
Entrevistas
Rita Gardellini: “Al escribir ficción no hay reglas, y eso es un descanso ante tanto mundo exigido”
Por Andrea Viveca Sanz
Transitando caminos que se bifurcan todo el tiempo, Rita Gardellini recorre la vida con entusiasmo. Se encuentra a sí misma en el sendero de las letras y crea lo que sus palabras guardadas le van dictando. Sin embargo, en simultáneo transita con hidalguía una profesión que ama y en la que aspira a dejar huellas.
En diálogo con ContArte Cultura, Rita hace un alto en la ruta y nos cuenta su experiencia de vida.
—Contanos quién es Rita Gardellini.
—Definirme por el hacer sería lo más expeditivo, ingresar en cómo soy ocasionaría complejidades aburridas; además: uno siempre termina mencionando lo que hace, también lo que siente, quiere, sueña. Uno es al ser, y no he hecho otra cosa más que vivir desde que nací. Vivir me apasiona; no hay nada predecible, no hay manuales, hasta la más simple de las rutinas puede desembocar en algo maravilloso o por qué no, en una deseada siesta. Me suelo presentar como directora de escuela, docente investigadora y escritora, pero eso dejaría a un lado a mi familia, que es lo mejor que voy a realizar.
—Sos una docente apasionada y además escritora. ¿Es posible transitar ambas rutas al mismo tiempo?
—Es un hecho, es lo que hago. Son actividades independientes y a su vez simultáneas. Cada una podría existir o no sin la otra. Lo educativo absorbe y demanda en un continuo; la literatura se relaciona más con mi privacidad y mis propios tiempos. Casi nadie sabía que escribo hasta que fui a España a presentar la novela. En realidad, me impongo como obligación decirlo e incluso me di un lujo atrevido: señalarlo en el documento. Resultarían idílicas esas situaciones admiradas en películas, donde la escritora se retira a su casa en la playa para escribir, y recibe un generoso adelanto de su obra, y lo único controversial parece ser la presión del editor para que la entregue a tiempo… pero creo que cualquiera puede imaginar que ésa no es la realidad en Argentina. No dispongo de casa en la playa ni de tiempos herméticos de soledad, ni de ninguna de las bellas arquitecturas que uno contempla que poseen los escritores en las películas. Soy simplemente una persona con muchas actividades en su cotidianeidad, además de madre de familia, esposa e hija; por lo cual todo se debe a llevar a letras un gran exceso de imaginación.
—¿Cuándo se despertó tu amor por la escritura?
—Primero, lectora. Vicio muy precoz que debía esperar los obsequios de libros en Navidades, Reyes, Santo, cumpleaños, Día del Niño y cualquier ocasión válida. Vicio que ahora atiborro desde hace años con la lectura de varios libros a la vez, ya en gula. ¿Escribir? Es la posibilidad de que yo cree esos momentos en que existe lo que no es real, esos momentos que generaron los escritores en mí, es la sensación de pensar que alguien pueda sentir con mis letras, lo que yo siento al leer esos libros que me han enamorado y me enamoran; la sola posibilidad me deja perpleja. Señalar que siempre escribí puede no significar nada, tener una mente plagada de diálogos, de personajes, de mundos, pasen o no a la escritura, existen igual en mi mente, como quien tiene la habilidad para encestar y no juega en la NBA. Esas historias, esas conversaciones que creamos con nuestros juguetes cuando somos niños, las mías avanzaron, han crecido y madurado y están listas para ser prestadas y compartidas; encontrar el descubrimiento de que tanta imaginación no es algo habitual, ¿puede ser importante? Veremos. Espero que no a la manera necrológica de Kafka o cuando ya las fotos muestren una anciana. Ubicándome fuera del ombligo que suele pulirse sin mérito: amo leer, ¿cómo no amar escribir?
—¿Y existió ese momento en que te descubriste escritora?
—La primera vez que me interpelaron sobre los personajes fue una sensación muy curiosa, embriagante porque comenzaron a resultar reales para otro, el lector les había dado vida, fue Prometeo de personajes e historias que sólo existen en mi mente y de inmediato pensé en cuando yo leo. No asocio en que son letras que escribió alguien y si eso sucede es porque no pudo atraparme y me extravió la escritura como ejercicio, es decir el estilo, la ortografía, la pauperización del lenguaje y otros similares que tienen que ver con la lengua como producción no como arte. Hace unos días, le narraba una nouvelle que escribí a mi amiga Mónica –destrozándola porque mi memoria es una desaparecida sin acción-, y ocurrió algo de lo que tomo conciencia ahora con tu pregunta: ambas emocionadas hasta las lágrimas por el destino de los personajes. Es muy loco si analizás que las dos sabemos que es ficción, hasta yo me alejé al punto de no considerarla sólo un invento. En definitiva, soy escritora en la medida que lo determinen los lectores. Cuando ellos se apropien de mis letras y las hagan suyas; hasta que ese momento perfecto no se produce, son sólo palabras en un papel o en la computadora como hay tantas.
—A la hora de elegir un camino ¿te inclinás por la ficción de la novela o la realidad de las notas de opinión?
—La ficción. Primero porque todo puede controlarse, lograrlo perfecto, muy lejano a la aleatoriedad de la realidad que realiza a su antojo. Al escribir ficción no hay reglas, y eso es un descanso ante tanto mundo exigido. Cada lector se comporta frente a un texto literario sin límites, sin ajustes de intención. Me ocurrió con el relato Soledad, que dudé en incluirlo en “Después de comer perdices o por qué las mujeres son boludas e insisten en enamorarse” dado que me resultaba demasiado sensible, y sin embargo fue el primero en recibir el elogio del escritor Patrick Ericson. Lo mismo Paula, una de las que destacó el periodista Xabier Fole; yo ni siquiera recordaba cuál era y tuve que fijarme.
—¿Por qué elegiste el blog como canal de difusión de tus escritos?
—No sabría decirte los años que hace que me recomiendan que lo escriba, en su importancia para la difusión. En cierta manera, supongo que me vi obligada por la espera. Es más llevadero aguardar al comprobar que mis letras no se asfixian en un archivo de mi computadora, aunque naveguen en la incertidumbre del aire. Incluí un contador de entradas en el blog aún bajo la advertencia de que era una acción muy retrógrada, pero es muy alentador suponer que esas entradas se traducen en lectores. Desde ya: muchas gracias a los que opinan. No creo que adviertan la importancia de obsequiarme ese privilegio del diálogo.
—¿Entendés que el virtual es el mejor camino para posicionar tu obra?
