
Literatura
Otorgaron el Premio Hebe Uhart a la novela “Las visiones venenosas”
“Las visiones venenosas”, de Fermín Eloy Acosta, es la novela ganadora de la edición 2024 del Premio Hebe Uhart de Novela. El jurado compuesto por María Teresa Andruetto, Hernán Ronsino y Miguel Vitagliano determinó por unanimidad otorgar a dicha obra el premio, que consiste en $1.500.000 y la publicación dentro de la colección “Nuevas Narrativas” de Ediciones Bonaerenses, el sello editorial de la Provincia de Buenos Aires.
Además, el jurado también definió por unanimidad entregar una mención especial a la novela “La edad de la tarde”, de Mauro Peverelli, quien nació en 1969 y vive en Luján.
En la fundamentación del fallo, los integrantes del jurado expresaron: “‘Las visiones venenosas’, novela que premiamos por unanimidad, se organiza como superposición de voces, registros, variantes, sobre una zona brumosa entre lo fantástico y lo anacrónico. El relato avanza con ritmo y tono singulares y una lengua tan rica como extrañada, todo lo cual la vuelve notable”.
Asimismo, resaltaron que “se trata de una novela compuesta por una compleja urdimbre de voces, guiada por el punto de vista de la narradora, Olga Lang, una joven huérfana, que tiene un problema en una pierna que la hace renguear. Las voces femeninas (Graciela, Belita, Elsa, la misma Olga) tienen un tono de otra época”.
Y brindando algún detalle más de la historia ganadora, contaron: “Las cuatro mujeres están reunidas en una quinta, fueron convocadas y esperan la llegada de algo inquietante, algo sobrenatural, algo misterioso. Esperan una señal y mientras esperan la llegada de lo desconocido, se cuentan historias, se reparten las tareas y el tiempo, hacen guardia por las noches, abren grietas entre ellas en un clima y con una lengua algo anacrónicos que sostienen todo el tiempo su misterio atrapando al lector. La narración avanza para enfrentar lo inexorable, en una lectura que no se detiene. La escritura late y respira como un poema: ‘Cada una de nosotras sin movernos, quietas, sentíamos como caía la tarde al otro lado del bosque, sobre nuestras cabezas. Ellos, Las cosas, en alguna parte, tal vez ahí mismo'”
En referencia a la distinción para la obra de Peverelli, explicaron: “También por unanimidad, resolvemos distinguir con una mención a ‘La edad de la tarde’ por la calidad de su escritura, el conocimiento y la escenificación tan refinados de la naturaleza (en muchos momentos se trata del verdadero personaje), la pampa y ciertas desoladas costas atlánticas, la certera puesta en escena de personajes marginales que deambulan por esos territorios y hacen eco con grandes relatos de la literatura nacional (la pampa sin catequizar de la que hablaba Sara Gallardo o ‘Alla lejos y hace tiempo’ de Guillermo Hudson o “La intrusa” de Borges).
Sobre el premio
El Premio Hebe Uhart de Novela fue pensado para promover la creatividad artística, impulsar la escritura, fomentar la producción de novelas, reconocer y darles una visibilidad mayor a las nuevas narrativas dentro del catálogo del sello editorial público y estatal.
En esta segunda convocatoria participaron 282 novelas originales e inéditas, que llegaron desde 62 localidades de la Provincia de Buenos Aires.
(Fuente: Prensa Ediciones Bonaerenses)

