Historias Reflejadas
“Cruces de amor”
Cruces de amor
Hay una exquisita convergencia de hechos casuales que se enredan en los laberintos de la vida.
Allá abajo, en los túneles del silencio, aparece abrupto el atajo que produce una ruptura en nuestro tiempo.
Sobre un margen de la existencia, es posible encontrar los vestigios de un amor negado, convertido en páginas amarillentas de dolor y de olvido.
Marcas invisibles cargadas de sentido convierten en eternas las cosas que ya fueron destruidas, incapaces de permanecer en la quietud de un retrato en el que los deseos se congelaron cómplices sobre un papel, mudo testigo de sentimientos callados.
Existe un surco en el que alguien enterró su culpa y siguió su camino, mientras en la oscuridad de un minuto colgaba tiesa la angustia de otro.
Cruces y ramificaciones en los senderos vitales, encuentros posibles que son desencuentros, miradas engañosas que precipitan en locura, forman parte de una trama diversa, cuyos hilos tejen el futuro de aquellos que juegan.
Sin embargo, en una bifurcación del destino, es el amor el que direcciona los pasos de quienes, de una manera u otra, estaban destinados a encontrarse.
Andrea Viveca Sanz
Se reflejan en esta historia los siguientes cuentos: “Amor ciego”, del libro “Amor ciego y otros cuentos” de Florencia Ghio; “El prometido”, de Gloria Casañas; “Bella y lisonjera” y “Las cartas de Anetta”, del libro “Arroyo de cenizas” de Sara Bonfante; y “Caballos”, de Marcelo Birmajer, y “Manuscrito hallado en un bolsillo”, de Julio Cortázar, ambos del libro “Cuentos de encuentros y desencuentros amorosos”
Historias Reflejadas
“Márgenes”

Márgenes
Caminaban a ambos lados de las palabras, sobre márgenes de silencio. Como sombras, atravesaban las líneas difusas y se perdían en la noche del olvido.
Sus destinos estaban atados, un nudo al lado de otro, una cadena de acontecimientos necesarios para cada desenlace.
Sobre el suelo descansaban los fantasmas, que se enredaban en el cuerpo de los caminantes. Desde allí, sus voces se elevaban para reclamar aquello que les pertenecía.
Caminaban sin palabras, como sombras desprovistas de un nombre, arrastrando las penas que los definían, tan sólo para no morir en otra muerte, cercana a sus márgenes de silencio.
Andrea Viveca Sanz
Se reflejan en esta historia las siguientes novelas: “Nudos”, de Patricia Ratto; “Eisejuaz”, de Sara Gallardo, “Cometierra”, de Dolores Reyes; y “Las noches de Flores”; de César Aira.
Historias Reflejadas
“Despertar historias”

Despertar historias
Avanzaban en silencio sobre los límites de un sueño, justo donde las alas de la noche despertaban los mitos y las leyendas.
El camino era estrecho, sus curvas escondían secretos. Si uno estaba atento, podía escuchar voces viejas, como si flotaran en el aire del tiempo y convocaran a un pasado dormido.
Recorrían las palabras del viento y del río, sus pies enredados en las ciénagas del miedo, las voces desplazándose con ellos, y el río que callaba hasta secarse de palabras, para volverse de repente un grito en el paisaje.
Con las primeras luces, sobre la línea que separaba el día de la noche, un gran ojo espiaba el mundo nuevo y ya nadie se atrevía a avanzar, como si se hubieran convertido en piedras.
Había algunos secretos que nadaban en un estanque, guardados en la boca de unos extraños cisnes. Otros rodaban en un huevo a punto de quebrar su cáscara blanda para levantar vuelo sobre los sueños. Todo era confuso en ese universo sin relojes.
Avanzaban y retrocedían. Espiaban y eran espiados. La verdad crecía y esperaba. Sobre la delgada línea de la noche y tras un largo bostezo, cada día se desperezaba con un puñado de historias entre sus bordes.
Andrea Viveca Sanz
Se reflejan en esta historia los siguientes textos: “El ojo de Balor”, de Olga Drennen con ilustraciones de Matías Daviron; “Tres cisnes bajo la luna”, de Norma Huidobro con ilustraciones de Gonzalo Kenny; “El último dragón”, de Jaquelina Romero con ilustraciones de Laura Aguerrebehere; y “Cuento que suena a río”, de Patricia Lobos con ilustraciones de Cecilia Molinuevo.
Historias Reflejadas
“La línea de la imaginación”

La línea de la imaginación
Caminaban por una línea misteriosa. Más allá, la vida se abría como un abanico donde todo era posible.
Al otro lado del horizonte había que ponerse los ojos de “ver”, porque sólo así se percibían los detalles que revelaban los secretos.
La música ascendía por los bordes de las cosas, habitaba los espacios, crecía y alargaba las sensaciones, los aromas se enredaban con las palabras, las palabras emitían sonidos, las letras rodaban sobre los objetos y justo, cuando nadie podía imaginarlo, una cuchara tomaba vida y se preparaba para revolver muchas historias, sobre todo las que flotaban al otro lado de la misteriosa línea del horizonte.
Andrea Viveca Sanz
Se reflejan en esta historia los siguientes textos literarios: “Horizonte”, de Carolina Celas; “Esa cuchara”, de Sandra Siemens con ilustraciones de Bea Lozano; “Donde vive la música”, de María Luz Malamud con ilustraciones de Nadia Romero Marchesini; y “Ojos de mirar y ver”, de Didi Grau con ilustraciones de Paula Adamo.
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