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Entrevistas

María Rosa Lojo: “Si hay un trasmundo será un espacio construido a partir de lo que hicimos en esta vida”

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Por Carlos Aletto (*)

En “Así nos trata la muerte”, María Rosa Lojo recrea historias de personajes enterrados en el Cementerio de la Recoleta como Lucio V. Mansilla, Mariquita Sánchez de Thompson, Camila O’Gorman o Dominguito Sarmiento, a través de un registro que se permite el experimento y se abre hacia lo sobrenatural, logrando volver verosímil lo increíble.

“El más allá es una instancia de revelación, de enfrentamiento a veces muy doloroso y desagradable con la propia verdad. O una oportunidad de aprendizaje”, dice la escritora y crítica.

En los relatos publicados por Alfaguara hay muertos que resucitan más jóvenes (o no) en otro lado del mundo o en otro tiempo, fantasmas que se materializan, y un universo paralelo donde se anula y se corrige una historia de exterminio.

“Así nos trata la muerte” es un largo recorrido histórico con variados personajes convocantes: escritores como Victoria Ocampo, Lucio y Eduarda Mansilla, Mariquita Sánchez de Thompson, o hijos de literatos y periodistas, que eligieron, cada uno a su modo, tomar las armas (Dominguito Sarmiento y Vicki Walsh).

(PH: Alejandra López)

Hay también un heroico jefe de bomberos (José María Calaza); un médico y músico (Polidoro Segers) testigo de la masacre del pueblo selk’nam; un playboy arruinado (Macoco Álzaga Unzué); una mujer que sostuvo hasta las últimas consecuencias su derecho a la libertad de amar (Camila O’Gorman).

Lojo tiene un largo entrenamiento tanto en la crítica literaria como en la ficción histórica. “Historias ocultas en la Recoleta”, “La princesa federal”, “Amores insólitos de nuestra historia”, “Las libres del sur”, “Una mujer de fin de siglo” son algunos libros entre decenas de títulos. “La crítica y la ficción me han habituado al conocimiento fino y a la imitación (re)creativa de otras voces”, señala la escritora.

En la narrativa utilizó siempre como recursos fecundos cartas, diarios personales y desde luego diálogos, donde pueden construirse de manera rica y fluida hechos y personajes. “El más allá es una instancia de revelación, de enfrentamiento (a veces muy doloroso y desagradable) con la propia verdad”, explica la autora en entrevista con la agencia de noticias Télam.

—¿Cuáles fueron tus fuentes para trabajar con los distintos relatos y personajes del libro?

—Obras de ficción, epistolares, biográficas, historiográficas, antropológicas, mitológicas, de crítica literaria, siempre guiada por una curiosidad omnívora y detectivesca. Pensando también en la curiosidad de quienes me lean, elaboré una bibliografía indicativa con los textos principales utilizados en cada cuento.

—¿La muerte puede considerarse la única justicia que trata a todos por igual?

—La “muerte igualadora” es un gran tópico de la literatura medieval, expresado en los versos de Jorge Manrique que cito en uno de los epígrafes. Hasta ahora, al menos, ningún ser humano pudo evadir el destino mortal, sin importar su clase social, su autoridad o su fama. Pero no es solo eso: las consecuencias de nuestros actos y deseos, nuestros temores y asignaturas pendientes, nos siguen, a todos, siempre. Si hay un trasmundo, como imagina el libro, no será un lugar ajeno y exterior, sino un espacio construido a partir de lo que fuimos e hicimos en esta vida. Recibiremos nuestra propia medicina: en eso la muerte va a tratarnos de manera igualitaria. ¿Y qué mejor posibilidad para poner en acto esta idea que la ficción: ese ámbito donde se ejerce, precisamente, la “justicia poética”?

—¿Cómo trabaja “Así los trata la muerte” la “hermandad” entre sueño y muerte?

