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Feria del Libro

Mariana Enriquez en la Feria: una noche donde la literatura asumió el fanatismo de una rock star

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Por Milena Heinrich (*)

Con cientos de personas que no pudieron entrar a escucharla por la capacidad reducida de la sala Victoria Ocampo, la escritora Mariana Enriquez inauguró el miércoles el Diálogo de Escritores y Escritoras, el evento más literario de la Feria Internacional del Libro, y compartió algunas reflexiones sobre el género y los tropos que le interesan de las problemáticas sociales, su relación “juguetona con la ficción” y eso que la impulsa a escribir crónicas, cuentos y novelas: “Escribo para no quemarle la cabeza a la gente”, confesó.

Falta media hora para que comience la charla de la autora de “Nuestra parte de noche” y el primer piso del pabellón blanco, está lleno de gente. “Somos todos fans enloquecidos”, le dice a una amiga una de las tantas chicas que espera resignada un lugar en la sala Victoria Ocampo, donde unos minutos más tarde Mariana Enriquez será ese fenómeno de devoción que solo sienten los fanáticos, un término que le es ajeno a la literatura y está más cercano al universo de la música. Como la propia autora, sus lectoras y lectores se nombran así: es agradecimiento, es pertenencia, es elección.

“Viajamos una hora para venir hasta acá”, “¿no podemos mirar con la puerta abierta aunque sea?”, “¿sabés si va a firmar?”, se sigue escuchando en la fila desordenada de La Rural, un atestado pasillo donde el aire escasea con los pesados abrigos de una tarde fría y donde cada vez se vuelve más tensa la situación con los guardias de seguridad y con el chico que habilita los ingresos, que repite una y otra vez que solo ingresan quienes tienen número. En el tumulto, los que tuvieron la suerte de dar con el numerito unas horas antes levantan la mano con el papel de la victoria. El resto, se queja de la falta de información previa, pero elige esperar: no podrán escucharla en la apertura que Enriquez comparta con la escritora, docente e investigadora Elsa Drucaroff, pero al menos dos horas después tendrán su firma, luego de una larga fila en el firmódromo y ya de noche.

En formato conversatorio y con preguntas, a sala llena evidentemente, con algunas personas paradas en el fondo, Enriquez inauguró el Diálogo de Escritoras y Escritores, que hasta el próximo 6 de mayo ofrecerá paneles literarios sobre distintos temas que cruzan narración con drogas, marginalidad, amor feliz. “Mariana tiene un radar artístico para captar los traumas, las fobias, el inconsciente colectivo de una época. Ahí reside un talento poderoso”, la presentó Drucaroff ante un público atento, silencioso y ovacionador cuando los tiempos de la charla invitaban para el aplauso y los silbidos. Cuando no, silencio absoluto.

“Siempre te leyó gente joven”, la convocó Drucaroff y Enriquez con su calmado tono de humor negro, despojado, incorrecto, el mismo que mantuvo durante toda la charla plagada de anécdotas y detalles, respondió: “No sé, pero mejor. Cuando escribí ‘Bajar es lo peor’ lo escribí pensando en mi generación. Leía mucho pero lo que no encontraba eran escritores que estuviesen hablando de lo que nos pasaba a nosotros, a la gente de nuestra edad… sensación de falta de futuro, calle, intoxicación”.

La autora contó que empezó a escribir a los 17 años, en pleno menemismo. Repartía sus escritos como en folletines de pocas páginas para sus amigos que no eran lectores y a ella tampoco le importaban los escritores, ni los conocía, ni los respetaba. “No sabía nada”, dijo sobre ese tiempo que se refleja en su primer libro, “Bajar es lo peor”, que ubica temporalmente a principios de los 90. “Eran un montón de chicos silvestres, haciendo lo mismo que hacían sus padres: lo que podían. Yo creo que algo de eso quedó en mi sensación de desamparo”, reflexionó.

A propósito del género terror y la relación con la juventud, dijo: “Pasé de escribir libros generacionales sobre jóvenes a escribir un género que suelen leer los jóvenes”, aunque advirtió que “la imaginación no tiene que ver con la edad” y cuestionó por qué a los 18 no se puede leer “El señor de los anillos” pero sí “un libro de una señora que limpia casas”.

