fue un one shot. En “La herida” apostábamos a ver si era posible crear una serie. La serie Remil. Ese agente de inteligencia, héroe infame, que opera en la trastienda del poder. Allí­ también hay un contrato de lectura: los lectores saben que yo conozco esa parte indecible de la política, y que esta no se puede contar con las herramientas del periodismo. A veces hace falta la ficción para contar la realidad. Y esa paradoja ha cruzado toda mi literatura.

—¿En qué posición lo coloca ser la persona que deja a la vista la punta del ovillo de temas tan delicados como los que expone en tus textos?
—Las historias de Remil no son novelas en clave. Cada personaje es ficticio, y cada situación es imaginada. Pero sí­ es cierto que todo está basado en conocimiento, experiencias, confidencias, documentación, expedientes que me sirven para crear equivalencias literarias. Son novelas de espías y de aventuras, pero también thrillers políticos, cruzados siempre por un fuerte sabor a realidad. Muchos lectores me han dicho que se han metido gozosamente en esas tramas, y que les parecía al principio que eran “una de espías”. Pero que invariablemente había un momento de la lectura en que sentían un escalofrío: “La Argentina es esto”, se decían. ¡Claro que es esto! En la Argentina no hay una mafia única ni un cartel de Cali, tal vez porque los argentinos somos demasiado desorganizados (risas). Pero hay un entramado de mafias, con epicentro en el Estado, que ya no es colateral sino central en la política argentina.

—Hay situaciones narradas en su libro que nos describen al dedillo como país… ¿no tiene miedo a algún tipo de represalia?
—Francamente, en este país te pueden matar por algo que imaginas. Pero no siento miedo por eso. Creo que a las mafias lo que más les inquieta es el periodismo de investigación: nombre, apellido y datos concretos. Esta visión de fenómeno los tiene sin cuidado. Aun así, este tipo de narraciones ayuda a entender más profundamente a qué aberraciones se enfrenta la democracia.

—¿Qué tiene Remil de vos?
—Remil es el canalla irresistible que todos llevamos dentro. Un tipo al que no invitarí­amos a comer a nuestras casas, pero que nos despierta simpatía. A través de sus aventuras vamos descubriendo un mundo violento, suntuoso, lleno de intrigas y cinismo. Es que la Argentina es una novela negra. Y Remil, un detective y un agente secreto, y a la vez, un guardaespaldas y un conspirador. Es un héroe infame, porque no me creería la idea de un policía de corazón puro, como leemos en otras literaturas del mundo. Remil es un 007 de un país trucho y siniestro, y al mismo tiempo, un testigo de época.

—Uno de sus personajes más nobles es la periodista… ¿Es una especie de reivindicación de la profesión en tiempos de grieta?
—La Inglesa es, efectivamente, casi el único personaje ético de novela. Aún así­, no consigue zafar del hecho de que el poder la termine manipulando. Tampoco resiste volverse famosa gracias a esa manipulación. He puesto mucho empeño en la elaboración de los personajes secundarios, especialmente las mujeres. Hay unos siete u ocho personajes femeninos, y todos son muy distintos entre sí. Los grandes pintores y los grandes cineastas ponen tanta atención en los personajes pequeños como en los protagónicos. La creación de esas ocho mujeres fue muy rigurosa: cada una de ellas tiene su historia completa, aunque solo se muestre la punta del iceberg.

—Como analista polí­tico cree que con el cambio de gobierno muchas de las denuncias cajoneadas, olvidadas o “no vistas” podrán tener una sentencia sanadora para la sociedad?
—Sí­, gracias al oportunismo de algunos jueces, que cajonearon durante años las investigaciones y ahora pasaron de tortugas a liebres. Pero si las investigaciones están bien hechas y las causas jurí­dicas son sólidas, es posible que se calme un poco esa sed de justicia que existe en la sociedad. De todas maneras, el problema de la corrupción y las mafias continuará si el asunto no se aborda desde lo sistémico y cultural, desprendiéndolo de lo partidario, lo moral y demagógico.