—Ciertos relatos podrían ser soñados: en unos cuantos casos, los personajes han muerto durmiendo, o han ido perdiendo la conciencia bajo el efecto de calmantes. Algunos cuentos parecen construidos como un sueño dentro de otro (“Tu triunfo de ayer”, sobre Macoco), o surgir en la semivigilia de un agonizante: así, “Otros recuerdos de viaje”, donde la figura fantasmal de Eduarda Mansilla sería también la muerte que viene a buscar al historiador Kirkman. En “Nuevas cartas de mamá o El Cielo estaba en París”, focalizado en la perspectiva de Florencia Thompson, tal vez nos hallamos ante el delirio de una hija que procesa trabajosamente el duelo por su madre y cree seguir recibiendo sus cartas, ahora desde París. También podemos jugar con la idea de que todas las vidas son un sueño cuyo despertar se alcanza del otro lado de la muerte. Cuento tras cuento, sus protagonistas acceden a introspecciones que antes no tenían: “No vi ni pensé estas cosas cuando estaba en el mundo”, dice Camila. “Pero ahora las veo, tan claras como si se me hubiese descorrido un velo”. El más allá es una instancia de revelación, de enfrentamiento (a veces muy doloroso y desagradable) con la propia verdad. O una oportunidad de aprendizaje: “Algunos y algunas tienen que completar su educación aquí”, le advierte Fani a Victoria Ocampo, ahora invitada en la “ínsula” que gobierna su antigua ama de llaves. A diferencia del “Cielo” o “Infierno” de los catecismos, esta otra dimensión no es estática. Permite comprender, crecer, cambiar. Incluso arrepentirse del daño que se ha inferido, iniciar una (auto) redención.

—¿Por qué el territorio literario de la Recoleta?

—El primero en definir la Recoleta como patrimonio literario es Sarmiento cuando, en su meditación sobre el “Día de los muertos”, habla de las “novelas tiernas” y “tragedias pavorosas” ocultas bajo las lápidas de cada sepulcro. Esa cita es el epígrafe general de un libro mío anterior: “Historias ocultas en la Recoleta” (2000, con Roberto Elissalde en la investigación histórica). Veinte años después, tomo otra cita de ese mismo texto sarmientino, en la que se define al cementerio como “la patria con cuerpo y alma, la patria del mañana”, cuyos habitantes serán “juzgados por la Historia”. Sarmiento comprende desde el inicio la potencialidad narrativa y el carácter emblemático y simbólico de este espacio: un verdadero palimpsesto de los relatos de la nación, cifrados en los nombres inscriptos allí.

—¿Se puede considerar el humor como un contrapunto con la tragedia?

—Es un balance necesario y hay bastante humor en este libro. Muchos personajes terminan tomándose menos en serio: se ven ridículos y falibles, se desacartonan. También son cuestionados por otros con los que dialogan. Todo es parte de su proceso de reconocimiento de sí. En casos como el de Macoco, las situaciones humorísticas y grotescas son imprescindibles para su “expiación”.

María Rosa Lojo (PH: Alejandra López)

—¿Hay una reconstrucción de una “biblioteca” personal, de lecturas en estas historias?

—Desde luego: Victoria Ocampo, Lucio y Eduarda Mansilla, Sarmiento, Mariquita Sánchez, forman parte imprescindible de mis referentes literarios argentinos; los cuatro primeros fueron personajes de otras ficciones mías. Hay deudas inmediatas explícitas en el prólogo, que hacen a la propuesta del libro, como los “Diálogos de los muertos”, de Luciano de Samósata, o la obra teatral “Os vellos non deben namorarse”, del gallego Castelao. Y otras implícitas: sin duda resuena por ahí la escenografía infernal de “Adán Buenosayres”; creo que el cuento más “cacodélfico” es “El rey del fuego”. En todo el trasfondo se cruzan filosofías y poéticas: de Blake a Goethe, de Swedenborg a Calderón de la Barca. Y lecturas sobre mitos, chamanes y pueblos originarios. El más allá y sus paradojas me interesan desde siempre; por eso escribí “Historias del Cielo” (2010) incluido en la compilación de microficciones líricas “Bosque de ojos”.

—¿Qué podrías decir del diálogo entre muertos de distintas épocas y la descripción del otro mundo…? ¿Y lo contrafáctico?

—La escena del otro mundo tiene distintas modalidades. A veces se trata de ámbitos parecidos a los que estos personajes ocuparon en algún momento de su existencia terrenal (el cuarto donde Camila le escribe cartas a la monja medieval Eloísa; la casa del Tigre en “Huérfanos”); otras veces viajan a lugares que transitaron en el pasado pero modificados por un futuro que excedió el término de sus vidas (cuando Lucio V. Mansilla vuelve a Buenos Aires o Eduarda regresa a Washington); en ocasiones son sitios, para ellos desconocidos, de la geografía contemporánea (“Nuevas cartas de mamá”), o parodias de algún infierno (“El rey del fuego”). Siempre sorprenden y desconciertan a quienes llegan. En cuanto a los diálogos entre figuras de distintos tiempos, se deben a sus afinidades profundas más allá de las diferencias (la dramática apuesta por la libertad de Camila y de Eloísa; los destinos similares de los protagonistas de “Huérfanos” y su relación con sus conspicuos padres). A veces es el contraste lo que los une: Calaza, servidor público, se ha consagrado a apagar incendios y el megalómano Nerón (a quien va a interrogar al Infierno) presuntamente a provocarlos.

