Alejo García Pintos: “Cuando ya no sea necesario, la gente dejará el barbijo y va a volver a abrazarse, a darse besos”

Por Walter Omar Buffarini //

Sobre las tablas de la vida misma el autor nos sorprende con un guión inesperado. El director exige dar todo por el aplauso final y el actor, quien nunca se imaginó protagonista de este singular unipersonal, se concentra y sigue el libro al pie de la letra.

Para hablar de esa obra de la que todo el mundo hoy es protagonista, ContArte Cultura invitó al actor platense Alejo García Pintos, quien nos contó, entre otros temas, cómo afronta el aislamiento provocado por la pandemia.

El hombre, el actor, el docente, el trabajo, los proyectos postergados, la radio, la virtualidad y los sueños formaron parte de este diálogo virtual que así levanta su telón:

—Contanos cómo transitás estos tiempos de aislamiento social sin desatender la profesión ¿Es un buen momento para elaborar proyectos a futuro?
— Es un momento raro que por suerte estoy transitando muy bien. Y en ese sentido me gusta una frase que me dijo una amiga hace un tiempo, ya en aislamiento: “Cada uno tiene la cuarentena que necesita”. Si nos agarramos de eso, lo internalizamos y lo tenemos como frase dando vueltas en la cabeza, vamos a poder aprovecharlo para no caer en esos lugares o actitudes comunes y lógicamente entendibles, en esa locura de querer salir ya, si o si, creyendo que no nos va a pasar nada, atribuyéndonos la impunidad de creernos inmortales. En mi caso, esta situación me sirvió para generar algunos proyectos, para comenzar a pensar un año distinto en lo profesional, porque creo que el año teatral para los actores, para la ficción en general, está terminado. Fue y es un momento de reflexión, de parar la pelota, de repensarme como artista, como laburante, como productor, como lo que sea. Empecé a ver y analizar qué otras posibilidades puedo ejercer, más allá de que no se me cae ningún anillo por hacer cualquier tipo de trabajo, porque necesito trabajar. Me sirvió justamente para eso, para poder buscar otro tipo de cosas, otras puertas, y abrirlas.

—Surge de tus palabras que entendés que la salida de esta situación, la recuperación particularmente en lo laboral, será lenta, ¿es así?
—No hay chances de que el teatro vuelva de una manera normal. Si vuelve será paulatinamente, con poca gente, con pocas butacas a la venta. Sin dudas esto generará que sea muy difícil poder producir una obra sabiendo de antemano que no se va a poder vender equis cantidad de entradas y que no habrá manera de recuperar la inversión. Más difícil aun teniendo en cuenta que no se pudo trabajar prácticamente en todo el año. A esto hay que sumarle que venimos de cuatro años en los que, según los números oficiales, bajó el 52% del público que asistía al teatro. Lo mismo sucede con los proyectos de cine que no se van a realizar este año y nos vamos a encontrar un 2021 con estrenos de algunas películas realizadas en 2019. Películas que tal vez no terminen siendo lo vigentes que podrían haberlo sido este año. Esas son algunas cosas que muchos no tienen en cuenta. También creo que, seguramente, después que esto pase va a haber mucha ficción respecto a lo que fue la pandemia, con el riesgo de que se agote el tema. Y por último también está la respuesta de la gente: hay que ver cuándo querrá volver a sentarse cerca de alguien. Son muchos los factores.

—¿Cuáles son las cosas que te quedaron en stand by con la llegada de la pandemia?
—Quedaron cosas que tenían que ver con proyectos básicamente teatrales y también la posibilidad de hacer una película. En estas circunstancias todo se desintegra de alguna manera. Pero yendo más a lo concreto, me queda el estreno de una obra que íbamos a hacer con Emilia Mazer, con quien tenemos ganas de hacer teatro desde que ella hizo Los chicos de la guerra y yo La noche de los lápices. Nos prometimos alguna vez hacer teatro juntos y nunca pudimos. Hicimos cine juntos, también televisión, pero nunca nos pudimos subir a un escenario.

