

Entrevistas
Hugo Lagomarsino: un platense con acento francés que dedica su vida al teatro y las marionetas
Por Walter Omar Buffarini y Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca) //
Hugo Lagomarsino es escenógrafo y fundador de la compañía de marionetas Le Théâtre de la Lune, creada en París, su ciudad de residencia, en 1981. Años antes, en 1976, había emigrado con su esposa y su pequeña hija a Europa para radicarse en Polonia, aunque la meta siempre estuvo en Francia.
Padre de la escritora Carola Lagomarsino, días atrás visitó la Argentina y en su ciudad de origen, La Plata, dialogó con ContArte Cultura acerca de sus primeros pasos en lo que hoy es su profesión y pasión: el teatro.
A pesar del paso de los años, la capital bonaerense no le es extraña. En ella vivió desde que tenía apenas unas horas de nacido. “Yo nací en Buenos Aires”, confiesa, pero aclara de inmediato: “Sólo porque mi madre fue a realizar el parto allá, pero vivía y vivimos siempre en La Plata. Soy platense desde siempre. Mi padre tenía un negocio en calle 47 y 9, que era una ortopedia y óptica. Teníamos nuestra casa en 35 entre 15 y 16; cursé la primaria en la escuela de calle 9 47 y 48 y luego en el colegio industrial Albert Thomas”.

Fue precisamente en el último año de sus estudios secundarios donde descubrió su afinidad con el arte y recuerda que “con otros compañeros llevábamos libros de poemas, como un verdadero desafío, y mientras el profesor hablaba de física nosotros leíamos poesía”.
“Cuando terminé el secundario me dije ‘bueno, ahora que hago’, así que fui a ver a una psicóloga para orientarme un poco y ella dijo que lo mejor era hacer algo que ligara lo intelectual y lo manual, entonces me decidí por arquitectura, pero no duré más de 15 días”, rememora Lagomarsino entre sonrisas.
Pero finalmente encontró su destino: “Por esas cosas de la vida leí en el diario El Día un artículo que hablaba de una escuela de teatro y fui como para ver de qué se trataba. Y fue la revelación”.
—¿Y cómo fueron esos primeros pasos?
—En esa escuelita hice dos años. Recuerdo que en el primero había una mujer que era “pintora de domingo”. Hacía pequeñas acuarelas y otras cosas que para mí eran fascinantes y que yo realizaba en mi casa. Pero lo fundamental fue que en la escuela había representación con los alumnos. La primera vez que me tocó participar fue tirando de la soga para que se abriese el telón, y fue algo inolvidable. En el segundo año teníamos un profesor que se llamaba Otegui y trabajaba en el antiguo Teatro Argentino. Él era del oficio, era escenógrafo, y yo me atreví a consultarle si tenía algo para mí, un pequeño trabajo. A mí me alcanzaba con ir a barrer al teatro, pero me sorprendió al contestarme que en ese momento estaba buscando un asistente. Y así me encontré, a los 18 años, trabajando en el Teatro Argentino.
—¿Podría decirse que esa fue la verdadera escuela?
—Podría decir que sí. Allí hice toda mi carrera práctica. En ese tiempo me tocó realizar la conscripción (servicio militar) y cuando regresé ingresé a la Escuela de Bellas Artes, donde cursé escenografía por cuatro años al mismo tiempo que trabajaba en el teatro, en donde con el tiempo me empezaron a dar otras oportunidades y así empecé a hacer decorados para diversas obras. En ese momento tenía 22 años y todo el mundo me ayudaba porque sentían como que me habían visto nacer. Llegó el momento en que ya era jefe técnico y tenía trabajando para mí alrededor de 500 personas, entre maquinistas, electricistas y otros.
—¿Y cómo llega la decisión de ir a Europa?
—Era una época complicada en la que todo fue cambiando. Yo ya estaba casado, vivía en Buenos Aires y cuando terminábamos tarde en el teatro tomaba el ómnibus para volver a casa y a mitad del camino nos paraban y pasábamos momentos feos. Tenía a mi hija chiquita cuando se presentó la posibilidad de irnos a Polonia y la realidad es que no lo tomamos como una cuestión de irnos, sino de buscar nuevas cosas.
