

Entrevistas
María Teresa Andruetto: “A la hora de la escritura me interesa ponerme en cuestión”
Por Milena Heinrich (*)
En “Aldao”, María Teresa Andruetto construye una ficción que trabaja con la memoria, ese material de la experiencia vivida que la autora reivindica en su literatura y que aquí configura en un relato sobre los vínculos y el tiempo, donde se cruza la clandestinidad, la traición, la militancia, las instituciones psiquiátricas, la relación madre e hija, la vida en la marginalidad, la potencia de la solidaridad y la pandemia.
Como una composición de miradas, “Aldao” (Random House) pone en escena perspectivas que hacen puntadas intergeneracionales. Para Andruetto lo que llegan son las formas, voces a las que luego pule y escucha cuando están en ese momento donde sus vidas toman una dirección distinta, ese instante donde hay una desviación. Mientras escribe entra y sale de esas voces “como un actor que ensayara un personaje”, dice a la agencia de noticias Télam.
La literatura de Andruetto opera en la oralidad. “Es lo que más me interesa y es también lo más difícil de apresar, de volverlo verosímil, que en el habla el personaje se diga completo y siempre suene a él mismo, siempre suene como que estamos escuchando la voz de alguien. Por empezar la voz de alguien verdadero y, luego, la misma voz a lo largo de todo el relato”.
Hay en “Aldao”, título de la novela pero también territorio ficcional de otros libros como “Lengua madre”, un linaje de tres mujeres: la abuela Ilaria, la madre, la hija Diana. A la mayor, la tristeza de su infancia la marcó a fuego y aunque tuvo su oportunidad de mirar al futuro el dolor quedó estacado; la que habla en primera persona es estudiante y militante política de los 70, en la clandestinidad, dañada por la traición, que pare a su hija un día de calor imposible en una piecita de chapa; y la otra es Diana, pronta a ser madre ella también mientras se pregunta sobre su identidad y como una voz psíquica que le habla va narrando el lazo que une su historia familiar, la relación con su mamá o la ausencia del padre.
María Teresa Andruetto es cordobesa y estuvo de visita en Buenos Aires para presentar esta novela que escribió en pandemia. Promete que volverá pronto para la Feria del Libro, cuando espera presentar dos lanzamientos: una reedición de “La durmiente”, libro para infancias, y una autobiografía lectora en la colección “Lectores de Ampersand”. Pero en el año la esperan más novedades y proyectos entre cuentos, crónicas, ensayos, columnas en radio.
Este 2023 se cumplen tres décadas de la publicación de su primera novela “Tama”, que significó su inserción en el campo literario cuando ella estaba pronta a los 40 años, aunque escribía de muy joven. “Encuentro una diferencia entre escribir y ser escritor: ser escritor es poner la palabra privada en el espacio público, someterse a la observación y devolución de los otros y sostener esa palabra. Escribí mucho tiempo sin sentir esa necesidad y después, cuando la sentí, no logré publicar por muchos años. Todo eso me llevó los primeros 40 años de mi vida”, cuenta en un bar de hotel del microcentro porteño.
Después empezaron las publicaciones y no paró, cuenta, pero “a la vez mi relación más íntima con la escritura no cambió. Y la literatura me trajo muchas cosas: primero, la alegría de publicar, algo impensable y luego, no enseguida, pero al cabo de unos años, el crecimiento cada vez mayor de lectores, del tipo de lector del que siento orgullo, lectores consistentes, verdaderos”.
En “Aldao” el clima de época, el paradigma social, la mirada de género, la marginalidad, el silencio, las formas de vidas posibles, la soledad y la identidad social y colectiva se entretejen como capas que no se alinean en una cronología ni en un estilo sino que se superponen y se desvían, como un caleidoscopio. La novela puede ir de los ritmos de una pensión de una ciudad a partir de la mirada de la militante escondida en una de esas habitaciones gracias a la solidaridad y entrega del dueño del hotel, como también por el fluir de la psiquis de una mujer que revisa su historia.