“Tengo una relación muy juguetona en la ficción” sostuvo y consultada por el miedo en la escritura aseguró que cuando escribe lo hace “divertida”, “para nada” con miedo. En cambio, confesó: “sí tengo miedo cuando me sale un lunar medio raro y pienso que moriré de cáncer. No tengo miedo de la gente porque no me doy cuenta de la gente. Tengo miedo a un montón de cuestiones pero cuando llegan al papel no les tengo miedo”.

Drucaroff la definió como una escritora que no es indiferente al “dolor social” y le preguntó sobre esa preocupación en su obra, a lo que Enriquez respondió: “Durante mucho tiempo quise escribir terror pero no sabía sobre qué. Miré a Stephen King para ver qué es lo que hace, me lo puse a leer en ese sentido. Entonces ahí pensé ‘Puedo hacer cuentos de terror pero con cosas que nos dan miedo en nuestra cultura y como cuerpo femenino’. Son tropos que andan por ahí y que hay que sintonizarlos un poco”.

Sobre cómo siente que la leen afuera, donde está siendo muy leída y premiada, Enriquez dio una definición a partir de la premisa de que lo intenta es “escribir género”, más allá de todo el resto: “El contenido es argentino, latinoamericano y marianístico. Pero lo que yo quiero que lean es un cuento de terror. Y hay cuentos que son sociales y otros que no” o que “podrían transcurrir en cualquier lado”.

En este punto sostuvo que “nosotros somos lectores en el Río de la Plata, nos formamos con traducciones y creo que hay algo de eso en lo que escribo, esa especie de filtración de distintas literaturas”, consideró sobre esos autores que se cuelan, como Baudelaire, Faulkner o el romanticismo. Y agregó: “No es un afán antropológico, si no por cosas que son cercanas. Yo tengo acá a San La Muerte porque mi familia de Corrientes es fan”.

Luego de una charla en la que la escritora contó las dificultades de construir narradoras mujeres, sus paseos por cementerios, sus fanatismos y obsesiones, hubo un intercambio brevísimo de preguntas con el público. “Ay que nervios” dijo una de las interlocutoras de la sala cuando se paró para preguntarle, a lo que la autora le respondió generosamente con un “tranquila” como si en ese auditorio estuvieran ellas dos y no otras 200 personas.

“¿Qué te motiva a escribir?”, le preguntó otra lectora. “Yo necesitaba urgentemente trabajar y por eso estudié periodismo. Yo quería entrevistar a estrellas de rock, ningún interés en escritores. Tenía 17 años hermano, qué te interesa a esa edad”, contestó.

Y agregó: “Yo escribo no ficción, cuentos y novelas, por ahora. En el caso de las crónicas, en general, eso tiene que ver con el periodismo, y las obsesiones. En los cuentos es la idea. Cuando me dicen ‘porque en el cuento Silvina’ (por un personaje) para mí es un punto negro, una s, porque para mí un cuento es una idea, o una imagen, no un personaje. Y en las novelas la obsesión son mis personajes, estoy pensando en el pantalón que está usando, incluso escribiendo diálogos que después no uso”.

“Tengo suerte de que me gustan muchas cosas”, dijo también la escritora y se refirió a música, cine, películas, series. “Lo que me obsesiona es ir a ver el cuadro de (Edvard) Munch, eso es lo que me pasa, es total entusiasmo. Obsesiones personales que terminan chocando con mi cabeza y las tengo que sacar porque si no te quemo a vos, o llamarte a las tres de la mañana. Escribo para no quemarle la cabeza a la gente”.

Con el reloj que apuraba la hora y sabiendo que todavía faltaría mucho para el cierre de la jornada, Enriquez prometió ir a firmar los libros al “firmódromo de las vacas”, y mientras las puertas de la sala se abrían algunos empezaban a aumentar la velocidad y después a correr por las escaleras con rapidez, junto a todos esos otros fans que no pudieron entrar pero que se quedaron esperando “al menos verla pasar”. La avalancha de la literatura fue de la juventud y del terror.