—Se debe comprender que publicar es sólo el inicio, al menos para escritores que no ingresan en el aparato publicitario de las grandes editoriales; luego viene lo álgido: la distribución. Uno, inocente y totalmente ignorante asume que al publicar y realizar presentaciones exitosas que alcancen librerías como La casa del libro, lo ha logrado, y no, es ahí cuando no se la debe dejar sola; que fue mi error con la obra en España. Por eso aprendí y he obedecido a mi hijo Nicolás que es quien se encarga de orientarme en lo virtual, como nativo digital que es; así que, en mis rudimentarias herramientas de extranjera virtual, he creado el espacio en Internet. En realidad, torturo a mis tres hijos, también a Bianca, ella ha creado vídeos de programas de radio o me ayuda con los píos –en twitter siempre quedo en rojo- y a Hilén, que diseñó la original portada del libro de las perdices.
—¿Y cómo se puede llegar a editar una novela en nuestro país?
—En Argentina, las editoriales no aceptan manuscritos no solicitados o de inéditos para su lectura, así que estamos muy lejos de la historia de J. K. Rowling y los rechazos que sufrió su “Harry Potter”, porque directamente no tenemos inclusión en el rechazo al no ser leídos. Entonces, en esta álgida controversia se balancean dos opciones: autoeditarte, situación que a mí no me hubiera permitido convencer de que mis letras valen el papel, o esperar. Yo opté por la segunda.
—Así llegó tu primera publicación…
—“No dejes que muera”, la novela que me publicó la Editorial Baile del sol en España en 2009, aguardó pacientemente ocho años en ser leída. Imaginate lo que representa esa editorial y mi editora Ángeles Alonso; ni mencionar el tiempo de maravillas que viví cuando fui a presentarla a España. La presenté en el cabildo de Tenerife, en La casa del libro en Vigo, en Madrid y en Canet del Mar, ayuntamiento de Barcelona. Afortunadamente existen las fotos y las notas en los diarios porque ir a España como escritora y que te malcríen alcaldes, presidentes, libreros, periodistas, escritores, bibliotecarios y lectores, por momentos, parece otro de mis fabulados. También valoro muchísimo a Aldo Battisaco, de la Editora UNR de Rosario por haberme otorgado con su proyecto de Extensión Universitaria la posibilidad de ser leída y así editada en mi ciudad.
—¿El secreto es la paciencia o por momentos dan ganas de dejarlo todo?
—Hubo años en que sólo me dediqué a escribir, había desistido de intentar que me leyeran o de relacionarme con otros escritores, porque me provocaba angustia. No tenía relación el placer que me provoca escribir, los elogios que recibía de mis azarosos lectores, al desahucio que sentía porque no me aceptaban la obra ni siquiera para ser leída y rechazada. Por lo general, es mi marido él que me ahuyenta esos ridículos divismos porque tiene un humor constante e ingenioso, es uno de los casi únicos que me hace reír, tiene ocurrencias muy divertidas. No es que afirme que toda escritura merece ser publicada, pero sí al menos, leída y objetada. Entiendo que las editoriales son empresas que deben generar sueldos, y no pueden acarrear compromisos con ignotos para luego decirles a su empleado “lo siento, el libro fracaso, asuma el costo de su salario”, pero uno aspira contenta el recibir un simple “no podemos editar poemarios porque la poesía no genera ventas, lo sentimos mucho ya que su obra lo merece. Esperamos contar con excedentes financieros que nos permita la oportunidad de contarla entre nuestros escritores”. Y no es por el trabajo, es el alma lo que se agobia. Mi ilusión original era escribir en la total libertad del seudónimo, de eso, a esta sensación de mendigar que me sofoca y me supera en deseos de enviar todo al diablo. Pero claro, uno debe ser responsable y asumir que son miles los que escriben, y que las editoriales están formadas por empresas con trabajadores que necesitan mantener familias con sueldos dignos y no ínfulas de desconocidas.
—¿Hay alguna temática predominante que puedan encontrar los lectores en tus artículos?
—Van a encontrar lo que me interesa, enoja, indigna, altera, divierte, es decir: el variopinto de lo que logra movilizarme siempre en ese tono en que el desparpajo, lo histriónico y el cinismo se confabulan para cuestionar y aporrear la indiferencia.
—Entendiendo que tanto la docencia como la escritura son facetas muy importantes en tu vida ¿Hay algún deseo, algún sueño, que una esas dos pasiones?
—Un prestigio y éxitos literarios que lograran que mi voz en educación fuera oída. Quiero implementar un proyecto que diseñé hace años y crear la carrera docente. El divorcio del profesorado, aún más, los docentes de primaria con la Universidad, limitan la investigación formal a las maestras. Lo cual me llevó a escribir un libro con el anteproyecto de Investigación, en la esperanza de que alguna vez pudiera efectuarse. Hubiera resultado muy diferente de contar con la palestra de la Universidad. También fundar el Colegio del Maestro –como existe el de abogados o médicos-, la cual es una idea brillante de mi amiga Graciela Guemberena, que tiene relación con la profesionalización del rol y la importancia que merecen los que educan a una Nación, los que forman en principio a todas las profesiones.
Rita María Gardellini Cavido
Escritora y directora de escuela primaria en la ciudad de Rosario, Argentina.
Ha participado en la organización del Festival intercolegial de Letras y de Teatro “Soles Verdes”; de las Jornadas de capacitación docente “Escuelas que enseñan y aprenden” y del Congreso Internacional de Educación: “Haciendo Escuela desde Rosario”.
Autora de varias novelas, poemarios y relatos inéditos, ha publicado:
- “No dejes que muera” (Tenerife, 2009, Ediciones de Baile del Sol).
- “Después de comer perdices o por qué las mujeres son boludas e insisten enamorarse…” (Editorial de la Universidad Nacional de Rosario – 2011).
- “Alumnos lectores… alumnos escritores y su seño. Los soles verdes”, anteproyecto de Investigación educativa declarado de Interés Provincial y Legislativo. Publicado por los talleres de la Cámara legislativa de la provincia de Santa Fe. 2004. Segunda Edición agosto 2010 – Incluye la obra de relatos novelados: “Dulces, letras y linternas o la clase de lengua”
- “El hipertexto en el primer ciclo de E.G.B.” Experiencia participante en el libro: Cuadernos de Iberoamérica “Escuelas que hacen escuela II” Los caminos de la palabra. Organización de Estados Iberoamericanos. 2003
Autora de un sinnúmero de colaboraciones en diferentes libros y revistas de educación y ponencias en congresos relacionados con esa especialidad.
Premiada y receptora de menciones honoríficas en relación a su labor educativa.
Más sobre Rita Gardellini:
— Editorial Baile del Sol. // Editorial Baile del Sol, editora de “No Dejes Que Muera”. Desde aquí podrá adquirir el libro.
