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Historias Reflejadas

“Cruces de amor”

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Cruces de amor

Hay una exquisita convergencia de hechos casuales que se enredan en los laberintos de la vida.

Allá abajo, en los túneles del silencio, aparece abrupto el atajo que produce una ruptura en nuestro tiempo.

Sobre un margen de la existencia, es posible encontrar los vestigios de un amor negado, convertido en páginas amarillentas de dolor y de olvido.

Marcas invisibles cargadas de sentido convierten en eternas las cosas que ya fueron destruidas, incapaces de permanecer en la quietud de un retrato en el que los deseos se congelaron cómplices sobre un papel, mudo testigo de sentimientos callados.

Existe un surco en el que alguien enterró su culpa y siguió su camino, mientras en la oscuridad de un minuto colgaba tiesa la angustia de otro.

Cruces y ramificaciones en los senderos vitales, encuentros posibles que son desencuentros, miradas engañosas que precipitan en locura, forman parte de una trama diversa, cuyos hilos tejen el futuro de aquellos que juegan.

Sin embargo, en una bifurcación del destino, es el amor el que direcciona los pasos de quienes, de una manera u otra, estaban destinados a encontrarse.

Andrea Viveca Sanz

Se reflejan en esta historia los siguientes cuentos: “Amor ciego”, del libro “Amor ciego y otros cuentos” de Florencia Ghio; “El prometido”, de Gloria Casañas; “Bella y lisonjera” y “Las cartas de Anetta”, del libro “Arroyo de cenizas” de Sara Bonfante; y “Caballos”, de Marcelo Birmajer, y “Manuscrito hallado en un bolsillo”, de Julio Cortázar, ambos del libro “Cuentos de encuentros y desencuentros amorosos”

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Historias Reflejadas

“Los sapos sueltan historias”

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Los sapos sueltan historias

Los sapos del mundo habían hecho silencio. Con sus ojitos curiosos espiaban desde un agujero sin tiempo. Sus patas, preparadas para saltar en el momento oportuno, se aferraban a la tierra. Sobre su piel rugosa se ocultaban historias, de sapos, por supuesto.

Cuentan que una primera palabra, atrapada en la boca de un renacuajo recién nacido, se estiró, creció y se multiplicó hasta formar una burbuja de cuentos que flotaron en el agua. Eran los cuentos que habitaban el mundo de los sapos y que se escondían en sus lenguas pegajosas para adherirse al paisaje y así rodar entre amigos, de boca en boca, entre moscas y mariposas.

Sucedió desde el principio, cada vez que la línea del agua se fundía con la línea de la tierra, en el instante en el que la existencia de estas criaturas se prolongaba mucho más allá. Era en ese segundo preciso cuando los relatos pasaban de nadar entre colas y branquias, para asentarse en los bosques, en los montes, en el barro o en los charcos, donde la vida volvía a comenzar y recuperaba el sabor de las vivencias compartidas.

Ahora todos ellos, los habitantes de la tierra, se preparaban para dar el gran salto. Alguien decidió croar, apenas un murmullo de sapo impaciente comenzó a hilvanar una canción en el mutismo del paisaje. Los sonidos despertaron a las palabras guardadas en los huecos oscuros. Las historias avanzaron y se enredaron entre los oídos de otros animales, que no pudieron evitar contar lo que antes habían escuchado.

Los sapos del mundo habían hecho silencio. En los rincones de los libros, escondidos entre sus páginas, se disponían a saltar para dar comienzo a una gran suelta de historias.

Andrea Viveca Sanz

Se reflejan en esta historia: “El carnaval de los sapos”, de Gustavo Roldán, con ilustraciones de Raúl Fortín; “A la sombra de los paraísos”, del libro “Cuentos de la buena suerte”, de María Cristina Ramos; “Cuentos del sapo”, de Graciela Montes con ilustraciones de Gustavo Deveze; y “La pelea del sapo y el tigre”, del libro “Historias que cuenta el viento”, de Liliana Cinetto con ilustraciones de Viviana Brass.

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Historias Reflejadas

“Telaraña de historias”

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Telaraña de historias

Las agujas del reloj del cosmos avanzan sin cansarse y en ese devenir de horas todo lo unen, aún aquello que pretender separar.

Cada cosa sucede en el momento exacto, en la sabiduría del tiempo que siempre repara. De repente lo malo se convierte en bueno y aquello que se encuentra perdido, es de pronto un encuentro sublime.

Huecos de dolor transformados en caricias, guerras sin sentido que resignifican a muchos, hambre que es cosecha, penas que son alegrías y maldiciones encerradas que se liberan en bendiciones.

Mujeres guerreras entregadas con pasión a luchar por aquello que aman. Guerreros cansados, desdibujados como fantasmas, hombres enceguecidos de poder convertidos en estatuas.

Unas y otros entrelazados por los hilos que se reciclan en instantes eternos. Lo que termina da comienzo a lo siguiente y de esta manera se cumplen los designios de los dioses.

Historias atrapadas en el constante latir de segundos continuos, interminables y eternos, conectan a la humanidad en una telaraña de sueños pasados que se hacen visibles en el presente buscando un futuro.

Andrea Viveca Sanz

Se reflejan en esta historia: “Una mujer de fin de siglo” de María Rosa Lojo, “Lágrimas de revolución” de Graciela Ramos, “El relicario” de Ernesto Mallo y “El sacramento” de Fernanda Pérez

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“El ojo del mundo”

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El ojo del mundo

Hay un ojo en el cual es posible encontrar nuestro reflejo. Internarse en la profundidad de su mirada para mirarnos y descubrir la auténtica dimensión de cada cosa.

Del otro lado, en las sombras de uno mismo, yace implacable la verdad.

En la red de la vida, huyen por agujeros imprudentes los recuerdos de lo que nunca fuimos, y nos esclavizan.

Una llave brilla en la memoria del tiempo y sólo ella será capaz de abrir las puertas de la sabiduría ancestral.

Nada es lo que parece. En el reverso del paisaje, las ovejas se convierten en lobos y ambos buscan su libertad.

Todo está perfectamente tejido; detrás de las rejas que nos encarcelan es posible recorrer distancias infinitas, para encontrar enterrado en el fango de lo desconocido, un deseo olvidado.

Una cadena de acontecimientos imposibles de deshacer, se enredan en el tiempo y se entrelazan en busca de la felicidad.

En el futuro existe un ojo capaz de mostrarnos el otro lado, reflejado por aquellos que antes estuvieron ahí y nos invitan a cruzar las fronteras en busca de la paz.

Andrea Viveca Sanz

Se reflejan en esta historia: “El rapto”, de Miriam Molero; “Falcó”, de Arturo Pérez Reverte; “La locura de Onelli”, de Leopoldo Brizuela; y “Operación Esmeralda”, de María Correa Luna.

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