(*) Agencia de noticias Telam.

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Feria del Libro

Editorial Serapis: “Buscamos sacar a la luz títulos que considerábamos que debían ser accesibles al público”

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Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca) /
Edición: Walter Omar Buffarini //

En la segunda entrega de notas dedicadas al mundo de las editoriales, ContArte Cultura entrevistó a Julia Sabena, fundadora y responsable del sello editorial Serapis.

Serapis es un “proyecto literario autogestivo” radicado físicamente en la ciudad de Rosario, que posee dentro de su catálogo editorial valoradas traducciones y “cuidadas ediciones de novelas, ensayos y cuentos”.

Asimismo, dentro de la oferta de la editorial ocupa un lugar sobresaliente la poesía, género al que el sello otorga una “sensible preferencia”.

—¿Cuándo y de qué manera nació la editorial?

—La editorial nace a fines de 2005. Éramos tres compañeras terminando la carrea de Letras y decidimos arrancar con este proyecto de una manera bastante romántica, con la idea de reponer o sacar a la luz títulos que considerábamos que debían ser accesibles al público y no lo eran por distintas razones, o porque no estaban más o porque no eran buenas ediciones, o porque eran autores y autoras que nunca habían sido editados

—¿Quiénes forman parte del proyecto?

—En este momento estoy a cargo de la dirección del proyecto, con alguien que siempre trabaja en el diseño y en la diagramación, que es Lucas Collosa. También está Daniel López en promoción y Araceli Ramírez en redes.

Serapis junto a los sellos Mil Botellas, Ediciones Del Camino, Los Lápices Editora y Metalúcida en el stand 155 de la 46ª Feria del Libro

—Si pudieras elegir una palabra que resuma el espíritu de sus libros, ¿cuál elegirías y por qué?

—Si bien no es fácil elegir una sola palabra, pienso en “literatura”. Porque hay colecciones bastante disímiles, que pueden ser de poesía o de narrativa, dentro de un catálogo muy variado dentro de esa categoría de literatura, y que además es muy bueno.

—¿Qué elementos gráficos caracterizan a sus obras?

—En relación a los elementos gráficos, estuvo cambiando y hubo un viraje bastante grande de la estética de los libros en el último año y medio. Antes las portadas tenían una franja característica en la parte superior que ya no está y ahora predominan las ilustraciones más plenas que abarcan toda la tapa. También cambió el logo, que se “minimalizó” un poco. Antes estaba Editorial Serapis y el isologo, y ahora quedó sólo Serapis. Además, se agregaron colores fuertes y se va variando según las colecciones.

—¿Cómo llevan adelante el proceso de selección y edición de cada libro?

—El proceso de selección y de edición de cada libro es mi responsabilidad, más allá que en algunas ocasiones hay algún editor a cargo, como en el caso de la antología de Juan L. Ortiz y de “Tumulto”, de José Portogalo. Ahora hay también una novela de un escritor santafesino, cuyo prólogo y la edición general está a cargo de Rafael Arce. En lo referente a las traducciones, muchas veces el traductor o la traductora se involucran más, porque son proyectos que ellos mismos traen, entonces colaboran también en la elección de ilustraciones o de las tapas.

—¿Un clásico de la editorial?

—Un clásico de la Editorial sería precisamente la antología de Juan L. Ortiz, porque un poco resume las grandes líneas como la de poesía y la de rescates. La obra se llama Estas primeras tardes y otros poemas para la revolución, y es una antología que recupera la figura de militante comunista de Juan L desde su poesía. Es una lectura de su poesía con esa clave, que si bien no deja de ser un poeta simbolista, que le canta a las islas, es un poeta que tiene como horizonte la revolución. Eso también está en su poesía y no había sido leído de esa manera hasta ese momento que lo tomó Agustín Alzari y preparó esa edición.