—¿Cuál es la herida que más marcas dejó en su vida?
—Todos tenemos una herida fundamental con la que, consciente o inconscientemente, luchamos todos los dí­as. Yo sigo luchando contra una herida fantasmal. Aquella que me produjo mi viejo, que se llamaba Marcial, era asturiano y mozo del bar ABC, de Canning y Córdoba. Marcial querí­a que su hijo fuera médico o abogado. Cuando descubrió que yo querí­a ser escritor, creyó que la literatura era una forma de la vagancia y me dio por perdido. Estuvimos ocho o nueve años distanciados. Hasta que entro en el diario La Razón de (Jacobo) Timermann, y convertido en un cronista policial, comienzo a publicar un folletí­n por entregas. Entonces un dí­a suena mi teléfono, y era Marcial. Estaba en el bar, y me preguntaba cómo iba a seguir al dí­a siguiente la trama. Me sorprendió mucho, le pregunté para qué querí­a saberlo. Todos los clientes estaban leyendo mi folletí­n y le habí­an pedido a Marcial que les anticipara cómo seguí­a. A mí me saltaron las lágrimas. Le conté cómo era el próximo capí­tulo, y cuando corté fui al baño a llorar como un estúpido. La literatura, que nos habí­a desunido, nos reconcilió. Pero yo sigo luchando contra esa herida fantasmal.

—¿Habrá más historias de Remil?
—Supongo que sí­. La realidad trabaja para Remil. Muchas veces me encuentro recortando notas de los diarios y diciéndome: “Esto es para Remil”.

—En la Academia Argentina de Letras ocupa el sillón de Juan Bautista Alberdi. ¿Qué le provoca ocupar su lugar?
—Es un enorme privilegio ser parte de la Academia de Letras y ocupar el sillón de uno de los grandes periodistas ideológicos de la historia argentina. Considero que mi trabajo de articulista también es parte importante de mi obra literaria. El articulismo me parece un género tan importante como el cuento, el poema, la novela o la crónica. La paso muy bien con ese grupo de venerables eruditos con los que nos reunimos cada quince días. Me ha devuelto a las tertulias literarias y me ha obligado a estudiar algunos asuntos, como la historia del columnismo, la novela policial, y los perturbadores cruces entre ficción y realidad según la obra de Tomás Eloy Martí­nez, que es un trabajo en el que estoy empeñado para el año próximo.

(*) Agencia de noticias Telam

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Las Alas de Ícaro: “Nos unen los valores humanos, más allá de cualquier conocimiento musical”

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Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca) /
Edición: Walter Omar Buffarini //

Despliegan las alas, se preparan para un nuevo viaje, la música bajo las plumas, liviana, se escapa, asciende. Da pasos fugaces, transmuta y aunque se pierde en una selva extraña, pinta de colores cada instante.

Así, con ese espíritu viajero, con la música bajo sus alas, la banda platense Las alas de Ícaro inicia un nuevo recorrido, cuyo punto de partida no está lejos “Ni muy cerca del sol”.

Contarte Cultura habló con su vocalista Guillermo Ghe Centurión, quién contó acerca de los comienzos de la banda, su carrera y su último trabajo, un EP de cuatro temas que presentarán el 21 de mayo en La Plata.

—Porque de volar se trata, comencemos esta charla desplegando las alas de la imaginación. De adelante hacia atrás, si pudieran viajar al lugar y al tiempo donde sucedió el primer vuelo de Las Alas de Ícaro, qué objetos destacados, que hoy los representan, podríamos ver en esa imagen fundacional.

—Más que objetos me referiría a una palabra: identidad. Desde el vamos nos propusimos hacer todo en base a un significado, no hacerlo simplemente porque se dio así, queda lindo y ya. Sino porque la capacidad de darle significado, valor y esencia a cada una de las acciones que realices tiene más valor, más historia. Por lo tanto, hoy nos representa la identidad. El nombre de la banda es por un determinado significado, las letras se escriben de cierta manera y los discos tienen nombres característicos. Todo engloba a Las Alas de Ícaro.

—Y más allá de los objetos o palabras que fueron marcando las rutas de vuelo, ¿cuáles creen que son las cosas que los unen como músicos?

—Los valores humanos, más allá de cualquier conocimiento musical. Se valoriza más ser buen compañero, tirar para adelante, no ser egoísta. Y, sobre todo, lo colectivo por sobre lo individual.

—¿Quiénes forman parte de la banda en la actualidad?

—Actualmente está Nicolás Lindblom en la guitarra, Manuel García Ortega en el bajo, Jorge Vallejo en la batería, Francisco Tolone en trompeta y trombón, Agustín Monje en teclado y guitarra, Federico Bojanovich en saxo y yo, Guillermo Ghe Centurión, en la voz.

—¿Recuerdan de qué manera llegaron al primer disco?

—Allá por el 2014, había un popurrí de canciones y elegimos cinco. Ese fue nuestro primer material, Las Alas de Ícaro, donde comenzó el camino de nuestro material discográfico.

