Matías Kekes López se muestra desde “El interior de lo que brota”

Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca)
Edición: Walter Omar Buffarini //

La música forma parte de su esencia y brota desde su interior en forma de historias, necesarias, oportunas, unidas a las notas que emergen de los instrumentos que acompañan su voz.

En un viaje hacia ese interior habitado por canciones, el músico Matías Kekes López, oriundo de Cañuelas pero instalado desde hace años en la ciudad de La Plata, logra llegar a las raíces, a la profundidad de sus emociones y, desde allí, deja que afloren los sonidos y las palabras necesarios para dar vida a su nuevo álbum “El interior de lo que brota”.

En diálogo con ContArte Cultura el compositor, intérprete y productor musical, cuenta cómo se gesta su vínculo con la música y el camino recorrido hasta este nuevo trabajo, que presentará el próximo 21 de septiembre en C’est la vie, de calle 17 entre 55 y 56 .

—Contanos quién es Matías Kekes López y en qué momento se despierta en vos la conexión con la música.
—Me es un poco difícil decir quién soy o quien es Matías Kekes Lopez. Puedo decir que siempre estuvo en mi la pulsión por hacer música, por hacer nacer música, desde mis primeras aproximaciones y enamoramientos con la música. Casetes de Yupanqui, Larralde, Alberto Merlo, Los Chalchaleros, viajes en camiones acompañando a mi viejo y recitando algún verso de Yupanqui, cantando una milonga, cantar algún Triunfo en alguna peña en Cañuelas, que es de donde vengo, armarme de palos que servían a la vez de guitarra, e imaginarme un público. Así un poco transcurrió mi infancía, entre caballos, campo, soledades y mucha música. Luego irse a vivir a la ciudad, ir a la escuela, escribir en cuadernos letras de canciones, solo letras porque ni idea de tocar un instrumento. Siempre fantaseando tocar una guitarra, conocer a los Doors por mis hermanos, los Guns, un casete original de Attaque 77 (“El cielo puede esperar”), encerrarme en la habitación a escondidas y cantar arriba de la música y fantasear ser ese que cantaba, e imaginarme el público de nuevo. Luego ir a la disquería y comprar mis dos primeros casetes de propia elección (Alta suciedad, de Calamaro, y Fabulosos Calavera, de los Cadillacs, pero siempre la música como recuerdo más palpable y presente todo el tiempo, acompañando momentos, etapas, edades, amores.

—¿Cómo fue tu primera vez con una guitarra de verdad?
—A los 15 años fui por casualidad a acompañar a un amigo a su clase de guitarra y ese fue el camino de ida. Empecé clases de guitarra eléctrica y ahí no paré nunca más, esa era la etapa del rock rolinga, del Kekes rolinga. La primera canción que aprendí en la guitarra fue Juana de Arco y Estrella de los Ratones Paranoicos. Y luego aparecieron Spinetta, Invisible, Artud… y acá estoy, sintiendo la música y el arte como una forma de vida, como una forma de entender y habitar el mundo, de entenderme y entender a los otros. Como una forma de poder estar un poco mejor en los días. La música para entenderme, habitarla, compartirla, expandirla, expandirse.

—¿Cuáles son los caminos que recorriste para llegar a este punto en el que lograste dar vida a tu segundo álbum como solista?
—Creo que todos los grupos que tuve me dejaron gran enseñanza. Desde lo musical hasta lo humano. Manejo de grupo, de energías. El Etermanuta, grupo de power trío que tuve en Cañuelas, luego Bichofeo, alBies, Mamut y ahora el camino solista que es el más cómodo para mí en este momento.

—¿Podés explicar cómo nace una canción en tu interior?
—No lo sé a ciencia cierta. Para mi componer es estar todo el día atento a lo que pasa, conectado, de ahí viene todo. Y del trabajo cotidiano, de probar y probar, siempre jugando, poner una palabra, un ritmo, cortarlo, hacer collage, y pasar mucho tiempo haciendo eso. Me encanta hacer canciones, me hace sentir en mi casa, en un lugar seguro.

—¿De qué manera recordás el proceso creativo de tu nuevo álbum “El interior de lo que brota”? ¿Cómo brotaron en vos las letras y la música de las canciones que lo componen?
—Recuerdo una canción en particular, Partir. Ese tema me dio el pie para pensar en un disco nuevo y sobre todo el armado. Fui creando las maquetas en casa, probando cosas, arreglando canciones viejas, componiendo muchas nuevas, hasta que elegí unas siete que fueron las que más gustaron y se las lleve a Juan Dolce, quien oficio como productor, y ahí armamos el disco. Las letras creo que básicamente hablan de alguna u otra manera de la raíz, del origen de mi identidad, de mis angustias y alegrías, La Pampa, la paternidad, una separación, la idea de aceptar lo que se da y transformarlo. Creo que eso ronda todo el disco y por eso entiendo que las muchas canciones que quedaron al margen (más de 30) quizás tenían otra temática.

—¿Quiénes te acompañarán en la presentación de tu disco el día 21 de septiembre?
—Estarán Martina Centurión en guitarra, Leo del Carril en batería, Pablo Fernández en bajo, Germán Odoguardio en teclados y Vivi Bertola en proyecciones. La apertura del show será de Agustina Cicchetti.

—Si tuvieras que elegir una palabra que resuma lo que se esconde en el interior de esta obra, ¿cuál sería y por qué?
—La palabra que más se me aparece, la que surge con más fuerza, es Sinceridad, que también se me asocia a identidad. Creo que en estas canciones me muestro tal como soy, y esa es la forma que tengo de acercarme a la música, mi vínculo con ella. Estas canciones me representan y no tienen otra finalidad que eso, mostrarme, decir desde mis miedos, mis fracasos, mis alegrías, con los medios que tengo, con la voz que tengo sin pretender agradar. La música me ayuda a estar mejor, en paz. Este disco me ayuda a andar más tranquilo, a verme, a cerrar ciclos para dar paso a lo nuevo.

—¿Hay alguna nueva idea brotando dentro tuyo por estos días?
—En principio, las presentaciones de estas músicas nuevas con banda. Tengo intensiones de hacer sonar esa música y a fin de año grabar algunas canciones nuevas, ya que este formato de banda me abrió la puerta para componer pensando en ella. Últimamente veo a la música como generador de movimiento, movimiento corporal, básicamente el baile en su estado más primitivo. Esa relación música-cuerpo-baile me tiene un poco atravesado y están saliendo músicas donde eso se pone de manifiesto.

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