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Rosario tendrá su Feria del Libro del 8 al 18 de septiembre

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La tercera Feria Internacional del Libro de Rosario se hará del 8 al 18 de septiembre con Angélica Gorodischer (1928-2022) como figura protagónica, la entrañable escritora que vivió la mayor parte de su vida en esa ciudad, y contará con invitados internacionales como el mexicano Juan Villoro, se anunció el lunes en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, durante un acto del que participaron, entre otros, Alejandro Vaccaro, secretario de Fundación El Libro; la escritora Patricia Suárez; y Carolina Rolle, editora del sello Beatriz Viterbo, ambas rosarinas.

En el encuentro realizado en la sala Tulio Halperín Dongui de La Rural se informó que La Feria del Libro de Rosario contará con unos 300 stands y con la participación de escuelas y bibliotecas de esa ciudad santafesina. “Los rosarinos nos sentimos muchas veces muy cerca y muy atrás de Buenos Aires, como si fuéramos el último barrio después del conurbano norte, y este desplazamiento temporal nos permite hacer una proyección nacional, relacionarnos de otro modo con las provincias”, remarcó el director de Bibliotecas y Editoriales de la Secretaría de Cultura Municipal de Rosario, Marcelo Scalona.

Tras un emotivo video con imágenes y audios de Gorodischer expresando la importancia de la lectura, el libro y el rol de la mujer en la literatura -“el camino de los libros es imprescindible pero siempre te lleva a más libros”, se la escucha decir-, Vaccaro destacó que “después de dos años sin feria hay un gran fervor y la gente asiste masivamente”.

“Los actos culturales no concitan masas, sí la música, pero a la charla de un escritor probablemente asistan 100, 200 personas en el mejor de los casos por eso creemos en el formato feria: concita muchísima gente, es impresionante el fenómeno que está generando este año”, señaló Vaccaro.

El sábado último “asistieron alrededor de 80 mil personas a la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires”, agregó: “Había colas para comprar libros, para tomar un café, hasta para comprar un sándwich”.

“Estamos realmente sorprendidos del fenómeno que provoca el libro -insistió-. Hay un pluralismo que defendemos a rajatabla, acá están todas las ideas políticas, todas las religiones y estamos felices que este formato lo podamos repetir en Rosario”, concluyó.

Scalona coincidió con Vaccaro en la “emoción” del “reencuentro masivo” y explicó que “Gorodischer será la imagen de la feria por su trayectoria y relación con Rosario”, en tanto destacó la presencia de Villoro, cuya cercana amistad con el escritor y humorista gráfico rosarino Roberto Fontanarrosa, “hace propicia la ocasión para hablar de su obra”, en este “gran evento cultural” adonde “va todo el mundo caminando o en colectivo” porque “es de muy fácil acceso”.

En esta oportunidad, agregó, el desafío es “mejorar la condición de los expositores y la presentación de los autores”, se trata de “la reconstrucción de una ciudad en virtud de todos los daños que ha dejado la pandemia: sociales, económicos y también culturales y educativos”.

En ese marco “se puso en valor la peatonal San Martín”, indicó Scalona: “Usaremos esas tres cuadras y la plaza como espacio público”, mediante “una carpa integrada al Centro Cultural”, habrá bar y “un complejo de cines del cual podemos disponer, incluso hay una pantalla muy grande que da a la plaza”. Será “una feria multitemática”, aseguró, en la que se celebrarán, además, los 30 años de la Editorial Municipal de Rosario y los 40 años de La Trova Rosarina.

Por su parte, el secretario de Cultura y Educación Municipal, Dante Taparelli, destacó el valor histórico de la Biblioteca Argentina Dr. Juan Álvarez, de Rosario, que “marcó un Norte” para la creación de bibliotecas populares.

“Soy de una generación de militantes, un sobreviviente y un gran observador: no tengo dudas, tengo certezas sobre lo que viene. Los que leíamos en mi época éramos revolucionarios, hoy esta nueva generación es ávida de los libros”, subrayó.

“Estamos saliendo todos juntos de una tragedia de la mejor manera: con educación y con los libros que tienen las respuestas a todas nuestras dudas, incluso a aquellas que todavía no llegamos a plantear”, concluyó Trapelli.

