Mariano Yugimovich: “Las mejores historias surgen de los bares”

Por Walter Omar Buffarini

Sus palabras fueron tomando forma en historias que se convirtieron en cuentos, éstos descansaron el tiempo justo hasta que las circunstancias los unieron para convertirse en libro.

Así nació Mano a mano con Parker y otras historias desgraciadas, nombre de la ópera prima de Mariano Yugimovich, un autor divertido y dinámico que supo tomar algunos estereotipos para hilar una serie de relatos en los que las desgracias parecen desencadenar la risa.

A días de haber presentado en sociedad su obra, el autor dialogó con ContArte Cultura, para introducirnos en su mundo e invitarnos a leer el regalo de su imaginación.

—Contanos quién es Mariano Yugimovich.
—Es un hombre que nació hace 50 años y unos días en Buenos Aires, que hace quince años que está en pareja con Jana y es padre de Christ y Phadeline. Fanático del fútbol, de la pesca y de Los Redondos, hincha de Racing, que le gusta hacer asados y que sugiere que debería haber una ley que obligue a todos los restaurantes a tener queso y dulce como opción de postre. Que es Agente de la Propiedad Industrial y que piensa que Mar del Plata es la ciudad más linda del país. Que dice que las mejores historias surgen de los bares, que no cree en la terapia y al que le falta un golpe de horno para poder madurar.

—Acabás de presentar tu primer libro “Mano a mano con Parker y otras historias desgraciadas”, ¿cómo surgió esa obra?
—Surgió de un taller literario que hice en 2013 en el cuál la mecánica era escribir historias para comentar en clase. Al cabo de dos años me encontré con más de veinte cuentos que terminaron descansando en un cajón. El año pasado los refloté y agiorné, y una amiga me recomendó a una persona que se dedica a corregir textos. Se los pasé y él fue quien me sugirió que los publicara porque le parecían muy divertidos. Y como el halago vino de alguien que no tenía ningún vínculo directo conmigo, lo consideré. Y ahí me puse en campaña para conseguir una editorial.

—¿Por qué habría que leerlo?
—Porque hasta ahora nadie sugirió lo contrario.

—¿Son relatos sin conexión o están relacionados unos con otros?
—Un poco y un poco. En realidad ningún cuento tiene relación con otro, pero pasó que un amigo que tenía un programa de radio en la Costa, me pidió autorización para leerlos al aire y descubrió que en todos los relatos sucede alguna desgracia, como que el disparador de la gracia proviene de algún tipo de percance, y me lo hizo notar. De ahí el juego de palabras en el título.

—¿Tenés preferencia por alguno de los cuentos? De ser así, ¿por qué?
—La realidad es que todos me gustan, en todos hay algo por lo que me pareció que merecían ser elegidos. Pero también es cierto que hay algunos que me gustan mucho más que otros. ¿Viste que se murió mamá?, La conferencia y El incidente Curuzú-Cuatiá, son mis preferidos. Los tres por lo desopilante de las tramas, y el primero, en particular, porque me veo muy reflejado.

Mariano junto Christ y Phadeline

—¿Cuáles fueron tus fuentes de inspiración?
—Sin dudas el Negro Fontanarrosa. Un día leí el cuento Retiro de Afganistán, ya y lloré de la risa, pero literal. Y pensé ‘qué lindo escribir así’. Ojalá algún día lo logre. Aunque el mejor halago ya lo recibí: alguien que leyó el libro y no me conocía, dijo que le hacía acordar a Fontanarrosa.

—¿Te sentís escritor o sólo alguien que cumplió el sueño de editar un libro?
—No, sólo alguien que pudo darse el gusto de publicar su libro. Considero que escritores son los que pueden llegar a vivir de la profesión y escriben para la consideración del público. Yo siento que estos cuentos los escribí para mi gusto, y recién ahora voy a poder descubrir si coincide con el gusto de quién los lea.

—¿Qué les dirías a los lectores a los que entregás tu ópera prima?
—Un poco está en la respuesta anterior. Se van a encontrar con una obra que consta de diecisiete cuentos que intentan ser divertidos partiendo de ciertos estereotipos, que no fue concebida como tal desde un principio, algo así como un embarazo no deseado, que ya vio la luz y ahora hay que mimarla, quererla y protegerla, para que pueda desarrollarse sin contratiempos.

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