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Entrevistas

Soledad Leone, Paula Flaks y la satisfacción de mostrar su “Fortaleza”

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Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca) /
PH: Carlos García / Edición: Walter Omar Buffarini //

Esperan. Todo es incierto. No hay respuestas. Cada vida es una réplica, los pies en las raíces, una repetición inconclusa, un vínculo dentro de otro, proyectados como telas, como ventanas donde es posible encontrarse, un espejo que refleja las sombras y despierta a los fantasmas.

Con música en vivo y una gran puesta en escena, la obra “Fortaleza mujer en la hoguera de lo inconcluso”, del poeta y dramaturgo Marcelo Pérez, vuelve a los escenarios.

Soledad Leone y Paula Flaks, sus protagonistas, charlaron con ContArte Cultura para acercarnos al fuego que sostiene la trama.

—Para comenzar esta charla vamos a situarnos en un escenario imaginario. Es el centro de una gran hoguera donde las llamas consumen un momento inconcluso, ¿cuál es el primer recuerdo que se les aparece y que les permita presentarse?

Paula Flaks: Soy una persona pasional, básicamente vivo en una hoguera donde los momentos son inconclusos frente a la posible pérdida de los vínculos amorosos. Esa hoguera en la que me quemo es al mismo tiempo la que me rescata y con Sole nos une la salvación en el juego del teatro. Nos conocemos hace muchos años pero en un momento atormentado de mi vida nos volvimos a reencontrar en una función y surgió este nuevo vínculo amoroso. Trio, familia elegida, salvación, rescate y profundos deseos de permanecer ancladas en la hoguera, en el fuego del juego teatral, el único lugar donde no me siento sola y nuestra amistad creció, nos hermanó, y hoy forman parte de mi vida, y no podría pensarme sin ellos en mi cotidiano. El deseo fue motor, junto con Marce al que también conozco hace muchísimos años, de unirnos, de seguir este camino, de apostar por los deseos, de creer en los sueños, en el empuje constante, de saber y sentir que juntos podemos hacer la obra más hermosa del mundo, porque nos descarnamos en ella, porque exponemos nuestras tripas. Simplemente le gritamos al mundo quiénes somos y qué sentimos. Esa hoguera hoy es para mí un lugar cálido, el refugio dónde podemos salvarnos, donde me salvo, el teatro, mi casa, mi potencia, mi lugar.
Soledad Leone: En mi caso, en la hoguera de lo inconcluso están los que amo, mi hija, mi compañero, los amigos, mi familia. Inconcluso porque todavía esto no se termina, esa gente está ahí, vive en mis sueños, los domingos soñamos con esa hoguera, que nos alberga, nos mantiene calentitas pero nos hace arder con la misma fuerza que nos hizo arder cuando nos encontramos.

Paula y Soledad junto a Norman Briski (2019)

—¿Cuánto hace que transitan el camino de la actuación?

PF: Comencé a estudiar teatro a los 16 años, en el Teatro Calibán, con Norman Briski, el único año que él personalmente dio un seminario para adolescentes, y ahí comenzó todo. Nunca más a partir de ese momento dejé de actuar, de estudiar, de jugar este juego, el mejor de mundo. Hoy tengo 49 años… saca la cuenta vos, a mí me baja la presión (risas).
SL: Yo empecé a actuar a los 15 años, en talleres, y me encantó. Hice mimo, de todo. Después dejé un tiempo y volví con todo. Mi gran maestro es Norman, a quien amo y quien me enseñó casi todo. Con él estudie seis años y allí nos conocimos todos. Pero también pase por talleres de entrenamiento de Sergio Boris, Susana Varela, Ivan Moschner.

—¿Cómo llegan a protagonizar “Fortaleza mujer en la hoguera de lo inconcluso”, la opera prima del dramaturgo y poeta Marcelo Pérez, quién además la dirige?