A su turno, la escritora Patricia Suárez, se refirió a Gorodischer, la imagen de la próxima Feria Internacional de Rosario, “era una estrella, una supernova”, la autora de novelas como “Opus dos” o “Kalpa imperial – La casa del poder”, remarcó, “empezó a leer a los cinco años y se nos fue, gracias a Dios, muy grande”, dejando “una obra extensísima al alcance de todos” y cultivando géneros como la ciencia ficción, el realismo, el histórico.

Gorodischer “ha cambiado la cabeza de los escritores rosarinos -resaltó-, los ha hecho correrse del lugar de pensar ‘a lo mejor tengo la suerte de que una editorial de Buenos Aires se fije en mí y me edite’. Tenía el don de hablar de lo más cotidiano y era una lección de literatura y esa libertad de palabra que tenía es la que explota delante nuestro en estas chispas de supernova cuando la leemos”.

Suaréz citó a la autora de “Jugo de mango” y “Fábula de la virgen y el bombero”. “Ella dijo: ‘todos tenemos que escribir porque podemos cambiar el universo’. Ahora yo escribí un texto que antes no estaba, es mi cuento, es chiquito o grande, no sé, pero existe: y si existe lo que antes no existía, cambiamos el universo. Esto es muy importante porque ella era una mujer que hacía”.

“Tendría que haber vivido 300 años, se lo merecía. Ser la única escritora que atrevesara el muro de la realidad tal como lo había realizado escribiendo”, se despidió.

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Entre Borges, Pérez Galdós y la promesa de una nueva novela, Vargas Llosa cautivó en la Feria

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Por Ana Clara Pérez Cotten (*)

“Siempre estoy escribiendo una novela aunque a veces no sale y simplemente la guardo”, confesó ante un auditorio colmado el premio Nobel Mario Vargas Llosa y durante la presentación en la Feria de su libro “La mirada quieta”, en el que aborda la obra del escritor español Benito Pérez Galdós, definió a la novela como “constitutiva del ser humano” y promotora de la libertad: “El ser humano necesita de esas visiones que ponen en movimiento a la sociedad. Las novelas forman y renuevan una sociedad militante que exige cambios y crean una distancia crítica”.

En una sala José Hernández a tope y con lectores que eligieron quedarse a escucharlo parados y guiado por las preguntas e intervenciones del periodista y escritor Jorge Fernández Díaz, el escritor peruano sedujo a un auditorio silencioso y atento con su lectura sobre la obra de Pérez Galdós, su valoración de Julio Cortázar y Jorge Luis Borges, y sus días en Buenos Aires, pero también con reflexiones de corte más político, como cuando analizó con vehemencia la invasión rusa a Ucrania o el presente político de Latinoamérica. En algunos tramos de la charla se animó a cruzar la mirada del escritor con la del articulista, por ejemplo al considerar que para que florezca la buena literatura hace falta libertad política: “Las novelas se escriben con verdadera libertad. Y a la vez, la existencia de una novelística importante es central para la sociedad y para la política. Hoy, la novelística latinoamericana está muy por encima de la realidad política y social”, dijo.

Vargas Llosa, quien contó al principio de la charla que escribe una novela de lunes a sábado pero que guarda religiosamente el domingo para cumplir con su rol de articulista en diarios como El País, asumió que -a diferencia de lo que sostenía el otro Nobel latinoamericano, Gabriel García Márquez– esa función atada a la realidad política y social no solo no le “quita energía narrativa” sino que le resulta fundamental, “una actividad programada”.

“¿Y Pérez Galdós no era un buen articulista?”, lo consultó Fernández Díaz con picardía. “No -respondió rápido el autor de “Conversación en la catedral” y “La ciudad y los perros”-. Sí fue un novelista esencial”. Y explicó por qué lo considera un autor “irregular”: “Nunca he leído a un escritor de principio a fin como a él. Con muchas paradojas. No trascendió fuera de España y sin embargo su sueño era ser traducido al francés. Su gran novela ‘Fortunata y Jacinta’ no se puede leer en francés”.

