Mercedes Giuffré: “La novela puede rescatar lo que quedó descartado cuando se seleccionó qué perduraría en la memoria”

Por Andrea Viveca Sanz

Atraída por la historia, Mercedes Giuffré atraviesa los libros que la contienen y busca más allá, en los rincones del tiempo en los que es posible encontrar retazos de otras épocas, muchas veces troquelados por las voces que los evocan, y se sumerge en esos mundos para echar luz en las sombras a través de la ficción.

Con pasión sobrevuela documentos que la transportan a lugares en los que los personajes descubren su voz y comienzan a caminar sus propios conflictos, que los ayudan a crecer entre las páginas para arraigarse en las manos de los lectores, quienes sostienen sus vidas imaginadas y reviven con ellos los nudos que atan cada historia narrada.

En diálogo con ContArte Cultura, la escritora cuenta su experiencia en el camino de las palabras y abre la puerta de su próxima novela para que podamos espiar de qué se trata.

Para presentarte, ¿qué rasgos de personalidad de Samuel Redhead, el protagonista de tus ficciones históricas, serían los que mejor te definen?
—Al igual que pasa con las personas de carne y hueso, es difícil desentrañar de dónde proviene cada rasgo de carácter, pero creo que tenemos algunas afinidades. A ninguno de los dos nos gusta la frivolidad o la falta de propósito en la vida. Y a los dos nos sulfuran las injusticias y la corrupción.

—¿Cuál es el principal motivo por el que elegiste el camino de la escritura?
—La elegí en un sentido, pero era algo que se caía de maduro porque, desde chica, el contacto con la literatura era lo que me hacía feliz; sentía que no encajaba en otros ámbitos. De la lectura pasé a la escritura, ya en la primaria, cuando mis padres me mandaron al taller literario que había en la escuela a contra turno. Después, en la secundaria, no veía la hora de terminar esa etapa para entrar en la facultad a estudiar Letras y formarme profesionalmente. En ese entonces, asistía al taller de Hebe Solves.

—¿De qué manera llegás a sumergirte en los hechos del pasado para construir una novela histórica?
—Primero leyendo mucho: ensayos, libros de historiografía, memorias, cartas (trato de escuchar la voz de la gente que vivió efectivamente en la época que investigo, de empaparme de su lenguaje y de su forma de ver el mundo). Después voy a museos para ver (y si puedo tocar) objetos de la época. Hago un fichaje exhaustivo de todo: ropa, mobiliario, iluminación, costumbres, baile, lo que sea. Es como viajar en el tiempo. Y en materia bélica (yo trabajé con material de las invasiones inglesas), conviene leer las fuentes de los dos bandos, para hacerse una idea certera de los hechos. Ser imparcial, como buen observador.

—¿Cómo lográs dar forma a cada una de las tramas policiales de la saga que incluye tus libros “Deuda de sangre”, “El peso de la verdad”, “El carro de la muerte” y “Almas en pena”? ¿Qué no puede faltar en un buen policial?
—No tengo una fórmula. Cada libro implicó un itinerario diferente y me encontró en circunstancias diversas de la vida. Yo fui cambiando y mi escritura también. En un punto, me ganó la avidez de aventura y el no querer repetirme, así que las dos últimas novelas publicadas fueron desprendiéndose del traje policial y se fusionan con el humor, los viajes y desplazamientos, un ligero romance, trompadas (de esas que a Borges le parecían cosa de rufianes); hay también mucho de las creencias de los esclavos africanos en contraposición con la religión de los blancos, y en “Almas en Pena” dejamos el policial tradicional para meternos en la fantasía. ¿Qué no puede faltar? La intriga, la sorpresa.

—¿Crees que es posible rescatar retazos invisibles de la historia mediante la ficción?
—La ficción histórica honesta (la que no trata de tergiversar), puede captar el espíritu de una época y darle voz a quienes no tuvieron ese espacio en el discurso historiográfico. Ese mero acto puede convertirse en una cierta justicia poética. Y sí, la novela puede rescatar lo que quedó descartado cuando se seleccionó qué perduraría en la memoria.

—¿Quiénes son los olvidados que decidiste visibilizar para que cuenten lo callado?
—“Los Olvidados” es una novela distinta de las otras. La escribí desde el compromiso con la memoria de mis antepasados españoles, que eran republicanos. Cuenta el periplo de los exiliados en el norte de África, a los que el gobierno colonial francés sometió a un régimen concentracionario, en plena Segunda Guerra Mundial. Su historia quedó silenciada porque en España gobernó el franquismo hasta mediados de los ‘70 y luego había demasiado por contar y la historia de estas personas no encontró su lugar. En Francia tampoco había interés por hablar de los campos de concentración franceses… Y así se fue olvidando a estas personas que pasaron por situaciones tremendas y dejaron enseñanzas y un mensaje de esperanza para las generaciones venideras, a veces en diarios íntimos, en cartas, o en memorias que publicaron en imprentas y en ediciones de autor. Tuve un antepasado en esos campos y trabajé en mi tesis de maestría con los testimonios de varios hombres y una mujer que también pasaron por ellos. Al mismo tiempo que investigaba para esa tesis, escribí “Los Olvidados”, que todavía busca editor.