PF: Bueno, un poco conté en el principio que nos conocemos hace muchísimos años y nos encontramos en otra función en la que Marcelo dirigía a Sole. En ese  momento también estaba haciendo otras dos obras con Marce, en este caso él como actor, y fui a ver su trabajo de dirección sin saber que Soledad era la protagonista. Allí me reencontré con ella después de mucho tiempo y me entusiasmo mucho su trabajo, sentí que teníamos una energía muy similar en el escenario y en el entusiasmo post función, nos abrazamos fuerte y nos dijimos “tenemos que trabajar juntas” y le gritamos a Marce de lejos “¿Por qué no te escribís algo para nosotras?”. Él sonrío y no dijo mucho: “Puede ser, quizás”. A la semana siguiente mandó escrita la primera escena de Fortaleza. Nos preguntó si nos gustaba y realmente a mí me había volado la cabeza. A la otra semana, escribió la segunda escena y creo que una semana después nos juntamos en un bar y pusimos en marcha el proyecto. A medida que íbamos avanzando fueron apareciendo más y más escenas, entre conversación y conversación Marce se iba generando la tercera, la cuarta y la quinta escena de esta obra.

Las actrices en pleno ensayo junto a Marcelo Pérez

SL: Es como cuenta Paula, Fortaleza nace del deseo de juntarnos a hacer algo, las dos habíamos trabajado anteriormente con Marcelo pero entre nosotras no. Y ese deseo se transformó en poesía y esa poesía en dramaturgia y allí nace la obra. Llegamos a ensayar con un temporal tremendo en la ciudad, donde el teatro donde nos juntábamos se inundaba pero no impidió que siguiéramos desde arriba de unas sillas. No se podía parar, estaba ahí tan latente desde el principio que nos atravesó.

—¿De qué manera construyeron a sus personajes?

PF: Los personajes empezaron a aparecer a través de la improvisación, en el juego vincular y de las consignas que Marcelo nos tiraba para jugar. Se fueron constituyendo de a poco los ejes de conducta de cada uno de los roles y un día sin darnos cuenta ya estaban vivos, presentes, latiendo.
SL: Los construimos a pura intuición, juego y dirección. Explorando lugares que no sabíamos que teníamos vivos. Rompiendo algunas reglas, sin juzgarnos, confiando ciegamente en la mirada del director como motor para incentivarnos a explorar esos recovecos que a veces no nos animamos a mostrar.

—¿Cuáles es la temática principal que aborda la obra?

PF: Podría decir que me gusta pensar que el tema principal de la obra es el sentir femenino.
SL: Podría decirse que Fortaleza es un resumen atemporal del vínculo entre dos mujeres, dos señoras, dos militantes, que a través de reflexiones compulsan un conflicto inexistente, la espera que humilla, reminiscencias de Esperando a Godot pero indefectiblemente argentino y femenino. Ya no hay paramo, ni bomba, si hay una línea continua de la desesperación de las féminas.

—¿Cómo trabajaron desde el cuerpo y desde los gestos el conflicto que las refleja?

PF: El trabajo del actor se basa en  prueba y error. Probamos ensayo tras ensayo formas diferentes de encarar el trabajo, tanto desde lo corporal y lo gestual como desde lo intelectual, en el razonamiento de cuál es el conflicto que nos enfrenta. El trabajo se dio a partir del disparador del texto y la improvisación constante, el ensayo sistemático, ininterrumpido durante casi 2 años previo al primer estreno. El proceso creativo que tuvimos fue enorme, paciente y en conjunto, en grupo, como para mí se trabaja el teatro. Las voces de los tres siempre fueron escuchadas, todas las ideas fueron respetadas, probadas, si funcionaban quedaban, si no se probaba algo nuevo.
SL: Esta obra la trabajamos siempre con la premisa de la improvisación, si bien estaba ya escrita por Marcelo y cada módulo tenía aspectos personales de las dos, improvisamos mucho, mucho. El cuerpo está muy presente ya que cada escena nos pone en lugar, de ridículo, de seriedad, dolor, risas, entonces todo fue juego para llegar a esos lugares. Jugamos seriamente, sin parar, hasta el día de hoy.

