
Literatura
Llega la tercera edición de la Semana del Libro
Con el objetivo de poner a la lectura y al libro infantil y juvenil en el centro de la escena, la Cámara Argentina del Libro impulsará el próximo lunes la tercera edición de la “Semana del Libro”, una acción cultural que invita a compartir libros y celebrar la bibliodiversidad del mapa editorial argentino, a través de recomendaciones de títulos, actividades virtuales y la convocatoria a visitar las librerías del barrio con niños y niñas para fortalecer el vínculo temprano.
Desde el lunes y hasta el domingo 6 de septiembre, la Semana del Libro celebrará en las redes sociales y con las librerías como aliadas su tercer año consecutivo en un contexto crítico para el sector editorial. “Todos los que componemos el mundo del libro necesitamos que se hable de libros”, dice sobre la iniciativa Betina Cositorto, directora de editorial Nazhira y consejera de la CAL en la comisión de Libro infantil y juvenil.
Esta edición busca dar protagonismo a las librerías, uno de los eslabones más afectados por las medidas sanitaria y claves en la difusión y promoción de los libros: “En esta semana queremos fortalecer las librerías de barrio, que las familias vayan con sus niñas y niños, hijes, a disfrutar y con consignas de lazo afectivo. Creemos que hay un vinculo amoroso que sostiene la lectura: el libro es un vehículo amoroso. No es lo mismo que una lectura en pantalla que no tiene esa posibilidad afectiva del objeto libro”.
De este modo, quienes visiten las librerías adheridas y nombren la “Semana del libro” o bien participen con consignas como sacarse una foto en el frente de la librería y etiquetarla en las redes, regalarle a la librería un dibujo o disfrazarse de algún personaje, recibirán un descuento del 10 por ciento.
Además, para acompañar la iniciativa, en la web editores.org.ar/semanadellibro se pueden encontrar cuadernillos para docentes de niveles inicial, primario y secundario, con gran cantidad y variedad de juegos y propuestas didácticas que incorporan la lectura y los libros de forma creativa, mientras que en el perfil de YouTube de la Cámara Argentina del Libro se podrá acceder a videos de autores, músicos, editores y mediadores culturales destinados a todo público.
Si bien, contextualiza Cositorto, el sector editorial orientado a libros infantiles y juveniles fue uno de los que “han sostenido algún nivel de ventas” durante la pandemia porque “muchas familias han elegido comprar libros y esto ha contribuido a que sigan difundiéndose, sin embargo también ha sido uno de los sectores más jaqueados por la digitalización no autorizada de libros”.
“Muchos mediadores culturales, docentes, bibliotecarios no conocen que el escaneado o la circulación de ese escaneado vulnera los derechos de autores y editores. Esto hace que las editoriales no cobren y no le puedan pagar a sus autores y no podamos seguir editando. En un momento donde está en jaque la industria porque en los últimos dos años ha bajado el 50 por ciento la producción de libros, la circulación de PDF sin autorización está jaqueando la posibilidad de producir nuevos libros y de sostener a las editoriales”, explica la editora.
De hecho, una de las iniciativas que estuvieron haciendo para dar a conocer esta problemática fue la campaña “Educar en la legalidad” para “concientizar que compartir archivos en PDF lo que hace es ir en contra de que podamos seguir produciendo libros. Hemos sentido el embate de que los libros que se usaban en las escuelas fueron pasados en PDF a las familias sin saber que eso es algo ilegal y vulnera la posibilidad de que sigamos haciendo libros”.
Por último, Cositorto destaca la “bibliodiversidad y riqueza” del sector LIJ en la Argentina, tras el auge “muy fuerte después de la crisis del 2001 de muchas editoriales infantiles” y señala que el país “es vanguardia en el mundo: tiene dos editoriales pequeñas con premios de los más reconocidos y autores como María Teresa Andruetto, Isol y Bianki con premios premios internacionales muy prestigiosos. Tenemos una calidad de editoriales, autores, ilustradores y libros que es única en América y por eso hay que cuidarla”.