(*) Agencia de noticias Telam.

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Gabriela Margall: “Necesitaba una vuelta a mis raíces y ahí estaban los libros esperando”

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Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca) /
Edición: Walter Omar Buffarini //

El fuego arrasa, incendia los nombres. Es la guerra sobre el amor, que resiste y se deja abrazar por las llamas. Hay una revolución en los cuerpos, una intuición de libertad, como si adentro y afuera se encontraran en una misma batalla.

Y es que los combates se dan primero en los cuerpos, en las ideas capaces de encender otras chispas y alimentar otras llamas.

Tres mujeres, tres historias atravesadas por el fuego y por la guerra. Tres deseos de libertad encerrados en aquello que no puede nombrarse, pero igual crece.

La trilogía de Gabriela Margall, que incluye sus novelas “Si encuentro tu nombre en el fuego”, “Con solo nombrarte” y “La viajera del sur” y fue publicada por Del Fondo Editorial, recorre los tiempos de las invasiones inglesas y de las guerras napoleónicas para sumergir a los lectores en tres historias de amor capaces de resistir cualquier batalla.

ContArte Cultura charló con la autora e historiadora para acercarnos al proceso de escritura de esta saga, cuyas protagonistas seguramente serán capaces de trascender las páginas que las contienen a través de cada lectura.

—La guerra y la libertad son dos temas que atraviesan tu trilogía. Entre las páginas se desatan revoluciones históricas pero también las personales. Vamos a detenernos ahí. Para comenzar esta charla y a modo de presentación, hagamos foco en esos movimientos personales que te llevaron a escribir a las protagonistas femeninas de estas novelas. Si pudieras elegir dos cosas de esas mujeres en las que te veas reflejada, ¿cuáles serían?

—No siempre construyo personajes porque me reflejo en ellos. Si hago una historia de las protagonistas, probablemente no haya muchas características similares. De hecho, me gusta trabajar con personajes y elementos que no tienen que ver conmigo, porque lo que me interesa es la reconstrucción de un período histórico y qué ocurría con los seres humanos dentro de ese tiempo. 

—Como todo tiene un comienzo y un final que suelen tocarse, nos gustaría llegar a ese punto de contacto: ¿Qué fue lo que te movilizó para escribir aquella primera novela “Si encuentro tu nombre en el fuego” y luego de tantos años llegar a la escritura de “La viajera del sur” para cerrar la historia de la familia Torres?

—Como decía antes, lo que me gusta es la reconstrucción de un período histórico. El fin del Virreinato del Río de la Plato, las Invasiones Inglesas, la Revolución de Mayo y la guerra por la independencia de España, son períodos que están muy estudiados en la historia argentina. Tenemos mucha información, incluso sobre la actuación de las mujeres y otros sectores subalternos. Escribir esa historia, incluso desde la ficción, es una de mis cosas favoritas.

—En ese lapso de tiempo entre una y otra obra escribiste “Con solo nombrarte”, una novela ambientada en los escenarios de la segunda invasión inglesa a Buenos Aires. ¿Cómo fue el proceso de reconstruir aquellos días y de darle continuidad a tu primera historia?

Si encuentro tu nombre en el fuego y Con solo nombrarte fueron concebidas juntas. Las dos salieron para los bicentenarios de la primera y segunda invasión inglesa y por eso nunca existió la urgencia de continuar la historia. Y tampoco hubo urgencia después, sino que fue un proceso de cambio y continuidad que se dio con los años. Necesitaba una vuelta a mis raíces y ahí estaban los libros esperando.

—Si hay un punto en común en esta trilogía es la presencia de mujeres fuertes, que se atreven a todo, algo que no era común en esos tiempos, ¿de qué manera trabajaste para darle vida a cada una de tus protagonistas?