—Sin dudas, cada uno de sus trabajos discográficos hacen referencia, al menos en los títulos elegidos, al mito de Ícaro, ¿Cómo llevaron adelante ese proceso de explorar en la mitología para componer?

—Los títulos discográficos y el nombre dan lugar al mito de Ícaro y gira todo en torno a él. Al principio no veíamos factible el hecho de realizar un recorrido histórico y crear la discografía en base al mito, porque en cierto momento finaliza con su muerte, por lo que decidimos reinventar el mito, moldearlo y crear nuestro propio camino. Como una suerte de “Elige tu propia aventura”. La idea es seguir moldeándolo y seguir reconstruyendo la historia.

—Por estos días están presentando su último EP “Ni muy cerca del sol”, ¿qué palabra podrían elegir para sintetizar la esencia de ese trabajo?

—Aggiornado.

—Los temas que forman parte de esta obra hablan de fugacidad, transmutación, extrañeza e interioridad, ¿de qué manera surgieron cada una de las letras de estas canciones y cómo se produjo la fusión con la música?

—Todas las canciones surgieron en pandemia, por septiembre de 2020. Las letras provienen de miles de sensaciones vividas en cuarentena, pero a la vez puede desembocar en cualquier tipo de sentimiento que esté viviendo una persona. Con respecto a la música, el primer paso de nuestros temas surge de asentar las bases, con la guitarra y con la voz. El resto de los instrumentos y melodías los vamos acomodando equilibradamente, para que cada uno brille con luz propia y se pueda potenciar el sonido que tiene cada integrante.

—¿Quiénes participan en el arte de sus discos para lograr plasmar el espíritu de cada uno de ellos?

—En la producción musical trabajamos con Darío Carelli, quien es un productor e ingeniero de sonido de CABA. Así, con los conocimientos de los siete integrantes más su ayuda armamos las canciones y definimos el producto final. Con respecto al arte de tapa, en este último trabajo trabajamos con Agustina Pariani. En este caso, nosotros le transmitimos todo lo que es concerniente a Ícaro y al nombre del EP y ella llevó a cabo el proceso de creación.

—¿Cuándo y dónde será la presentación de “Ni muy cerca del sol”?

—Será el sábado 21 de mayo a las 21 en Espacio Cultural Cunumí, de calle 71 entre 11 y 12 de la ciudad de La Plata.

—¿Hay algún otro proyecto que podría levantar vuelo durante este año? —Actualmente nos encontramos en la producción de la continuación del EP del año pasado. Una segunda parte titulada Ni muy cerca del mar, con la idea de que salga a la luz antes de fin de año.

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Julián Mourin: “La guitarra fue mi compañera desde la niñez”

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Por Andrea Viveca Sanz /
Edición: Walter Omar Buffarini //

Salir del espacio conocido, atravesar límites y fronteras, buscar, llegar sin llegar, degustar la novedad, sólo para dejar que la música contenida en el vaivén de las olas, ascienda desde el fondo y se manifieste. Uno, dos y tres. Porque sí, porque es posible aventurarse, soltar las manos, tocar el aire. Y aunque no hagamos nada, los ojos hacen foco en el universo, Júpiter y más allá.

El compositor, guitarrista y cantante Julián Mourin detuvo su marcha y se animó al viaje. Atravesó fronteras para llegar al otro lado de cada paisaje, a los lugares donde nace la música, en el silencio de la escucha.

ContArte Cultura charló con el músico, quien además contó acerca de la presentación de su tercer disco: “Los diamantes”.

—Vamos a comenzar esta charla con un viaje en el tiempo. ¿En qué rincones de tu infancia creés que se gestó tu interés por la música?

—Cuando escuchaba a mi vieja tocar la guitarra. Tocaba unas milongas en tono menor, con unos riffs medio dark. Quedaba fascinado con algunas cosas que hacía y mi único objetivo era lograr tocar eso. Conocía miles de canciones clásicas de folclore. No sabía música, pero tenía mucho oído, podía transponer cualquier canción a otros tonos con facilidad. Creo que todo arrancó ahí.

—Si nos detenemos en ese punto de partida, ¿cuál o cuáles fueron los instrumentos musicales que te acompañan desde entonces?

—Sobre todo, la guitarra criolla. Después, en mi adolescencia, cuando me copé con la música andina, empecé a tocar charango, sikus, armónica. Más tarde compraron un piano en casa y empecé a explorar por ahí. Pero la guitarra fue mi compañera desde la niñez.