Una escala rumbo a París y las marionetas

“Nos fuimos a Polonia cuando Carola tenía 1 año y tres meses. Cuando lo decidimos siempre pensamos en ir a Francia, pero haber conseguido becas de estudio en Polonia nos facilitó las vida”, relata el escenógrafo platense.
La pintora y escultora Zaïra Vieytes, esposa del escenógrafo en aquella época y madre de su hija, obtuvo una beca del gobierno polaco para artistas jóvenes, en tanto que Lagomarsino consiguió la suya para estudiar con el productor de teatro y director de cine Andrzej Wajda.
—¿Cómo lograron cumplir el sueño de llegar a París?
—Como pasa en estos casos nos acompañó la suerte. Por esas cosas de la vida conocimos allá a una mujer que nos ayudó muchísimo en el principio. Se trataba de Bernadette Gradis, quien nos facilitó nuestro ingreso a Francia y la vida francesa.
—¿Un verdadero volver a empezar?
—Como sucede siempre que se inicia algo, no dudé en hacer lo que surgiera, entre esas cosas algunos espectáculos de ballet con Ilce Tacheri. También participé con un grupo francés en el Festival de Avignon. Pero en algún momento me planteé “estoy acá, qué quiero hacer, qué puedo hacer” y finalmente me decidí por lo que me gustaba y sabía hacer que era teatro.
—Y llegaron las marionetas…
—Era una época en que estaba solo, con la colaboración muy importante de mi esposa, y no hablaba muy bien el francés pero contaba con mi formación plástica. Así, empezamos a hacer marionetas. Teníamos un pequeño auto, al que cargábamos y nos íbamos a hacer espectáculos. Y así empezó, hace ya 40 años.
Le Théâtre de la Lune
“Compro el papel, tomo la lapicera, escribo la historia, luego voy a comprar la madera. En general hago todo, por lo menos todo lo de base. Después, mi mujer actual, quien es actriz, colabora conmigo en la lectura de la obra y en los diálogos”, así cuenta Hugo Lagomarsino el proceso de creación de sus obras, para luego subrayar: “Yo hago todo porque me gusta hacerlo, me divierte”.
—¿El personaje nace primero en el papel y después se piensa cómo se construye?
—Yo escribo la historia y casi al mismo tiempo van surgiendo ciertas ideas. Después voy realizando pequeños bocetos, hasta llegar a la concreción final.



—¿Y todo eso en tu casa de París?
—Vivo en París, pero tengo una casa a 250 km, en el campo, donde está instalado el atelier y en donde se encuentran todos los decorados de los espectáculos. Ese lugar es genial, porque allí tengo un cajón con unas cosas, otro con otras, cuestión que en París me resulta imposible. En ese lugar, donde tenemos el atelier, estamos solos, únicamente hay ovejas y vacas, así que es casi el lugar perfecto para crear. En París no puedo fabricar nada, sólo tengo pequeños elementos para reparar alguna cosa que se pueda dañar o romper. La rutina parisina es fundamentalmente llevar adelante los espectáculos, ya que no hay mucho tiempo debido a que realizamos en promedio 150 espectáculos por año.
“Me esfuerzo en hacer marionetas lo más sólidas posible, le dedico mucho tiempo, porque hay espectáculos que llevan 200, 300 y hasta 600 presentaciones y los elementos deben durar“
—¿Cuánto lleva preparar un espectáculo completo?
—Puede pasar más o menos un año y medio o dos. Entendamos que no es tiempo pleno, ya que hay épocas en que no se puede hacer nada porque estamos presentando obras y las horas no alcanzan.
—¿Con cuánta gente cuenta la compañía para llevar adelante las obras?

—En las épocas cargadas de trabajo, como podría ser en Navidad, tenemos tres equipos que trabajan en distintos lugares, particularmente hoy, luego de la pandemia, en París y sus alrededores. En la actualidad salir de París se hace más difícil, ya que a los teatros les es muy dificultoso hacerse cargo de los traslados de las compañías y prefieren contratar a las de sus zonas.