—¿Cuáles son los soportes musicales, de iluminación o escenográficos que acompañan ese “tiempo de espera” que marca el ritmo de la trama?

PF: Los recursos técnicos y artísticos son sorprendentes y variados. ¡Vengan a verla, no voy a adelantar eso!
SL: El mundo yace hace rato entre tinieblas. Es un gran paramo. La obra se divide en módulos y entre cada uno de ellos ese impasse está acompañado por música en vivo, cada uno por su propio universo musical. La música es vital para sensibilizar la atmosfera. La puesta en escena es el imaginario de huir por años. Atravesar bosques, llegar a este lugar, a este paramo, caer en un pozo y preguntarse “¿quién soy?”. Si bien es imponente en términos de magnitud, desparece la sala de teatro, pero a la vez estamos rodeadas de nada, solo los versos tenemos, y nuestros cuerpos. Despojadas, con la visión del director de potenciar las actuaciones, las luces y el vestuario.

—¿Y qué nos pueden contar de ese vestuario?

SL: Fue realizado en su mayoría con telas que eran de mi abuela María Purificación, traídas de España, así que tiene un significante especial en mí caso, ya que al fin se usarían después de tantos años para crear este sueño. La creación estuvo a cargo de Cristina Tavano y su enorme talento tanto para proponer como para interpretar lo que el director quería expresar. Esos pies como raíces, esos vestidos, extensiones de nuestro propio cuerpo. Polleras arrastradas por siglos, cargadas de historia, encarnando a nuestras ancestras. Telas anudadas, como si en cada nudo pudiéramos expresar la cantidad de emociones viejas que aquí y ahora, presentes en el teatro, pidieran ser transformadas.
PF: ¡Es un vestuario hermoso! Nos acompaña perfectamente en esta hoguera. Que los lectores entren al Instagram de Fortaleza, donde hay muchísimas fotos.

—¿Dónde y cuándo se podrá ver “Fortaleza mujer en la hoguera de lo inconcluso?

SL: La obra se puede ver en el Teatro Caliban de Norman Briski, en la calle México 1428 Dto. de la Ciudad de Buenos Aires, los domingos a las 19 con todos los cuidados y el protocolo exigidos.

—Para terminar dejamos abierta una ventana donde pueden soltar un deseo, como una llama.

PF: Deseo que esta obra no termine nunca, que pueda ser eterna, que pueda ser vista y escuchada por mucha, mucha, mucha gente. Que sigamos con temporada tras temporada, contando cómo nos sentimos nosotras las féminas y que crezca, crezca, crezca.
SL: Mi deseo es que el que venga a verla se lleve algo de todo lo que inspira y genera Fortaleza, de pensarnos al salir del teatro. Para mí, ese sería un lindo sueño, llegar al otro a través de esta obra tan inmensa, que abarca no solo a las féminas, sino al ser humano.

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Artes Plásticas

Christian Erriquez: “Me gusta contar historias de algunos mundos que no son este, historias que imaginaba de chico”

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Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca) /
Edición: Walter Omar Buffarini //

Algo flota en la página, las líneas sostienen, marcan la forma solitaria, evocan otros tiempos, un ave canta, se escucha el sonido del canto a través del papel, aletea como si estuviera vivo en la página donde flota, como si sus plumas fueran pinceles proyectados en las manos que lo pintan, en los dedos que lo crean y liberan.

El ilustrador Christian Erriquez se introduce con sus líneas en mundos fantásticos, se refleja en las miradas de sus personajes, pinta los espacios inventados y en cada una de sus obras invita al vuelo.

En diálogo virtual con ContArte Cultura, el artista abre las ventanas de su universo creativo y nos invita a recorrerlo.

—Para iniciar esta charla vamos a poner en tus manos un objeto imaginario que te sirva para presentarte. Se trata de una roca que flota en el aire. Contanos la primera imagen que percibís y qué nos puede contar de vos esa imagen?

