“Turucuto tiene que ver con la forma de llevar la música, siendo una parte inherente a nosotros y nuestra vida”

Foto: Paula Romero Cahue
Por Andrea Viveca Sanz

La música brota de sus almas, con el aroma de sus tierras, tan lejanas y diferentes, tan cercanas en la mágica fusión de las voces que se hacen parte de cada instrumento, para sentir sus latidos y latir con ellos.

Turucuto es un punto de encuentro en la melodía de la vida. Un ritmo que convoca a los sentidos atentos del músico tucumano Roque Celiz y la periodista y poeta platense Mercedes Maiztegui, quienes se enredan entre sus hilos sonoros y se entregan a la apasionante tarea de hacer y regalar canciones, que viajan más allá de las fronteras que las vieron nacer.

El dúo musical hizo un alto en su trabajo creativo y contó, en diálogo con ContArte Cultura, sus vivencias en un camino atravesado por el folklore, el rock y el jazz.

—¿Qué es Turucuto
—Es un dúo que a veces toca en formato trío, cuarteto o quinteto, dependiendo de la ocasión. Por ejemplo, ahora tenemos una fecha en Tucumán y escribimos unos arreglos para cuarteto de cuerdas, por lo que vamos a ser un septeto.

—¿Qué significa el nombre que eligieron y por qué sintieron que era el que los representaba?
—El nombre es la manera que en la provincia de Tucumán se llama a la acción de cargar a una persona en la espalda, como aquí se dice “a caballito”, “a cococho”, “a babucha”. Nos surgió la oportunidad inesperada de grabar un disco y no teníamos nombre. A Mercedes le gustaba mucho la palabra Turucuto y decidimos ponerle ese nombre al proyecto y al disco. En ese momento no pensamos que fuera representativo, solo se nos ocurrió y nos parecía simpático. Después, con el tiempo, nos dimos cuenta de que son muchas las veces donde nos cargamos el uno al otro, como una forma de tomar fuerzas, de seguir. A su vez, tiene que ver con la forma de llevar la música, siendo una parte inherente a nosotros y nuestra vida , sin dudas una elección también.

—¿De qué manera nace este dúo y cómo lograron fundir la música y la poesía que los habita en cada una de sus canciones?
—El dúo nace como un desprendimiento del ensamble “Papeles Sueltos y Encontrados” formado en 2012 en Buenos Aires, donde combinábamos música, poesía y dibujos junto a otros artistas. La música fue ganando su autonomía y luego surgió la oportunidad de grabar un disco con las canciones de Roque. La fusión de lo que decimos y cómo lo decimos nace naturalmente, casi en simultáneo.

—¿En qué momentos y lugares es probable que comience a germinar una canción?
—Una canción puede germinar en cualquier lugar. Quizás el momento sea más importante. A veces puede aparecer una idea en un sueño, estudiando, viajando, en alguna de nuestras charlas o caminatas. Y baja, no sé de dónde. También se juntan muchos momentos y lugares para convertirse en canción. No hay un procedimiento o disparador único, pero sin duda todas tienen procesos. A veces llega en momentos instropectivos también. No sé si puedo identificar un momento específico, pero sí la sensación que me produce cuando viene eso que después se transforma en canción.

—¿Cómo viven la experiencia de pasear por otras geografías la música que tejen entre ambos?
—Es una experiencia increíble. La misma canción vibra de manera muy diferente de acuerdo al aire que respire y nosotros también. Los lugares te atraviesan. La gente, las costumbres, la geografía, la naturaleza, y hasta la comida. Nosotros somos muy permeables y nos dejamos atravesar por todo eso. Cada lugar late de una manera distinta y eso hace que nuestra música tenga un color distinto siempre.

