Josefina Lamarre: “Sueño un mundo en el que mi hijita pueda desplegar sus alas, compartirse y disfrutar esta magia y este regalo que es la vida”

Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca)
Edición: Walter Omar Buffarini //

El arte forma parte de su esencia, como si se tratara de burbujas que se expanden para emerger en momentos oportunos, dispuestas a hablar e interpelarla.

Con paciencia, Josefina Lamarre escucha ese movimiento interno y se deja llevar por una corriente creativa, capaz de pintar la vida con colores justos, de comunicar con su cuerpo emociones escondidas o de alargarse en los dedos de una canción, para enredarse en la voz de su propia música, explorar el mundo y experimentar el encuentro con aquellos que perciben las sutilezas de esos hilos creativos.

En diálogo con ContArte Cultura, la artista se detiene a mirar el camino recorrido para a partir de allí compartir lo que sus pies ya comienzan a caminar.

—Para conocer un poco de vos, comencemos esta entrevista imaginando un gran cuadro en el que se refleja tu imagen. Desde allí, una voz se despierta, como si hubiera estado durmiendo durante mucho tiempo, necesitada de contar una historia, la que se escondía adentro del cuadro, ¿con qué frase comenzaría ese relato que te pertenece y qué melodía se enredaría con esas palabras?
—” Es afán… de cantarle a los cauces del río hablador… sólo afán de quedarme en los puentes a verle pasar… y dejar que se vaya mi voz hasta el mar…. y viajar y viajar y vagar y vagar hasta allá… más allá del allá… y después ascender hasta el cielo en mi voz y gritarle a los vientos llorar en las nubes y llover con la lluvia mi voz. Y al volver a los puentes sin voz, retomar de la risa del río hablador otra voz… balbucearte de nuevo en los puentes mi voz… y dejarte caer otra vez pobre voz… otra vez… voz.

—¿En qué momento sentiste que el arte te atravesaba para manifestarse de diversas formas a través de tu cuerpo?
—Desde pequeña mi mamá me llevaba a ver ballet en Bahía Blanca, en el hermoso Teatro Municipal (cerrado hace meses, lamentablemente). Me asomaba desde el balcón del palco y quedaba totalmente cautivada por esa magia en el escenario. Fue amor a primera vista. Uno de los recuerdos más fuertes que tengo es de cuando bailé por primera vez en ese escenario, a los 8 años. Envuelta en luces y parada con mi tutú rosa frente una inmensidad oscura donde presentía las miradas del público, sentí un vértigo que al día de hoy es lo que me sigue apasionando de estar en escena. ¡Mi cuerpo iba a crear algo ahí mismo!

—¿Cómo lográs entrelazar la música, la danza y la pintura en tus creaciones?
—Mi formación en diversas disciplinas artísticas como la pintura, la performance, el canto, la danza y la actuación hacen que al concebir una canción, por ejemplo, no pueda dejar de ver un paisaje, una puesta en escena, una historia que se cuenta, una atmósfera. Son paisajes sonoros muy cinematográficos. De la misma forma, al actuar tengo una conciencia coreográfica del cuerpo y del espacio. Y siempre la voz busca “melodizarse”.

—¿De qué manera la voz se convierte en un camino de encuentro con tu público?
—La voz cantada fue siempre vehículo de mi emoción y puente hacia el afuera. Tardé en darme cuenta de que era la forma más sincera en la que podía y sabía expresarme. Descubrí que esa sinceridad es indispensable para poder empatizar profundamente con quienes escuchan. Cuando logramos ser canal -ese estado que cualquier artista anhela- se produce un clima sublime de unión con el todo, el verdadero encuentro.

—Como actriz realizaste varios unipersonales y formaste parte de distintas compañías de teatro como “Tres gatos locos”, entre otras, ¿cómo vivís la experiencia de narrar a través del cuerpo y la palabra? ¿Cuál es la obra que interpretaste y que todavía vibra en tu piel?
—Actuar, ser actriz, nunca fue un deseo concreto, sino que en mi búsqueda por enriquecerme en los lenguajes escénicos, indagué en la actuación y descubrí cosas que me maravillaron y me produjeron mucho crecimiento, revelación y felicidad. Una de esas experiencias fue a través de un personaje que inventé basado en la novela Hasta no verte, Jesús mío de Elena Poniatowska: Sara Camacho era una mujer mexicana en plena revolución zapatista, muy maltratada por su marido, al que siguió a escondidas para comprobar si la engañaba y, debatiéndose entre el amor y el despecho, le dispara y lo mata. Era un personaje entrañable porque tenía un humor muy sencillo, portador de verdad. Y pasaba de lo cómico a lo trágico, cantando. Con ese unipersonal, viajé a Colombia y México y sentí fuertemente despersonalizarme, olvidarme completamente de mí. Le tengo muchísimo cariño. 