—Contanos a qué público están dirigidas tus obras.
—En general nuestras obras son para niños de 3 a 6 años. Particularmente porque entiendo que a partir de los 6 años los niños pierden interés por las marionetas. Siempre digo que perdemos a nuestros espectadores a los 6 años y los recuperamos a los 30, cuando vienen a traer a sus chicos.
—¿Se puede decir que las marionetas no son para adultos?
—También tenemos espectáculos para adultos, pero creo que yo no soy tan bueno para eso, por lo menos en Francia. Nosotros, los argentinos, tenemos un humor que para los franceses es muy duro, y cuando queremos ser malos somos malos. Siempre recuerdo que cuando llegamos a Europa y en alguna ocasión nos invitaban a comer, yo me mandaba alguna humorada y quedaba mal parado, me miraban como diciendo “qué es eso”. El segundo sentido muchas veces no lo llegaban a entender, así que debí calmarme y adaptarme al humor francés (risas). Esa fue una de las cosas que me llevaron a dedicarme más a los chicos. Además, los chicos son más francos. Si no les gusta el espectáculo se levantan y se van. Si les gusta, se quedan.
“Lo que siempre hago cuando el espectáculo termina es mostrar las marionetas a los chicos. Que vean todas sus partes y sientan que la bruja en realidad no es tan mala, y el lobo tampoco. Entonces, cuando te encontrás con la mirada embelesada de esos chicos, ya estás pagado”
—¿Tienen algún circuito en particular para presentarse?
—Trabajamos mucho en las escuelas. Cuando los chicos no pueden ir a los teatros nosotros les llevamos los espectáculos. Pero en Francia, en general, las obras para chicos andan bien. La gente lleva a sus hijos a ver espectáculos.
—Cuando terminan las presentaciones, ¿cuál es el destino de una marioneta que no vas a utilizar más?
—Esa es una de las grandes cuestiones, existencial casi. En principio guardo todo, porque entiendo que ningún espectáculo se termina. Por supuesto que hay algunas marionetas que sé que no voy a utilizar nunca más, pero las guardo.
—Vamos a finalizar con una pregunta que podría haber iniciado esta charla, ¿si tuvieras que presentarte cómo te definirías?
—Tal vez hoy sería un artista plástico, aunque lo de artista no me gusta mucho, es muy grande. Tampoco me creo un marionetista. Yo me siento hombre de teatro.





Entrevistas
Aguirre–Rodríguez: “El tango siempre estuvo como lengua principal en nosotros”

Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca) /
Edición: Walter Omar Buffarini //
Es un viaje dentro de otros, un movimiento sutil, la música desperezándose en gotas de rocío, notas evaporadas sobre las aves del campo, es el vuelo hacia el espacio urbano, un recorrido temporal. Es antes y después. Es ahora y siempre, una melodía que llega desde lejos, de otras patrias, del mismo viento que corre y desparrama en el lugar justo y en el instante oportuno.
“Del Buen Ayre”, el próximo espectáculo y disco del dúo platense Aguirre–Rodríguez es un viaje por el tiempo y por distintos espacios, una relectura en modo actual de la música rural bonaerense.
Contarte Cultura charló con sus integrantes, Cynthia Aguirre y Alejandro Rodríguez para que nos cuenten acerca de ese caminar que la canción propone.
—Porque los espacios y las cosas que forman parte de ellos suelen hablar de quienes los habitan, nos gustaría comenzar esta charla deteniéndonos en su lugar de trabajo, en el espacio creativo de su música y en los objetos que los rodean en este momento. Si pudieran elegir un rincón o un objeto, el que mejor los represente como dúo y nos cuente algo de ustedes, ¿Cuál sería?
—El lugar, nuestra casa, y el rincón nuestra sala, en la que se va gestando todo el resultado final de lo que hacemos como músicos. Creo que estos espacios hablan de nosotros y de nuestra manera de entender la realidad y el arte.