—¿Cuándo y cómo comienza tu carrera solista y de qué manera llevaste adelante los procesos compositivos?

—Mi camino solista empezó en el 2012 cuando edité el disco Mate de metal. Le tengo mucho cariño a esa época y a ese disco. Tenía una idea clara del sonido que buscaba y de la síntesis que quería lograr.

—¿Qué palabra podría resumir la esencia de ese album?

—Frescura.

—Y sí pudieras elegir un color que represente el espíritu de tu disco “Sur solar”, ¿cuál sería y por qué?

—La tapa del CD quedó bastante rosa, aunque no quería que quede así (risas). Pero creo que finalmente estuvo bien porque el rosa tiene que ver con el amor. Las canciones de esa época están embebidas por la partida de mi vieja y por la llegada de Sofi, la madre de mi hija. Dos acontecimientos muy especiales.

—¿En qué escenarios podríamos encontrar las raíces de tu tercer disco, “Los diamantes”, y qué cosas llevaron a elegir el nombre?

—Escenarios de aventuras por el continente y de viajes internos también. La mayoría de las canciones las compuse en el 2018, un año paréntesis en donde viví en Uruguay y en Brasil, metiéndome al mar por lo menos una vez por semana, tocando covers en bares y comiendo mucho mango, maracujá y porotos negros. Quería un nombre distinto para el disco, algo no tan telúrico, sino más brillante y que pueda reflejar los aprendizajes acumulados de esos tiempos.

—¿De qué manera fueron surgiendo cada uno de los temas?

—De estar jugando con la guitarra, improvisando con la voz. A veces sale de una la idea, la melodía y la letra. Otras veces nace sólo una parte, pero como que el clima o la energía del tema ya están dados, sólo se necesita pulirlo para concretar esa forma imaginada. Algunos de estos temas tuvieron hasta trece versiones hasta llegar a la definitiva. Mucho hilar fino.

—¿Quiénes te acompañaron en la producción de este material?

Cristian Bonomo estuvo al lado mío desde la etapa de cerrar los temas hasta la masterización. Ale Lauphan aportó lo suyo desde la coproducción, Gabi Beltramino me ayudó a trabajar las voces, Yago Escrivá a pulir las guitarras, Paco Amenabar y Andrés Mayo a encontrar el sonido que buscábamos. Fueron piezas claves y estoy super agradecido con sus aportes.

—¿Cómo llegaron al arte de tapa? ¿Qué elementos musicales se tuvieron en cuenta para el diseño?

—Fue un arduo proceso el del arte de tapa. Estuvimos casi un año dando vueltas, ningún camino nos convencía. Hasta que Pedro Urruti, el responsable del arte, tuvo esa idea de hacer una maqueta de un pequeño universo diamántico con sus micro espacios. La fue llevando a cabo con Christian Silva en su taller y en un día hicimos las tomas que finalmente quedaron. Ese día también filmamos las tomas del videoclip de “Foco”. Gran hazaña.

—¿Cuándo y dónde se presentará “Los diamantes” en vivo?

—El viernes 3 de junio en La Tangente, con una banda integrada por Pupú Colina en bajo, Ine Maguire en voces, Jeanette Nenezian en trompeta y Chitrili en batería. Habrá invitados especiales y abre el dúo Dos de Nosotros.


Para el show en La Tangente, las entradas están a la venta por Passline: https://www.passline.com/eventos/julian-mourin-en-la-tangente


(PH: Federico Pérez Gelardi)

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Antonio Birabent y su libro Tres: “La clave son las palabras, lo que cada una despierta en nosotros”

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“Tres”. Tres vértices y tres líneas, un triángulo, tres protagonistas conectados por hilos de palabras, la voz como punto de encuentro, aromas y sabores compartidos, pinceladas de un devenir cotidiano, pasos en las veredas del tiempo y el tiempo detenido en la pausa de cada relato.

Todo eso y mucho más se desprende de las páginas de el primer libro de relatos de Antonio Birabent. Una obra que atraviesa el ritmo de las ciudades para hacer foco en los rincones donde es posible detenerse y mirar.

Como si fueran pinceladas dispuestas a colorear los instantes, el músico y actor se sumerge en las texturas de cada día y pinta con sus letras las horas vividas.

En diálogo con ContArte Cultura cuenta cómo llegó “Tres” y qué otros proyectos serán parte de su caminar durante este año.

