
Literatura
Las argentinas Cabezón Cámara y Schweblin, finalistas del premio Booker Prize 2020
Las escritoras argentinas Gabriela Cabezón Cámara con su obra “The Adventures Of China Iron” y Samanta Schweblin con “Little Eyes” quedaron entre los 13 finalistas del premio International Booker Prize 2020 -el más prestigioso del mundo de los libros traducidos al inglés- junto a autores como el francés Michel Houellebecq por “Serotonina” y el españon Enrique Vila Matas por “Mac y su contratiempo”.
La llamada “longlist” o lista larga de nominados fue seleccionada entre 124 títulos presentados por los cinco miembros del jurado: el presidente Ted Hodgkinson, del Southbank Centre de Londres; Lucie Campos, directora de Villa Gillet -el centro de escritura internacional de Francia-; la traductora y escritora ganadora del Premio Internacional Man Booker Jennifer Croft; y los autores Valeria Luiselli y Jeet Thayil.
La obra de Schweblin, que en la Argentina publicó el sello Penguin Random House como “Kentukis”, ya había sido seleccionada por el diario The New York Times en su versión en español como uno de los diez mejores títulos de ficción de 2018, algo similar a lo que había ocurrido un año antes con la novela de Cabezón Cámara, que publicó la misma editorial con el título de “Las aventuras de la China Iron”.
“Kentukis” narra la compleja relación que tenemos con la tecnología, renovando la noción del vouyerismo y exponiendo al lector a los límites del prejuicio, el cuidado de los otros, la intimidad, el deseo y las buenas intenciones.
Schweblin ha sido incluida en la lista por tercera vez después de haber sido incluida en la lista de “Mouthful of Birds” (“Pájaros en la boca”) y preseleccionada para Fever Dream (“Distancia de rescate”).
En su obra, Gabriela Cabezón Cámara resignifica el universo de la gauchesca a través de la historia de una joven que huye de la crueldad de Fierro -el célebre personaje creado por José Hernández- quien la ganó en un partido de truco y con quien tuvo dos hijos con tan solo catorce años, pero al conocer a otra mujer descubre un mundo ideal bajo el cobijo de las tolderías.
La autora derriba estereotipos dando libertad al lenguaje que crece y se reafirma desde lo poético, y construye un personaje femenino que, a diferencia del gaucho desertor, realiza un viaje iniciático que le permite construir su identidad; descubrir sabores, texturas y el placer de lo sexual junto a Elizabeth, una escocesa que deambula por el desierto en una carreta buscando a su marido que ha sido llevado por la leva.
El International Booker Prize 2020 se otorga cada año por un libro que se traduce al inglés y se publica en el Reino Unido o Irlanda. Su objetivo es fomentar más publicaciones y lecturas de ficción de calidad de todo el mundo y promover el trabajo de los traductores.
La lista final de seleccionados se anunciará el 2 de abril y el ganador el 19 de mayo. La ganadora del año pasado fue Cuerpos celestes de Jokha Alharthi, traducida por Marilyn Booth.
Los premios Booker están patrocinados por Crankstart, la fundación caritativa de Sir Michael Moritz y su esposa, Harriet Heyman.