—Y desde ese espacio viajamos en el tiempo, ¿cómo y cuándo se encuentran Cynthia Aguirre y Alejandro Rodríguez en el camino de la música para dar comienzo al dúo Aguirre–Rodríguez?
—Nos encontramos en la escuela de arte de la ciudad de Berisso, hace muchísimos años, en situación de alumna y profesor, pero rápidamente comenzamos a compartir producciones por fuera de la escuela. Con los años volvimos a encontrarnos, ya específicamente en el terreno del tango con la orquesta Los inmigrantes en el año 2005. Cuando el tiempo de la orquesta se terminó, continuamos en dúo.


—¿Cómo fueron esos comienzos?
—Fue un muy hermoso comienzo, pero rápidamente el dúo se fundió dentro de un cuarteto que con el tiempo se convirtió en sexteto de tango. Me refiero a Tangor. Con esa agrupación trabajamos durante más de 10 años. Por otro lado, Cynthia participaba como invitada permanente en el grupo La Sonora, proyecto que venía caminando desde el año 1989.
—Como decías, con el correr de los años el tango se instaló entre ustedes, ¿qué cosas los llevaron a explorar en este género que nos representa?
—El tango siempre estuvo como lengua principal en nosotros. Como una especie de lengua madre. Rastrear el porqué de esto es complicado, creo que tiene que ver con nuestras historias personales y la idiosincrasia de nuestras familias de origen. Lo que es claro es que ha sido fundacional en nuestro vínculo con la música. Nuestra mirada como habitantes de este tiempo siempre nos llevó a buscar puentes entre el tango, otras músicas y otros conceptos artísticos.
—¿De qué manera llega el primer disco “Mundo Tango”, grabado en 2011?
—Ganamos un premio a la Producción Fonográfica del FNA (Fondo Nacional de las Artes) y generamos nuestro primer CD. En ese entonces, si bien el CD se llamó Mundo Tango, abarcamos otros lenguajes musicales, algunas cosas del folclore y canciones provenientes de la cantera del rock.
—Por estos días están en proceso de grabación de su segundo disco “Del Buen Ayre”, ¿qué recorridos espacio-temporales tuvieron que hacer para dar vida a los temas que forman parte de esta obra?
En Mundo Tango nos referimos a una idea acerca del tango, como un estado del ser que no solo aparece en esta región del mundo (por algo el tango impacta como impacta en todo el globo). Aquí nos referimos más a la génesis de este género y la música de la provincia de Buenos Aires. Este nuevo trabajo propone un recorrido desde la música campera de principio de siglo XX (El Gardel Gaucho, pasando por compositores icónicos de ese lenguaje como Omar Moreno Palacios) para adentrarse en el tango clásico de la época de oro y llegar hasta composiciones actuales que revitalizan el género. También este trabajo, a diferencia del otro, está estructurado por un material que fue ampliamente mostrado y fogueado. Es música que hemos tocado mucho en vivo y está planteado desde esa impronta. Los arreglos, si es que los hay, fueron construyéndose a lo largo del tiempo y de las distintas actuaciones. Los músicos invitados jugaron en ese mismo tono también. Se les envió un cifrado y una grabación como referencia, pero el armado de los distintos temas se resolvió en el estudio, mientras Manzana Ibarrart (gran amigo y comandante del Estudio Sonosfera) montaba los mics y seteaba todo. Luego se eligieron las mejores tres tomas de cada tema. El resultado tiene un aroma a “trazos sueltos” que nos encanta en lo particular.
—Sin dudas se trata de un viaje a través de la música, ¿cuál es el aroma que elegirían para simbolizar a este álbum?
—El múltiple aroma de los viajes…si bien es un CD local en cuanto al repertorio, es bastante global en tanto a que lo que suena proviene de muchísimas fuentes y no solo de la tanguera. Lo hemos tocado tanto en tantos países diferentes, que para nosotros tendría ese olor a viaje, a aeropuerto, a trenes.
—El 3 de agosto estarán presentando este disco en La Salamanca, un reconocido espacio cultural platense, ¿qué podrán disfrutar esa noche quienes se acerquen a compartir su música?