—¿Qué forma hizo surgir esta novela?
—Percibo una frase que es verdadera, la siento dicha por una mujer. ¿Quién es esa mujer? ¿Qué edad tiene o en qué circunstancias vive? Empiezo a fabular en torno a eso y a tirar de esa voz para que cuente. Por supuesto que hay un alimento de cosas vistas, vividas, escuchadas, todo ese capital que tenemos los que escribimos. Cuando dejo unos días de escribir retomo lo que ya tengo diciéndolo en voz alta para ver si esa voz renace y la puedo sostener. Y luego después sucede que, de pronto, aparece la necesidad de decir algo que no lo puede decir ella, claro. Entonces ¿qué dice la hija? Y aparece otro modo de contar la hija acerca de sí, como si fuera la psiquis que habla consigo en una forma narrativa en tercera que la sigue y de pronto aparecen muchas voces, pero una se impone porque suena verdadera, no se por qué. Como dice Montale, no hay experiencia que capture el rayo pero quien vio la luz nunca lo olvida. Siempre hay algo de lo que los teatristas llaman el accidente: uno va en un sentido y de pronto aparece algo que hace que uno se desvíe hacia esa zona. Bueno aquí enseguida eso se emparenta con una mirada poética de Diana y quizá eso permite un contrapeso con la dureza de lo que se está contando. Se va armando algo que no estaba decidido en el principio pero sí responde un poco a mi manera que es ir buscando un equilibrio, compensaciones.
—¿Cómo se da ese equilibrio?
—Me gusta la mirada polifacética de los acontecimientos porque no estoy tan segura de los acontecimientos, no tengo una mirada monolítica. Cómo se ve esto si yo soy hija, si soy madre, si soy abuela, si soy pobre, si soy amiga. Cómo se ve esto en una época, una condición social, un sector de la clase media baja, o de la marginalidad. Eso me interesa porque me saca de la certeza, del fundamentalismo, de la escritura militante, me saca de todos esos lugares donde no quiero estar. He sido militante de muchas causas pero a la hora de la escritura me interesa ponerme en cuestión, discutir conmigo misma los lugares comunes y ver qué pasa con esas fisuras.
—¿Qué diferencia suponer narrar de hacer memoria? ¿Cómo se encuentran aquí?
—Una cosa que está en el sustrato de todo lo que escribo es una búsqueda de identidad individual y social al mismo tiempo. Son personajes que se están buscando a ellos mismos, a veces les va mejor, a veces peor. A través de ellos, estoy buscando una identidad social. Un modo de funcionar de un sector de la sociedad o de sectores de la sociedad, tratando de entender un poco más eso macro. Los personajes son caminos que me permiten acercarme a esa búsqueda: mientras ellos buscan su identidad yo a través de ellos voy buscando una identidad social.
—¿Y qué te fueron diciendo sobre esa identidad social?
—La complejidad que no es lisa y llana sino esas maneras de estar en sociedad. En esta novela hay un sector social que entra en la marginación o que la está rozando ya sea porque se volvió disidente ideológicamente políticamente o por cuestiones de género o por desgracias personales. En ese contexto encuentro solidaridad, rechazo, traiciones, desobediencias, búsquedas, lazos. Y miro ahí porque son zonas que conozco, de donde provengo: clase media baja en un pueblo. ¿Qué vi en esos lugares? Miseria, generosidades, luchas, sobre todo luchas de las mujeres, de distintas maneras, con recursos, con lo que se puede, con la inteligencia, con el cuerpo, con las manos, con los brazos… Mujeres que el deseo las atraviesa y eso es una flecha hacia el futuro y después está cómo el aire ofrece resistencia. Algunas pueden hacer que esa flecha dé en algún blanco y otras no.
—Con las historias de estas mujeres, sobre todo la militante política, se ve cuántas vidas caben en una ¿no?