Alejo junto a Emilia Mazer en la tira televisiva “El hombre de mi vida” (4º capítulo de la 2da. temporada)

—Contanos un poco más de ese proyecto.
—Es una obra que tiene que ver con los siete pecados capitales y cada uno de ellos está escrito por un autor distinto de Latinoamérica y España. Es un proyecto muy interesante, que encaramos junto al director teatral Javier Margulis, en donde cada pecado capital ocurre en una capital del pecado, y así se llama la obra: Siete pecados capitales en siete capitales del pecado. Son parejas, interpretadas siempre por Emilia y por mí, lo que nos lleva a tener que componer siete personajes distintos cada uno, los que que de alguna manera desarrollan, desde la dramaturgia de los autores y desde nuestra actuación, un conflicto que tiene que ver con esos pecados.

—¿Estás llevando adelante algún tipo de presentación virtual? ¿Qué opinás de esa modalidad, particularmente en lo que tiene que ver con al teatro?
—En principio, estoy dando clases de teatro a través de la aplicación Zoom. Se trata de un grupo cerrado que me pidió de hacer esta experiencia, que también me sirvió mucho a mi para probar cómo es esto de dar clases desde lo virtual, estar todos en el mismo cuadradito, mirarse y no saber cuándo habla uno y cuándo otro, pero nos vamos acostumbrando. En lo actoral, participé de un ciclo de teatro leído de la Sociedad Argentina de Gestión de Actores Intérpretes (SAGAI). En este caso leí un cuento, pero para el sábado 6 de junio voy ser parte de una puesta que se llama “Teatro en cuarentena”, en la que leo una obra con otro actor, cada uno desde un país diferente. En este caso lo voy a hacer con Gastón Dalmau, un actor argentino con el que trabajamos juntos en “Casi Ángeles”, donde él era uno de los teenangels. Él vive en EE.UU. ya hace muchos años, así que vamos a hacer esa experiencia de actuar el desde Los Ángeles y yo desde Buenos Aires, en una transmisión que se hace desde Miami. Otra de las cosas que mantuve desde la virtualidad fue mi actividad como docente de un colegio alemán de la zona de Hurlingham, donde tengo dos cursos de primaria y secundaria, con lo cual tengo que trabajar toda la semana, lo que en este caso se hace dificultoso porque no es fácil trabajar teatro a través de aplicaciones como el Classroom o Zoom con grupos tan numerosos.

—Siguiendo en la virtualidad, hablanos de “Pedro 2º A”.
Pedro 2º A es un cortometraje que estrenamos por YouTube el viernes 29 de mayo, dirigido a distancia por Nicolás Tuozzo, quien propuso la idea, para la que tuvo la gentileza de convocarme y a mí me encantó. Se filmó todo en mi departamento y con mi celular, mientras que con otro teléfono móvil en paralelo enfocábamos el cuadro, todo a través de la aplicación Zoom, con lo cual Nicolás iba viendo a la distancia, en una especie de monitor, y me iba dirigiendo desde su casa. Cuando concluimos subí todo el material a la nube, todas las tomas, y él lo descargó y editó, trabajando también los audios y la musicalización. Para ello contó también con un sonidista, a quien le mandó el corto para emprolijarlo. Fue una experiencia muy divertida y también muy cansadora, porque entre mi mujer y yo tuvimos que hacer todos los rubros técnicos y artísticos que generalmente existen en el rodaje de una película. Así logramos tener una escenografía acorde a lo que se iba a contar, tener los elementos, trabajar la posición de la cámara y controlar que el celular no se quedara sin batería… en definitiva, todo lo que hace un equipo de una película lo pudimos hacer en esta oportunidad entre dos en mi casa con un director y un sonidista a la distancia. Por supuesto que, a pesar de haber sido una experimentación hermosa, bregamos por que el cine vuelva a hacerse de buena manera, como corresponde y con toda la gente que es necesaria.

—¿Creés que la “nueva normalidad” que llegará post pandemia prolongará en el tiempo esas modalidades obligadas de hoy?
—No creo que las disposiciones de hoy perduren en la distancia o en el tiempo. Tal vez alguna que otra nos podrá quedar como costumbre, pero no creo en nada que tenga que ver con que esto nos va a mejorar. En todo caso, a cada uno, quizás, le sirva el tiempo de estar solos o en soledad, o introspectivos. Cuando ya no sea necesario y obligatorio, la gente dejará el barbijo y va a volver a abrazarse, a darse besos, a compartir lugares, espacios, y eso me parece que está bien que suceda. No tenemos que acostumbrarnos a esto que es una excepción, consecuencia de la pandemia, que es algo nuevo, algo que por su rapidez nos sorprendió y no hubo manera de frenarlo un poco más.