—Comencemos esta charla haciendo foco en la gráfica que define la tapa de tu libro “Tres”, el triángulo. A modo de presentación de esta obra, si pudieras elegir una canción sonando dentro de ese triángulo, como un hilo conductor de la historia que reúne a los tres protagonistas de tus relatos, ¿cuál sería y por qué?

—¡Es genial la pregunta! Es difícil de elegir una sola canción, pero creo que “Un Hombre solo”, porque habla de las coincidencias que todos tenemos como seres humanos más allá de las diferencias.

—¿Cuánto tiempo pasó entre la producción de tus primeros escritos y el encuentro de tus textos con la editorial Malisia?

—Tres años. Y más de cuatrocientos relatos/textos entre mediados de 2018 y mediados del año pasado.

—¿Cómo viviste el proceso de ir puliendo y dando continuidad a los relatos durante la edición del libro?

—Los relatos casi no tuvieron corrección. Están como aparecieron. Fue un proceso muy fluido, me venían las palabras, las oraciones, los párrafos. Los cuadernos originales no tienen prácticamente tachaduras. La edición tuvo que ver sobre todo con la selección.

—Al avanzar por las páginas de “Tres” se puede viajar tanto en el tiempo como por ciertos escenarios urbanos que forman parte de tu vida. ¿Cuál o cuáles son para Antonio Birabent los lugares donde siempre puede despertarse un relato?

—Sobre todo en la mente, en la observación y la memoria, y al final, como siempre, la madre de todo es la sensibilidad. Si todo eso está, cualquier lugar o cualquier situación es buena para escribir.

—En cada uno de tus textos te detenés en detalles en los que tus palabras hacen foco. ¿Qué objetos o elementos creés que podrían representar el espíritu de este libro?

—En gran parte, la clave del libro, más allá de lo que te comenté en la pregunta anterior, son justamente las palabras, lo que cada una despierta en nosotros. Las palabras son el eje.

—A través de tus letras es posible caminar por las ciudades que recorren, sentarse en sus bares, degustar momentos. ¿De qué manera fuiste dando esas pinceladas sobre el papel para que tus vivencias permanecieran? ¿Tenés una rutina de escritura para retener esos momentos?

—Fue una etapa donde todo el tiempo estaba escribiendo. Viví concentrado en la experiencia y el ejercicio de llevar al papel absolutamente todo lo que vivía a mi alrededor y también todos mis pensamientos.

—Hay tres protagonistas que interactúan a través de las distintas historias, pero existe un cuarto personaje, Ella, que también forma parte de ese triángulo donde la palabra reúne y determina. ¿Qué pinceladas de Ella te ayudaron a avanzar en este libro?

—Si bien no aparece tanto, la presencia de mi madre es fundamental. Y no hablo sólo en el libro, sino en nuestra dinámica familiar. Mi madre es y ha sido el ancla de nosotros tres: mi hermano, mi padre y yo.

—¿Qué pausas te permite la escritura en el ritmo cotidiano?

—Las pausas me las permito aunque no escriba. A veces son mínimas, destellos apenas, y a veces son días enteros. Depende mucho.

—Sin dudas, la música y la poesía tocan fibras cercanas, ¿suelen formar parte de la misma pausa creativa?

—Están muy cercanas, es verdad, pero no las asocio necesariamente a la pausa. A veces aparecen en momentos de furia, o en situaciones absolutamente cotidianas y que a priori nada tienen de artísticas. Suelen ser estas las mejores.

—Ya que tocamos el tema de la música, no podemos dejar de mencionar la reciente salida del primer vinilo de Las Lenguas Muertas, el grupo musical que forman con Ariel Mínimal, Juan Marcos Rocca y Claudio Leiva. ¿Cómo llegaron a este disco y qué es lo que te gustaría destacar?

—Es un disco hermoso, lo vamos a presentar en agosto en Buenos Aires. Y que este editado en vinilo le da algo especial.

—Para terminar, ¿cuáles son los proyectos que siguen para este 2022? —Seguir actuando (este año retome esa actividad), tocando solo con mi guitarra (que es algo que cada vez disfruto más, siento que es una manera de pulirme como interprete), editar un disco de canciones mías que cante acompañado por un quinteto de cuerdas (ya está grabado y listo) y seguir colaborando con personas nuevas. Seguramente me olvido un par de cosas.

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Propietaria/Directora: Andrea Viveca Sanz
Domicilio Legal: 135 nº 1472 Dto 2, La Plata, Provincia de Buenos Aires
Registro DNDA Nº 2019-79370965 Edición Nº