—En las tres protagonistas lo que busqué fue “ir un poco más allá”. Las tres, Paula, Jimena, Julieta, tienen una base histórica, podemos establecer que sí, que algunas mujeres hicieron lo que hacen ellas (con algunos límites). Lo que busqué en las novelas fue que eso que hacían (el acceso a libros y organización de reuniones, la participación en batallas y el comercio y actuación como espías) quedase bien definido y con algunas licencias. Pero todo tiene un anclaje en la realidad.

—Más allá de los vínculos de sangre que las unen, qué  te parece que podría representar a tus tres protagonistas: Paula, Jimena y Julieta.

—Están en el mismo punto de vista político, las tres son parte de ese grupo que va a liderar el proceso de revolución e independencia de España. A veces se considera que solo son hombres los que tenían ideas políticas, pero basta leer las cartas de Guadalupe Cuenca a Mariano Moreno para saber que ella tenía un conocimiento claro de la realidad política del momento.

—Y hablando de Julieta, ella es la que va a cruzar el océano para hacerse parte de otra guerra, ¿qué fue lo que más disfrutaste o padeciste al momento de “viajar” con ella hacia los tiempos napoleónicos.

—Mucho antes de que supiera qué historia iba a contar con Julieta, sabía que iba a ser una novela de viajes. Así que fue un proceso tranquilo.

—¿Cuál fue la batalla que más te costó escribir y por qué?

—La batalla por la Reconquista de Buenos Aires en Con solo nombrarte. Conocía bien la ciudad y las calles, pero las tropas de ambos bandos avanzaban y retrocedían, entraban en casas, había túneles, arroyos en la ciudad, no fue sencillo tener todo eso en la cabeza y traducirlo en una novela.

—Más allá de las guerras, cerca de ellas siempre late el amor, ¿de qué manera surgieron en vos las historias de amor de tus protagonistas?

—Siempre pienso en los protagonistas como una pareja, nacen así, y considero con atención qué es lo que los separa, porque es el centro de la novela, y cómo se va a resolver, si es que se resuelve.

—Con la trilogía completa, ¿qué sigue ahora en el universo Margall?

—Veremos. Hay varias cosas que tengo en mente y no me alcanza el tiempo para todas. La historia siempre está presente, aunque me gustaría probar con la épica fantástica.

—Para terminar, te invitamos a elegir tres telas o vestimentas que representen respectivamente a cada una de tus novelas.

Si encuentro tu nombre en el fuego: una mantilla de encaje.
Con solo nombrarte: un abanico.
La viajera del sur: un vestido verde oscuro.

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Verónica Sordelli: “Escribir fue la manera de leer mi vida”

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Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca) /
Edición: Walter Omar Buffarini //

Las huellas de sus pies desaparecen, se hunden en la arena como si nada hubiera existido, después de los deseos. Son partículas de tiempo disolviéndose, nada. Cada paso los acerca y los aleja. Son un espejismo de sus propias palabras. No basta con pronunciar sus nombres, el viento se los lleva, los arrastra al vacío, donde alguna vez existieron castillos de arena.

“Castillos de arena”, la última novela de Verónica Sordelli, cuenta una historia que se pierde en las arenas del desierto, en un escenario que muta para dejar en los lectores un viento de preguntas que, poco a poco, van revelando los otros desiertos, los que habitan en el interior de sus protagonistas.

En diálogo con ContArte Cultura, la autora cuenta acerca de su propia ruta en el camino de la escritura, especialmente de su última obra, donde invita al lector a viajar a través de sus palabras.

—La arena, su liviandad, esa convergencia de partículas en movimiento y la textura al pisarla suelen llevarnos a distintos escenarios donde nuestros pies han dejado sus marcas. En tu novela el desierto es un gran protagonista, es por eso que para comenzar nos gustaría detenernos en las sensaciones que la arena haya despertado en vos, en sus huellas, que de alguna manera puedan ayudar a presentarte.

—Soy de Necochea, la arena me acompaña desde mi infancia. Siempre fue la misma, soy yo la que con el paso de los años la fui viendo distinta, porque en cada etapa de mi vida despertó sensaciones diversas: una infancia construida de la misma manera que con la pala y los rastrillos se construyen los pozos esperando que desde su interior surja el mar. El asombro de no entender por qué sucedía y la alegría de que así fuera. Una adolescencia donde la arena representó los fogones con amigos, el primer beso de amor y tal vez la primera lágrima de desamor. Una adultez donde comencé a caminarla, y se la presenté a mis hijos y los ayudé a construir sus castillos y los escuché gritar de alegría y tuve que consolarlos cuando el mar, en cuestión de segundos, los desmoronaba. Miré muchas veces para atrás, no estaban solamente mis huellas, y lloré mucho despidiendo algunas que se fueron y agradecí recibiendo a aquellas que se sumaron. ¡Y si! ¡Así es la vida! Y como aquella niña siento el asombro de no saber porque sucede y la alegría de que así sea.

