Los símbolos en la literatura (1ra. Parte): Los espejos

Espejos virtuales

Miles de aparatos accionados por dedos agitados son ahora nuestros espejos. Nuestra imagen, mil veces repetida, se diluye en pantallas infinitas. Espejos enfrentados que nos multiplican.

Ávidos de sensaciones inmediatas, los atravesamos. Nos desplazamos inertes en la virtualidad detrás del espejo en donde las maravillas coexisten con el mundo del revés.

Vivimos entre dos mundos, espejados. Letras perforadas de emociones calladas revelan secretos. Cientos de palabras caen sorprendidas en muros virtuales que reflejan nuestras almas. Espejos mágicos que nos refractan y nos descubren. Espejos que reflejan lo oculto y muestran a las almas escondidas en frases compartidas. Laberintos de pantallas que revelan, que delatan, que interpelan. Caricaturas de identidades perdidas nos miran del otro lado. Detrás de esos espejos, nosotros.

Andrea Viveca Sanz

El origen de los espejos

Los hombres primitivos descubrieron su reflejo en las superficies de los ambientes acuáticos que los rodeaban y las mismas se convirtieron en espejos de sí mismos y de su entorno.

Con el tiempo las superficies de los metales o las de piedras pulidas cumplieron la función de los espejos actuales.

La aparición del vidrio permitió el surgimiento de los primeros espejos “reales”. Los más antiguos se realizaban con vidrio sobre una lámina metálica, pero los más modernos tuvieron sus orígenes hace aproximadamente 200 años, cuando Justus Von Liebig utilizó una técnica mediante la cual aplicaba una capa de plata a uno de los lados de un panel de vidrio favoreciendo el reflejo de los objetos enfrentados a él. Esto permitió la producción masiva de espejos, que desde entonces han sido usados con diversos fines por toda la humanidad.

Espejos famosos

Todo espejo refleja el universo que nos rodea, revela secretos, muestra lo oculto, captura miradas, revela verdades y repite lo que ve como si fuera un testigo silencioso.

Detrás de ellos se esconden otros mundos. Representan nuestra conciencia o nuestra imaginación. Son capaces de espantar espíritus malignos, de duplicar, de deformar, de atrapar. Los espejos dan simetría y aseguran la perfecta unidad del objeto con su imagen reflejada.

Es esa mágica sabiduría de los espejos la que ha llevado a los autores de todos los tiempos a utilizarlos como símbolos.

Incluidos en historias mitológicas, en poemas, y en diversas creaciones literarias, los espejos han viajado dentro de numerosas historias desde la antigüedad hasta nuestros días.

Así, recordamos el rescate de Osiris que emprende la diosa Isis con un espejo en su mano, o la muerte de la temible Gorgona Medusa, cuya temible mirada fue vencida gracias al escudo de Perseo, que ofició de espejo gracias a su superficie bruñida. En el mito de Narcizo, también se utiliza al espejo como símbolo, aunque en este caso son las aguas quietas de un estanque las que actúan como tal al reflejar el rostro del protagonista.

En muchas leyendas o cuentos infantiles los espejos aparecen como objetos mágicos, tal es el caso de Blancanieves, en donde la madrastra posee un espejo mágico al que consulta cada día para saber quién es la más bella del reino.

Alicia, la del país de las maravillas, también tiene la posibilidad de atravesar un espejo, detrás del cual se encuentra con un mundo al revés.

El propio Harry Potter debe enfrentarse al espejo de los deseos (Oesed) para poder ver sus pensamientos más profundos. El espejo simboliza en este caso la verdad oculta en los corazones.

Es Jorge Luis Borges quien, temeroso de los espejos desde su infancia, logra atravesarlos en muchos de sus cuentos o poemas con una absoluta entereza. Su poema “Los espejos” comienza justamente manifestando ese temor:

“Yo que sentí el horror de los espejos
no sólo ante el cristal impenetrable
donde acaba y empieza, inhabitable,
un imposible espacio de reflejos…

En el Aleph Borges habla del espejo por excelencia:

“Vi interminables ojos inmediatos escrutándose en mí como en un espejo. Vi todos los espejos del planeta y ninguno me reflejó. Vi un globo terráqueo entre los espejos que lo multiplicaban sin fin… Vi tu cara, y sentí vértigo, y lloré, porque mis ojos habían visto ese objeto secreto y conjetural cuyo nombre usurpan los hombres, pero que ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo”

Antonio Machado, decía en su poema “Los ojos”:

Cuando murió su amada
pensó en hacerse viejo
en la mansión cerrada,
solo, con su memoria y el espejo
donde ella se miraba un claro día.
Como el oro en el arca del avaro,
pensó que no guardaría
todo un ayer en el espejo claro.
Ya el tiempo para él no correría.

Estos son tan solo algunos de los ejemplos en los que la literatura utiliza los espejos como símbolo de nuestra imaginación.

Buscar espejos en las diversas obras literarias puede ser una tarea complicada pero apasionante, como la que realizó Andrés Ibañez en la antología llamada “A través del espejo” en la que se recopilan cuentos en los que los espejos son tan importantes como sus protagonistas.

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