Fernández Moreno: “Cualquier fragmento de la vida puede meterte en una cadena de asociaciones interesantes”

Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca) /
Edición: Walter Omar Buffarini //

Sus palabras corren por las veredas de la vida, avanzan por baldosas conocidas, se detienen para despertar aromas y sabores, atrapados en las costumbres. Sobre el vértigo de las letras, rueda un hilo de humor que atraviesa cada historia y la sujeta para transformarla.

Inés Fernández Moreno es portadora de una herencia de palabras, la escritura fluye por su sangre y se manifiesta en lo cotidiano. Es allí donde nacen sus historias cargadas de imágenes que, a menudo, resultan fragmentos de la vida de cualquiera de sus lectores.

En diálogo virtual con ContArte Cultura la escritora, hija y nieta de poetas, habla de sus obras y de sus vivencias en el camino de la literatura.

—Si pudieras elegir una palabra que resuma el significado de la escritura en tu vida, ¿cuál sería y por qué?
—¿Una sola? Pedirle eso a un escritor es difícil.  Pero intento algunas, las primeras que se me cruzan. Contradicción, porque se mezclan la angustia con el placer, la exaltación con el desánimo. Inevitabilidad (si no fuera una palabra tan larga y terminante), porque escribir parece que viene conmigo. Extrañamiento y libertad, porque se miran las cosas rompiendo la lógica habitual y deshaciéndose de ataduras. Revancha, porque la realidad es inamovible pero la escritura crea sus propios mundos. Sentido. Tal vez, sobre todo, sentido.

—¿Qué fragmentos cotidianos te sirven habitualmente como gérmenes de un cuento?
—Palabras escuchadas al pasar, escenas entrevistas o de las que soy testigo, gente extraña en el barrio o los colectivos, perros perdidos, la aparición de un hormiguero o de un objeto que creías perdido… en fin, cualquier fragmento de la vida y las experiencias diarias puede revelar, de golpe, un aspecto inesperado o meterte en una cadena de asociaciones interesantes.

—¿Cuáles son las temáticas que más te seducen a la hora de crear una historia de ficción?
—Creo que van por el lado de las historias cercanas, pequeñas, pero que nos enfrentan a la imposible taxonomía de nuestras limitaciones y angustias. Las rarezas, las curiosidades, lo ridículo, me interesan sobre todo porque meten más a fondo el dedo en la llaga.

—¿Qué no puede faltar en tu mesa creativa?
—Uh, siempre me falta de todo. Una birome que funcione bien, un libro que quería consultar pero que no está a mano, una impresora menos caprichosa que la mía… lo único imprescindible y que no me puede fallar es mi mac.

—¿De qué manera se manifiestan tus personajes?
—Donde más crecen y viven los personajes es en las novelas. Allí se manifiestan mucho a través de su forma de hablar, de las cosas que hacen o dejan de hacer y, a veces, de las iniciativas que toman por su propia cuenta. En los cuentos los personajes hablan menos, son más funcionales a una idea.

—¿Cómo llegaste a tu primera novela “La última vez que maté a mi madre”?
—Me tocó en suerte una madre bastante singular, por decir un solo adjetivo, con la que tuve una relación difícil. Tan difícil como productiva desde lo literario. Los sufrimientos de infancia rinden. Y esa madre me daba letra todo el tiempo, era un personaje para ser contado.

—A esa novela la siguieron otras como “La profesora de español” y ” El cielo no existe”. Mirando hacia atrás, ¿creés que hay elementos comunes que podrían entrelazar a todas tus obras?
—Sí, a estas novelas las entrelaza lo biográfico. Creo que están más atadas a etapas determinadas de mi vida que mis cuentos. De todas maneras, sabemos que lo biográfico es en parte una invención, el recorte arbitrario y personal que uno hace de su propia vida.  Y en una novela no es más que la vía sobre la que discurre lo literario con todos sus recursos, de manera que igualmente se crea un mundo ficticio. También tienen en común, sobre todo mis novelas, una voz, una mirada, un humor.

—”No te quiero más”, publicada en 2019, es una obra que tiene mucho de autobiográfico, contanos de qué manera nació esa historia y qué pasos tuviste que dar para llegar a ficcionarla.
—La novela está vinculada con mi padre. Con unas cartas a una mujer que aparecieron imprevistamente en un pueblito de Cataluña y que estaban en manos del Ayuntamiento. El asunto era muy intrigante y mi hermana y yo viajamos allí para enterarnos de qué se trataba.  Todo el episodio fue novelesco. Supe entonces que tarde o temprano aquello se convertiría en una novela.  Cuando le llegó el momento, empecé por una crónica bastante despojada de los hechos. Pero mi idea siempre fue partir de allí hacia una historia ficcional.  De manera que de a poco fui incluyendo personajes, situaciones y una intriga policial. También en este punto aquellos papeles me abrieron un camino. Porque entre las cartas de mi padre apareció una novela que le adjudicaban, pero que no era de él. Era muy mala.  Me encontré entonces con un autor desconocido y, por si esto fuera poco, en esa novelita se relataba un asesinato. ¿Qué más podía pedir? 

—La editorial Obloshka acaba de reeditar tu libro de cuentos “La vida en la cornisa”, ¿qué situaciones cotidianas te sirvieron para construir esas historias que “cuelgan” de una cornisa? ¿Hay algún otro hilo conductor que una esas historias?
—Esos cuentos, como fueron los primeros, surgieron de diversos estímulos: la infancia, la cotidianeidad, pero también cualquier otra idea, obsesión o historia ajena que se me cruzaba por el camino. Pero en todos pienso que hay -o quise que hubiera- algún vértigo. Algunos fueron resultado de ejercicios o de técnicas que yo probaba. Por ejemplo, leía los cuentos de Buzzati que me fascinaban y, en algún caso, intenté seguirle los pasos. Glosaba instrucciones absurdas de una revista. O el habla imposible de una cosmetóloga. También los une, pienso, la frescura, el entusiasmo (y los errores) de los primeros trabajos.

—¿En qué proyectos estás trabajando por éstos días?
—Creo que tengo un nuevo libro de cuentos.  Digo creo, porque voy trabajando, muy lentamente, dadas las dificultades de la pandemia sumadas a las propias.

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