Hacer música desde lo que expresan los propios sonidos, el secreto de “América analógica”

Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca) /
Edición: Walter Omar Buffarini //

Existen sonidos dormidos, voces dispuestas capaces de despertarse en los rincones de la Tierra, música enredada en el viento, palabras disueltas en el agua, texturas necesitadas de expresarse, fragmentos de tiempo escondidos en el paisaje, dispuestos a emerger desde los huecos de silencio, justo en esos rincones donde la naturaleza respira.

“América analógica” es un dúo musical que busca esas voces dormidas en el paisaje y las atrapa para fundirlas con su música, para despertar a las sutiles sensaciones que respiran en los espacios callados de la naturaleza.

En diálogo con Contarte Cultura, los artistas cuentan cómo llevan adelante el proceso creativo de su música, un juego de sonidos que merece ser escuchado.

—A modo de presentación, si pudieran elegir un sonido que los represente, ¿cuál sería y por qué?
—Es difícil elegir un solo sonido, pero quizá elegiríamos alguna textura de la naturaleza. 

PH: Julia Miel

—¿Cómo se gestó y desarrolló el proyecto que dio vida a “América analógica”?
—Nos conocemos hace mucho tiempo y siempre hubo momentos para encontrarnos compartiendo música. En 2016, Tam (hermana de Selva) nos invitó a participar del cierre de una muestra colectiva en Club Cultural Matienzo. Y como ni una ni otro quería tocar en modo solista se nos ocurrió preparar algo en conjunto. En un primer momento la idea era sólo tocar en esa ocasión, pero después decidimos que podíamos seguir jugando con la música.

—¿Quiénes forman parte de este ensamble musical en el que la naturaleza es protagonista?
—Lo integramos Alan Serué y Selva Ciai. Pero siempre tenemos alguien más que nos inspira y nos ayuda a hacer América analógica.

—Y hablando de la naturaleza, ¿de qué manera logran capturar o atravesar los sonidos ambientales para fusionarlos con su música?
—Muchas de las grabaciones que utilizamos son recortes y registros que hicimos en diferentes viajes. En general, tratamos de llevar siempre nuestro grabador de casetes. Además, algunos de los sonidos que utilizamos son recuperados de casetes encontrados en la calle o en ferias. Siempre prestamos atención para encontrar sonidos que nos gustan de lugares inesperados. 

—¿Cómo llevan adelante el proceso creativo de cada tema?
—La verdad es que no tenemos una sola manera de crear. A veces se nos ocurre una melodía y la tocamos hasta que encontramos la sonoridad o la instrumentación que nos parece adecuada. Otras veces improvisamos y ahí encontramos sonidos que nos gustan. Igualmente, una parte importante del proceso se da a la hora de mezclar. Es decir, tenemos una serie de sonidos, texturas, melodías, ruidos que nos gustan y luego vemos la mejor manera de combinarlos. 

—¿Qué instrumentos “dialogan” en sus creaciones?
—Los instrumentos varían siempre. Trabajamos con las portaestudio Tascam de casetes, pedales varios, guitarras, teclados Casiotone, walkmans, hojas, diapasones, entre muchas otras cosas.

—¿Cuáles son las sensaciones que intentan transmitir con la música que componen?
—No tenemos una intención tan clara sobre lo que intentamos transmitir. Creemos que lo más genuino es poder volcar o dejarse llevar por lo que se siente en eso que se escucha, sin intentar guiar hacia ningún lado. 

—¿Qué nos pueden contar acerca de “Fragmentos” y “Cortezas”, sus discos?
Fragmentos es un disco que hicimos recopilando muchas melodías y canciones que teníamos dando vueltas desde que nos juntamos a tocar. Finalmente, el año pasado decidimos terminar de grabar y organizar todas esas piezas en ese formato de disco. A Cortezas lo hicimos en base a grabaciones en casete de algunos sonidos de la naturaleza que teníamos, también con loops de casetes que habíamos armado con grabaciones de guitarras. Gran parte del trabajo fue mezclar los diversos materiales que ya teníamos registrados.

—¿En qué proyectos están trabajando por estos días?
—Ahora estamos en cuarentena así que nos cuesta bastante seguir tocando, pero seguimos grabando ideas en nuestras casas para trabajar cuando podamos volver a reunirnos. Sobre todo, porque nos cuesta mucho el formato virtual para continuar trabajando.

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