“Un escritor no siempre es un gran escritor y en el caso de Pérez Galdós hay mucha diferencia entre las novelas buenas y las que no lo son. Fue el primer escritor profesional que apareció en nuestra lengua, se comprometió a escribir una novela cada tres meses y bueno, eso no salía siempre bien. Él además no corregía las novelas, hacía pequeñas anotaciones pero nunca reescribía porque era como un principio”, explicó, didáctico, Vargas Llosa. Y contó que, a diferencia del autor que convirtió en su objeto de estudio durante la pandemia, él sí es un corrector metódico de sus novelas: “No podría escribir una novela de forma ligera. Las trabajo. A veces directamente las rehago”.

Después, rescató la mirada “imparcial” con la que Pérez Galdós abordaba los hechos históricos de sus novelas. “Sus libros fueron de los más vendidos en su tiempo y la mayor parte de los episodios nacionales son ligeros y entretenidos. Él se esforzó para ser realmente imparcial, ese sí es un gran mérito, algo muy difícil”, evaluó.

En otro tramos de la charla con Fernández Díaz el Nobel, recientemente recuperado de coronavirus a los 86 años, contó que fue “muy feliz estos días tan bonitos” en Buenos Aires y contó los detalles de un desayuno en La Biela con Juan José Sebreli. “Nos conocimos hace muchos años en París. En ese momento tuvimos una discusión en la que yo defendía a Cortázar y él tenía muchas reservas, le hacía una crítica política a sus novelas. Las encontraba deficiente, que no las abrazaba la cuestión social de una forma profunda y rica. Yo le discutía muchísimo esto pero aquí está la paradoja: al cabo de los años, terminé dándole la razón. Es cierto que hoy encuentro que la obra de Cortázar no tiene ese espesor”, recordó uniendo pasado y presente.

Consultado sobre el panorama político y social de Latinoamérica, Vargas Llosa criticó a la izquierda por tener una “visión errada y dogmática” sobre el escenario internacional en el que se inscriben: “La mirada de la izquierda ante la agresión violenta de Putin frente a Ucrania es una muestra. No la condenan a diferencia de lo que pasa en España donde hay una izquierda militante pero lúcida que sí lo condena. Entonces, creo que con la izquierda de nuestros países es difícil trabajar, es inflexible y cegada a la realidad”.

“¿La democracia está en crisis”, le preguntó entonces Fernández Díaz. “La democracia está viva. La invasión rusa a Ucrania ha servido para fortalecer a la Unión Europea”, ejemplificó aunque después sostuvo que el panorama es otro en América Latina, donde “la situación no puede ser más trágica” y que Perú, por ejemplo, “tiene un presidente analfabeto”.

Al retomar la literatura, el autor de “La ciudad y los perros” contó que una vez Borges se indignó con él después de que visitara su casa. “Le molestó que yo hubiera dicho que no podía ser que viviera en un lugar descascarado y con goteras”, contó y generó una carcajada en el auditorio. Al parecer, Borges después se ocupó de difundir que lo había visitado “un peruano que trabajaba en una inmobiliaria”. “Mi admiración a Borges sigue intacta”, se ocupó de aclarar Vargas Llosa. Fernández Díaz, rápido de reflejos, recordó que el Nobel en “Medio siglo con Borges”, editado en 2004, ajusta cuentas con el escritor argentino. “Borges tenía algunas cegueras como todos. Él no entendía el problema social de América Latina. Sí entendía muchísimas otras cosas pero lo social clarísimamente no lo entendía y es una realidad de la que los latinoamericanos no podemos sustraernos”, reflexionó y sostuvo: “ Él creó una lengua que se reduce a la mínima expresión y dentro encierra una enorme inteligencia y siempre hay algo que aprender de su obra”.

Vargas Llosa se despidió con un dato que permite vislumbrar qué tan real es aquello de que siempre está escribiendo una novela: tras su paso por Buenos Aires, viajará a Perú para terminar la que lo mantiene ocupado por estos días.

(*) Agencia de noticias Telam.

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