—Eso me interesa mucho y de eso trata en realidad la ficción. Los momentos narrativos para un cuento son aquellos en los cuales una vida hace un codo y se desvía. Después hay tramos serenos, parejos y ante esos tramos ya cierra un texto y la vida sigue hasta el próximo desvío. En cada vida hay hitos, hay momentos más potentes que son claves, en los cuales nuestra vida podría haber seguido como siguió o tomado otros caminos y entonces todo se hubiera abierto a cosas muy distintas. Me interesa pensar en esos puntos claves.
—La vida en clandestinidad le permite a la mujer ver cómo se vive en los márgenes, ella misma está en una gran precariedad y aunque ve mucha miseria también aparece una presencia muy fuerte de la solidaridad.
—Como dice María Elena Walsh en la cigarra, una mano te rescatará para seguir cantando. Gente miserable, que traiciona gente, que se vuelve indiferente que tiene un callo en la sensibilidad, pero también ese otro que tiende la mano, que por nada ofrece luz. A veces hay más solidaridad que mezquindades y a veces al revés.
—¿Cómo entra Aldao en tus ficciones?
—Es un territorio imaginario, un alter locus de lo que podría ser un pueblo de llanura, en la provincia, donde crecí. Cuando empecé a escribir ficciones tomaba el noroeste argentino porque me había impactado mucho por la percepción de los latinoamericanos. Yo, que venía de la pampa gringa, de esos pueblos atravesados por la melancolía, con mucha influencia migratoria, me parecía que la zona de clase social geográfica de donde yo venía no era atractiva para la ficción y a medida que ha ido pasando el tiempo cada vez he encontrado que ahí estaba todo. En esa percepción de la vida temprana estaba toda la condición humana: el brillo, la miserabilidad, la lucha, la solidaridad, las distintas variantes de lo ideológico. Cada lugar donde uno vive, se cría o mira es como un Aleph, ahí hay está todo. Un ahí que es imaginario y ha quedado en mi memoria a través de lo vivido. De la experiencia vivida, de los colores, los olores, se instalan los personajes, se instala todo.
(*) Agencia de noticias Telam.

Entrevistas
Aguirre–Rodríguez: “El tango siempre estuvo como lengua principal en nosotros”

Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca) /
Edición: Walter Omar Buffarini //
Es un viaje dentro de otros, un movimiento sutil, la música desperezándose en gotas de rocío, notas evaporadas sobre las aves del campo, es el vuelo hacia el espacio urbano, un recorrido temporal. Es antes y después. Es ahora y siempre, una melodía que llega desde lejos, de otras patrias, del mismo viento que corre y desparrama en el lugar justo y en el instante oportuno.
“Del Buen Ayre”, el próximo espectáculo y disco del dúo platense Aguirre–Rodríguez es un viaje por el tiempo y por distintos espacios, una relectura en modo actual de la música rural bonaerense.
Contarte Cultura charló con sus integrantes, Cynthia Aguirre y Alejandro Rodríguez para que nos cuenten acerca de ese caminar que la canción propone.
—Porque los espacios y las cosas que forman parte de ellos suelen hablar de quienes los habitan, nos gustaría comenzar esta charla deteniéndonos en su lugar de trabajo, en el espacio creativo de su música y en los objetos que los rodean en este momento. Si pudieran elegir un rincón o un objeto, el que mejor los represente como dúo y nos cuente algo de ustedes, ¿Cuál sería?
—El lugar, nuestra casa, y el rincón nuestra sala, en la que se va gestando todo el resultado final de lo que hacemos como músicos. Creo que estos espacios hablan de nosotros y de nuestra manera de entender la realidad y el arte.
—Y desde ese espacio viajamos en el tiempo, ¿cómo y cuándo se encuentran Cynthia Aguirre y Alejandro Rodríguez en el camino de la música para dar comienzo al dúo Aguirre–Rodríguez?
—Nos encontramos en la escuela de arte de la ciudad de Berisso, hace muchísimos años, en situación de alumna y profesor, pero rápidamente comenzamos a compartir producciones por fuera de la escuela. Con los años volvimos a encontrarnos, ya específicamente en el terreno del tango con la orquesta Los inmigrantes en el año 2005. Cuando el tiempo de la orquesta se terminó, continuamos en dúo.