—Haremos algunos de los temas de nuestro espectáculo Del Buen Ayre, como antesala al espectáculo Filogenia de Victoria Moran y el Dúo Puentes Reyes.
—Mencionás que ese día estarán acompañados por la cantante Victoria Morán, entonces la pregunta va para ella. Victoria, ¿Cómo nace “Filogenia”, ese recopilatorio de obras de música popular argentina? Contanos quiénes serán parte de ese recorrido el 3 de agosto y qué sentís al compartir noche con el Dúo Aguirre-Rodríguez.
9- Filogenia surge de la necesidad de contar nuestro ADN musical a través de las canciones que nos definen. Es una suerte de viaje musical hacia la fuente, hacia la memoria imperecedera que une un recuerdo con otro. Este espectáculo viene a despertarnos la fibra sensible con canciones que nos nombran, enlazando a Homero Manzi con Víctor Heredia, al Cuchi con Fito, a los que fuimos con los que somos. El compartir con compañeros y compañeras músicos y músicas siempre es una alegría, y en este caso será además una sorpresa para el dúo Puentes-Reyes y yo, porque jamás nos hemos cruzado en un escenario y esperamos anhelantes ese ida y vuelta mágico que siempre augura la música compartida.
—Para terminar, ¿cuál es el próximo destino de la música que los mueve?
—Tenemos por delante algunas fechas en nuestra ciudad, como el próximo 29 de agosto, día en el que estaremos compartiendo escenario junto al cantor Carlos Cabrera en el Café Metro. Octubre nos encuentra realizando nuestra segunda gira europea, con conciertos en países como Italia, Francia, España y Portugal. A nuestro regreso estaremos presentando oficialmente nuestro álbum Del Buen Ayre, con la participación de los músicos que fueron parte de la grabación.
Entrevistas
Celina Cocimano y ‘El juego de las emociones de Uma’: “Un libro que pide gran compromiso de los adultos”

Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca) /
Edición: Walter Omar Buffarini //
Todo gira, se mueve en una circularidad compartida. Las emociones suben y bajan, cuelgan de nuestros cuerpos, se desprenden como hojas secas. Regresan, son brotes, transformados en otra cosa.
Celina Cocimano es terapeuta emocional y a partir de sus vivencias y de su trabajo de muchos años necesitó dejar huellas, sembrar palabras para que germinen a través de sus libros.
“El juego de las emociones de Uma”, su último libro, está dedicado a las infancias. A través del juego logra acercarse a los territorios del miedo, de la ansiedad o de la frustración para atravesarlos.
ContArte Cultura charló con ella para conocer las rutas que la llevaron a indagar en ese universo.
—Las emociones forman parte de nuestras vidas, van y vienen, se mueven y nos movemos con ellas. Por eso, para comenzar y a modo de presentación, nos gustaría que elijas al menos tres emociones que te atravesaron al momento de escribir tu último libro y que a cada una de ellas les otorgues un sabor o un aroma.
- Frustración, sabor a cebolla
- Ansiedad, aroma a menta
- Alegría, aroma a vainilla
—Y ya instalados en esa imagen, vayamos a tus comienzos, ¿qué vivencias te llevaron a transitar el camino de la terapia emocional?
—La insatisfacción personal, haberme descubierto cómo estafadora de mi propia vida, creando personalidades adquiridas para moldearme al gusto de la mirada ajena, siempre con esa sed emocional de ser alguien para los demás, ser aceptada, reconocida, querida y encantar a todos. Mientras estudiaba para contadora, sentí un apagón emocional, la apatía era mi única compañera en esos tiempos, hasta que mi cuerpo también “habló” con un síntoma muy sentido. Empezaba a hacerme pis por las noches siendo ya grande, más adelante entendí que eso sucedía en cada hogar o lugar donde me sentía a gusto, de esa manera, “intentaba” aferrarme a algún territorio, sentirlo al menos, por momentos, un lugar donde era yo. Como los animales que marcan su territorio orinando sobre él. Eso era lo que faltaba para que mi vida se vistiera de insatisfacción y cambie totalmente de rumbo, mejor dicho, empiece a vivir y dejar de aparentar lo que mis vacíos necesitaban cubrir.
