Pamela Medina: “Sueño con seguir escribiendo historias que me enamoren a mí, y luego enamoren a quien las lea”

Por Andrea Viveca Sanz

Hay una llama que arde en su interior, un fuego de palabras que necesitan manifestarse. Con delicadeza, Pamela Medina logra fundirlas en el silencio que las cobija y deja que se expandan para que la alquimia de voces sea posible.

Sus personajes nacen y crecen alimentados por ese fuego, el de la pasión que los sostiene, el del amor que se eleva por encima de las páginas para contagiar a los lectores, el de los secretos que emergen entre sus letras en el momento oportuno.

Atrapada por las esencias que quedan suspendidas en el aire, la autora entrerriana comparte con ContArte Cultura una historia en la que el presente y el pasado se encuentran en un punto imaginado para que la magia suceda.

—A modo de presentación, ¿podrías contarnos cuál es la esencia que mejor te representa y por qué?
—La esencia que mejor me representa es mi sensibilidad para descubrir las sutilezas que la vida esconde. Los detalles que puedo percibir con los sentidos; la inspiración que las fibras más íntimas guardan; la pulsión que mueve a los seres humanos a actuar son, para mí, los sitios donde reside la magia.

—¿En qué momento te sentiste llamada a contar historias?
—Siempre viví con mucho placer los momentos donde tenía la posibilidad de escribir, ya sea una redacción en la escuela, una monografía para la facultad, una carta o dedicatoria para alguien. Pero en una circunstancia dada, luego de finalizar los primeros libros que leí de Florencia Bonelli, algo me hizo ruido dentro, y me pregunté si sería capaz de recrear mis propias historias. Y así comencé… Primero dejando volar mi imaginación, y luego acercándome al oficio del escritor, propiamente dicho, para aprenderlo y perfeccionarlo. Creo que seré una eterna “aprendiente” en este camino.

—¿Cuáles son las cosas que pueden convertirse en tus fuentes de inspiración?
—Un aroma, una flor, una carta ajada, un cuaderno de memorias, una foto, un cuadro, una canción. Cualquier cosa que, al mirarla, tocarla u olerla, me erice la piel, me haga cosquillas en la panza o se me instale en el pecho puede ser mi fuente de inspiración. Es como un flechazo. Lo percibo, me conmueve y me digo: es por acá.

—Contanos qué elementos son fundamentales a la hora de sentarte a escribir.
—Por lo general no me puede faltar un café, un mate, o un té dulzón. Creo que tiene que ver con un hábito que adquirí mientras estudiaba seis u ocho horas al día. Me gusta, además, rodearme de olores y luces para darle calidez al ambiente: sahumerios, lámparas de sal, hornitos, velas. Me encanta ambientar, mas no lo necesito: tengo un poder de abstracción bastante potente (debí haberlo desarrollado gracias a la convivencia con mis tres hijos). Para crear, con una computadora o un cuaderno y un bolígrafo me bastan. En este proceso de buscar mi mejor versión descubrí que algunas escenas ameritaban ser escritas a mano y con el corazón sobre la hoja.

—¿Cómo viviste el proceso de gestación y alumbramiento de tu primera novela “Esencia de luna”?
—Lo viví como se vive un proceso de gestación y alumbramiento de un primer hijo: con amor, ansiedad, sorpresa y hasta con un poco de miedo. No sé si pensaba realmente en escribir una novela con la inexperiencia casi absoluta que tenía, pero me enamoré de la historia y ese amor creció tanto y de tal forma que quise darle el espacio que sentí que se merecía.

—¿Cuál es la temática principal de la obra?
—Es una novela romántica, cuidada en los detalles, minuciosamente dibujada. Una historia de superación personal, donde el amor es el motor que mueve a los personajes a alcanzar sus metas u objetivos, traspasando cualquier frontera física o cultural. Es un amor que completa y conduce la vida de sus protagonistas.

—¿De qué manera lograste construir a cada uno de tus personajes?
—Fui de lo más sencillo a lo más complejo: primero les puse un rostro y un cuerpo (necesito conocer el color de sus ojos, el aroma de sus pieles, la textura de sus manos); luego me detuve en sus nombres, tenían que ser “sus nombres”, aquellos con los que yo los llamara y ellos vinieran. Después, lo más difícil, llenarlos de una personalidad que enamoren, con luces y sombras, que sean coherentes en sus decisiones y acciones y nos muestren las posibilidades que el amor expande.

—¿En qué tiempo histórico se desarrolla la trama?
—La trama se desarrolla en la década del ’30. Una época histórica, pero no tan alejada de la actualidad. Es un tiempo en el que me siento cómoda retratándolo con palabras. Es el tiempo, quizá, en el que me hubiera gustado vivir.

—¿Cómo intentaste colorear cada uno de los escenarios a través de tus palabras para que el lector llegue a percibir los aromas y las texturas de esos ambientes?
—Desde que comencé a narrarla quise que los escenarios sean un protagonista más en la historia. Me encanta leer novelas donde el espacio está tan bien descripto que puedo sentirme parte del paisaje, respirando el mismo aire que sus personajes. Conocí personalmente los escenarios donde se desarrolla la trama y ni bien puse un pie en el lugar supe que ahí había una historia, y para que el lector también se sienta parte de ese espacio intenté recrearlo lo más fielmente posible.

—¿Qué sueño literario te gustaría hacer realidad mediante la alquimia de tus palabras?
—Escribir ya es mi sueño, mi pulso, mi alquimia. Ese proceso sagrado en el que integro mis ideas, mi sentir, mis pálpitos, con mis letras, mi prosa. Sin embargo, literalmente, sueño con seguir escribiendo historias que me enamoren a mí, de principio a fin, y luego enamoren a quien las lea. Historias que lleguen al corazón de los lectores, como salen del mío.


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