— Amazon. // Amazon. Desde aquí podrá adquirir el libro: “No dejes que muera“.
— Rita Gardellini // Página Oficial de la autora.
— Rita Gardellini // Facebook Oficial de la autora.

Entrevistas
Carranza Torres: “‘El Santo de la Espada’ es un libro complejo que cruza géneros sin traicionar a ninguno”

Por Walter Omar Buffarini /
Del Fondo Editorial acaba de reeditar una joya de la literatura y de los textos históricos argentinos como es “El Santo de la Espada”, biografía del general José de San Martín escrita en la década del 30 del siglo XX por Ricardo Rojas. Pero no conforme con ello, el sello no solo se limitó a reimprimir la obra, sino que le agregó valor con un estudio introductorio sobre la misma y una galería de imágenes.
Ese estudio fue encargado al abogado y escritor cordobés Luis Carranza Torres, quien venía de presentar en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires su novela, “Vientos de Libertad”, que aborda un acercamiento al prócer pero desde la ficción.
Contarte Cultura dialogó con el autor para conocer detalles de cómo llegó a hacerse cargo de ese estudio introductorio y el significado y peso que para él tiene en nuestros días la obra de Rojas.
—¿Cómo surgió la posibilidad de acercarte a “El Santo de la Espada” para esta nueva edición de la obra que lanzó Del Fondo Editorial?
—Fue un impensado regalo de la edición 50 de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. Allí firmaba mi última novela histórica, “Vientos de Libertad”, que también tiene que ver con San Martín, pero desde la ficción y enfocada en la guerra de espías que precedió al Cruce de los Andes. En una charla de libros con los editores de Del Fondo, Fernando Peralta y Jessica Gualco me contaron que estaban por reeditar la obra. Comentamos respecto de la importancia que ha tenido para la sociedad argentina en su conjunto, el contexto en que apareció y, sobre todo, su influencia a lo largo del tiempo en la forma que entendemos la figura de José de San Martín. Dos muy lindas charlas, luego de las cuales terminé sumándome al proyecto y escribiendo el estudio introductorio. Un honor impensado. Como suelo decir: las cosas gratas que te traen las letras.
—¿Por qué a la obra original se le agregó un estudio introductorio y una galería de imágenes?
—Al igual que la diagramación de tapa e interiores, muy visual, pensada para capturar a un lector del siglo XXI, tanto el estudio introductorio como la galería de imágenes buscan brindar al lector más elementos para comprender mejor el contexto y alcance de la obra de Ricardo Rojas, así como para entender la vigencia del legado sanmartiniano. Están pensados de modo que el lector de hoy no se acerque al texto de Rojas en el vacío, sino con las herramientas para entender por qué una biografía escrita en 1933 sigue interpelándonos casi un siglo después.
En ese sentido, el estudio introductorio le muestra cómo fue el proceso de su escritura, el porqué del título, las perspectivas que el autor adoptó al escribirlo y la historia de su influencia en la cultura nacional desde su aparición hasta nuestros días.
La galería de imágenes responde a una lógica complementaria: la idea fue mostrar en imágenes —mapas, cuadros de época, fotografías actuales de los lugares y objetos vinculados a la gesta— aquello mismo que Rojas cuenta con su prosa. No se trata de ilustrar el texto de manera decorativa, sino de darle al lector un correlato visual del recorrido que propone el libro: que pueda ver el territorio del Cruce de los Andes, los rostros y escenarios de época, al mismo tiempo que lee cómo Rojas los narra. Allí, además de los editores, Leonardo Menoyo tuvo a su cargo la concepción y selección de las imágenes. Algún aporte hicimos también. De tal forma, texto y galería se completan: uno cuenta, la otra muestra.
—¿Esta biografía de San Martín es para vos la “definitiva” o crees que debería ser entendida en el tiempo y los acontecimientos que rodeaban a Ricardo Rojas cuando la escribió?
—No creo que pueda haber una biografía “definitiva” en el sentido documental del término sobre San Martín, ya que siempre pueden aparecer nuevos documentos que enriquecen e incluso cambian algunas perspectivas. Sí me parece útil leerla sin perder de vista el tiempo en que surgió: Rojas empieza a escribirla hacia 1930, justo cuando lo sacan del rectorado de la Universidad de Buenos Aires tras el golpe a Hipólito Yrigoyen, con el país sacudido por la crisis institucional, y no pocos en la sociedad apostando a un país de tipo corporativo a imitación del fascismo italiano.
Por eso Rojas no solo escribe una obra sobre la vida de San Martín: rescata aspectos del prócer que brindan una respuesta espiritual a esa crisis cívica. Esa es la clave de lectura: no es solo una biografía en cuanto a una sucesión de hechos de la existencia de una personalidad pública, sino un trayecto en la construcción de los valores de una persona y de lo que hizo con ellos.
—¿La polémica que se desató entre Rojas y José Pacífico Otero tras la edición de la biografía en 1933, cambió en algo su posterior repercusión y el valor editorial de la obra?
—Sí, y es uno de los episodios que más me interesó reconstruir. En sus inicios, y a pesar del entusiasmo del público lector en general, ni la obra ni su autor se salvaron de estar incursos en polémicas. La esgrima verbal con José Pacífico Otero la ilustra de forma acababa, pues era un historiador de la vieja escuela, documentalista, y presidente del Instituto Nacional Sanmartiniano. Más allá de las cuestiones de lucha de egos, que las hubo, ese enfrentamiento marca dos visiones de ver no solo al prócer, sino cómo debe llevarse a cabo las obras de carácter histórico.
Otero era autor de una obra casi contemporánea, de varios tomos, con documentación europea inédita. Rojas apela a mostrar una vida en un solo libro y con un discurso mucho más accesible. Lo interesante es que esa disputa, lejos de perjudicar a Rojas, terminó marcando el destino de los dos libros: el de Otero, más riguroso desde el punto de vista heurístico, quedó circunscripto a los cenáculos especializados; el de Rojas se impuso en los lectores en general. No fue el aparato documental el que definió qué biografía iba a perdurar, sino principalmente el modelo narrativo. Y dentro de él, la accesibilidad del relato.
—Mitre y Pacífico Otero escribieron biografías mucho más extensas y documentales de San Martín. ¿Por qué la de Rojas terminó siendo la que se instaló en la memoria popular y escolar por sobre esas otras?