—Uno de los temas o imágenes que más represente en estos últimos años es la roca flotando en el aire, de todos los tamaños, hasta un pueblo entero arriba de una roca flotando en el cielo, llevada por unos pájaros gigantes. Lo que siento es que estoy ahí arriba parado en la cima de esa roca enorme volando entre las nubes, sin dirección, observando todo, el paisaje, los colores, las formas, las luces.

—¿En qué momento de tu vida te sentiste atraído por el arte?

—Desde que recuerdo. Todos en la vida, de chicos dibujamos y es nuestra manera de expresarnos y comunicarnos con el mundo. Los que dibujamos o pintamos lo seguimos haciendo a medida que vamos creciendo y no paramos. De chico me gustaba ver los dibujos de Quino o Caloi en las revistas o diarios, los pocos comics que llegaban a mis manos, revistas, y más tarde libros de arte de grandes maestros.

—¿Qué cosas te gusta contar a través de tus obras?

—Particularmente historias de algunos mundos que no son este, historias que imaginaba de chico, lugares de ciencia  ficción, con animales, naturalezas, personas, rocas.

—Si pudieras representar tu espacio de trabajo en pocas líneas, ¿qué es lo primero que veríamos?

—Verían un tablero de dibujo con muchas hojas de bocetos desparramadas, dos o tres cuadernos de dibujo, latas con lápices de colores y tizas pastel, más atrás un estante con algunos coleccionables de autos y naves, más lápices, pinceles.

—¿Cómo es tu vínculo con los personajes que vas creando? ¿Quién dibuja a quién en esa ida y vuelta de trazos y formas?

—Esos personajes ya viven ahí, adentro mío. Algunas veces logran salir y otras se esconden para próximos dibujos. Otras son imágenes que me atrapan y quedan en mi mente dando vueltas hasta que les doy una y otra vuelta de tuerca.

—¿Cuáles son las técnicas y materiales con los que trabajás habitualmente?

—Los materiales que utilizo últimamente son acuarelas, lápiz policromo, tiza pastel y grafito.

—¿Qué temáticas de actualidad se cuelan entre tus universos fantásticos?

—Aunque no son mi temática de trabajo habitual, suelen filtrarse de alguna manera. Uno de los temas que me inspiró fue el de los refugiados de Siria y lo represente con ese pueblo llevado por pájaros hacia otro lugar. Otra de esas temáticas de actualidad es una ilustración que realicé para un proyecto sobre medioambiente llamado “Mensajes de Tierra Adentro”.

—¿De qué manera conectás con esos mundos de ficción en los que habitan tus personajes? ¿Cómo es el proceso creativo de esos escenarios?

—El proceso es muy variado. Algunas veces el disparador es un libro de ciencia ficción, una peli, o algo que vi en la calle, de ahí salen bocetos y garabatos (muchos), hasta que encuentro una línea o idea que me cierra. De ahí pasamos a una hoja grande y a definir más el dibujo y a darle color, lo que dispara a la vez otros dibujos y hasta una serie del mismo tema.

—¿En qué proyectos estás trabajando por estos días?

—Actualmente, terminando un proyecto de libro ilustrado en el que vengo trabajando hace bastante llamado “el- Pueblo del Aire-“, y espero pronto conseguir una editorial con ganas de publicarlo. También trabajando en un libro de poesías ilustradas junto a mi pareja, creando las imágenes que van a acompañar dichos poemas. Como conté antes, convocado por Ramiro Lezcano para ilustrar una canción, también colaboré con el proyecto artístico-educativo “Mensajes de Tierra Adentro” (@mensajes.de.tierra.adentro @cancionesurgentes). El mismo nació del seno de escuelas rurales de Córdoba y Santa Fe, y tiene como objetivos sumar y contribuir desde el arte a la construcción de una nueva conciencia ambiental. Estas canciones son interpretadas y grabadas por alumnos de escuelas rurales junto a artistas invitados de todo el mundo. La canción que me tocó ilustrar se llama “Revolución 10” y los músicos que la tocan son Hugo Fatoruso, Daniel Maza, León Gieco, Rubén Rada, Nicolás Ibarburu, Rubén Blades, Sebastián Teysera, Quintino Chinalli y Mariano Braun. Conjuntamente el diseño del logo para el proyecto fue realizado por mi amiga y colega Gabriela García Guerra.