Literatura
Gioconda Belli, Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances 2026

La escritora nicaragüense Gioconda Belli, de 77 años, ganó el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances 2026, uno de los principales reconocimientos literarios de América Latina, por una obra que el jurado destacó por su capacidad para unir la dimensión sensorial y la conciencia política con lo íntimo y lo colectivo.
La decisión fue anunciada en Guadalajara por Carmen Alemany, portavoz del jurado, que señaló que Belli es “una de las voces más poderosas entre los autores latinoamericanos contemporáneos”. La elección fue unánime y destacó una escritura de expresión directa y cotidiana que, según el acta, revitalizó la representación poética del cuerpo, el deseo y el goce femenino.
El jurado también resaltó que esas preocupaciones atraviesan sus novelas, memorias y ensayos, en una producción marcada por las grandes convulsiones políticas de Nicaragua y la región y que ha ejercido influencia sobre varias generaciones de escritores y lectores.
Autora de libros como “La mujer habitada” (1988), “El país de las mujeres” (2010) y “Las fiebres de la memoria” (2018), Belli recibió a lo largo de su carrera, entre otros reconocimientos, el Premio Casa de las Américas en 1978, el Hermann Kesten del PEN Alemán en 2018 y el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en 2023.
El galardón está dotado con 150.000 dólares y será entregado el próximo 28 de noviembre durante la inauguración de la 40ª edición de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL), que este año tendrá a Italia como país invitado de honor.
Tras conocer el fallo, Belli reivindicó el papel de la literatura frente al avance de la inteligencia artificial. Desde México, sostuvo que la escritura debe defender una manera diferente de mirar el mundo en una época marcada por las distracciones y la reducción de los tiempos de atención.
La autora, que vive exiliada en Madrid desde 2020, también vinculó su obra con la reivindicación del cuerpo femenino como una forma de resistencia frente al poder y la discriminación. Recordó que comenzó a escribir poesía como una celebración de su propio cuerpo y que descubrió luego el carácter subversivo de esa decisión.
Desde su creación, en 1991, el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances distinguió a escritores como Nicanor Parra, Fernando del Paso, Margo Glantz, Claudio Magris, Vila-Matas y Amin Maalouf.
Historias Reflejadas
“Los recuerdos de la muerte”

Los recuerdos de la muerte
Las manos de la muerte se abren paso entre los túneles de la vida, hilos enredados en la tierra ovillan una historia de contornos difusos.
Una sombra se alarga por encima de una tumba y pone fin a las palabras. Sin embargo, habla.
En la sequedad del pasado yacen los pedazos de aquello que fuimos, espectros que avanzan en la noche de los tiempos para hacerse visibles en otros cuerpos.
La oscura boca de un espejo exhala imágenes fantasmales, sentadas en una esquina de la existencia, que revelan secretos para reflejarlos.
Sólo la memoria extiende sus brazos y abarca la continuidad de los hechos, proyectados más allá, sobre los rincones en los que alguien se ha quedado descifrando su destino.
Una sensación extraña, como un recuerdo olvidado, se hace presente y se desvanece sobre una realidad que contiene la eternidad compartida.
No hay respuestas, las sombras avanzan y dominan el espacio para perpetuar en silencio una luz de lo que hemos sido.
Andrea Viveca Sanz
Se reflejan en esta historia los siguientes cuentos: “Alguien desordena estas rosas”, del libro “Ojos de perro azul” de Gabriel García Márquez; “En memoria de Paulina”, del libro “Historias fantásticas” de Adolfo Bioy Casares; “Déjà vu, o los reinos de la posición horizontal”, del libro “Una felicidad repulsiva” de Guillermo Martínez; y “El advenimiento”, del libro “El oro de los tigres” de Jorge Luis Borges.
Textos para escuchar
La Botella – Gabriela Romero

