La inspiración o el arte de esperar a las musas

Inspiración

Letras, apasionadas e imperfectas, ruedan palabras dentro de una cabeza blanca de ideas. Destellos de frases que alguien pudiera robarle al sueño para luego escupir sobre la pureza de un papel.

Los otros, esos desconocidos que con sus manos piden auxilio. Esos que caminan instantes sin ni siquiera darse cuenta del valor de sus pisadas. Esos que peregrinan la vida ajustando emociones con tuercas inútiles, flojas de intenciones.

Esos charlatanes irremediables que se convierten en espejos de un ego aun sin pulir.

Mujeres y hombres, presos de circunstancias infinitas, llaman a un oído atento que escucha sus historias todavía ocultas en la neblina del alma que escribe.

Y es en ese momento exacto cuando la armonía de datos, palabras, signos, formas o colores crean la constelación perfecta llamada inspiración.

Se produce entonces el nacimiento sublime de una obra, única, exclusiva, de palabras nuevas, ansiosas de vida que se juntan al solo efecto de gustar.

Miles de personajes gritan verdades atrapados entre las cálidas hojas de un libro. Allí intensifican sus realidades ocultas y arropados por las páginas de amores u odios finalmente logran su libertad.

De este modo el escritor vacía el contenido de sus emociones que caen lentas mediante chorros de tinta y se aquietan dóciles en papeles eternos.

Así el lector alimenta su alma cada vez que degusta despacio las emociones ajenas y se apropia de ellas en un encuentro mágico. 

Es esta la manera en que los personajes, prestados de la vida misma, inspiran al autor y lo despiertan de su letargo.

Andrea Viveca Sanz

La página en blanco, el lienzo vacío o la partitura sin notas simbolizan por lo general la parálisis creativa del artista. Sin embargo, en la vida de cada uno de ellos existen muchos momentos de sequedad en los que la creatividad parece dormida.

La inspiración, en cualquiera de las artes, siempre se manifiesta como una explosión inconsciente mediante la cual nace una obra, sea esta un poema, un cuento, una canción, una novela o un cuadro. Ese nacimiento se convierte en un instante precioso de conexión con la sabiduría del universo.

Las palabras descienden y caen sobre el papel, las formas se hermanan con los colores y se convierten en una pintura de pinceladas precisas o las notas vuelan perfectas para caer en un pentagrama y convertirse en música. Cada una de estas obras, a su vez, serán para mucha gente una nueva fuente de inspiración. Porque para que esta llegue es necesario conectarse con distintos elementos que favorezcan el proceso creativo y en este sentido las distintas disciplinas artísticas se retroalimentan y complementan.

Así, una música tranquila, un ambiente adecuado, una foto, un libro, un cuadro y hasta un aroma agradable podrían lograr que bajen las musas del arte, tan mencionadas a lo largo de la historia.

Fue en la cultura griega en donde esas musas tuvieron su origen. Según se cuenta en las versiones más aceptadas, existían nueve musas, todas hijas de Zeus y Mnemosine, que bajaban a la tierra y con sus cantos lograban inspirar a los artistas, que a su vez tenían la capacidad de escucharlas cuando entraban en un estado de éxtasis o furor poético.

Calíope era la musa de los poetas, Terpsícore la de la danza, Erato de la poesía romántica y del amor, Talía de la comedia y del teatro, Urania de la filosofía y astronomía, Clío de la historia y de las Bellas artes, Euterpe de los intérpretes y de la música instrumental, Melpóneme de la tragedia y el arte lírico, y Polimnia de los actores y del arte mímico.

“La misión del artista es echar luz sobre las tinieblas del corazón humano”

Robert Schumman

En esos tiempos y en varias culturas, la inspiración artística tenía un carácter mágico religioso, que aún se conserva en determinados pueblos a través de ciertos rituales. Pero en nuestros días las manifestaciones artísticas cumplen además una función social y pedagógica.

En el siglo XVIII John Locke sostenía que la inspiración era una asociación de ideas. Algunos poetas del siglo XIX consideraban que provenía de vientos divinos y Sigmund Freud sostuvo que habitaba en la psiquis del artista y la ligaba a conflictos no resueltos.

Otros, como Edgar Alan Poe o Ralph Emerson, la consideraron un signo de locura o irracionalidad.

Sea cual fuera la interpretación que se realice de la inspiración artística, lo cierto es que detrás de toda obra se esconde una mirada hacia la humanidad, una comunicación de ideas y emociones utilizando diversos recursos.

El arte forma parte de la cultura de los pueblos y es por eso que todo artista crea en función de su contexto histórico y de sus vivencias personales.

De esta manera la inspiración aparece en un momento dado como una agitación interior, un burbujeo profundo que trata de salir en forma de palabras, colores, sonidos o movimientos corporales. Se produce entonces un estado de conciencia que muchas veces trasciende lo humano y se conecta con lo sagrado. El arte expresa nuestros deseos, los suelta en una obra y los deja volar.

 

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