Literatura
Se celebra en la Argentina el Día del Lector

Cada 24 de agosto, Argentina conmemora el Día del Lector para recordar el nacimiento de Jorge Luis Borges. Esta fecha se convierte en una ocasión para pensar en la relación que existe entre la lectura, la creatividad y el desarrollo tecnológico. Borges, con su mundo de laberintos, espejos y bibliotecas sin fin, logró prever discusiones que hoy en día se presentan en el ámbito digital y en la inteligencia artificial.
Su obra, que parecía dialogar con lo eterno, se vuelve sorprendentemente actual en un tiempo donde el conocimiento circula a velocidades inéditas y donde las nuevas generaciones tienen acceso a una biblioteca universal que él mismo soñó en sus relatos.
La celebración de esta fecha en Argentina no solo consiste en honrar al autor, sino que también se amplía en iniciativas culturales que intentan conectar a los jóvenes con la lectura. Bibliotecas, centros culturales y organizaciones realizan eventos, talleres y premiaciones que fomentan el amor por los libros, al mismo tiempo que ofrecen nuevas maneras de vivir la literatura.
En ciertos lugares, las obras de Borges se fusionan con música, danza y creaciones hechas con inteligencia artificial, evidenciando que la tradición y la novedad no son enfoques contradictorios, sino que se complementan entre sí.
Internet y la inteligencia artificial, en lugar de suplantar la lectura, pueden servir como herramientas para que los jóvenes exploren nuevas maneras de crear e imaginar.
Reflexionar sobre Borges hoy en día es considerar un vínculo entre el pasado y el futuro. Sus historias nos sugieren que la creatividad es la auténtica fuerza que transforma, y que el verdadero conocimiento no se limita a acumular información, sino que se enriquece al interpretarla y darle significado. Para las nuevas generaciones, el reto es adaptarse a la rapidez de la tecnología sin sacrificar la profundidad que ofrece la lectura, reconociendo que estos dos aspectos pueden coexistir y complementarse mutuamente.
El Día del Lector, entonces, no es solo un homenaje a Borges, sino una invitación a mirar hacia adelante, ya que, en tiempos de cambios vertiginosos, recordar su legado es recordar que el verdadero poder está en la capacidad de imaginar y dialogar: la lectura y la tecnología, juntas, pueden abrir caminos hacia un futuro más humano, más creativo y más libre.
El saber no es un objetivo por sí solo, sino un recurso para ampliar la conciencia y edificar un mundo donde la creatividad continúe siendo el impulso de la historia.
Textos para escuchar
El origen de la risa – Andrea Viveca Sanz

Andrea Viveca Sanz lee su texto El origen de la risa
Una tarde de lluvia, de marea alta, de peces lejanos, de espuma furiosa y vientos helados la luna fue testigo de un acontecimiento especial. Ella guardó entre sus cráteres el secreto que mucho tiempo después revelaría.
Un pez pequeño, de color amarillo intenso, logró ingresar al mundo de una ostra y ambos disfrutaron de ese encuentro casual. Tan contenta estaba la ostra que sus valvas se abrieron deseosas de emitir palabras. Lo que no fueron palabras fueron gestos y entre esos gestos se gestó la risa que con los días fue tomando forma de perla, brillante y nacarada.
Desde entonces, acunada por las aguas y escondida entre las rocas, la risa habita en un grupo de ostras perlíferas.
Fue así que se convirtió en la gran sanadora de los mares. Las ostras abrían sus bocas para mostrar su presencia. Había que estar atentos para verla y tomarla.
Cierto día, la risa quiso salir del agua. Un hombre, primitivo y sereno, la tomó prestada y la guardó en su boca. Desde ese momento anda escondida en los dientes humanos buscando aflorar.
Cuando los labios se abren para dejarla salir ocurre el milagro. Otras bocas imitan el gesto y todas dejan salir a la risa que todo lo cura, que todo lo perdona, que es sabia, fresca y eterna.
La risa se esconde en nuestras almas, se duerme en nuestras bocas, se hermana con las palabras y los gestos y, si nosotros la dejamos, fluye como una luz que todo lo ilumina.
Historias Reflejadas
“Memoria”


Memoria
Poso mis manos en el hueco, en ese espacio vacío donde anida el silencio. Escucho, percibo el latido de las palabras que ahora pronuncio, las dejo ascender por los bordes de mis dedos. Atraviesan mi piel, que las absorbe lentamente, como si aún estuvieran vivas y necesitaran contar lo que el hueco calla.
Escribo con el pulso de mi sangre, recupero el lenguaje olvidado, el instante quieto en la trama. Recupero las palabras que me pertenecen. Huelo cada letra, me pierdo en la música que sostienen y vibro con ellas en el espacio vacío, en los restos, los huesos sobre los huesos donde habita el silencio.
Escucho y escribo, como si los hilos de la memoria se entrelazaran para sostener el latido de las palabras.
Andrea Viveca Sanz
Se reflejan en esta historia los siguientes libros que rescatan la memoria de nuestra historia: “El azul de las abejas”, de Laura Alcoba; “El fin de la historia”, de Liliana Heker; “Aparecida”, de Marta Dillon; y “Todos éramos hijos”, de María Rosa Lojo.






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