—Para terminar y volviendo a la primera pregunta, ¿qué deseo te gustaría dejar flotando junto a esa roca? —Nunca parar de dibujar y si se puede cada día mejor. Llenar muchos libros con mis trabajos y ser feliz con lo que elija.

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Entrevistas

María Rosa Lojo: “Si hay un trasmundo será un espacio construido a partir de lo que hicimos en esta vida”

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Por Carlos Aletto (*)

En “Así nos trata la muerte”, María Rosa Lojo recrea historias de personajes enterrados en el Cementerio de la Recoleta como Lucio V. Mansilla, Mariquita Sánchez de Thompson, Camila O’Gorman o Dominguito Sarmiento, a través de un registro que se permite el experimento y se abre hacia lo sobrenatural, logrando volver verosímil lo increíble.

“El más allá es una instancia de revelación, de enfrentamiento a veces muy doloroso y desagradable con la propia verdad. O una oportunidad de aprendizaje”, dice la escritora y crítica.

En los relatos publicados por Alfaguara hay muertos que resucitan más jóvenes (o no) en otro lado del mundo o en otro tiempo, fantasmas que se materializan, y un universo paralelo donde se anula y se corrige una historia de exterminio.

“Así nos trata la muerte” es un largo recorrido histórico con variados personajes convocantes: escritores como Victoria Ocampo, Lucio y Eduarda Mansilla, Mariquita Sánchez de Thompson, o hijos de literatos y periodistas, que eligieron, cada uno a su modo, tomar las armas (Dominguito Sarmiento y Vicki Walsh).

(PH: Alejandra López)

Hay también un heroico jefe de bomberos (José María Calaza); un médico y músico (Polidoro Segers) testigo de la masacre del pueblo selk’nam; un playboy arruinado (Macoco Álzaga Unzué); una mujer que sostuvo hasta las últimas consecuencias su derecho a la libertad de amar (Camila O’Gorman).

Lojo tiene un largo entrenamiento tanto en la crítica literaria como en la ficción histórica. “Historias ocultas en la Recoleta”, “La princesa federal”, “Amores insólitos de nuestra historia”, “Las libres del sur”, “Una mujer de fin de siglo” son algunos libros entre decenas de títulos. “La crítica y la ficción me han habituado al conocimiento fino y a la imitación (re)creativa de otras voces”, señala la escritora.

En la narrativa utilizó siempre como recursos fecundos cartas, diarios personales y desde luego diálogos, donde pueden construirse de manera rica y fluida hechos y personajes. “El más allá es una instancia de revelación, de enfrentamiento (a veces muy doloroso y desagradable) con la propia verdad”, explica la autora en entrevista con la agencia de noticias Télam.

—¿Cuáles fueron tus fuentes para trabajar con los distintos relatos y personajes del libro?

—Obras de ficción, epistolares, biográficas, historiográficas, antropológicas, mitológicas, de crítica literaria, siempre guiada por una curiosidad omnívora y detectivesca. Pensando también en la curiosidad de quienes me lean, elaboré una bibliografía indicativa con los textos principales utilizados en cada cuento.

—¿La muerte puede considerarse la única justicia que trata a todos por igual?

—La “muerte igualadora” es un gran tópico de la literatura medieval, expresado en los versos de Jorge Manrique que cito en uno de los epígrafes. Hasta ahora, al menos, ningún ser humano pudo evadir el destino mortal, sin importar su clase social, su autoridad o su fama. Pero no es solo eso: las consecuencias de nuestros actos y deseos, nuestros temores y asignaturas pendientes, nos siguen, a todos, siempre. Si hay un trasmundo, como imagina el libro, no será un lugar ajeno y exterior, sino un espacio construido a partir de lo que fuimos e hicimos en esta vida. Recibiremos nuestra propia medicina: en eso la muerte va a tratarnos de manera igualitaria. ¿Y qué mejor posibilidad para poner en acto esta idea que la ficción: ese ámbito donde se ejerce, precisamente, la “justicia poética”?