—¿Cómo fueron esos comienzos?
—Fue un muy hermoso comienzo, pero rápidamente el dúo se fundió dentro de un cuarteto que con el tiempo se convirtió en sexteto de tango. Me refiero a Tangor. Con esa agrupación trabajamos durante más de 10 años. Por otro lado, Cynthia participaba como invitada permanente en el grupo La Sonora, proyecto que venía caminando desde el año 1989.
—Como decías, con el correr de los años el tango se instaló entre ustedes, ¿qué cosas los llevaron a explorar en este género que nos representa?
—El tango siempre estuvo como lengua principal en nosotros. Como una especie de lengua madre. Rastrear el porqué de esto es complicado, creo que tiene que ver con nuestras historias personales y la idiosincrasia de nuestras familias de origen. Lo que es claro es que ha sido fundacional en nuestro vínculo con la música. Nuestra mirada como habitantes de este tiempo siempre nos llevó a buscar puentes entre el tango, otras músicas y otros conceptos artísticos.
—¿De qué manera llega el primer disco “Mundo Tango”, grabado en 2011?
—Ganamos un premio a la Producción Fonográfica del FNA (Fondo Nacional de las Artes) y generamos nuestro primer CD. En ese entonces, si bien el CD se llamó Mundo Tango, abarcamos otros lenguajes musicales, algunas cosas del folclore y canciones provenientes de la cantera del rock.
—Por estos días están en proceso de grabación de su segundo disco “Del Buen Ayre”, ¿qué recorridos espacio-temporales tuvieron que hacer para dar vida a los temas que forman parte de esta obra?
En Mundo Tango nos referimos a una idea acerca del tango, como un estado del ser que no solo aparece en esta región del mundo (por algo el tango impacta como impacta en todo el globo). Aquí nos referimos más a la génesis de este género y la música de la provincia de Buenos Aires. Este nuevo trabajo propone un recorrido desde la música campera de principio de siglo XX (El Gardel Gaucho, pasando por compositores icónicos de ese lenguaje como Omar Moreno Palacios) para adentrarse en el tango clásico de la época de oro y llegar hasta composiciones actuales que revitalizan el género. También este trabajo, a diferencia del otro, está estructurado por un material que fue ampliamente mostrado y fogueado. Es música que hemos tocado mucho en vivo y está planteado desde esa impronta. Los arreglos, si es que los hay, fueron construyéndose a lo largo del tiempo y de las distintas actuaciones. Los músicos invitados jugaron en ese mismo tono también. Se les envió un cifrado y una grabación como referencia, pero el armado de los distintos temas se resolvió en el estudio, mientras Manzana Ibarrart (gran amigo y comandante del Estudio Sonosfera) montaba los mics y seteaba todo. Luego se eligieron las mejores tres tomas de cada tema. El resultado tiene un aroma a “trazos sueltos” que nos encanta en lo particular.
—Sin dudas se trata de un viaje a través de la música, ¿cuál es el aroma que elegirían para simbolizar a este álbum?
—El múltiple aroma de los viajes…si bien es un CD local en cuanto al repertorio, es bastante global en tanto a que lo que suena proviene de muchísimas fuentes y no solo de la tanguera. Lo hemos tocado tanto en tantos países diferentes, que para nosotros tendría ese olor a viaje, a aeropuerto, a trenes.
—El 3 de agosto estarán presentando este disco en La Salamanca, un reconocido espacio cultural platense, ¿qué podrán disfrutar esa noche quienes se acerquen a compartir su música?
—Haremos algunos de los temas de nuestro espectáculo Del Buen Ayre, como antesala al espectáculo Filogenia de Victoria Moran y el Dúo Puentes Reyes.