—¿Cuáles fueron las vivencias que más los marcaron durante los ensambles artísticos que se llevaron a cabo bajo el nombre de “Papeles Sueltos y Encontrados”? ¿Qué fue lo que lograron encontrar entre esos papeles en los que la música pudo vincularse con otras disciplinas artísticas?
—El armado de cada show (que son únicos, ya que los hacemos con artístas distintos siempre) tiene una mística, una magia que se produce por el encuentro enriquecedor con cada artista que convocamos. Cada uno ofrece una producción hecha o en la que está trabajando, contando influencias, sentidos, orígenes. Desde ahí nos imaginamos qué puede ocurrir si lo cruzamos con otra cosa, sin superponer. Intentando dirigir la atención para que cada expresión tenga su momento. Las vivencias que más nos marcaron son chiquitas pero muy emotivas. Por ejemplo, en un pueblo cerca de Cali (Colombia), llamado Cerrito, hicimos el ensamble con la compañía teatral Cazamáscaras, en la Casa de Cultura del lugar. Estuvimos toda la tarde arreglando el escenario y preparando el lugar con todos los que íbamos a hacer el ensamble. El lugar, que tenía una capacidad para 400 personas, se llenó, fue todo el pueblo a ver de qué se trataba (mando fotos). Después, en San Telmo, en la ciudad de Buenos Aires, tengo el recuerdo de estar también todos armando la escenografía que había propuesto Jesu Amigorena con unos bollitos de papel. En San Pedro de Colalado, ensayando con Alberto (danza) y Pepe (dibujo) en el comedor de una casa, para después llevar eso a una sala grande. Siempre lo mejor es poder compartir con otros artistas de los cuales aprendemos mucho. Cuando hicimos el ensamble en Jujuy descubrimos la relación que tiene el paisaje con el arte. La música o dibujos de los artistas de allá eran una prolongación del lugar, una manera de estar. Desde ahí creaban. Cuando hicimos el show había gente del lugar, gente que había llegado a vivir en el lugar, y turistas. Y el espectáculo fue un espacio de reunión para recorridos que parecían lejanos, hostiles. Otra cosa que nos pasa es que por más que planificamos y dedicamos mucho tiempo al armado del espectáculo, siempre ocurre algo inesperado que resulta mucho mejor de lo que habíamos pensado. Hay algo del aquí y ahora, del momento en que se pone en marcha combinar expresiones artisticas que, junto con el lugar y la gente, lo hace mágico, casi otra dimensión. Todos están dispuestos a meterse en ese sueño.          

—¿Cómo fue el proceso por el cual nació su primer álbum?
—El primer albúm, Turucuto.nació sin querer. Un amigo nos dijo que quería que nuestra música estuviera grabada y nos dio un dinero para hacerlo. Fue un gesto increíble, ya que con ese dinero pudimos plasmar un par de canciones en un disco que nos abrió puertas y nos llevó para muchas partes. El proceso fue entonces rapidísimo. Justo teníamos armada una gira en Colombia, desde diciembre de 2014 hasta mediados de febrero de 2015, y queríamos aprovechar y llegar con el disco. Así que nos pusimos a ver una lista de temas que teníamos, elegimos unos cuantos y nos pusimos a armarlos en 2 meses. En noviembre el disco se grabó en vivo.

—¿Qué nos pueden contar de “Llenos de luna, bajan al mar”, su segundo trabajo?
—Fue algo muy parecido a lo que pasó con el primero. En este caso fuimos a Tucumán a hacer un teatro grande y otro amigo nos vio y nos dijo que nos quería ayudar a grabar, y así fue como comenzó todo. Las canciones ya las veníamos tocando y el recorrido que tenían junto a músicos invitados le había dado otro sonido a Turucuto. Así decidimos meternos al estudio y grabar sin arreglos. Hicimos tres versiones de cada tema y después elegimos la que más nos gustaba. Fue una decisión hacerlo así. Queríamos tener esa experiencia, la de meternos a grabar y dejar el testimonio más fiel de quiénes éramos en ese momento. Es un disco muy honesto, que queremos mucho. Con el tocamos un montón aquí y armamos una gira afuera también, que nos llevó a recorrer varios países. En 2018, una distribuidora de Japón se comunicó con nosotros para comprarnos discos y llevarlos a ese país. Así que Turucuto suena allá también por estos días y esperamos tener la suerte de ir a tocar.

—¿Qué hilos musicales los tienen enredados por estos días?
—Estamos trabajando en nuestro próximo disco. Ahora, a diferencia de los dos trabajos anteriores, queremos hacerlo distinto, porque nos aburre hacer siempre lo mismo (risas). Queremos tener una nueva experiencia en el estudio. Vivirlo de otra manera. Estamos eligiendo las canciones, que tienen un decir mucho más urbano y atravesado también por todo lo que se está viviendo. Paralelamente, estamos grabando videos en el patio de nuestra casa con canciones que queremos mucho, las que probablemente no estén en un disco pero queremos dejar registradas.

—Si pudieran elegir un lugar en el que dejarían volar su próxima canción, ¿cuál sería y por qué?
—Siempre el mejor lugar es en donde la canción sea bien recibida. Donde la escucha corresponda, con el silencio y el respeto necesario, a esa pequeña obrita.

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*