—¿Cómo trabaja “Así los trata la muerte” la “hermandad” entre sueño y muerte?

—Ciertos relatos podrían ser soñados: en unos cuantos casos, los personajes han muerto durmiendo, o han ido perdiendo la conciencia bajo el efecto de calmantes. Algunos cuentos parecen construidos como un sueño dentro de otro (“Tu triunfo de ayer”, sobre Macoco), o surgir en la semivigilia de un agonizante: así, “Otros recuerdos de viaje”, donde la figura fantasmal de Eduarda Mansilla sería también la muerte que viene a buscar al historiador Kirkman. En “Nuevas cartas de mamá o El Cielo estaba en París”, focalizado en la perspectiva de Florencia Thompson, tal vez nos hallamos ante el delirio de una hija que procesa trabajosamente el duelo por su madre y cree seguir recibiendo sus cartas, ahora desde París. También podemos jugar con la idea de que todas las vidas son un sueño cuyo despertar se alcanza del otro lado de la muerte. Cuento tras cuento, sus protagonistas acceden a introspecciones que antes no tenían: “No vi ni pensé estas cosas cuando estaba en el mundo”, dice Camila. “Pero ahora las veo, tan claras como si se me hubiese descorrido un velo”. El más allá es una instancia de revelación, de enfrentamiento (a veces muy doloroso y desagradable) con la propia verdad. O una oportunidad de aprendizaje: “Algunos y algunas tienen que completar su educación aquí”, le advierte Fani a Victoria Ocampo, ahora invitada en la “ínsula” que gobierna su antigua ama de llaves. A diferencia del “Cielo” o “Infierno” de los catecismos, esta otra dimensión no es estática. Permite comprender, crecer, cambiar. Incluso arrepentirse del daño que se ha inferido, iniciar una (auto) redención.

—¿Por qué el territorio literario de la Recoleta?

—El primero en definir la Recoleta como patrimonio literario es Sarmiento cuando, en su meditación sobre el “Día de los muertos”, habla de las “novelas tiernas” y “tragedias pavorosas” ocultas bajo las lápidas de cada sepulcro. Esa cita es el epígrafe general de un libro mío anterior: “Historias ocultas en la Recoleta” (2000, con Roberto Elissalde en la investigación histórica). Veinte años después, tomo otra cita de ese mismo texto sarmientino, en la que se define al cementerio como “la patria con cuerpo y alma, la patria del mañana”, cuyos habitantes serán “juzgados por la Historia”. Sarmiento comprende desde el inicio la potencialidad narrativa y el carácter emblemático y simbólico de este espacio: un verdadero palimpsesto de los relatos de la nación, cifrados en los nombres inscriptos allí.

—¿Se puede considerar el humor como un contrapunto con la tragedia?

—Es un balance necesario y hay bastante humor en este libro. Muchos personajes terminan tomándose menos en serio: se ven ridículos y falibles, se desacartonan. También son cuestionados por otros con los que dialogan. Todo es parte de su proceso de reconocimiento de sí. En casos como el de Macoco, las situaciones humorísticas y grotescas son imprescindibles para su “expiación”.

María Rosa Lojo (PH: Alejandra López)

—¿Hay una reconstrucción de una “biblioteca” personal, de lecturas en estas historias?

—Desde luego: Victoria Ocampo, Lucio y Eduarda Mansilla, Sarmiento, Mariquita Sánchez, forman parte imprescindible de mis referentes literarios argentinos; los cuatro primeros fueron personajes de otras ficciones mías. Hay deudas inmediatas explícitas en el prólogo, que hacen a la propuesta del libro, como los “Diálogos de los muertos”, de Luciano de Samósata, o la obra teatral “Os vellos non deben namorarse”, del gallego Castelao. Y otras implícitas: sin duda resuena por ahí la escenografía infernal de “Adán Buenosayres”; creo que el cuento más “cacodélfico” es “El rey del fuego”. En todo el trasfondo se cruzan filosofías y poéticas: de Blake a Goethe, de Swedenborg a Calderón de la Barca. Y lecturas sobre mitos, chamanes y pueblos originarios. El más allá y sus paradojas me interesan desde siempre; por eso escribí “Historias del Cielo” (2010) incluido en la compilación de microficciones líricas “Bosque de ojos”.