—Mencionás que ese día estarán acompañados por la cantante Victoria Morán, entonces la pregunta va para ella. Victoria, ¿Cómo nace “Filogenia”, ese recopilatorio de obras de música popular argentina? Contanos quiénes serán parte de ese recorrido el 3 de agosto y qué sentís al compartir noche con el Dúo Aguirre-Rodríguez.
9- Filogenia surge de la necesidad de contar nuestro ADN musical a través de las canciones que nos definen. Es una suerte de viaje musical hacia la fuente, hacia la memoria imperecedera que une un recuerdo con otro. Este espectáculo viene a despertarnos la fibra sensible con canciones que nos nombran, enlazando a Homero Manzi con Víctor Heredia, al Cuchi con Fito, a los que fuimos con los que somos. El compartir con compañeros y compañeras músicos y músicas siempre es una alegría, y en este caso será además una sorpresa para el dúo Puentes-Reyes y yo, porque jamás nos hemos cruzado en un escenario y esperamos anhelantes ese ida y vuelta mágico que siempre augura la música compartida.
—Para terminar, ¿cuál es el próximo destino de la música que los mueve?
—Tenemos por delante algunas fechas en nuestra ciudad, como el próximo 29 de agosto, día en el que estaremos compartiendo escenario junto al cantor Carlos Cabrera en el Café Metro. Octubre nos encuentra realizando nuestra segunda gira europea, con conciertos en países como Italia, Francia, España y Portugal. A nuestro regreso estaremos presentando oficialmente nuestro álbum Del Buen Ayre, con la participación de los músicos que fueron parte de la grabación.
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Celina Cocimano y ‘El juego de las emociones de Uma’: “Un libro que pide gran compromiso de los adultos”

Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca) /
Edición: Walter Omar Buffarini //
Todo gira, se mueve en una circularidad compartida. Las emociones suben y bajan, cuelgan de nuestros cuerpos, se desprenden como hojas secas. Regresan, son brotes, transformados en otra cosa.
Celina Cocimano es terapeuta emocional y a partir de sus vivencias y de su trabajo de muchos años necesitó dejar huellas, sembrar palabras para que germinen a través de sus libros.
“El juego de las emociones de Uma”, su último libro, está dedicado a las infancias. A través del juego logra acercarse a los territorios del miedo, de la ansiedad o de la frustración para atravesarlos.
ContArte Cultura charló con ella para conocer las rutas que la llevaron a indagar en ese universo.
—Las emociones forman parte de nuestras vidas, van y vienen, se mueven y nos movemos con ellas. Por eso, para comenzar y a modo de presentación, nos gustaría que elijas al menos tres emociones que te atravesaron al momento de escribir tu último libro y que a cada una de ellas les otorgues un sabor o un aroma.
- Frustración, sabor a cebolla
- Ansiedad, aroma a menta
- Alegría, aroma a vainilla
—Y ya instalados en esa imagen, vayamos a tus comienzos, ¿qué vivencias te llevaron a transitar el camino de la terapia emocional?
—La insatisfacción personal, haberme descubierto cómo estafadora de mi propia vida, creando personalidades adquiridas para moldearme al gusto de la mirada ajena, siempre con esa sed emocional de ser alguien para los demás, ser aceptada, reconocida, querida y encantar a todos. Mientras estudiaba para contadora, sentí un apagón emocional, la apatía era mi única compañera en esos tiempos, hasta que mi cuerpo también “habló” con un síntoma muy sentido. Empezaba a hacerme pis por las noches siendo ya grande, más adelante entendí que eso sucedía en cada hogar o lugar donde me sentía a gusto, de esa manera, “intentaba” aferrarme a algún territorio, sentirlo al menos, por momentos, un lugar donde era yo. Como los animales que marcan su territorio orinando sobre él. Eso era lo que faltaba para que mi vida se vistiera de insatisfacción y cambie totalmente de rumbo, mejor dicho, empiece a vivir y dejar de aparentar lo que mis vacíos necesitaban cubrir.
—Seguramente al ir recorriendo ese camino fue necesario dejar huellas y de esa manera llegaron los libros, ¿cómo vivís la experiencia de escribir para que las palabras sean instrumento de sanación?