—Seguramente al ir recorriendo ese camino fue necesario dejar huellas y de esa manera llegaron los libros, ¿cómo vivís la experiencia de escribir para que las palabras sean instrumento de sanación?
—Mi primer libro, “Despierta”, nació como algo catártico de la etapa que comenté anteriormente. Aún no sabía qué era lo que estaba viviendo y, sinceramente, pensaba que me moría por esos tiempos, entonces empecé a escribir cómo fue ese tránsito a mí destrucción de las corazas hacia mi reconstrucción emocional. Después, al compartir mi vivencia con muchas personas, me di cuenta que varios pasamos por ciertos procesos similares, por lo que se me ocurrió darle forma de libro y agregar reflexiones y ejercicios terapéuticos y de autogestión emocional. Los otros 3 -“Diamantes”, “Rotas”, y “El juego de las emociones de Uma”-, fueron pensados basándose en las historias que atiendo y buscando dejarle una “biblioteca” de recursos emocionales a mi hija para cuando sea más grande y, a las personas, que encuentren en estos libros, escrito en palabras, el propio sentir descarnado y sin filtro de las emociones que abordo en cada uno de ellos y luego, ofrecerles dinámicas, reflexiones, ejercicios para que encuentren en ellos formas de transitar el campo emocional sin tanto dolor y con valentía.
—Si pudieras resumir en una palabra el espíritu de cada uno de tus libros, ¿cuáles serían?
- Despierta: Integridad
- Diamantes: Osadía
- Rotas: Coraje
- El juego de las emociones de Uma: Autenticidad
—Tu último libro, “El juego de las emociones de Uma”, transita los paisajes de la infancia con todas sus gamas de colores, ¿cuál o cuáles fueron los disparadores de esta historia?
—Mi hija, a los 8 años, comenzó a transitar por un tiempo la conocida “Crisis de ansiedad y angustia”. Yo me opuse a que esté medicada siendo tan pequeña, y desde mi saber en el campo emocional de los adultos, junto a una gran observación sobre ella y sus crisis, se me ocurrió trabajar juntas para buscar soluciones a su sentir. Buscamos opciones en el juego infantil, en la creatividad, desarrollando distintos escenarios, armando una rutina de ejercicios y, sobre todo, busqué acercarla a la autogestión emocional. Así fue que se me ocurrió compartir cada ejercicio que funcionó en ella en este cuento, que no solo tiene el fin de que los niños empiecen a desarrollar desde pequeña edad sus propias respuestas emocionales ante cierta situaciones, sino que es un libro que pide gran compromiso de los adultos que acompañan al niño, y esa compañía, con el estar, el hablar su idioma, mejorar la calidad del vínculo, validar sus emociones, respetarlos y comunicarse con ellos, es lo que hace casi la mayor magia del trabajo de fortalecimiento emocional.
—Y justamente, a partir de tus propias vivencias decidiste contar desde el juego y desde las imágenes. Explicanos cómo fue el proceso de elegir esas duplas emocionales sobre las que querías hablar.
—Busqué las que a su edad son dentro de todo fáciles de interpretar, como decimos los adultos: de “etiquetar”. Son parte de las emociones primarias y la dupla fue pensada para dejarles el mensaje de que no son ni buenas ni malas, simplemente son y cada una es mensajera de un sentir, una acción a llevar a cabo y una particular respuesta emocional. También al ponerlas en duplas, cuando ellos/as sientan, por ejemplo, tristeza además de procesarla en todo su ser, sepan que pueden aprender a transportarla en alegría, ir de la ansiedad a la calma. Es decir, que conozcan cuál es la emoción que se necesita para equilibrar una con otra.
—Las semillas del libro fueron plantadas, ¿creés que tus palabras ya comenzaron a germinar y son brotes en los lectores?