—Regresando a tus actividades, no sólo sos un hombre de la actuación, sino que te das el gusto de hacer radio ¿Contanos cómo vivís esa experiencia y cuánto del actor está presente en esa aventura?
—Mi experiencia en la radio tiene que ver justamente desde el lugar del actor. Es el actor quién está en la radio, el que puede conducir, que puede participar de un programa. Parte desde una especie de personaje que obviamente tiene mucho que ver conmigo. Soy yo frente a un micrófono y a medida que pasa el tiempo voy dándome cuenta que le estoy hablando a alguien. Muchas veces caemos en el error de que hablamos para nosotros o para la gente que está en la mesa en el estudio, hasta que nos hace ese click que nos permite darnos cuenta que en realidad nos están escuchando del otro lado. Eso también me sirve como actor, porque sé que del otro lado hay un público, es por eso que rápidamente trato de hacerlo piel y trasmitirlo a través de lo que digo. Pero más allá de eso, me considero alguien que puede ser un conductor radial sin creerme ni periodista, ni entrevistador, ni un comunicador como se lo conoce tradicionalmente. Sí puedo serlo desde lo que soy yo como persona, desde lo que pienso y desde mi lógica, que es absolutamente subjetiva. Desde ese lugar puedo tratar de ser como una especie de pivot, un jugador número 5 en el medio de la cancha, desde donde puedo dar un pase a uno o a otro. Pero insisto, no soy naturalmente periodista ni he estudiado periodismo.

Alejo en “Rodolfo Walsh y Gardel”

—Mirando hacia atrás en tu extensa carrera, ¿hay algo en particular que te hubiera gustado prolongar en el tiempo o una experiencia que te interesaría repetir?
—Se me vienen a la cabeza dos comedias que me gustaron mucho y me hubiese gustado hacer mucho más tiempo o volver a hacerlas también. Fueron “Los 39 escalones”, de Hitchcock y “Shakespeare comprimido”, la versión inglesa de la obra en donde tres actores hacen las treinta y siete obras de Shakespere, y realizan todos los personajes, los masculinos y los femeninos. Ese tipo de juego me sienta muy bien y me gusta mucho. También volvería a trabajar el unipersonal sobre Rodolfo Walsh, escrito por David Viñas, que hice en el Cervantes. Fue una de las cosas que me marcaron para siempre como actor, como artista y como comunicador de ideas si se quiere. Poder hacer un texto de Viñas, con un personaje tan emblemático, tan icónico, tan importante como fue Walsh. Esas son cosas que me hubiese gustado continuar un poco más o las volvería a hacer si me lo propusieran.

—¿Podrías ponerle nombre propio a los siguientes términos?

  • Amor: Juana y Pedro.
  • Pasión: Gimnasia
  • Añoranza: Copy y Caco, mis padres.
  • Felicidad: Ingrid. Haber vuelto a formar una familia y levantarme todas las mañanas y tenerla a mi lado.
  • Amistad: Lautaro
  • Vergüenza: Elisa Carrió
  • Odio: Elisa Carrió

—Para finalizar, decinos cuáles serían los sueños que te gustaría cumplir, en lo personal y lo profesional, antes de bajar el telón.
—Que difícil, porque uno se pasa soñando como artista y sobre todo antes de bajar el telón. Si se quiere voy un poco más allá y tal vez con un poco de humor negro: siempre mi fantasía fue que el día que me tenga que ir de este plano sea actuando. No delante de la gente para no asustarla, para no impresionarla (risas), pero que sea en plena actividad. Que me agarre ejerciendo este oficio. En lo referente al trabajo en particular, seguir haciéndolo pudiendo elegir, pero no solamente desde lo material, sino desde la elección de realizarlo con buena gente. A esta altura de mi vida, cuando me ofrecen un proyecto, lo primero que pienso tiene que ver con el grupo humano. Esas serían las fantasías que tengo de ahora en más.

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