—Porque Mitre y Otero le hablan en sus páginas al historiador o al estudiante de historia, y en cambio Rojas conversa con el lector de a pie. Mitre funda la historia científica sanmartiniana y Otero la consolida con erudición de especialista, pero ambos escriben con el aparato clásico: notas, documentación exhaustiva, extensión de varios tomos. Y la narración tenía su centro de gravedad mayormente en sus hazañas militares. Rojas hace exactamente lo contrario: un libro compacto, de alrededor de quinientas páginas, sin la estructura de un libro histórico, sin citas al pie ni datos cuantitativos de batallas, centrándose en la progresión espiritual y sicológica de alguien que nació en las misiones guaraníes, creció en Europa, se formó en el ejército español y lo terminó combatiendo para asegurar la independencia de una tierra que sentía próxima, pero en la que no había vivido sino unos pocos años. Para el público de la época eso resultó completamente novedoso. Privilegió un texto atrayente, de rápida comunicación con el lector, y esa decisión de estilo es la que explica por qué es el San Martín de Rojas, y no el de Mitre ni el de Otero, el que se terminó instalado en la currícula escolar y en la memoria colectiva.
—El propio Rojas reivindicaba el derecho a una “historia que se romancea”, frente a las críticas de quienes le reprochaban mezclar erudición con literatura. ¿Cómo definirías vos el género de este libro: ¿biografía, ensayo histórico, o algo distinto?
—Se trata de un libro complejo que cruza géneros sin traicionar a ninguno, lo que habla a las claras de la genialidad de quien lo ha escrito. Si tenemos que encuadrarlo, entiendo que estamos ante una biografía novelada. Se ajusta en todos sus detalles a la verdad histórica, pero alcanza la armonía y la belleza de expresión de un poema. Esa paradoja —rigor histórico y aliento poético en la misma página— es lo que hace al libro difícil de clasificar en una sola categoría, y es al mismo tiempo lo que explica su eficacia para cautivar lectores generación tras generación.
No es menor en esto que Rojas estructura la obra como un tríptico —Iniciación, Hazaña, Renunciamiento— que tiene más la arquitectura de una tragedia clásica que la de una biografía convencional de cuna a tumba. No cuenta una vida pública, narra un camino de la ignorancia a la iluminación, del poder a la renuncia, del héroe al santo. Por eso yo prefiero llamarlo hagiografía laica antes que biografía a secas. Rojas no pretendía hacer historiografía tradicional, y esa fue precisamente la decisión que le permitió trascender.
—La obra se proyectó en otros formatos a lo largo del tiempo —la historieta de los años 50, la película de Torre Nilsson en 1970— ¿Cuál es tú opinión sobre esa capacidad de traducirse a otros lenguajes?
—Me parece el mejor termómetro de la vitalidad real de un texto. En 1950, año del centenario de la muerte de San Martín, el libro ya había dado el salto a la historieta, con las ilustraciones de Víctor Valdivia publicadas en el diario El Día de La Plata. Y en 1970 Leopoldo Torre Nilsson lo lleva al cine, con Alfredo Alcón en el papel de San Martín. Fue una de las películas argentinas más vistas de su época, con colegios enteros yendo a verla, y ese éxito de taquilla generó a su vez un tercer momento de interés editorial que aprovecharon EUDEBA y Editorial Campano para relanzar el libro con nuevos diseños. Un texto que puede migrar de la prosa a la viñeta y de ahí a la pantalla grande sin perder su núcleo de sentido no es un texto agotado, es un mito operativo, todavía en uso.
—¿Cuál es para vos el principal aporte de “El Santo de la Espada” para quien lea la obra en nuestro tiempo?
—Que la salud de una república depende fundamentalmente de la calidad moral de sus ciudadanos y, además, de la altura de sus líderes frente a la adversidad o las tentaciones del poder. Ese es, para mí, el corazón del libro, y se trata de un mensaje que no envejeció un solo día. Rojas nos recuerda que la libertad no es un puerto de llegada sino un ejercicio cotidiano de integridad, que exige coraje para defenderla y, en quienes gobiernan, la valentía de saber renunciar cuando corresponde. Por eso, en el tiempo que sea, leer a Rojas es reencontrarse con la idea, casi olvidada, de que la política y la grandeza pueden convivir en el sacrificio.
—¿Luego del estudio que llevaste a cabo para esta edición, cual es tu pensamiento respecto de la obra de Ricardo Rojas y sobre la propia biografía del Gral. José de San Martín?
—Terminé este trabajo con la convicción de que pocos intelectuales argentinos tuvieron una influencia tan profunda, perenne y en simultáneo sobre la producción, la enseñanza y la legitimación de nuestra cultura nacional como Ricardo Rojas.
Son escasas las obras con el alcance y la permanencia de “El Santo de la Espada”. Junto al “Facundo” de Domingo Faustino Sarmiento y el “Martín Fierro” de José Hernández, ocupa uno de esos contados lugares reservados a los textos que definen la idiosincrasia de una nación.
Respecto de San Martín, lo que más me quedó grabado es algo que Rojas entendió mejor que nadie: que las naciones no se sostienen solo con instituciones y leyes, sino también con los mitos que le dan forma a su autocomprensión. Y que solo los mitos que hunden sus raíces en verdades comunes pueden durar mucho más que su autor y que el contexto convulsionado en que fue escrito. Por eso, leer hoy este libro no es un ejercicio de nostalgia bibliográfica, se trata de un acto de profunda identidad colectiva.
Entrevistas
Gabriela Exilart sobre “Tierra herida”: “Me conmovió descubrir los niveles de deshumanización en que vivían los trabajadores”

Por Andrea Viveca Sanz
Edición: Walter Omar Buffarini /
Situada en la Argentina de principios del siglo XX, “Tierra herida”, última novela de la escritora marplatense Gabriela Exilart, invita a recorrer los caminos de las piedras que servirían para adoquinar la Buenos Aires de aquellos tiempos.
Un recorrido doloroso para quienes trabajaban en las canteras de Tandil, dejando cuerpo y alma cada día: los picapedreros. Pero en ese ir y venir de las cosas cotidianas, algo se desordena por debajo. Es el choque de una piedra contra la otra, las fracturas cotidianas frente al abuso de quienes tienen poder. Es la rebelión de los que tienen hambre y buscan justicia. A pesar de todo, en las canteras nace una esperanza y entre el polvo y las turbulencias también crece el amor.
—Para comenzar vamos a detenernos en la gran protagonista de esta novela: la piedra. Esa piedra que viaja desde las canteras de Tandil hacia Buenos Aires para adoquinar sus calles. ¿Cómo llegaste al escenario de origen y a hilvanar ese recorrido que va desde su extracción como recurso hasta su transformación final?