—Sorprendentemente sí. Como comenté, yo me dedico a adultos no a infanto, y este libro que se publicó en abril del 2024 ya se está imprimiendo la segunda edición. Lo han comprado mucho abuelas y abuelos para compartirlo con sus nietos, en colegios para abordar ciertas emociones en el aula ya que también hay un capítulo sobre el bullying. Y muchas madres me compartieron que sus hijos o hijas mientras que se les leía el cuento ya comenzaban a incorporar los ejercicios sugeridos, o que empezaban a identificar sus propias emociones, tenían armados sectores en su cuarto como se encuentran en algunos capítulos. Incluso los que son más grandes, según cómo se sentían, buscaban en la biblioteca el libro y se encerraban en su cuarto a leer exclusivamente el capítulo que contiene la emoción que estaban sintiendo en ese día o ese tiempo. También compartió nota de Revista junto a Unicef en el día internacional contra el Bullying de 2024.
—¿En qué proyectos estás trabajando actualmente?
—Tengo dos libros más en camino, uno para adultos sobre la depresión, y otro para infanto, más expansivo aún, con un viaje al campo emocional que sea para ellos y para sus padres o tutores también, digamos que será un libro revelador en muchos aspectos.
—Para terminar, te invitamos a elegir la textura que represente a tu libro “Las emociones de Uma”.
—La textura sería cálida, pomposa, con colores desde pasteles a fuertes, con ganas de descubrirla y sentirla, y con distintos aromas que vayan cambiando según cada paso de la mano o de los pies sobre ella.
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Florencia Ghio presenta “Aguas Turbias”, una historia que lleva al lector por una variada gama de emociones

Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca) /
Edición: Walter Omar Buffarini //
Hay un rumor, un murmullo por encima y por debajo. La evidencia flota, va y viene. Pero el agua arrastra las palabras, se lleva las voces, esconde. No se ve lo que no se quiere ver. O lo que no se debe. La verdad se hunde, toca fondo. Es barro entre los dedos. Y mancha.
En “Aguas Turbias”, la última novela de Florencia Ghio editada por El Emporio, flotan varias verdades, como un rumor debajo de lo que se lee, van y vienen. Se convierten en imágenes, en sonidos y en aromas, mientras ella bucea para rescatarlas. Para que la verdad nunca se manche.
En diálogo con ContArte Cultura, la escritora cuenta cómo nació la obra y de qué manera descubrió a los protagonistas de esta historia.
—Vamos a comenzar esta charla haciendo foco en una palabra que flota entre las páginas de tu novela: justicia. A modo de presentación del libro y de sus protagonistas, si pudieras elegir una imagen o un objeto simbólico que represente esa justicia, ¿cuál elegirías y por qué?
—Elegiría la clásica estatua de la justicia pero con su balanza completamente inclinada hacia un lado y sus ojos vendados. Porque es un poco eso lo que se ve en esta novela, una justicia que es ciega, y también sorda, por eso el protagonista de mi libro, que dice ser el chivo expiatorio de un crimen que no cometió, tiene que venir desde un pueblo del sur y salir a clamar su inocencia por altoparlantes en un subte de Buenos Aires.
—Y a partir de esa imagen viajemos al principio. Sin dudas, siempre existe un germen que da vida a las cosas. Seguramente tu novela también es producto de ideas o situaciones que fueron semillas en la tierra de tu imaginación. ¿Recordás cómo y cuándo comenzaste a sembrar esta historia?
—Yo digo que en lo que va de mi carrera de escritora, en las dos novelas que escribí y en la que estoy escribiendo ahora, me pasó que no busqué las historias sino que las historias me buscaron a mí. Aguas Turbias está inspirado en un caso real, y surgió a partir de que viera por televisión a un joven que se había fabricado una máscara de chivo y andaba por los subtes suplicando que alguien lo escuchara. Había estado preso por el crimen de su madrastra que él juraba no haber cometido, y le aterraba la idea de que lo condenaran. Me impresionó el mecanismo, recurrir a su creatividad para escapar de ese infierno, eso me llevó a averiguar qué le había pasado y me inspiró para escribir la novela, en donde los personajes, lugares y la mayoría de los sucesos son ficticios, pero ese fue el puntapié inicial que me sumergió en esta novela.