—Mi primer libro, “Despierta”, nació como algo catártico de la etapa que comenté anteriormente. Aún no sabía qué era lo que estaba viviendo y, sinceramente, pensaba que me moría por esos tiempos, entonces empecé a escribir cómo fue ese tránsito a mí destrucción de las corazas hacia mi reconstrucción emocional. Después, al compartir mi vivencia con muchas personas, me di cuenta que varios pasamos por ciertos procesos similares, por lo que se me ocurrió darle forma de libro y agregar reflexiones y ejercicios terapéuticos y de autogestión emocional. Los otros 3 -“Diamantes”, “Rotas”, y “El juego de las emociones de Uma”-, fueron pensados basándose en las historias que atiendo y buscando dejarle una “biblioteca” de recursos emocionales a mi hija para cuando sea más grande y, a las personas, que encuentren en estos libros, escrito en palabras, el propio sentir descarnado y sin filtro de las emociones que abordo en cada uno de ellos y luego, ofrecerles dinámicas, reflexiones, ejercicios para que encuentren en ellos formas de transitar el campo emocional sin tanto dolor y con valentía.
—Si pudieras resumir en una palabra el espíritu de cada uno de tus libros, ¿cuáles serían?
- Despierta: Integridad
- Diamantes: Osadía
- Rotas: Coraje
- El juego de las emociones de Uma: Autenticidad
—Tu último libro, “El juego de las emociones de Uma”, transita los paisajes de la infancia con todas sus gamas de colores, ¿cuál o cuáles fueron los disparadores de esta historia?
—Mi hija, a los 8 años, comenzó a transitar por un tiempo la conocida “Crisis de ansiedad y angustia”. Yo me opuse a que esté medicada siendo tan pequeña, y desde mi saber en el campo emocional de los adultos, junto a una gran observación sobre ella y sus crisis, se me ocurrió trabajar juntas para buscar soluciones a su sentir. Buscamos opciones en el juego infantil, en la creatividad, desarrollando distintos escenarios, armando una rutina de ejercicios y, sobre todo, busqué acercarla a la autogestión emocional. Así fue que se me ocurrió compartir cada ejercicio que funcionó en ella en este cuento, que no solo tiene el fin de que los niños empiecen a desarrollar desde pequeña edad sus propias respuestas emocionales ante cierta situaciones, sino que es un libro que pide gran compromiso de los adultos que acompañan al niño, y esa compañía, con el estar, el hablar su idioma, mejorar la calidad del vínculo, validar sus emociones, respetarlos y comunicarse con ellos, es lo que hace casi la mayor magia del trabajo de fortalecimiento emocional.
—Y justamente, a partir de tus propias vivencias decidiste contar desde el juego y desde las imágenes. Explicanos cómo fue el proceso de elegir esas duplas emocionales sobre las que querías hablar.
—Busqué las que a su edad son dentro de todo fáciles de interpretar, como decimos los adultos: de “etiquetar”. Son parte de las emociones primarias y la dupla fue pensada para dejarles el mensaje de que no son ni buenas ni malas, simplemente son y cada una es mensajera de un sentir, una acción a llevar a cabo y una particular respuesta emocional. También al ponerlas en duplas, cuando ellos/as sientan, por ejemplo, tristeza además de procesarla en todo su ser, sepan que pueden aprender a transportarla en alegría, ir de la ansiedad a la calma. Es decir, que conozcan cuál es la emoción que se necesita para equilibrar una con otra.
—Las semillas del libro fueron plantadas, ¿creés que tus palabras ya comenzaron a germinar y son brotes en los lectores?