—Y en ese desplazamiento que significa viajar, vayamos a tus comienzos como escritora. ¿Recordás en qué momento de tu vida se despertó tu deseo de contar historias?

—Mi primera novela surgió de la necesidad de contar la historia de las playas de Quequén, una historia llena de naufragios, con uno de los hoteles más imponentes de Sudamérica. El momento exacto fue cuando una de las tantas mañanas que salí a trotar por la costa, sentí el privilegio de vivir en este maravilloso lugar. 

—Mirando hacia atrás, ¿qué hilos temáticos atraviesan todas tus obras?

—Escribir fue la manera de leer mi vida. En mis libros estoy. Entonces diría que el hilo rojo que une a mis novelas es la mujer. En algunos momentos de la historia, o de la cultura en la que vivió, no tuvo demasiado o ningún poder de decisión, en otros pudo hacerlo. Pero siempre luchó para ser fiel a sus pensamientos.

—Tu novela “Castillos de arena”, publicada por Del Fondo Editorial, es una historia de amor y de fusión de culturas, ¿cuál fue el disparador para su escritura?

—La importancia que tiene la religión en la cultura árabe y la maravillosa diferencia con el occidente me llevó a preguntarme: ¿Qué tenemos en común? Por encima de toda diferencia tenemos en común el amor. A partir de ahí comenzó la historia.

—¿Cómo viviste el proceso de cruzar el desierto para acercarte a una cultura tan diferente de la nuestra?

—Agradezco haber podido viajar en tres oportunidades a encontrarme con la cultura árabe. En cada una de ellas mi premisa fue no cuestionarla y respetarla. Fue lo que me ayudó a entender la importancia de los mandatos sociales y religiosos en sus vidas y como viven para cumplirlos. Fue también entender que somos distintos, ni mejores ni peores, solo distintos. Toda cultura se merece ser respetada, pero creo que para lograrlo hay que estudiarla, no desde los extremismos porque gente mala y buena hay en todas, sino desde la esencia del ser humano.

—¿Qué o quiénes te ayudaron a darle vida a Jayif, el protagonista de “Castillos de arena”?

—Jayif fue creado a partir del lugar que ocupaba en su cultura y con los mandatos que ella le imponía.

—Y si tuvieras que definir a Elena, tu otra protagonista, en una sola palabra, ¿cuál sería?

—Superación

—Al avanzar en la historia aparecen situaciones límite donde el dolor y la muerte envuelven a tus personajes, ¿qué fue lo que más te costó al momento de escribir esas escenas?

—Investigué y leí muchísimos testimonios. Lo más difícil fue aceptar que se trataba de situaciones reales.

—Un deseo sin spoilear… ¿hay vida después de la muerte?

—No lo sé, sólo puedo afirmar que la muerte es la no presencia física, pero siempre estaremos vivos en el recuerdo de aquellos que nos aman. Dicen que la vida es corta, pero también dicen que las cosas no valen por el tiempo que duran, sino por las huellas que dejan.

—Para terminar, ¿qué aroma creés que representaría a tus “Castillos de arena” y por qué?

—Mi preferido: el perfume que siento cuando abrazo a una persona que amo. Porque el amor sana y salva.

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Pablo Mariosa: “Mi carrera brinda muy buenas herramientas a la hora de construir personajes”

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Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca) /
Edición: Walter Omar Buffarini //

El tiempo se detiene. No hay adelante ni atrás. Se vuelve laberinto en las cosas cotidianas. Existe una distancia, un desdoblamiento de los cuerpos y de las mentes. Los pensamientos buscan la salida, se proyectan, como si no pudieran escapar de las garras de la muerte.

“La lista”, la última novela del psicólogo y escritor Pablo Mariosa editada por Del Fondo Editorial, es un thriller asfixiante en el que los protagonistas saltan de página en página para evitar ser alcanzados por la sombra de la muerte.

ContArte Cultura charló con el autor acerca de sus comienzos y del proceso creativo de esta historia, donde la acción y el suspenso mantienen a los lectores atrapados entre las palabras.

