Magda Tagtachian presenta “Alma Armenia”, una novela de ficción que nació en sus propias raíces

Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca) /
Edición: Walter Omar Buffarini / Fotos: Alejandra López //

Viajar a través de nuestra biografía, internarnos en los meandros del paisaje, caminar sobre el tiempo para rescatar la memoria, regresar al punto de partida, oler el origen, convertirnos en voz sobre los silencios, soltar la pena y transformarla. Esa es la vida, tan solo un sendero de encuentros.

Magda Tagtachian buscó huellas en la geografía de su propio cuerpo, rastros de otros tiempos, aromas y sabores guardados en las capas de su piel, como hilos que arrastraron a las palabras, aquellas que sus ancestros habían callado y que ella pudo rescatar para convertirlas en una historia de amor.

En diálogo con ContArte Cultura, la periodista y escritora regresa sobre el pasado y presenta su última novela “Alma Armenia”, que acaba de publicar el sello Vera Romántica.

Si tuvieras que presentarte con algunas de las palabras que forman parte de “Alma Armenia”, ¿qué frase del libro sentís que forma parte de tu esencia, que constituye un renglón de tu biografía?
—“A este mundo vine a aprender, vine a renacer. Vine a transformar, vine a luchar, que siempre es amar. Alma encendida, por ti la vida”. Es un fragmento del poema que escribí para la contratapa de la novela. Me define. También define la historia de Alma Armenia.

Si existiera un paisaje que abarque la totalidad de esta novela, ¿cuál sería y por qué?
—Sin duda, el monasterio de Tatev, en el sur de Armenia. Un monasterio del siglo IX, en lo alto de una colina. Sus paredes ámbar de piedra contrastan con el verde intenso del valle y las montañas con picos nevados. Los acantilados serpentean el río Vorotan. Es un lugar mágico. Con una energía cargada de historia milenaria y de naturaleza. No abarca la totalidad de la novela, pero es mi paisaje favorito. Por eso situé aquí una escena clave para los protagonistas, Alma y Lucciano. El capítulo se llama Reconstrucción.

—¿Recordás en qué momento y en qué lugar comenzaste a desandar tu propia historia para dar vida a tu ficción?
—En mi primer viaje a Armenia, en 2016, hice un viaje en helicóptero hacia Artsaj, la república autoproclamada autónoma, con población de origen armenio y en conflicto con Azerbaiyán. Allí comenzó a tejerse la trama de esta novela en mi cabeza. En ese primer viaje. Después volví en 2018 y lo terminé de madurar.

—¿Cuál es la temática principal de esta novela y qué puntos en común tiene con tu primera novela “Nomeolvides Armenuhi”?
—La búsqueda del deseo y el origen es una constante en Alma. En ese desafío Alma debe reconstituirse. Ese es el punto en común con mi Nomeolvides Armenuhi. La identidad de mi abuela Armenuhi quiso ser eliminada tras sufrir ella y su familia el Genocidio Armenio, perpetrado por el Imperio Otomano, actual Turquía, por el cual masacraron un millón y medio de armenios. Este Genocido, el primero del Siglo XX, fue reconocido apenas por 30 países en el mundo. El pueblo armenio aún busca Reparación y Justicia. Mi abuela Armenuhi tuvo que reconstituirse sola, habiendo perdido todo y lejos del hogar y la familia. Tuvo que volver a nacer. Redefinirse. Propiciarse un camino feliz luego de haber sufrido opresión y violencia. Alma tiene muchos puntos en común con ella. En otro momento de la historia, contemporánea, tiene que enfrentarse a redefinirse ella misma. Sus raíces no son ajenas en ese proceso.

—¿Qué años caminan tus personajes en el calendario de sus vidas?
—Alma, Lucciano y Hrant, rondan entre los 35 y los 45 años, más o menos. 

—Hablando de ellos, ¿quiénes son los protagonistas de esta historia y qué palabra elegirías para definir a cada uno?
—Alma Parsehyan es periodista y trabaja en el diario Boston Times, en Boston (EEUU), como editora. Es americana, nacida en una familia de origen armenio en Watertown, Little Armenia, en Massachusetts. Alma nunca se detiene. Va en busca de su deseo. Si se cae se vuelve a levantar. La habitan los genes de la resiliencia. Como a sus ancestros. Lucciano Conti es su compañero fotógrafo del Boston Times. Vive atravesado por el mandato familiar. Debe pelear contra ese legado para acercarse a él mismo y a su felicidad. Librarse de sus ataduras. Cuando conoce a Alma su estructura tiembla. A ella le pasa lo mismo con él. Son espejo uno del otro. Desde ahí se interpelan, se aman, se desean, se pelean, se relacionan. Evolucionan. Hrant Torosyan es camarógrafo y corresponsal de guerra armenio. Tiene una fuerte convicción patriótica y está decidido a dar todo por defender su suelo. Alma se fascina con sus ideales tan puros como nobles. Debe decidir entre Lucciano y él, en medio de un conflicto geopolítico en Medio Oriente.

—¿Cómo lograste trazar, delinear y colorear con tu voz los diversos escenarios de “Alma Armenia”?
—Hice un viaje de introspección ante cada escena y durante todo el proceso de escritura. Como el actor que se concentra y se mete en los personajes, pasaba mucho tiempo encerrada y concentrada antes de sentarme en la máquina a escribir. Una vez que la escena estaba cargada o madura o lista o a punto en mi cabeza, corría a la máquina. Era una descarga. Una liberación.

—¿Por qué el título elegido para esta ficción?
Alma alude a todas las almas que se buscan. Que están atentas a esa búsqueda interior. A esa llama que da sentido a la vida. Armenia es porque lo centré en la historia del pueblo armenio, que es muy poco conocida masivamente. Pero podría reemplazarse por la historia de cualquier pueblo o personajes resilientes, que van en busca de su propio ser y esencia. Y como a la mayoría, los atraviesan las emociones y el amor.

—¿Cuáles fueron las emociones que afloraron en vos durante el proceso creativo de tu novela? ¿Pudiste desprenderte de la historia para comenzar otra?
—La novela me avivó un huracán de emociones que yo ya traía desde que escribí Nomeolvides Armenuhi. Con Alma Armenia esas emociones evolucionaron en otra historia, en este caso esta ficción político-romántica. La historia que siga a Alma Armenia responderá a esa evolución, casi como una necesidad fisiológica. Eso también es escribir.

—¿Qué sueños se concretaron a través de las palabras escritas y cuáles te gustaría dejar aquí, sobre este renglón en blanco, donde te invitamos soltarlos?
—Con Alma Armenia tuve mi bautismo de fuego como novelista. Porque Nomeolvides, si bien es una novela, es biográfica. Con Alma Armenia, al ser totalmente ficción, la trama que creé fue al servicio de lo que quería contar: los hechos históricos y contexto político real que atraviesa esta novela. Siento una enorme felicidad por haberlo logrado. Algo se destrabó dentro de mí. Ahora quiero seguir explorando en ese camino. Si uno se lo propone, el techo son la estrellas.

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