—Aleida, tu protagonista, es una mujer que lucha por sus ideales, va en busca de justicia pero también pelea contra sus propios monstruos. ¿Cómo viviste el proceso de construir ese mundo interior con tantos matices?
—Aleida San Martín es un personaje que rescaté de mi anterior novela El Ciudadano. Es una abogada honesta e idealista, de esas que estudió derecho porque ama la justicia. Al mismo tiempo, es una guerrera; logró superar una historia familiar traumática, para convertirse en una funcionaria pública que trata de rescatar a toda persona que atraviesa un infierno, porque ella sabe lo que es estar ahí y no quiere que nadie más lo tenga que vivir. Aguas Turbias la va a encontrar en un tramo de su vida en que está en caída libre, porque ahora, aun con las secuelas de sus anteriores traumas, tiene que luchar contra el acoso laboral, se siente muy sola, y todo eso le provocó una fuerte adicción al casino, que en esos momentos encuentra como su única vía de evasión. En estas condiciones se cruza a García Robledo en el subte y, conforme a su esencia, no puede quedar indiferente a su historia. Intuye que él no miente, pero ella no puede ejercer la profesión por ser funcionaria, y además vive en Buenos Aires, así que veremos si, en su estado, logra tomar decisiones tan difíciles para ayudar al chico de la máscara. Para el proceso de construcción de este personaje me ayudó mi especialización en violencia familiar y también hablé con psicólogas expertas en ludopatía.
—También el personaje de García Robledo, el chico de la máscara, tiene sus claroscuros, ¿qué fue lo primero que percibiste de este protagonista al momento de escribirlo?
—García Robledo es un muchacho que antes de pasar por ese infierno amaba la vida, pero luego de esto se ha decepcionado completamente de ella. Descree de las instituciones de su localidad pero, al igual que Aleida, es un guerrero que, en su caso, salió de su pueblo a buscar si al menos en alguna otra parte existía esa justicia que no lograba encontrar. El lector tendrá que averiguar si con toda esa lucha la logra despojar de la venda que tiene en sus ojos y cambiar la inclinación de esa balanza que parece desvencijada.
—Como ya comentaste, hay una cierta continuidad de “Aguas turbias” con “El ciudadano”, tu anterior novela, ¿qué hilos temáticos presentes en ambas historias te gustaría seguir sosteniendo en un futuro?
—Por el momento los casos judiciales reales o ficticios han sido fuentes de inspiración, no sé si quisiera mantener algún hilo temático en particular, pero sí escribir el tipo de literatura que a mí me gusta leer, aquella que no es puro entretenimiento sino que te deja reflexionando y retrata distintos tipos de realidades, algunas veces invisibilidades o desconocidas para quien no las transita, así como en El Ciudadano abordé, además de la violencia familiar y el funcionamiento de la justicia, la política migratoria argentina. Creo que esa también puede ser una de las funciones de la literatura y de la cultura en general. Como lectora, a los libros que solo me entretienen los olvido no bien termino la última página, en cambio el otro tipo de literatura es la que me ha marcado como persona, no solo la recuerdo sino que en determinados momentos de mi vida regreso a ella para releer, aunque más no sea algún párrafo.
—Como en todo policial, en esta novela hay un crimen alrededor del cual se teje la trama. ¿Cuáles son las emociones que te atraviesan al transitar esos escenarios con la palabra y con la imaginación?
—Creo que en Aguas Turbias, que tiene componentes del policial pero también es un drama y tiene romance, el lector va a atravesar una variada gama de emociones y estados de ánimo. Se me ocurren, por ejemplo, indignación, tristeza, intriga, alegría, entre otras.
—¿Seguirá la doctora Aleida San Martín presente en próximas historias?
—En la novela que estoy escribiendo ahora la doctora San Martín no es parte, pero no descarto que en algún momento vuelva.
—Para concluir, ¿cuál sería el color que elegirías para representar el espíritu de tu novela y por qué?
—Elijo el gris topo, por todo lo que acontece.- El lector tendrá que averiguar si ese color puede llegar a cambiar en algún momento de la novela.
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