Contanos cómo fue el proceso por el cual diste vida a Samuel Redhead y de qué manera vivenciaste su evolución a través de las páginas de cada libro.
—Samuel se apareció en mi cabeza una mañana en la que preparaba una clase en un café a la vuelta de casa. En esa época vivía en un departamento muy chiquito y aquel local me parecía la gloria porque tenía ventanales enormes, mucha luz y música de jazz, mientras que mi departamento era oscuro y los vecinos no dejaban de hacer ruido… El personaje irrumpió y ya no pude pensar en otra cosa, así que me puse a escribir algo que derivó después en una escena de la primera novela, “Deuda de Sangre”. Yo venía leyendo mucho sobre el siglo XIX, en plena crisis del 2001, buscando el origen de esa vocación suicida que tenemos los argentinos, que hace que tengamos todo en potencia y lo derrochemos. Pero se ve que tantas lecturas derivaron en otra cosa. O no. Hay que ver en perspectiva, que Redhead es un poco todos los inmigrantes que eligieron y eligen este lugar para vivir (más allá de nuestros muchos defectos). Como personaje fue creciendo y evolucionando entre novela y novela. En la primera es muy… extranjero. Después se va asimilando. Y en “Almas en Pena”, la última publicada hasta la fecha, lo encontramos ya más acriollado, sin por eso perder sus mañas europeas. ¿De qué manera vivencié su emoción? Digamos que es un personaje muy intenso. Entre novela y novela me tengo que tomar un respiro y escribir otra cosa, como ahora. Pero después lo extraño demasiado. Ya es como un pariente cercano. Hay un lazo especial con él.

¿Qué te sedujo de los escenarios de principios del siglo XIX, para soltar allí a tus personajes y ayudarlos a interactuar en ese tiempo histórico y en aquellos espacios coloniales?
—Siempre pienso que como mujer y como intelectual hubiera sido profundamente infeliz si me hubiera tocado vivir en el siglo XIX. Y sin embargo, es una cuestión de piel sentirme más cómoda en esa época a la hora de ambientar historias. Había algo de misterio todavía, una esperanza en la Humanidad que después de las dos guerras mundiales se esfumó. En Argentina, particularmente, fue un siglo de mucha violencia: las invasiones inglesas, la guerra de Independencia, la guerra civil entre unitarios y federales, la guerra entre Buenos Aires y la Confederación, la guerra del Paraguay… Pero eso también te da un contexto y un escenario para novelar y mostrar al ser humano en su mejor y en su peor expresión. Lo colonial se acaba en 1810/1816, y ahí empieza lo interesante. ¿Qué país queremos? ¿Qué sistema nos va a gobernar? ¿Qué relación con la otredad vamos a tener? ¿Quiénes somos? ¿Quiénes entran en el “nosotros”? Todavía estamos barajando las respuestas, para nuestra desgracia.

¿Hay una quinta entrega en la que Samuel Redhead y quienes lo acompañan cumplirán su ciclo o se abrirán nuevas puertas?
—Sí, falta la quinta novela que cierra la serie de Samuel Redhead. No puedo contar mucho sobre esto. Tengo el título, el momento histórico concreto y, a grandes rasgos, el caso. Pero me falta cerrar algunos detalles y si hablo, se me vuela todo. Así que lo dejo acá. En cuanto a personajes, desde luego van a estar Clara y Malik, y el entorno cercano del médico.

¿Qué otros géneros disfrutás escribir?
—Tengo escritos varios cuentos, que publiqué en antologías, y dos ensayos. Practico con periodicidad la escritura académica con ponencias, artículos de crítica literaria y estoy en trámite de convertir mi tesis en un libro. Escribo reseñas de libros en el blog El País de la Bruma, que hacemos con varias colegas y amigas. Y en cuanto a la ficción, ahora mismo estoy trabajando con algo que fusiona la ambientación histórica con varios otros géneros.

¿Podrías revelarnos cuál es el misterio que hoy alimenta tus sueños de escritora?
—Estoy escribiendo una novela ambientada en la segunda mitad del siglo XIX, en la provincia de Buenos Aires. El protagonista es extranjero, igual que Redhead, pero es su antípoda en todo. Y con esto, ya dije mucho.


Mercedes Giuffré

Nació en Buenos Aires en 1972. Asistió durante su adolescencia al taller literario de la poeta argentina Hebe Solves. Egresó de la carrera de Letras y se inició en la docencia universitaria. En 2003 publicó una antología de cuentos, Lo único irremediable y al año siguiente, el ensayo académico En busca de una identidad. La novela histórica en Argentina. También en 2004 publicó la investigación Un colono escocés. William J. Grant, traducida más tarde al inglés por una de sus descendientes. En 2008, el sello SUMA de Letras de Argentina editó su primera novela, Deuda de Sangre, el misterio protagonizado por Samuel Redhead que inicia su serie de novelas ambientadas en el Río de la Plata durante los primeros años del siglo XIX. Posteriormente el sello Edebé la publicó en España. A esa obra la siguieron, en 2010, El peso de la verdad, segunda entrega de la serie, y en 2011, El carro de la muerte, la tercera. A fines de 2014 culminó la novela Los Olvidados, que transcurre en África y Europa, durante la Segunda Guerra Mundial, que aún se encuentra en la búsqueda de editor. Desde entonces se abocó a la serie de Samuel Redhead, cuya cuarta entrega, Almas en Pena, se publicó en octubre de 2017 en SUMA de Letras de Argentina. Es autora de artículos en diarios y revistas, tanto de difusión como académicas, en Argentina, Uruguay, México y el Reino Unido. Ha dado conferencias y charlas en distintas instituciones y fue invitada en diversas ocasiones a ferias del libro, festivales, ciclos literarios, clubes de lectura y bibliotecas populares. Participa de congresos académicos y se dedica a investigar y publicar para ese ámbito en el área de la memoria, la literatura testimonial y la novela histórica.

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