Federico Perea: “Quedémonos con un ‘Fa sostenido’ así estamos permanentemente queriendo llegar al Sol”

PH: Magdalena Leonardini
Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca) /
Edición: Walter Omar Buffarini //

La música se balancea sobre las figuras, una vibración de sonidos dibujados se expande como un eco y resuena sobre las líneas del pentagrama. Hay silencios atrapados, una melodía crece y se enreda entre las cuerdas de un bajo.

Federico Perea es compositor, cantante y bajista. La música forma parte de su vida y se desplaza entre los sonidos que emergen de sus cuerdas y de su voz.

En diálogo con ContArte Cultura el músico mira hacia atrás y vuelve a recorrer los acordes transitados.

PH: Magdalena Leonardini

—Comencemos esta entrevista caminando sobre un pentagrama imaginario, ¿cuál sería la nota y/o la figura que representa a Federico Perea y por qué?
—Si vamos a volar, volemos… quedémonos con un “Fa sostenido (#)” así estamos permanentemente queriendo llegar al Sol.

—Si te detenés y mirás hacia atrás, ¿en qué momento de tu vida te sentiste llamado a transitar esos caminos en los que habita la música?
—En la adolescencia, a los 15 años yendo a escuchar los ensayos de una banda amiga. Ahí nacieron esas ganas de tocar un instrumento. Recuerdo querer estar tocando, no mirando. Y en esas circunstancias comencé con la batería. En mi familia no hay músicos y creo que eso también, de alguna manera, me definía mi rebeldía de esa época.

—¿En qué consiste el trabajo de transcribir música? ¿Cuáles han sido las transcripciones que más disfrutaste hacer?
—Objetivamente es llevar al papel la música para que otros tengan acceso a ella, o uno mismo si la olvida. Ahora, más en el laboratorio, es escuchar un tema varias veces prestando atención, en mi caso, al bajo eléctrico. Luego lo toco y, recién cuando ya lo aprendí, lo transcribo. Ésto lo hago por fragmentos y lo vuelvo a chequear al día siguiente, por si la oreja me está engañando. He sacado 2 libros de transcripciones de los bajistas argentinos Pedro Aznar y Diego Arnedo. El primero fue editado con el nombre El Bajo Eléctrico de Pedro Aznar en Serú Girán por la editorial Melos. El segundo está pronto a salir bajo la editorial Ellisound. Arnedo se contactó conmigo al enterarse y eso fue y es algo muy gratificante. Y, por último, es muy interesante ver desde la transcripción como algunos recursos se repiten: formas de tocar, frases, que son lo que le da la identidad al bajista y sus líneas.

PH: Magdalena Leonardini

—¿Cuándo nace tu vínculo con el bajo?
—Fue a los 17 años, cuando el hermano de un amigo se compró uno. Yo estaba siempre firme en la casa para poder tocar un ratito. Habré estado más de un año tocando con bajos prestados, hasta que pude comprar uno en las casas de trueque, allá por 2003. Recién a mis 23 años tuve mi primera clase de bajo, al ingresar a la Escuela de Música Popular de Avellaneda. Y no resultó mal, porque ahora tengo un título como Profesor de Música en Bajo Eléctrico.

—Contanos cuáles fueron las bandas en las que participaste como bajista y si creés que alguna de ellas ha marcado tu carrera especialmente.
—Estuve en varios proyectos y de distintos estilos musicales: salsa, rock, hip hop, músical infantil, funk y folklore. Todos los proyectos me han dejado aprendizajes. Para la Space Funk Jam todos los fines de semana había que sacar repertorio nuevo. En la salsa, mucho cuerpo y divertirse. Ya hace 4 años que acompaño con el bajo a “La Macha”, y con ellos he aprendido mucho de los escenarios y los públicos grandes en festivales. También he acompañado a Antonio Birabent y ver su calidad humana es un aprendizaje: los grandes artistas son como uno. Y mi proyecto personal la verdad que me enseña mucho de cómo transmitir mis ideas a los músicos, las notas y las formas. Al fin y al cabo, también soy docente y me gusta meter algo de eso en los ensayos.

—¿Hay algún género musical con el que te identifiques particularmente?
—Lo único permanente es el cambio, y la verdad que en cada momento de la vida me identifico con alguno en particular. Pero bueno, el género “canción” es el que me brota, podría quedarme con ese.

—¿De qué manera llevás adelante el proceso creativo de un tema? ¿Qué te inspira a la hora de componer?
—Por lo general se me viene alguna melodía corta y cantable, y ahí empiezo a decir palabras aleatorias que encajen desde la fonética. Después, pero al mismo tiempo, la misma emoción y euforia me hace agarrar la guitarra y empezar a ordenar ese caos. Las mismas palabras me terminan llevando a escribir una letra que va mutando todo el tiempo. Y eso lo grabo en el celular para no olvidar la primera esencia. Después los retomo, o no. Cuando esa idea ya tiene una forma clara y que me agrada, ahí la llevo a un ensayo, siempre todo lo más claro posible, y ahí surge la magia, porque la forma de interpretar de los músicos es igual que esas palabras aleatorias, y en ese momento vuelvo a escuchar las músicas y surgen nuevos arreglos.

—¿Quiénes fueron los músicos que influyeron o influyen en tu carrera?
—Muchos… pero me voy a quedar con discos que acompañan mi vida: Artaud, de (Luis Alberto) Spinetta; Mi niñez, de (Joan Manuel) Serrat; Buscando Salidas, de Cadena Perpetua; Contagiándose la energía de otro, de El otro yo; Vintage, de Los Tiiptos; y Alta Suciedad, de Andrés Calamaro, que fue el primer disco que tuve.

—¿En qué estás trabajando por estos días? ¿Existe algún tema nuevo que te gustaría compartir?
—En julio/agosto va a salir mi primer disco titulado Despertate vos madera que ya es hora. Cuenta con doce temas, es un resumen de composiciones de los últimos 10 años y reflejan experiencias personales desde que me vine a vivir a Capital Federal desde Bella Vista (Buenos Aires), de donde soy. La llegada del otoño y Chau chau, son los dos primeros anticipos del álbum. Las músicas fueron grabadas en agosto de 2019.

—Volviendo al pentagrama del comienzo, ¿qué sueño musical te gustaría dejar flotando entre sus líneas?
—Si vamos a volar, volemos… “Cuando me siento el dueño del Mundo, que todo me pertenece…cuando la magia camina libre por el aire, la emoción se apodera de mis ojos y mi piel. ¡Artistas! ¡Nosotros somos los dueños del Mundo y de la alegría de vivir! Tenemos el secreto de la pasión en las venas y la obligación de contagiar a la gente con nuestra loca forma de mirar. Estamos posesos de luces de todos los colores y nos sabemos privilegiados por el simple hecho de poder volar la mente por el aire. Artistas ¡TODOS! que así seremos la vereda que conduce a la tertulia en pleno invierno o primavera. Revoluciones podemos encabezar y, a la vez, se la misma estela de ésta marcha formidable; por eso, emisores y receptores de alegría, ¡brillemos! ¡Brillemos, hasta nunca dejar de brillar!”

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