—Sos cofundadora del Colectivo Artístico Fin de UN MundO, ¿qué cosas los unieron y que actividades llevan adelante?
—Con la compañía Tres Gatos Locos realizamos una convocatoria abierta a todo el mundo para llevar adelante una acción artística en la calle el 12 de octubre de 2012. Ya la habíamos realizado en otros países y esa vez nos encontró en el nuestro, así que la quisimos replicar. El texto era de Liliana Bodoc -quien también participó actuando- y representaba la invasión del continente americano y el choque de culturas. La experiencia del proceso de ensayos y de creación colectiva, más la potencia ritual de la acción, generaron algo único, mágico, y fue tan poderoso que quisimos seguir creando y saliendo a la calle. Así nació el Colectivo FindeUNmundO (ese año era el “fin del mundo” en la profecía maya), con la afirmación de que Otro mundo es posible si lo hacemos posible. Desde entonces, seguimos creciendo y aprendiendo en grupalidad, creando acciones a partir de lo que nos atraviesa. La acción más grande que venimos sosteniendo, es la que realizamos para la Marcha del 24 de marzo, en la que hemos llegado a ser 250 personas bailando. También creamos a los PROmbis, al troll OAMA, y varias acciones feministas como Perras, Canillitas feministas, Jugamos en el bosque, Acción mutante, entre otras, algunas de ellas creadas especialmente para los Encuentros Plurinacionales de Mujeres y Disidencias.

—Contanos qué es IDILIO Grupa, quiénes lo constituyen y en qué están trabajando por estos días.
—Con Malala Valentini, Miranda Carrete y Ana Echeverría, cuatro amigas y compañeras que integramos FindeUnmundO, creamos IDILIO Grupa, un espacio de experimentación y producción de contenidos feministas con el que llevamos adelante el ciclo “Lo personal es político” durante 2018 y 2019 en el teatro bar Hasta Trilce. Con este ciclo buscamos visibilizar los recorridos de mujeres y disidencias que nos resultan referentes en algún sentido, para dar cuenta de cómo nuestras decisiones personales tienen resonancias políticas e inciden en la trama social, creando horizontes emancipatorios. Lo hacemos a partir del cruce de lenguajes, generando duplas donde invitamos a alguien del campo teórico, del periodismo, de la militancia, entre otros, y a alguien de la música, que dialogan a partir de un guión que elaboramos en conjunto y que sirve de estructura para que luego se de en escena algo único e irrepetible. Han participado Paula Maffia, Marie Bardet, Ana Cacopardo, Malena D’Alessio, Claudia Korol, Luciana Jury, Colectivo YoNOFui, Radialistas Feministas, Marce Flores, Vicky Barker en 2018, y este año Vanesa Orieta, Tita Print, Marlene Wayar, Paula Garnier, Alex, Mariana Komiseroff, Sofía Viola y Esther Díaz. Son experiencias muy movilizantes que dejan muchos aprendizajes para todas y todos. Actualmente estamos en proceso de pre producción de la edición 2020 y elaborando nuevos contenidos posibles, siempre teniendo como eje y protagonista al arte como potencia transformadora.

—En la actualidad formas parte del duo SAHÚMO, junto al cantautor Luis Sticco, ¿cómo surge este ensamble musical, qué es lo que los identifica y cómo dan vida a sus canciones?
—Actualmente integro en SAHÚMO, un proyecto musical que creamos con Luis Sticco a partir de haber trabajado juntos haciendo la música para la acción del 24 de marzo del colectivo FindeUnmundO. Descubrimos que teníamos afinidad en nuestra sensibilidad musical y que nos podíamos complementar mucho. Luis es cantautor y yo me dedico a “descomponer” canciones. A lo largo de los tres años que venimos trabajando, fuimos descubriendo un estilo propio, un sonido propio, y entendiendo cómo profundizarlo. Si bien me acompaño con el piano, mi instrumento principal es la voz y concibo lo musical muy en relación a los paisajes sonoros que puedo generar con ella. Luis toca guitarras y bajo y también canta, y hemos ido encontrando cierta identidad que va desde la base de un nuevo folklore latinoamericano a codearse con la fuerza del rock y los colores del jazz y del blues. Cuando nos escuchan reconocen que se trata de un estilo muy particular, que por suerte, gusta mucho.

—¿Qué proyectos burbujean en tu interior por estos días?
—Por estos días, con SAHÚMO tendremos el placer de compartir una hermosa fecha el jueves 31 de octubre en El emergente Polo Cultural 1040 (Acuña de Figueroa 1040) junto a Pasa la rompiente y Leva. Nos encanta pulsar en red y crear lazos a partir de la música, y esta será una hermosa oportunidad de seguir en ese camino. La entrada es muy accesible ($150) y pueden pedirnos anticipadas a $100 con descuento en la barra. Una ocasión única para conocer bandas emergentes con propuestas musicales muy interesantes, encontrarse y celebrarnos.

—Volviendo al cuadro del principio, si tuvieras que guardar en esa imagen un sueño, ¿cuál sería?
—Un sueño que reposa activamente, como una semilla que va a brotar pronto, es el de crear entre todas y todos un mundo sin fronteras, donde podamos elegir cómo queremos vivir, donde podamos ser sin etiquetas ni cepos, donde podamos circular libremente y no haya privilegios. En el que la infancia sea la etapa más importante y se la respete y acompañe con amor. Un mundo en el que mi hijita pueda desplegar sus alas, compartirse y disfrutar esta magia y este regalo que es la vida.

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