Historias reflejadas: “Semillas de amor”

Semillas de amor

No había distancia posible cuando el amor se filtraba entre las almas de dos seres, a veces tan distintos, otras tan etéreos. A través del espejo en el que ella se miraba, asomaban apenas las delicias de un encuentro, extraño e inevitable.

El pasado se colaba en el presente y creaba vínculos. Semillas plantadas alguna vez, germinaban ahora curando heridas que habían sangrado durante mucho tiempo.

Las diferencias no existían entre aquellos que habían sido tocados por los brotes de la pasión que, guardada en un germen lejano, se perdía en las vueltas del tiempo para despertar en el momento oportuno.

Sin embargo, a veces sucedía el desencuentro obligado, el desarraigo fatal de culturas o guerras que las circunstancias de la vida se encargaban después de reparar.

Voces distantes la llamaron para completar sus sueños truncos, a terminar lo que otros dejaron inconcluso, a sanar tantos dolores olvidados.

No existían las fronteras cuando dos mundos opuestos intentaban unirse en el amor.

Se introdujo en la inmensidad del paisaje que la llamaba y fue parte de su memoria. Buscó las huellas que el destino había dejado. Ahora eran un mensaje grabado bajo sus pies. Tomó entre sus manos la semilla que daría vida a aquella historia enterrada. Después caminó decidida, como nunca antes lo había hecho, al encuentro inevitable de ese ser que la había estado esperando desde siempre.

Andrea Viveca Sanz

Se reflejan en esta historia: “Tierra India” de Susana Biset, “Adorado John” de Cristina Loza, “Al otro lado del océano” de Ana Moglia, y “Tierra de fugitivos” de mariana Guarinoni.

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