—Llegué a la historia de los picapedreros de casualidad, cuando estaba investigando para mi novela anterior, “El secreto de Azucena”. Me prestaron un libro sobre la historia de Tandil, donde podría encontrar material para abordar la matanza de Tata Dios, pero en lugar de eso encontré el mundo de las canteras. Me pareció un escenario interesante, poco explorado, que me permitía a su vez continuar con la vida de los mismos personajes treinta años después, en un contexto totalmente diferente. Seguir el recorrido de esa piedra desde el esfuerzo y la dinamita en los cerros de Tandil hasta el suelo que pisaba la aristocracia porteña, dos realidades opuestas en una Argentina en plena configuración.
—Y la piedra sin dudas fue un hilo conductor en la historia de tus personajes. ¿Qué fue lo que más te conmovió de la vida en las canteras y que te parece que les pudiste transmitir a esos personajes para que lo reflejaran?
—Me conmovió, como siempre me sucede cuando indago en nuestra historia, descubrir los niveles de esclavitud y deshumanización en que vivían los trabajadores. Es una constante que ya narré en otras novelas (“Por la sangre derramada, Napalpí”) y que acá se repetía: hombres trabajando sin las más mínimas condiciones de seguridad, jornadas eternas que no respetaban horarios, imposibilidad física de salir de la cantera para comprar en el pueblo, y el pago mediante una moneda inventada (plecas) que solo servía en los almacenes del patrón.
Traté que mis personajes convivieran de igual a igual con las figuras de la historia real, aquellos pioneros que alzaron la voz y formaron el primer sindicato, como Luis Nelli y tantos otros compatriotas. Tenía que mostrar esa asfixia cotidiana, la lucha de esos hombres, mujeres y niños.
—Hay una realidad social y económica que se va moviendo alrededor de lo que sucede en la Argentina de principios del siglo XX. ¿De qué manera trabajaste para lograr que esa realidad atravesara a tus personajes de ficción?
—Trabajé con testimonios que extraje de los documentos consultados. También pude acceder a anécdotas y relatos que me contó mi amiga, la escritora Ana Caliyuri, que vive en Tandil. Narré a los personajes desde adentro, desde el detalle cotidiano. Intento que mis novelas no sean libros de historia, sino que el lector sienta, se emocione, viva esas vidas mientras lee. Acá había que hacer sentir el polvillo de la piedra metiéndose en los pulmones, las detonaciones, las manos agrietadas, y también el olor de las cocinas, de la leña, las risas de los niños, y también los llantos de las mujeres. Los personajes de ficción sufren las consecuencias directas de esa realidad: el hambre real cuando se declara la huelga, el miedo a la represión de la policía que sube a los cerros a caballo, y la incertidumbre de no saber si el hombre de la casa va a volver vivo de la jornada.


—En esta novela aparecen mujeres muy fuertes que también ponen en movimiento las estructuras y costumbres de aquellos tiempos. ¿En qué espejos de la realidad crees que se podrían haber mirado tus mujeres?
—Se miraron en las miles de mujeres anónimas de los campamentos de las canteras, que muchas veces la historia oficial invisibiliza. Esas mujeres, muchas de ellas inmigrantes que ni siquiera hablaban el mismo idioma, compartían el lavado de la ropa, el miedo a perder a sus esposos o hijos, los dolores y la crianza de los niños en ranchos miserables. Se miraron en las mujeres que se enfrentaron a los rompehuelgas, las que les tiraron agua hirviendo, o se acostaron sobre las vías para impedirles el paso.
—”Tierra herida” invita a saltar en el tiempo a los personajes de tu anterior novela “El secreto de Azucena”. ¿Qué te llevó a invitarlos a dar ese salto para vivir el futuro treinta años después?
—Me había encariñado mucho con los chicos de “El secreto de Azucena”, y vi la posibilidad de continuar sus historias. Por eso también había hecho desaparecer a Prudencio, porque sabía que en esta novela iba a volver. Eran niños marcados por una infancia dura, cruel. Infancias de identidades robadas, padres asesinados. Infancias heridas. El salto temporal era un gran desafío, ¿en qué tipo de hombres y mujeres se habían convertido? ¿Cómo envejecían los que eran adultos? Era reconstruir sus vidas treinta años después.
—Y en ese futuro el amor se completa con la calma de otros tiempos. ¿Cómo fue el proceso de reconstruir esos vínculos que antes tuvieron otras formas?
—Fue un proceso de reencuentro muy profundo. Si bien los vínculos maduraron y tomaron formas diferentes con el paso del tiempo, en el fondo seguían conservando esa infancia común: los momentos compartidos en el pasado, los mismos miedos y las viejas soledades. El amor en “Tierra herida” se fue forjando de a poco, afianzando esos lazos sembrados años atrás, asentado en una base de confianza ciega. Me gustó muchísimo explorar y hacer crecer esos sentimientos que, con los años y los golpes de la vida se fueron desviando en algunos casos hacia el romance.
—Para concluir, si pudieras elegir una palabra que sintetice el espíritu de esta novela. ¿Cuál sería y por qué?
—Elegiría la palabra DIGNIDAD. Porque “Tierra herida” es, ante todo, un homenaje a los que no se arrodillaron. A pesar de la piedra, del aislamiento, del desamparo institucional y de la codicia de los patrones, lo que late debajo de la huelga y de las historias de amor de la novela es el reclamo universal de ser tratados como seres humanos, no como herramientas descartables. Es la dignidad del picapedrero que talla su propio destino con la misma fuerza con la que golpea la roca.
Entrevistas
“Vientos de libertad”, la gesta sanmartiniana en la nueva obra de Luis Carranza Torres

Por Andrea Viveca Sanz /
Edición: Walter Omar Buffarini
Cruzar las fronteras del tiempo y del espacio, animarse, como si existiera una continuidad, un rumor de páginas que necesitaran volver a leerse.
Con una trama que pone la mirada en los detalles, en los paisajes interiores de los protagonistas, en el pasado, pero también en el presente y en el futuro, Luis Carranza Torres avanza, cruza sus propias montañas y da vida a una historia que se ramifica, un entramado donde las pasiones y el amor son protagonistas.
“Vientos de libertad” es la nueva novela del escritor cordobés, quien con sus letras lleva al lector a épocas de la gesta sanmartiniana, para adentrarse en algo más de lo que cuenta la historia.
— ¿Qué te llevó a elegir este renglón de la historia para invitar a tus personajes de ficción a vivir los hechos reales?