—¿Qué podrías decir del diálogo entre muertos de distintas épocas y la descripción del otro mundo…? ¿Y lo contrafáctico?

—La escena del otro mundo tiene distintas modalidades. A veces se trata de ámbitos parecidos a los que estos personajes ocuparon en algún momento de su existencia terrenal (el cuarto donde Camila le escribe cartas a la monja medieval Eloísa; la casa del Tigre en “Huérfanos”); otras veces viajan a lugares que transitaron en el pasado pero modificados por un futuro que excedió el término de sus vidas (cuando Lucio V. Mansilla vuelve a Buenos Aires o Eduarda regresa a Washington); en ocasiones son sitios, para ellos desconocidos, de la geografía contemporánea (“Nuevas cartas de mamá”), o parodias de algún infierno (“El rey del fuego”). Siempre sorprenden y desconciertan a quienes llegan. En cuanto a los diálogos entre figuras de distintos tiempos, se deben a sus afinidades profundas más allá de las diferencias (la dramática apuesta por la libertad de Camila y de Eloísa; los destinos similares de los protagonistas de “Huérfanos” y su relación con sus conspicuos padres). A veces es el contraste lo que los une: Calaza, servidor público, se ha consagrado a apagar incendios y el megalómano Nerón (a quien va a interrogar al Infierno) presuntamente a provocarlos.

(*) Agencia de noticias Telam.

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Entrevistas

Gabriela Larralde: “Solemos dividir lo que da dinero de lo que no, como si lo que da dinero fuera lo único productivo”

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PH: Francisco Varone
Por Andrea Viveca Sanz (@andreaviveca) /
Edición: Walter Omar Buffarini //

El agua corre entre sus letras, promete, se aquieta en un puerto, en el lugar de llegada, en la página que suelta, como si fuera punto de partida, un punto en la trama que escribe, en las voces que repiten a las voces, en el clan, en el minuto exacto, ahora, que el agua corre sobre las cicatrices de la vida y dibuja muchos mundos posibles.

Gabriela Larralde es licenciada en Ciencias de la Comunicación, investigadora y docente, la escritura es para ella una parte del proceso de la vida, una pieza necesaria entre los fragmentos del mundo. En sus libros las palabras corren, son ríos que modifican el paisaje de las letras, erosionan las geografías de lo cotidiano y dejan caer sobre los lectores los sedimentos, lo que queda de ese paisaje modificado por el lenguaje, como preguntas con muchas respuestas posibles.

—Comencemos esta charla a la distancia con un juego de presentación. Para eso vamos a poner en tus manos un objeto imaginario que en tu caso será un reloj: ¿Cuál es la primera imagen que se te aparece? ¿Qué características tiene el reloj que percibís con los ojos de tu imaginación y qué nos podría contar de vos?

—Reloj de plastilina. La canción de Charly que sonaba en la radio. Los relojes de Dalí en una lámina que mi mamá tenía colgada en la cocina de casa. Cosas que me llamaron la atención en la niñez. La idea deformada del tiempo. Hoy pienso mucho en el tiempo, en cómo se supone que debemos dividirlo y dividir con él: trabajo, maternidad, amistades, deseo propio. Y cómo intento borrar esas divisiones, volver a un tiempo unido, completo, donde todo entra, se mezcla, convive en una armonía que a veces es caos también. Pienso en el tiempo como algo que pueda ser mío, en apropiarme de él. También para darlo a otros.

—¿Qué significan la escritura y los libros en tu vida?

—La escritura es mi trabajo, pero también es mi forma de vida. Solemos dividir lo que da dinero de lo que no, como si lo que da dinero fuera lo único productivo. Escribo una serie, corrijo mi libro de cuentos, cuido a mis hijos, cocino. Todo es parte de lo que hago. No existe obra, sin la otra parte.