—Las listas suelen formar parte de nuestro día a día. Acontecimientos, objetos o asuntos pendientes se alistan en papeles, teléfonos o simplemente dentro de las cabezas. Para comenzar esta charla y a modo de juego de presentación, nos gustaría que armes una lista con cuatro cosas que te representen, sean colores, canciones, objetos o lo que surja, y que nos ayuden a conocer algo de vos.

—Mi lista sería esta:

  • Café y mate amargo todos los días
  • Escribir y leer siempre que hay tiempo y ganas
  • Caminatas al aire libre
  • Curiosidad ante todo

—Y a partir de ese listado vayamos a los comienzos: ¿Cómo y cuándo nace tu deseo o tu necesidad de escribir ficción?

—En mi adolescencia explotaron mis ganas de crear mundos y personajes, además de una voracidad como lector que pocas veces tuve en la adultez. Siempre me gustó que me cuenten historias, por lo que escribirlas surgió con naturalidad.

—“La lista”, tu última novela, es un laberinto en el que los personajes avanzan y retroceden en busca de una salida. ¿Cuál fue el disparador de este trhiller psicológico donde la muerte es protagonista?

—Tenía una imagen muy clara en mi mente. Es la que se ve en la portada del libro: un personaje conversa con una silueta oscura, siniestra, están en un bote bajo la luz de la luna, en medio de una laguna. Es bastante específico, no suelo tener imágenes tan precisas, pero esta vez ocurrió y fue el punto de partida para construir el conflicto narrativo y a cada personaje en función de lo que pasaría. Me encanta llevar a mis personajes a situaciones límite.

—Decíamos que la muerte es un personaje que late detrás de cada uno de los protagonistas. Contanos cuál fue el trabajo que realizaste para dar vida a esos personajes atrapados en las páginas de tu libro.

—Cuando construyo personajes, soy meticuloso, intento meterme en sus mentes y que actúen en base a sus emociones y pensamientos. En esta historia el protagonista siente que la muerte le dio una advertencia, le pisa los talones. Esto lo impulsa a hacer cosas que no haría en circunstancias convencionales. El estrés es extremo y arrastra al resto de los personajes.

—La mujer sin nombre es una especie de sombra que genera asfixia y suspenso. ¿Qué fue lo que más disfrutaste de su proceso creativo y qué es lo que más te costó a la hora de dejarla ser?

—Me encanta que esas sean las palabras asociadas a este particular personaje: asfixia y suspenso. Es lo que siente Faustino y, por lo tanto, quien lea su historia. Lograr movilizar a mis lectores es uno de mis mayores objetivos. Esta historia busca generar tensión, la expectativa de no saber qué pasará, aunque la sospecha sea que será trágico.

—¿Qué huellas te dejó la escritura del personaje Faustino?

—En gran parte de mis textos, tomo personajes que atraviesan crisis porque creo que son grandes motores para vivir nuevas historias. Esta vez me animé a elegir un protagonista que estaba bien anímicamente, exitoso en lo laboral y con una vida social y vínculos saludables, con problemas habituales, nada grave. Dejó huella el proceso de romper su equilibrio como personaje.

—¿En algún momento durante la escritura de “La lista” te sentiste atrapado en tu propio laberinto?

—Desde el comienzo supe cómo iba a terminar la historia para Faustino y Victoria, protagonistas. Sin embargo, con los personajes secundarios me pasó que terminaron involucrándose más de lo que esperaban con el conflicto narrativo. Pueden ser periféricos, pero terminaron siendo cruciales para que la historia esté llena de tensión y con giros inesperados.

—¿Cuánto de tu profesión de psicólogo influye en tus creaciones literarias?

—Me lo suelen preguntar y lo primero que hago es aclarar que escribo ficción, que mis personajes no están basados en casos clínicos. Lo que también reconozco es que mi carrera brinda muy buenas herramientas que pueden explotarse a la hora de construir personajes.

—¿En qué proyectos estás trabajando actualmente?

—Estoy escribiendo un nuevo thriller psicológico, espero terminarlo en estos meses. Va a ser mi tercera novela del género. La lista salió con Del FondoLucero, la novela anterior, con Ediciones Fey. Mi objetivo es relanzar Lucero, llegar cada vez a más lectores y, por supuesto, que quieran leer lo nuevo.

—Para terminar, si pudieras elegir una palabra que encierre el espíritu de tu novela, ¿cuál sería?

—Abismo.

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