— Me gustan los momentos bisagra de la historia, y este período en que transcurre la novela lo fue para nosotros. Nunca es en vano recordar que la Independencia argentina se sancionó, a diferencia de muchas otras, en el peor momento posible. Sin recursos, derrotados nuestros ejércitos en el Alto Perú, amenazados por los cuatro costados por los españoles, los portugueses y los indios. Nacimos, por tanto, en la esperanza, pero también por el coraje de no rendirse ante la adversidad. Eso es lo que busqué reflejar en la novela. Y es algo que sirve más allá del orgullo por nuestro pasado, en la vida diaria de cualquier persona. Se trata de la prehistoria, por así decirlo, de la Argentina que hoy conocemos. Cuando todavía ni nos llamábamos de esa forma. A la par de la evolución de los personajes, existe también la de una sociedad que busca ser de otra forma, liberándose de muchas cosas. A partir de esa declaración de independencia, se produce un gran sinceramiento colectivo de lo que queríamos ser, y de lo que podíamos lograr solo con dos cosas: un liderazgo apropiado y la capacidad de esfuerzo que nos caracteriza individualmente, pero articulada en conjunto. La gesta del cruce de los Andes muestra a lo que podemos llegar cuando hacemos bien las cosas.
— ¿De qué manera trabajaste para poner en palabras los escenarios naturales que recreás en los distintos capítulos?
— Me esfuerzo por poner atención a los detalles, esos que le confieren autenticidad a la trama. Cuando se estructura la trama, uno también va buscando el escenario para plantear determinada escena. Aquí, en “Vientos de Libertad”, no las determinan tanto los actos exteriores sino la interioridad de los personajes, que el paisaje esté a tono con lo que le pasa por dentro a quién protagoniza la escena. Fue eso lo que busqué plasmar. Te diría que aun con la presencia de una referencia geográfica de tanto peso como los Andes, la cuestión pasa más por los lugares culturales o sociológicos de ese tiempo: los espacios de sociabilización como la Alameda o la Plaza Mayor, las conversaciones en el río de las lavanderas, las sala de recibir de las casas, el cuartel militar como preparación para el cruce. Es algo que no busqué, se dio naturalmente. La cordillera está, pero a la vez no está y hay otras todavía más inmensas que sortear. A veces los libros te llevan a eso. A pesar de que he estado en los Andes de norte a sur, desde la puna al estrecho y hecho andinismo en la zona del Tupungato cuando era jóven. O quizás por eso, la presencia no es tanto física como simbólica. Los lectores decidirán (risas).
— Además hay otros escenarios que muestran la vida doméstica de José de San Martín junto a Remedios de Escalada. ¿Por qué te interesó hacer foco en esas vivencias cotidianas?
— La relación entre José de San Martín y Remedios de Escalada ha sido muy bastardeada, por usar una palabra de la época. Con ella, sobre todo, siempre invisibilizada y desmerecida injustamente. Fue Remedios una mujer excepcional, tan valerosa, rebelde y libre como la sociedad de su época podía permitir, e incluso algo más. Asimismo, mostró un compromiso personal y propio con la causa emancipadora, aun desde antes de conocer al Libertador, con la misma firmeza de carácter que luego tuvo en el manejo de los asuntos patrimoniales de la pareja, ya que fue ella quien administró todo mientras San Martín hacía sus campañas, teniendo incluso la plena patria potestad de la hija de ambos. Por extraño y hasta paradójico que parezca, bien podemos decir que la Remedios histórica es muy diferente de aquella que la historiografía nos ha pintado. Por su parte, José de San Martín es bastante más de lo que usualmente tenemos en consideración. Era un hombre ilustrado, curioso de casi todo lo que se movía a su alrededor, que leía mucho, en inglés y francés además del castellano. Tocaba la guitarra, cantaba bastante bien, pintaba cuadros de paisajes, sobre todo de la cordillera, era un apasionado del ajedrez y gustaba de las nieves de limón -antecedente de nuestro actual helado de ese gusto-. Creo que la frase que el Libertador pone en la tumba de Remedios ilustra bastante respecto de la relación que tuvieron: “Esposa y amiga del general San Martín”. Recordemos que él valoraba la amistad en un grado superlativo dentro de su escala de valores. Tanto uno como otro fueron personas adelantadas a su tiempo. Y que se atraían por compartir esos valores, sintiendo admiración mutua. Es lo que quise reflejar en la historia en cuanto a ellos. La relación de igual a igual que, a juzgar por toda la documentación fidedigna, tuvieron en un gesto inaudito para la época. Parecen más un matrimonio de nuestros días que de aquellos de 1816.
— ¿Cómo se manifestaron en vos Sebastiana y Justo, los protagonistas de “Vientos de libertad”?
— Ambos son seres literarios por demás interesantes. Complejos, intrincados por dentro y por fuera, y hasta queribles aun en sus defectos. Él ya no puede ser en lo físico lo que sigue siendo en mente y alma: un soldado. Ella, un ser tan castigado por la vida, que termina por volverse una resentida con casi todos. Y el amor como prenda de unión, que da segundas oportunidades para ser feliz, pero también implica renuncias costosas. Si Justo tiene un brazo inútil, Nazarena lleva esas mutilaciones por dentro. Cada cual lidia con ellas como mejor puede, en tanto no deja de advertir que al otro le pasa igual. Para peor, ambos son terriblemente pasionales. En lo bueno y en lo malo. Particularmente, en el orgullo propio. Ninguno cede nada, a pesar de la atracción, del deseo o los fuertes sentimientos que se prodigan. Cada cual quiere lo mejor para el otro, pero a su modo. Y cuando se desilusionan, es en grande. Con todos estos ingredientes, creo que la historia de Nazarena y Justo termina siendo una de las más pasionales que he escrito. Pero también, de las más sufridas e implacables.
— ¿Hay algún personaje secundario que te gustaría destacar?
— La familia Buteler. La historia es verídica en sus líneas generales. Un irlandés que viene con el ejército inglés y se aquerencia al punto de no querer volver a su tierra y plantar raíces aquí. Algunos de los descendientes del Buteler histórico eran vecinos de mi familia en el campo, y de chico escuché alguna de las cosas que aparecen en la novela y me sirvió para darle forma a esa peculiar familia literaria. En cierto modo, es un homenaje a aquellas historias y a las personas que me las contaron. Así como a unos vecinos muy cercanos que tengo como parte de mi historia personal y considero, incluso hoy, como parte de mi familia ampliada. Además, “Vientos de Libertad” se trata de una de las novelas con más personajes secundarios que he escrito. Por lo mismo, se puede leer en varias líneas narrativas. Todas cruzadas por distintos tipos de amor: el de Goya y Tadeo, los esclavos de Nazarena, el apegado a las normas de Isabel y Eulogio, el pasional de Nazarena con Justo, el amor a la distancia entre Mariana y Tulio o el cómplice entre Remedios y José. A la par de eso, hay historias personales muy ricas en matices, como la de Goya, el mismo Tadeo, Mariana en Santiago de Chile o Isabel en Mendoza. Cada una por sus propias y muy particulares razones. 