—Sorprendentemente sí. Como comenté, yo me dedico a adultos no a infanto, y este libro que se publicó en abril del 2024 ya se está imprimiendo la segunda edición. Lo han comprado mucho abuelas y abuelos para compartirlo con sus nietos, en colegios para abordar ciertas emociones en el aula ya que también hay un capítulo sobre el bullying. Y muchas madres me compartieron que sus hijos o hijas mientras que se les leía el cuento ya comenzaban a incorporar los ejercicios sugeridos, o que empezaban a identificar sus propias emociones, tenían armados sectores en su cuarto como se encuentran en algunos capítulos. Incluso los que son más grandes, según cómo se sentían, buscaban en la biblioteca el libro y se encerraban en su cuarto a leer exclusivamente el capítulo que contiene la emoción que estaban sintiendo en ese día o ese tiempo. También compartió nota de Revista junto a Unicef en el día internacional contra el Bullying de 2024.
—¿En qué proyectos estás trabajando actualmente?
—Tengo dos libros más en camino, uno para adultos sobre la depresión, y otro para infanto, más expansivo aún, con un viaje al campo emocional que sea para ellos y para sus padres o tutores también, digamos que será un libro revelador en muchos aspectos.
—Para terminar, te invitamos a elegir la textura que represente a tu libro “Las emociones de Uma”.
—La textura sería cálida, pomposa, con colores desde pasteles a fuertes, con ganas de descubrirla y sentirla, y con distintos aromas que vayan cambiando según cada paso de la mano o de los pies sobre ella.
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Florencia Ghio presenta “Aguas Turbias”, una historia que lleva al lector por una variada gama de emociones

Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca) /
Edición: Walter Omar Buffarini //
Hay un rumor, un murmullo por encima y por debajo. La evidencia flota, va y viene. Pero el agua arrastra las palabras, se lleva las voces, esconde. No se ve lo que no se quiere ver. O lo que no se debe. La verdad se hunde, toca fondo. Es barro entre los dedos. Y mancha.
En “Aguas Turbias”, la última novela de Florencia Ghio editada por El Emporio, flotan varias verdades, como un rumor debajo de lo que se lee, van y vienen. Se convierten en imágenes, en sonidos y en aromas, mientras ella bucea para rescatarlas. Para que la verdad nunca se manche.
En diálogo con ContArte Cultura, la escritora cuenta cómo nació la obra y de qué manera descubrió a los protagonistas de esta historia.
—Vamos a comenzar esta charla haciendo foco en una palabra que flota entre las páginas de tu novela: justicia. A modo de presentación del libro y de sus protagonistas, si pudieras elegir una imagen o un objeto simbólico que represente esa justicia, ¿cuál elegirías y por qué?
—Elegiría la clásica estatua de la justicia pero con su balanza completamente inclinada hacia un lado y sus ojos vendados. Porque es un poco eso lo que se ve en esta novela, una justicia que es ciega, y también sorda, por eso el protagonista de mi libro, que dice ser el chivo expiatorio de un crimen que no cometió, tiene que venir desde un pueblo del sur y salir a clamar su inocencia por altoparlantes en un subte de Buenos Aires.
—Y a partir de esa imagen viajemos al principio. Sin dudas, siempre existe un germen que da vida a las cosas. Seguramente tu novela también es producto de ideas o situaciones que fueron semillas en la tierra de tu imaginación. ¿Recordás cómo y cuándo comenzaste a sembrar esta historia?
—Yo digo que en lo que va de mi carrera de escritora, en las dos novelas que escribí y en la que estoy escribiendo ahora, me pasó que no busqué las historias sino que las historias me buscaron a mí. Aguas Turbias está inspirado en un caso real, y surgió a partir de que viera por televisión a un joven que se había fabricado una máscara de chivo y andaba por los subtes suplicando que alguien lo escuchara. Había estado preso por el crimen de su madrastra que él juraba no haber cometido, y le aterraba la idea de que lo condenaran. Me impresionó el mecanismo, recurrir a su creatividad para escapar de ese infierno, eso me llevó a averiguar qué le había pasado y me inspiró para escribir la novela, en donde los personajes, lugares y la mayoría de los sucesos son ficticios, pero ese fue el puntapié inicial que me sumergió en esta novela.