Gabriela Romero lee su cuento La Botella.
Créame que todavía hoy, ni estando en este lugar, puedo definir si lo que pasó aquella noche fue una maldición o si estaba predeterminado. Lo cierto es que mi cuñado Alfonso hizo una pregunta y el universo se las ingenió para responderle. Todo comenzó el 20 de noviembre de 1991 durante el festejo de los treinta y un años de mi hermana Sonia. Solo estábamos la familia. Los cinco hermanos: cuatro mujeres y un varón. Y nuestras respectivas parejas. Más nuestra madre, que quedó viuda joven. Más los tres hijos de Sonia, la que está allá; los dos de Mercedes, y la única nena que al momento tenía Silvana, la que recién se acercó; más los cuatro hijos de nuestro hermano José Arturo y los dos míos. Además de los padres de Alfonso, el marido de Sonia, estaban sus tres hermanos con las esposas y los seis hijos, resultantes de las tres parejas. En total éramos: 37. Muchísimos. Ya habíamos cenado y los chicos corrían por el jardín mientras los adultos conversábamos, algunos dentro del quincho y otros en la galería, o junto al bar que Sonia había armado a un costado de la pileta. Minutos antes de las doce de la noche Alfonso nos llamó para el brindis y nos dijo algo así:
— ¡Gente, vengan a brindar por mi esposa!
Él había ubicado las copas en la barra del bar y nos esperaba con una botella envuelta en una servilleta de tela blanca. Era evidente que alguna broma se traía entre manos porque intentaba ocultar la risa en su mueca ladeada. Lo amenazamos con tirarlo a la pileta si nos bañaba con el champán.
—No soy tan infantil —nos dijo Alfonso y agregó con una voz cavernosa —: ¿¡A ver a quién le toca!?
Entonces hizo presión y el corcho se elevó como un cohete, pero en vez de perderse entre las plantas del jardín o estrellarse lejos en el pasto cayó sobre tres de nosotras. En Sonia, en nuestra cuñada y en mí. Recuerdo nuestro griterío cuando nos golpeó el corcho y la pelea de los nenes por quién se quedaba con ese corcho maldito y también las risas de los otros a causa de nuestros gritos, y de la cara de Alfonso.
— ¿Qué pasó, cuñado? ¿Te salió el tiro por la culata? —le dijo mi hermano José Arturo riéndose.
Todos miramos a Alfonso. No se reía. Mantenía la botella en alto, inmóvil. Sonia caminó hasta él y le quitó la botella de las manos.
— ¡Las Viudas! —gritó—. ¡El champán se llama Las Viudas! —y antes de beber directamente del pico le dijo a su marido—: ¡A tu salud!
— ¡Alfonso, serás el primero en morir! —grité—.
Sí, eso le dije yo. Mi marido se indignó, para él no le es fácil vivir en una familia que tiene humor negro. A Alfonso le bajó la presión. Era de esos tipos que no se aguantan una broma, pero que viven cargando a los demás.
Murió a la semana. El 27 de noviembre de 1991.
Su muerte nos desgarró. Tan imprevista. Y él tan joven. Y tan joven mi hermana y tan chiquitos sus tres hijos. ¿Quién podría creer que se haría realidad lo que sucedió en el cumpleaños de Sonia? Cuando me avisaron creí que era una broma de mal gusto. Decile a Alfonso que se deje de joder, le dije al amigo que me llamó. Y le colgué. El teléfono sonó al instante. Se murió, Malena. Alfonso se murió. Entonces, se me vino a la mente mi sentencia. Serás el primero en morir. ¿Cómo miraría a sus padres?, me pregunté. Aunque después preferí culparlo, al final de cuentas el que había comenzado todo esto había sido él. En su velatorio recordamos lo ocurrido en el cumpleaños de Sonia. Ahora sigo yo, me dijo José Arturo al oído.
Él murió veinte años después, el 15 de julio de 2011.
Qué dolor. Pobre mi madre y mi cuñada y mis cuatro sobrinos. Y hoy estamos acá velando al marido de Mercedes. ¿Usted de dónde conocía a mi cuñado? Sabe, aquella noche mi hermana se encontraba a mi lado, pero a ella el corcho no la tocó. En eso el oráculo falló. Las Viudas. Me pregunto si tal vez aquello que decía mi esposo cuando era un niño, y que mis suegros contaban con tanta gracia, no fue una suerte de amuleto. ¿Un amuleto que lo protege de lo que está escrito o de lo que sucedió a partir de aquella noche? ¿Qué vas a ser cuando seas grande?, le preguntaban mis suegros divertidos con la respuesta que siempre les daba su hijo. Viudo, les respondía él.
Los recuerdos de la muerte






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