— Vemos que uno de los personajes, Eulogio, lleva un apellido conocido de otras obras tuyas: López de Madariaga. Y que Isabel es una devota lectora de Jane Austen, sin mencionar a la autora. ¿Qué podés contarnos sobre eso? ¿Hay otro texto, quizás implícito, detrás del texto impreso de la novela?
— Son guiños de complicidad para los lectores que me siguen desde siempre. Eulogio es mencionado, ya anciano, en “Palabras Silenciadas”. Es, en sus años mozos como se diría en la época de la novela, el antepasado de la familia que desarrollé en la saga de la Segunda Guerra Mundial que inició con “Mujeres de Invierno”. Antes de llevar a cabo todo por lo que su familia lo recuerda. En el caso de Isabel, sus lecturas son una suerte de homenaje a lo que he visto o me han contado que leen muchas de mis lectoras. Y para recordar que clásicos de Jane como “Orgullo y Prejuicio”, por los tabúes de la época en la sociedad inglesa, se publicaron de forma anónima, sin más datos que su escritora era una mujer. Cosas como estas encajan de maravilla para pintar con un detalle a la sociedad de entonces.
— Mientras todos ellos se preparaban para cruzar una frontera geográfica, vos ibas cruzando las barreras del tiempo para revivir aquellas escenas. ¿Qué fue lo que más te impactó de ese cruce temporal?
— La magnitud de lo que se hizo con muy pocos medios, pero usados muy inteligentemente. La libertad siempre tiene un precio e impone sacrificios. Ellos no dudaron en pagarlo, y por eso es que somos argentinos hoy en día. Tenemos una deuda con esos compatriotas que ya no están, es lo que quise reflejar en la trama de la historia. Otra de las cuestiones que me llamó la atención, y quise rescatar para dar cuerpo a la historia de la novela, es la tremenda preparación logística que implicó. No solo fue un cruce. Debieron llevar consigo todo lo que necesitaban para sobrevivir, desde la leña hasta el agua. Y combatir para apoderarse de las fortificaciones realistas que guardaban los pasos. Pero el éxito de todo dependía de mantener al adversario sin saber por dónde cruzarían. Que se revelara ese detalle hubiera ocasionado el desastre de toda la expedición, y esa es la idea movilizadora que estructura la historia.
— Has dedicado esta novela “a ese soldado argentino, sólo conocido por Dios” ¿Qué razones te movieron a poner esas palabras?
— Es una frase conocida en el mundo castrense. Refiere a aquellos que han caído en combate y no han podido ser identificados sus restos. Solo Dios sabe quién es y cómo sacrificó su vida. A veces ni tumba tienen. Hubo muchos en las guerras de la independencia, por no decir que fueron la mayoría de los caídos en esa época. Son los seres más anónimos de las batallas y guerras. Desde chico, cuando veía la llama votiva por el soldado desconocido de la Independencia a la entrada de la catedral de Buenos Aires, era algo, y lo sigue siendo hoy, que me sobrecoge. Cuando terminé de escribir la novela, supe que era a ellos que debía dedicarlo, para reconocerlos, tal como se hace en cualquier país que cuida sus valores cívicos.
— El viento siempre mueve cosas, ¿qué movilizaron en Luis Carranza Torres los vientos de la escritura de esta novela?
— La gratitud a aquellos que se sacrificaron para tener la libertad que, muchas veces hoy, usamos mal o, peor aún, nos resulta indiferente. Poder decidir nuestro destino es una gran cosa. No solo en lo individual, sino también como sociedad. Quise rescatar eso, pero también lo que entiendo como una paradoja curiosa y hasta cruel respecto del deber: hacer lo que entendemos correcto, implica muchas veces sacrificios muy personales. Y en el caso de los personajes de la novela, como el mismo José de San Martín lo habla con Eulogio, cumplir con el deber es alejarse de los que uno quiere y poner en riesgo de mil formas la propia existencia. Somos lo que somos colectivamente, entre otras cosas, por esos esfuerzos que se cuentan en la novela. No debemos nunca olvidarlo. Eso busqué transmitir, más allá de contar una historia vibrante en lo épico e intrincada y de suspenso también en cuanto a lo amoroso.













Mónica L Diaz Guzman
23/11/2017 a 08:10
Felicitaciones Rita,la pasión hace que la esperanza se mantenga viva en ti para continuar el camino elegido.MDG
Rita María Gardellini
23/11/2017 a 23:49
Muchas gracias, querida Móni. (Y para los que están leyendo… sí, es mi amiga Mónica que menciono en la entrevista)
gilda
24/11/2017 a 19:59
Agradable entrevista, se logra un clima íntimo donde al contar las ilusiones, los recuerdos y pesares de la escritora llegamos a conocerla, a que nos cuente su historia. Gracias a las vicisitudes narradas nos enteramos de las reglas de juego de las editoriales. Qué difícil resulta poder acceder al circuito editorial, autoeditarse es verdaderamente una quimera. Ojalá pueda revertirse esta situación más temprano que nunca!!!
Rita María Gardellini
24/11/2017 a 22:38
Muchas gracias, Gilda. El tema es desde siempre, Borges y Cortázar tuvieron que pagar sus primeras ediciones. El primer poemario de Borges salió del bolsillo de su padre. Esperemos.
Sería muy bueno que se creara algo similar a la ley del Cine.
Inés Acerbi
24/11/2017 a 20:36
Rita felicitaciones, valoro tu pasión por la escritura.
Sos muy especial y llevás esa pasión a las letras.
Abrazo
Y por muchos libros más.
Inés
Rita María Gardellini
24/11/2017 a 22:39
Gracias, Inés… pertenecés al círculo mínimo de los que tienen todas mis obras. Besos.Por las dudas, conservalos, ¿quién te dice y algún día puedas venderlos? 😉
Maria Jose
24/11/2017 a 22:39
Muy interesante la nota. Es necesario saber que hay personas como la profesora Gardellini que apuestan a desarrollar una profesion de forma responsable, un sueño de forma apasionada y brindarse para que no solo quede en reconocimiento social unicamente sino que mantiene la intencion de trascender para cambiar perspectivas y realidades. El mensaje: intentarlo y brindarse. Pienso que seguir sus lineas y su forma de vida pueden inspirar a muchos a arriesgarse a intentar caminos nuevos, a promover cambios, a no temerle a las ideas, a soñar. Fortificando el impulso y el coraje como para no desanimarse por la mediocridad que tiende al facilismo, al no te involucres, al “todo ya esta inventado”; y al “para que”; que matan el alma y a la sociedad desde su nucleo. Mis mejores deseos para que sigamos escuchando de ella y mas logros.
Rita María Gardellini
25/11/2017 a 15:20
María José, que plena satisfacción me brinda leer una respuesta como la tuya. Muchas gracias, encantada de que mis respuestas resultaran en tu interés.