—Aleida, tu protagonista, es una mujer que lucha por sus ideales, va en busca de justicia pero también pelea contra sus propios monstruos. ¿Cómo viviste el proceso de construir ese mundo interior con tantos matices?
—Aleida San Martín es un personaje que rescaté de mi anterior novela El Ciudadano. Es una abogada honesta e idealista, de esas que estudió derecho porque ama la justicia. Al mismo tiempo, es una guerrera; logró superar una historia familiar traumática, para convertirse en una funcionaria pública que trata de rescatar a toda persona que atraviesa un infierno, porque ella sabe lo que es estar ahí y no quiere que nadie más lo tenga que vivir. Aguas Turbias la va a encontrar en un tramo de su vida en que está en caída libre, porque ahora, aun con las secuelas de sus anteriores traumas, tiene que luchar contra el acoso laboral, se siente muy sola, y todo eso le provocó una fuerte adicción al casino, que en esos momentos encuentra como su única vía de evasión. En estas condiciones se cruza a García Robledo en el subte y, conforme a su esencia, no puede quedar indiferente a su historia. Intuye que él no miente, pero ella no puede ejercer la profesión por ser funcionaria, y además vive en Buenos Aires, así que veremos si, en su estado, logra tomar decisiones tan difíciles para ayudar al chico de la máscara. Para el proceso de construcción de este personaje me ayudó mi especialización en violencia familiar y también hablé con psicólogas expertas en ludopatía.
—También el personaje de García Robledo, el chico de la máscara, tiene sus claroscuros, ¿qué fue lo primero que percibiste de este protagonista al momento de escribirlo?
—García Robledo es un muchacho que antes de pasar por ese infierno amaba la vida, pero luego de esto se ha decepcionado completamente de ella. Descree de las instituciones de su localidad pero, al igual que Aleida, es un guerrero que, en su caso, salió de su pueblo a buscar si al menos en alguna otra parte existía esa justicia que no lograba encontrar. El lector tendrá que averiguar si con toda esa lucha la logra despojar de la venda que tiene en sus ojos y cambiar la inclinación de esa balanza que parece desvencijada.
—Como ya comentaste, hay una cierta continuidad de “Aguas turbias” con “El ciudadano”, tu anterior novela, ¿qué hilos temáticos presentes en ambas historias te gustaría seguir sosteniendo en un futuro?
—Por el momento los casos judiciales reales o ficticios han sido fuentes de inspiración, no sé si quisiera mantener algún hilo temático en particular, pero sí escribir el tipo de literatura que a mí me gusta leer, aquella que no es puro entretenimiento sino que te deja reflexionando y retrata distintos tipos de realidades, algunas veces invisibilidades o desconocidas para quien no las transita, así como en El Ciudadano abordé, además de la violencia familiar y el funcionamiento de la justicia, la política migratoria argentina. Creo que esa también puede ser una de las funciones de la literatura y de la cultura en general. Como lectora, a los libros que solo me entretienen los olvido no bien termino la última página, en cambio el otro tipo de literatura es la que me ha marcado como persona, no solo la recuerdo sino que en determinados momentos de mi vida regreso a ella para releer, aunque más no sea algún párrafo.
—Como en todo policial, en esta novela hay un crimen alrededor del cual se teje la trama. ¿Cuáles son las emociones que te atraviesan al transitar esos escenarios con la palabra y con la imaginación?
—Creo que en Aguas Turbias, que tiene componentes del policial pero también es un drama y tiene romance, el lector va a atravesar una variada gama de emociones y estados de ánimo. Se me ocurren, por ejemplo, indignación, tristeza, intriga, alegría, entre otras.
—¿Seguirá la doctora Aleida San Martín presente en próximas historias?
—En la novela que estoy escribiendo ahora la doctora San Martín no es parte, pero no descarto que en algún momento vuelva.
—Para concluir, ¿cuál sería el color que elegirías para representar el espíritu de tu novela y por qué?
—Elijo el gris topo, por todo lo que acontece.- El lector tendrá que averiguar si ese color puede llegar a cambiar en algún momento de la novela.
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