María Inés Falconi: “Me gustaría que no se pierda el gusto por las historias, sin importar en qué formato vengan”

Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca) /
Edición: Walter Omar Buffarini //

A veces es posible escapar de los mapas que nos contienen, atreverse a la aventura, romper las páginas de lo previsible, asumir los riegos y saltar por encima de nuestras geografías.

A veces es posible viajar en el tiempo, desorientarnos y dudar, reconocernos en la historia, mirarnos en su espejo y regresar con las piezas que faltan, partes de ese gran rompecabezas que es la vida y que hemos encontrado en algún rincón de la ficción.

María Inés Falconi es dramaturga y escritora, con sus letras ha creado mundos en los cuales muchos niños, niñas y jóvenes se han encontrado, tanto que algunas de sus sagas han llegado al cine, tanto que aún hoy muchos desean la continuación de sus historias, como si fuera allí, en ese espacio y en ese tiempo de ficción, donde todavía encuentran su reflejo.

En diálogo con ContaArte Cultura la autora vuelve la mirada sobre su obra y cuenta cómo nace y crece cada una de sus ficciones.

—A modo de juego de presentación vamos a entregarte un mapa imaginario, donde se encuentran perdidos los personajes de una nueva historia que te convoca, ¿cuáles son las primeras palabras que escuchás y ves emerger desde el fondo de ese mapa?
—¡Ay! ¡Qué pregunta difícil! Creo que el problema es el mapa. Por vicio profesional surgido del teatro, mis personajes nunca están en un espacio tan indefinido y el que los contiene es parte de la historia misma, así que en medio del mapa imaginario, me parece que están mudos.

—¿En qué momento comenzaste a transitar la ruta de la escritura?
—Comencé mientras era docente, como un juego hacia mis alumnos.

—¿De qué manera se gesta en tu interior un cuento o una historia que merece ser contada?
—Las historias suelen surgir de alguna situación que me llama la atención, una vivencia, un momento, algo que veo alrededor que me dan ganas de contar, de compartir. A veces la historia parte de la situación, otras de los personajes que la generaron, otras de los espacios u objetos.

—¿Cómo nace uno de tus personajes?
—No lo sé. Simplemente aparece.

—¿Qué es lo que más disfrutás escribir?
—Cada género tiene sus encantos: el cuento es genial porque es corto y se resuelve pronto; la novela porque da posibilidades infinitas de enredar historias y desenredarlas, desarrollar vínculos, profundizar en personajes; y el teatro porque es concreto, pura acción, personajes vivientes.

—Contanos cómo viviste el proceso creativo de tus sagas “Caídos del mapa” y de “Fin de semana en El Paraíso”.
—Fueron dos procesos distintos. Caídos del Mapa no nació como una saga sino como un libro individual, primera novela que escribía y primera vez que lo hacía para esa edad. Primero surgieron nuevas historias, después las empezaron a pedir los lectores. Fin de semana… fue planteada como saga desde el principio, por lo cual había que pensar personajes y situaciones que pudieran continuar en el tiempo. De todas maneras, en ambas, y otras sagas, nunca comienzo un nuevo libro hasta no tener la respuesta del anterior. Las sagas no se pueden imponer. Es el lector el que transforma un libro en una saga.

—¿Cuál ha sido el camino recorrido para dar vida a tu novela histórica “El secreto del tanque de agua”, a la que siguieron “París ida y vuelta” y “Tucumán era una fiesta” para conformar la trilogía?
—Bueno, en principio ya vamos por el quinto libro porque a estos tres se agrega Sopa inglesa y A Rosario sin escalas, que acaba de salir. Cuando escribí el primero, yo ya había redactado para antologías algunos cuentos históricos basados en anécdotas reales y, por supuesto, ficcionados para chicos. Propuse escribir una novela histórica (al momento creo que no existía aquí ese género en la literatura infantil) y dio la casualidad de que se estaba preparando una colección para el bicentenario, por lo que la editorial sugirió ubicarla en 1810. A partir de la excelente recepción del libro es que surgió el número dos, París ida y vuelta. Siempre pensé que eran libros que se leerían principalmente en la escuela, pero para mi sorpresa los chicos lo siguen por su propia cuenta. Cada libro corresponde a alguna efeméride o personaje, aunque los protagonistas centrales son siempre los mismos.

—Si mirás hacia atrás la totalidad de los libros que escribiste, ¿qué hilos invisibles creés que los unen?
—Realmente no lo sé. Tal vez sus personajes y las situaciones que atraviesan, que hace que los lectores se sientan identificados. También el humor.

—Si pudieras elegir una palabra que represente lo que significa el teatro en tu vida, ¿cuál sería y por qué?
—Teatro y vida es lo mismo. Inseparables, igual que la escritura.

—¿En qué proyectos estás trabajando por estos días?
—Terminando los tomos 5 y 6 de la historieta El caballero de la Mancha que hacemos con Cucho Cuño y publica Quipu. Es una adaptación para chicos, muy divertida, de El Quijote de la Mancha. También estoy empezando una obra de teatro para niños y pensando en la próxima novela, aún no del todo definida.

—Para terminar la entrevista, te invitamos a dejar un sueño escondido en ese mapa imaginario del principio.
—A mí me gustaría que las historias no se pierdan o, mejor dicho, que la humanidad no pierda el gusto por las historias, sin importar en qué formato vengan: libros, teatro, cine, soportes digitales, abuelas contando cuentos. Sería muy triste si creyéramos que podemos prescindir de ellas.

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