—¿Cómo llega tu primer libro de poemas “Las cosas que pasaron” (HDJ, 2013)? 

—En la adolescencia escribía poesía pero en un momento, cerca de los 20 años, dejé de escribir. Pasaron como ocho años en donde sólo escribía narrativa. Hasta que un día volví a escribir un poema. Y algo se destapó. Durante tres meses escribí más de 60 poemas. Le llevé algunos a Fabián Casas y él me dijo que tenía ahí un libro. Tachó frases, mitades enteras de poemas. Fue mi primer editor, además de la primera persona en llamarme poeta. Ese fue el primer libro que publiqué.

PH. Cari Aimé

—Si pudieras definir con una sola palabra a los poemarios que llegaron después, como “La trama materna” (Caleta Olivia) o “Lo que el agua promete (HDJ), ¿cuál sería esa palabra y por qué?

Lo que el agua promete, duelo. Lo escribí el día que murió mi abuela, mientras esperábamos su cuerpo. La trama materna, maternidad. Nació durante el primer año de vida de Astor, mi primer hijo.

¿De qué manera percibís o descubrís la voz de un personaje, ya sea de un cuento o una novela?

—La escucho. Cuando estoy haciendo cualquier otra cosa, la escucho en mi cabeza. Nunca cuando estoy frente a la computadora, sino cuando estoy caminando, lavando platos. En general sola. Es lo primero que aparece. La forma en la que habla el personaje, sea también el narrador o no.

—Investigás y escribís acerca de temáticas de diversidad y género en las escuelas y en la literatura, ¿cómo ves la literatura infantil y juvenil por estos días respecto a esos temas? 

—Con libros hermosos que se pueden leer desde una perspectiva de género y con libros muy obvios, políticamente correctos y nada más. El balance de todas formas es bueno. 

Bestiario secreto de niñas malas

—Y desde ese lugar escribiste “Bestiario secreto de niñas malas” (Planeta,  2018), un libro que deconstruye estereotipos de la niñez y lleva a hacerse preguntas, ¿cómo recibieron los pequeños lectores este libro? ¿Y los adultos?

—Lo escribí desde el humor. Desde las cosas que nos daban gracia con Myriam Cameros Sierra, la ilustradora. También desde los mundos que cada una habita. Para mí, la familia tipo de cuatro nunca fue una realidad, ni un modelo a seguir. Entonces muchas veces lo siento muy impostado. Todavía metido con fórceps. “Esto es lo correcto, lo mejor”. El Bestiario tiene muchos fans niñas, niños y adultos. No sé cómo se produjo eso. Pero tal vez por esa misma magia que tiene es que decidimos dejar sin publicar un Bestiario 2 que estábamos escribiendo.

La vida ahora

—En 2020 se publicó tu novela juvenil “La vida ahora”, ¿qué te gustaría destacar de ese libro?

—Que hay procesos buenos y malos que muchas veces se dan al mismo tiempo. En simultáneo.

—La editorial Portaculturas acaba de publicar el libro “Mi mamá es un pañuelo”, un trabajo que compartiste con la ilustradora Yael Frankel. ¿Cómo llegan a encontrarse en esta obra? ¿De qué manera fusionaron textos e imágenes para crear la historia?

Mi mamá es un pañuelo

—Le mandé un mail en plena pandemia diciéndole que tenía un texto que me gustaría convertir en libro con ella. Teníamos gente amiga en común y ella aceptó leerlo. Al otro día me mandó el primer boceto de la protagonista. Así nos fuimos comentando las ilustraciones y los textos hasta encontrar la forma definitiva que el libro necesitaba.

—¿Qué es lo que se viene para este año o el próximo? —Estoy corrigiendo el libro de cuentos con el que gané la mención del FNA este año. Seguramente también salga mi primera novela para adultos, y se estrenarán dos series en las que trabajé como guionista.

(Foto de portada Francisco Varone)

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