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Historias Reflejadas

Historias reflejadas: “Semillas de amor”

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Semillas de amor

No había distancia posible cuando el amor se filtraba entre las almas de dos seres, a veces tan distintos, otras tan etéreos. A través del espejo en el que ella se miraba, asomaban apenas las delicias de un encuentro, extraño e inevitable.

El pasado se colaba en el presente y creaba vínculos. Semillas plantadas alguna vez, germinaban ahora curando heridas que habían sangrado durante mucho tiempo.

Las diferencias no existían entre aquellos que habían sido tocados por los brotes de la pasión que, guardada en un germen lejano, se perdía en las vueltas del tiempo para despertar en el momento oportuno.

Sin embargo, a veces sucedía el desencuentro obligado, el desarraigo fatal de culturas o guerras que las circunstancias de la vida se encargaban después de reparar.

Voces distantes la llamaron para completar sus sueños truncos, a terminar lo que otros dejaron inconcluso, a sanar tantos dolores olvidados.

No existían las fronteras cuando dos mundos opuestos intentaban unirse en el amor.

Se introdujo en la inmensidad del paisaje que la llamaba y fue parte de su memoria. Buscó las huellas que el destino había dejado. Ahora eran un mensaje grabado bajo sus pies. Tomó entre sus manos la semilla que daría vida a aquella historia enterrada. Después caminó decidida, como nunca antes lo había hecho, al encuentro inevitable de ese ser que la había estado esperando desde siempre.

Andrea Viveca Sanz

Se reflejan en esta historia: “Tierra India” de Susana Biset, “Adorado John” de Cristina Loza, “Al otro lado del océano” de Ana Moglia, y “Tierra de fugitivos” de mariana Guarinoni.

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“Sombras”

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Sombras

Alguien apaga la luz. La calle se contrae, un manto oscuro cubre el laberinto de voces. Ruedan palabras sin sentido, desnudas. En cada esquina, la vida recortada, un pedazo de tiempo troquelado. Aun así, en esa bruma donde no se llega a ver, en el territorio de la muerte, algo permanece y se multiplica. Piel adentro, el cuerpo recuerda. Claro que recuerda; una vez, muchas veces, se abren memorias antiguas, despellejándose sobre las veredas, justo cuando los fantasmas sobrevuelan los espacios vacíos. Son vampiros sedientos en la noche, clavan sus dientes en el hueco. Lo abren. Las heridas vuelven a sangrar. Todo es silencio en los gritos, lenta esclavitud sin palabras.

Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca)

Se reflejan en esta historia las siguientes novelas: “Nada que corte”, de Gloria Vaccarezza; “Dark”, de Edgardo Cozarinsky; “La sed”, de Marina Yuszczuk; y “Carne de cañón”, de Victoria Herrera.

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“Unidad”

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Unidad

Más allá del sol, una botella y un mensaje. Adentro viaja un grito. Y otro grito. Y otro más. Dan vueltas los deseos. Gira el planeta en anhelos compartidos. Todo el mundo es el Mundo. Las partes se separan, se buscan, se encuentran. En las diferencias se tocan. Las palabras saltan páginas imaginarias, recorren paisajes, construyen casas y más casas, como mundos propios apilados en la alfombra de los sueños, donde lo imposible se vuelve posible.

Más allá del sol nacen deseos de gigantes, laten dentro de una botella y recorren un planeta interminable, como si fuera una casa donde nadie se aburre.

Andrea Viveca Sanz
(@andreaviveca)

Se reflejan en esta historia los siguientes libros: “Más allá del sol”, de María Inés Balbín con ilustraciones de Bruno Fernández; “Una familia gigante”, de Daniela Feoli con ilustraciones de Paula Schenone; “La casa interminable”, de Martín Blasco y Mima Castro; y “La increíble familia de Camilo, el niño que se aburría”, de Felicitas Arrieta y Juan Chavetta.

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“Monstruos, los miedos”

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Monstruos, los miedos

Dan miedo los miedos,
se juntan en el cuerpo,
crecen.
Y tejen,       
no salen las palabras,
son monstruos escondidos.
Van y vienen.
Tejen luces y sombras,
llueven ojos,
más ojos,
más ojos, un mar.
Miran donde no se ve
un salto inconcluso,
             (¿La pulga?)
Sí.
Una boca que no muerde
                (¿El lobo?)
También.
¿Por qué?
Cada uno es como es,
sin monstruos a la vista,
libres, se destejen.

Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca)

Se reflejan en esta historia los siguientes textos: “El agua y el monstruo”, de María Rosa Pfeiffer con ilustraciones de Myriam Bahntje; “Érase una vez un lobo llamado Cereal”, de Alessandra Pontes Roscoe y Juan Chavetta; “El monstruo tejedor”, de Andrea Bravwrman con ilustraciones de Rodrigo Folgueira; y “La pulga despistada”, de Liliana Cinetto con ilustraciones de Damián Zain.

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Propietaria/Directora: Andrea Viveca Sanz
Domicilio Legal: 135 nº 1472 Dto 2, La Plata, Provincia de Buenos Aires
Registro DNDA Nº 2019-79370965 Edición Nº