Me sumo a tus deseos.
Te copio una poesía que creo tendrá mucho sentido para vos.
si encierro mi alma
en un tiempo gastado
compartiría
el lento suicidio
de los que viven lavados
no voy a hacerlo
prefiero atropellarme
cien veces
a morir
porque olvidé que estaba viva.
Rita Gardellini
ALICIA BEATRIZ CÁCERES
25/11/2017 a 00:07
HOLA RITA!! CÓMO ESTÁS? LEÍ ESTA ENTREVISTA. ESTOY DE ACUERDO EN QUE LA ESCRITURA Y LA DOCENCIA SON INDEPENDIENTES Y SIMULTÁNEAS. ES CIERTO PERO TAMBIÉN DIRÍA QUE SE COMPLEMENTAN. HAY MUCHA RIQUEZA PARA CONTAR DEL QUEHACER DOCENTE, CLARO ESTÁ QUE ESO VA A DEPENDER DEL GÉNERO EN QUE CADA ESCRITOR SE INSCRIBA. NO COMPARTO ESO DE QUE EL ESCRITOR SE CONVIERTE EN TAL EN LA MEDIDA QUE LO DETERMINAN SUS LECTORES. ES MUY DOLOROSO PENSAR QUE UN ESCRITO HASTA QUE CAIGA EN MANOS DE UN LECTOR SON TAN SOLO. LETRAS IMPRESAS EN UN PAPEL. ´POBRE ENTONCES DE AQUELLOS QUE ESCRIBEN ENSAYOS O TRATADOS DE TIPO CIENTÍFICO, FILOSÓFICO, ETC. AÑOS DE INVESTIGACIÓN PLASMADAS EN UN PAPEL NO TENDRÍAN VALIDEZ HASTA QUE ALGÚN LECTOR INTERACTÚE CON ESOS ESCRITOS? PARA MÍ EL ESCRITOR ES TAL DESDE EL MOMENTO MISMO EN QUE PLASMA SU OBRA ( DE CUALQUIER TIPO) EN FORMA IMPRESA. LÓGICO DEPENDERÁ DEL GÉNERO EL NIVEL DE INTERACCIÓN CON LA OBRA. SI HABLAMOS DE FICCIÓN, GÉNERO AL CUAL ADHIERO DESDE MI MÁS TIERNA INFANCIA, LA INTERACCIÓN ES MÁS FLUIDA YA QUE DESDE NIÑOS LOS ADULTOS, (TAL COMO LO HICIERON CON NOSOTROS) ENRIQUECEMOS LA FANTASÍA INFANTIL CON DISTINTAS BIBLIOGRAFÍAS O CUENTOS INÉDITOS INVENTADOS EN LAS BAÑERAS DE NUESTRA COTIDIANEIDAD.
Rita María Gardellini
25/11/2017 a 15:26
Alicia,
coincido en que es muy ingrato y hasta cruel mi manera de sentir a mis letras, pero no puedo percibir a mi escritura de otro modo.
Afortunadamente, mi pensamiento no tiene por qué coincidir con otros. Si algo beneficia a mi curiosidad, es valorar apreciar y la diversidad, ése ser único como todos que tenemos.
Muchas gracias.
ALICIA BEATRIZ CÁCERES
25/11/2017 a 00:18
CONTINUANDO CON MI COMENTARIO, CREO QUE, ADEMÁS, LA FICCIÓN ES EL GÉNERO QUE MÁS ATRAE Y QUE LA INTERACCIÓN QUE SE PRODUZCA ENTRE EL ELECTOR Y LA OBRA LO QUE VA A PRODUCIR ES EL CONSUMO DE LA OBRA. ESO HACE QUE LA OFERTA Y LA DEMANDA ESTÉN ÍNTIMAMENTE LIGADOS AL MOMENTO DEL CONOCIMIENTO DE TAL O CUAL ESCRITOR. POR ELLO ES MUY DIFÍCIL LOGRAR LA PUBLICACIÓN DE UN ESCRITO YA QUE LAS DEMANDAS DEL MERCADO EXIGEN PRODUCCIÓN Y CONSUMO Y SI NO HAY CONSUMO NO HAY PRODUCCIÓN Y AUTOEDITARSE TAMBIÉN CONLLEVA COSTOS QUE NO TODOS PUEDEN SOLVENTAR.
Rita María Gardellini
25/11/2017 a 15:33
Sí, los costos de la autopublicación son un lujo para el bolsillo del escritor pero considero que tiene más que el problema del dinero, al menos para mí.
Ahora se puede autopublicar de manera gratuita, y subirlo a amazon y sitios similares. Incluso se realizan en papel a demanda, con cero costo para el escritor.
Y existen experiencias de escritores que han percibido ganancias muy suculentas ya que el porcentaje de regalías es muy superior al 10% que brindan las editoriales.
La próxima entrada a mi blog, precisamente es este tema.
ALICIA BEATRIZ CÁCERES
25/11/2017 a 00:22
RITA, DESTACO DE ESTA ENTREVISTA TU CALIDEZ Y ESPONTANEIDAD Y EL DARTE A CONOCER DESDE TU INTIMIDAD FAMILIAR Y COMO EL ESCRITOR NO VIVE MUNDOS IDÍLICOS SINO QUE RODEADO DE SU REALIDAD DEBE GENERARSE SU PROPIO MUNDO, ADENTRARSE EN ÉL Y DARLO A CONOCER, TAREA, POR CIERTO NADA FÁCIL.
Rita María Gardellini
25/11/2017 a 15:39
Alicia, mil gracias por emplear tu tiempo en leer y opinar. Es valorar también a Andrea Viveca que se ocupó de apostar en entrevistar a una desconocida.
Eduardo Fermé
27/11/2017 a 11:15
Muy buena nota. Es interesante ver los “momentos” que Rita atraviesa. El momento del “proceso creativo”, dónde la obra pasa a ser completamente independiente del lector, la editorial, etc. Y el momento de la propia “difusión de la obra”, dónde es una lucha completamente diferente del proceso creativo.
Y lo bueno que podemos ver es que en Rita el segundo momento no bloquea al primero
Rita María Gardellini
27/11/2017 a 23:42
`´Muchas gracias, Eduardo, tu comentario es incisivo y muy inteligente. No lo había advertido, ahora soy yo, la que se apodera de tu respuesta.
Guillermo
03/12/2017 a 19:32
Arte, talento, naturalidad y perseverancia, son aspectos salientes que se expresan en esta nota a Rita Gardellini.
Rita María Gardellini
03/12/2017 a 21:41
Muchas gracias, Guillermo. Bello cierre de domingo, un comentario como el tuyo.