Literatura
Se celebra en la Argentina el Día del Lector

Cada 24 de agosto, Argentina conmemora el Día del Lector para recordar el nacimiento de Jorge Luis Borges. Esta fecha se convierte en una ocasión para pensar en la relación que existe entre la lectura, la creatividad y el desarrollo tecnológico. Borges, con su mundo de laberintos, espejos y bibliotecas sin fin, logró prever discusiones que hoy en día se presentan en el ámbito digital y en la inteligencia artificial.
Su obra, que parecía dialogar con lo eterno, se vuelve sorprendentemente actual en un tiempo donde el conocimiento circula a velocidades inéditas y donde las nuevas generaciones tienen acceso a una biblioteca universal que él mismo soñó en sus relatos.
La celebración de esta fecha en Argentina no solo consiste en honrar al autor, sino que también se amplía en iniciativas culturales que intentan conectar a los jóvenes con la lectura. Bibliotecas, centros culturales y organizaciones realizan eventos, talleres y premiaciones que fomentan el amor por los libros, al mismo tiempo que ofrecen nuevas maneras de vivir la literatura.
En ciertos lugares, las obras de Borges se fusionan con música, danza y creaciones hechas con inteligencia artificial, evidenciando que la tradición y la novedad no son enfoques contradictorios, sino que se complementan entre sí.
Internet y la inteligencia artificial, en lugar de suplantar la lectura, pueden servir como herramientas para que los jóvenes exploren nuevas maneras de crear e imaginar.
Reflexionar sobre Borges hoy en día es considerar un vínculo entre el pasado y el futuro. Sus historias nos sugieren que la creatividad es la auténtica fuerza que transforma, y que el verdadero conocimiento no se limita a acumular información, sino que se enriquece al interpretarla y darle significado. Para las nuevas generaciones, el reto es adaptarse a la rapidez de la tecnología sin sacrificar la profundidad que ofrece la lectura, reconociendo que estos dos aspectos pueden coexistir y complementarse mutuamente.
El Día del Lector, entonces, no es solo un homenaje a Borges, sino una invitación a mirar hacia adelante, ya que, en tiempos de cambios vertiginosos, recordar su legado es recordar que el verdadero poder está en la capacidad de imaginar y dialogar: la lectura y la tecnología, juntas, pueden abrir caminos hacia un futuro más humano, más creativo y más libre.
El saber no es un objetivo por sí solo, sino un recurso para ampliar la conciencia y edificar un mundo donde la creatividad continúe siendo el impulso de la historia.
Textos para escuchar
El origen de la risa – Andrea Viveca Sanz

Andrea Viveca Sanz lee su texto El origen de la risa
Una tarde de lluvia, de marea alta, de peces lejanos, de espuma furiosa y vientos helados la luna fue testigo de un acontecimiento especial. Ella guardó entre sus cráteres el secreto que mucho tiempo después revelaría.
Un pez pequeño, de color amarillo intenso, logró ingresar al mundo de una ostra y ambos disfrutaron de ese encuentro casual. Tan contenta estaba la ostra que sus valvas se abrieron deseosas de emitir palabras. Lo que no fueron palabras fueron gestos y entre esos gestos se gestó la risa que con los días fue tomando forma de perla, brillante y nacarada.
Desde entonces, acunada por las aguas y escondida entre las rocas, la risa habita en un grupo de ostras perlíferas.
Fue así que se convirtió en la gran sanadora de los mares. Las ostras abrían sus bocas para mostrar su presencia. Había que estar atentos para verla y tomarla.
Cierto día, la risa quiso salir del agua. Un hombre, primitivo y sereno, la tomó prestada y la guardó en su boca. Desde ese momento anda escondida en los dientes humanos buscando aflorar.
Cuando los labios se abren para dejarla salir ocurre el milagro. Otras bocas imitan el gesto y todas dejan salir a la risa que todo lo cura, que todo lo perdona, que es sabia, fresca y eterna.
La risa se esconde en nuestras almas, se duerme en nuestras bocas, se hermana con las palabras y los gestos y, si nosotros la dejamos, fluye como una luz que todo lo ilumina.
Historias Reflejadas
“Memoria”


Memoria
Poso mis manos en el hueco, en ese espacio vacío donde anida el silencio. Escucho, percibo el latido de las palabras que ahora pronuncio, las dejo ascender por los bordes de mis dedos. Atraviesan mi piel, que las absorbe lentamente, como si aún estuvieran vivas y necesitaran contar lo que el hueco calla.
Escribo con el pulso de mi sangre, recupero el lenguaje olvidado, el instante quieto en la trama. Recupero las palabras que me pertenecen. Huelo cada letra, me pierdo en la música que sostienen y vibro con ellas en el espacio vacío, en los restos, los huesos sobre los huesos donde habita el silencio.
Escucho y escribo, como si los hilos de la memoria se entrelazaran para sostener el latido de las palabras.
Andrea Viveca Sanz
Se reflejan en esta historia los siguientes libros que rescatan la memoria de nuestra historia: “El azul de las abejas”, de Laura Alcoba; “El fin de la historia”, de Liliana Heker; “Aparecida”, de Marta Dillon; y “Todos éramos hijos”, de María Rosa Lojo.






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